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Full text of "Las enseñanzas de Jesus"

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LAS ENSEÑANZAS 
DE JESUS 



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FILADELFIA 

GRIFFITH AXD ROWLAND PRESS 



Digitized by the Internet Archive 
in 2014 



https://archive.org/details/lasensenanzasdejOOunse 



SAN MATEO 



CAriTULO I. 



IBRO de la generación de Jesu Cristo, hijo de David, 



I i hijo de Abraham. 

*\ 2 Abraham engendró á Isaac ; ó Isaac engendró 
á Jacob ; y Jacob engendró á Judas, y á sus hermanos ; 

3 Y Judas engendró de Taniar á Faxes y á Zara ; y 
Fares engendró á Esrom ; y Esrom engendró á Aram ; 

4 Y Aram engendró á Aminadab ; y Aminadab engen- 
dró á Naason ; y Naason engendró á Salmón ; 

5 Y Salmón engendró de Raab á Booz ; y Booz engen- 
dró de Rut á Obed ; y Obed engendró á Jessé ; 

6 Y Jessé engendró al rey David ; y el rey David 
engendró á Salomón de la que fué mujer de Urías ; 

7 Y Salomón engendró á Roboam ; y Roboam engen- 
dró á Abia ; y Abia engendró á Asa ; 

8 Y Asa engendró á Josafat ; y Josafat engendró á 
Joram ; y Joram engendró á Ozías ; 

9 Y Ozías engendró á Joatam ; y Joatam engendró á 
Acaz ; y Acaz engendró á Exequias ; 

10 Y Ezequías engendró á Manases ; y Manases en- 
gendró á Anión ; y Amon engendró á Josías ; 

11 Y Josías engendró [á Joacim ; y Joacim engendró] 
á Jeconías, y á sus hermanos, en la transmigración de 
Babilonia ; 

12 Y después de la transmigración de Babilonia, Je- 
conías engendró á Salatiei ; y Salatiel engendró á Zoro- 
babel ; 

13 Y Zorobabel engendró á Abiud : y Abiud engendró 
á Eliacim ; y Eliacim engendró á Azor : 

14 Y Azor engendró á Sadoc ; y Sadoc engendró á 
Akim ; y Akim engendró á Eliud ; 






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SAN MATEO 



15 Y Eliud engendró á Eleazar ; y Eleazar engendró 
á Matan ; y Matan engendró á Jacob ; 

16 Y Jacob engendró á José marido de María, de la 
cual nació Jesús, el cual es llamado el Cristo. 

17 De manera que todas las generaciones desde Abra- 
ham hasta David, son catorce generaciones ; y desde 
David hasta la transmigración de Babilonia, catorce 
generaciones ; y desde la transmigración de Babilonia 
hasta Cristo, catorce generaciones. 

18 Y el nacimiento de Jeau Cristo fué así : Que estando 
María su madre desposada con José, ántes que hubiesen 
estado juntos, se halló haber concebido del Espíritu 
Santo. 

19 Y José su marido, como era justo, y no quisiese 
exponerla á la infamia, quiso dejarla secretamente. 

20 Y pensando él en esto, he aquí, que el ángel del 
Señor le aparece en sueños, diciendo : José, hijo de 
David, no temas de recibir á María tu mujer ; porque lo 
que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es. 

21 Y parirá un hijo, y llamarás su nombre Jesús : 
porque él salvará á su pueblo de sus pecados. 

22 Todo esto aconteció para que se cumpliese lo que 
había hablado el Señor por el profeta, que dijo : 

23 He aquí, una virgen concebirá, y parirá un hijo, y 
llamarán su nombre Emmanuel, que interpretado quiere 
decir : Dios con nosotros. 

24 Y despertado José del sueño, hizo como el ángel 
del Señor le había mandado, y recibió á su mujer. 

25 Y no la conoció hasta que parió á su Hijo primo- 
génito ; y llamó su nombre Jesús. 

CAPITULO II. 

Y COMO fué nacido Jesús en Belén de Judea en dias 
del rey Heródes, he aquí, que Magos vinieron del 
oriente á Jernsalem, 

2 Diciendo : ¿Dónde está el rey de los Judíos, que ha 
nacido ? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y 
venimos á adorarle. 

3 Y oyendo esto el rey Heródes se turbó, y toda Jeru- 
salem con él. 

4 Y convocados todos los príncipes de los sacerdotes, 



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y los escribas del pueblo, les preguntó donde había de 
nacer el Cristo. 

5 Y ellos le dijeron : En Belén de Judea ; porque así 
está escrito por el profeta : 

6 Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres muy pequeña 
entre los principes de Judá ; porque de tí saldrá el Cau- 
dillo, que apacentará á mi pueblo Israel. 

7 Entonces Heródes, llamados los Magos en secreto, 
entendió de ellos diligentemente el tiempo del apareci- 
miento de la estrella. 

8 Y enviándoles á Belén, dijo : Andád allá, y pregun- 
tad con diligencia por el niño ; y después que le hallareis, 
hacédmelo saber, para que yo venga y le adore. 

9 Y ellos, habiendo oido al rey, se fueron ; y he aquí, 
que la estrella, que habian visto en el oriente, iba de- 
lante de ellos, hasta que llegando, se puso sobre donde 
estaba el niño. 

10 Y vista la estrella, se regocijaron mucho de gran 
gozo. 

11 Y entrando en la casa, hallaron al niño con su 
madre María, y postrándose, le adoraron, y abriendo sus 
tesoros, le ofrecieron dones, oro, é incienso, y mirra. 

12 Y siendo avisados por revelación en sueños, que no 
volviesen á Heródes, se volvieron á su tierra por otro 
camino. 

13 Y partidos ellos, he aquí, el ángel del Señor aparece 
en sueños á José, diciendo : Levántate, y toma al niño, 
y á su madre, y huye á Egipto, y estáte allá, hasta 
que yo te lo diga ; porque ha de acontecer que Heródes 
buscará al niño para matarle. 

14 Y levantándose él, tomó ai niño y á su madre de 
noche, y se fué á Egipto ; 

15 Y estuvo allá hasta la muerte de Heródes, para 
que se cumpliese lo que habia hablado el Señor por el 
profeta, que dijo : De Egipto llamé á mi Hijo. 

16 Heródes entonces, como se vió burlado de los 
Magos, se enojó mucho ; y envió, y mató todos los niños 
que habia en Belén, y en todos sus términos, de edad de 
dos años abajo, conforme al tiempo que habia entendido 
de los Mapos. 

17 Entonces se cumplió lo que fué dicho por el pro- 
feta Jeremías, que dijo : 



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18 Voz fué oida en llama, lamentación, y lloro, y 
gemido grande : Raquel que llora sus hijos, y no quiso 
ser consolada, porque perecieron. 

19 Mas muerto Heródes, be aquí, el ángel del Señor 
aparece en sueños á José en Egipto, 

20 Diciendo : Levántate, y toma al niño, y á su 
madre, y véte á tierra de Israel ; que muertos son los 
que procuraban la muerte del niño. 

21 Entonces él se levantó, y tomó al niño, y á su 
madre, y vínose á tierra de Israel. 

22 Y oyendo que Arquelao reinaba en Judea por 
Heródes su padre, tuvo temor de ir allá ; mas amonestado 
por revelación en sueños, se fué á las partes de Galilea. 

23 Y vino, y habitó en la ciudad que se llama Naza- 
ret ; para que se cumpliese lo que fué dicho por los pro- 
fetas, que habia de ser llamado Nazareno. 

CAPITULO III. 

Y EN aquellos dias vino Juan el Bautista, predicando 
en el desierto de Judea, 
2 Y diciendo : Arrepentios ; que el reino de los 
cielos se acerca. 

3 Porque este es aquel del cual fué dicho por el pro- 
feta Isaías, que dijo : Voz del que clama en el desierto : 
Aparejád el camino del Señor : enderezád sus veredas. 

4 Y tenia Juan su vestido de pelos de camellos, y una 
cinta de cuero al rededor de sus lomos ; y su comida era 
langostas, y miel montés. 

5 Entonces salia á él Jerusalem, y toda Judea, y toda 
la provincia de al derredor del Jordán, 

6 Y eran bautizados por él en el Jordán, confesando 
sus pecados. 

7 Y viendo él muchos de los Fariseos y de los Sadu- 
ceos. que venían á su bautismo, les decia : Generación 
de víboras, ¿ quién os ha enseñado á huir de la ira que 
vendrá ? 

8 Hacéd pues frutos dignos de arrepentimiento. 

9 Y no penséis en deciros : A Abraham tenemos por 
padre ; porque yo os digo, que puede Dios despertar 
hijos á Abraham aun de estas piedras. 

10 Ahora, ya también la hacha está puesta á la raiz 



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de los árboles ; y todo árbol que no hace buen fruto, es 
cortado, y echado en el fuego. 

11 Yo á la verdad os bautizo en agua para arrepenti- 
miento ; mas el que viene en pos de mí, más poderoso 
es que yo ; los zapatos del cual yo no soy digno de llevar ; 
él os bautizará con Espíritu Santo y fuego. 

12 Su aventador está en su mano, y aventará su era, 
y allegará su trigo en el alfolí, y quemará la paja en 
fuego que nunca se apagará. 

13 Entonces Jesús vino de Galilea á Juan al Jordán, 
para ser bautizado por él. 

14 Mas Juan le resistía mucho, diciendo : Yo he me- 
nester de ser bautizado por tí, ¿y tú vienes á mí ? 

15 Empero respondiendo Jesús le dijo : Deja ahora ; 
porque así nos conviene cumplir toda justicia. En- 
tonces le dejó. 

1(3 Y Jesús después que fué bautizado, subió luego del 
agua, y, he aquí, los cielos le fueron abiertos, y vió al 
Espíritu de Dios que descendia como paloma, y venia 
sobre él ; 

17 Y, he aquí, una voz de los cielos que decia : Este 
es mi hijo amado, en el cual tengo contentamiento. 

CAPITULO IV. 

ENTONCES Jesús fué llevado por el Espíritu al de- 
sierto, para ser tentado del diablo. 
2 Y habiendo ayunado cuarenta dias y cuarenta 
noches, después tuvo hambre. 

3 Y llegándose á él el tentador, dijo : Si eres Hijo de 
Dios, di que estas piedras se hagan pan. 

4 Mas él respondiendo, dijo : Escrito está : No con 
solo el pan vivirá el hombre ; mas con toda palabra que 
sale por la boca de Dios. 

5 Entonces el diablo le pasa á la santa ciudad ; y le 
puso sobre las almenas del templo, 

6 Y le dijo : Si eres Hijo de Dios, échate de aqui abajo : 
que escrito está : Que á sus ángeles te encomendará ; y 
te alzarán en sus manos, para que nunca hieras tu pié 
en piedra. 

7 Jesús le dijo : También está escrito : No tentarás al 
Señor tu Dios. 



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8 Otra vez le pasa el diablo á un monte muy alto, y 
le muestra todos los reinos del mundo, y su gloria, 

9 Y le dice : Todo esto te daré, si postrado me ado- 
rares. 

10 Entonces Jesús le dice : Véte, Satanás; que escrito 
está : Al Señor tu Dios adorarás, y á él solo servirás. 

11 El diablo entonces le dejó : y, he aquí, los ángeles 
llegaron, y le servían. 

12 Mas oyendo Jesús que Juan estaba preso, se volvió 
á Galilea ; 

13 Y dejando á Nazaret, vino, y habitó en Capernaum, 
ciuiiad marítima, en los confínes de Zabulón v de 
Neftalím ; 

14 Para que se cumpliese lo que fué dicho por el 
profeta Isaías, que dijo : 

15 La tierra de Zabulón, y la tierra de Neftalím, 
camino de la mar, de la otra parte del Jordán, Galilea 
de los Gentiles, 

16 Pueblo asentado en tinieblas, vió gran luz, y á los 
asentados en región y sombra de muerte, luz les 
esclareció. 

17 Desde entonces comenzó Jesús á predicar, y á 
decir : Arrepentios ; que el reino de los cielos se ha 
acercado. 

18 Y andando Jesús junto á la mar de Galilea vió a 
dos hermanos, Simón, que es llamado Pedro, y Andrea 
su hermano, que echaban la red en la mar ; porque 
eran pescadores. 

19 Y díceles : Venid en pos de mí, y haceros he 
pescadores de hombres. 

20 Ellos entonces, dejando luego las redes, le siguieron. 

21 Y pasando de allí, vió otros dos hermanos, San- 
tiago, hijo de Zebedeo, y Juan su hermano, en la nave 
con Zebedeo su padre, que remendaban sus redes ; y los 
llamó. 

22 Y ellos luego, dejando la nave, y á su padre, le 
siguieron. 

23 Y rodeó Jesús á toda Galilea enseñando en las 
sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y 
sanando toda enfermedad, y toda dolencia en el pueblo. 

24 Y corría su fuña por toda la Siria ; y traían á él 
todos los que tenían mal, los tomados de diversas enfer- 



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medadcs y tormentos, y los endemoniados, y lunáticos, 
y paralíticos ; y los sanaba. 

25 Y le seguian grandes multitudes de pueblo de 
Galilea, y de Decápolis, y de Jerusalem, y de Judea, y de 
la otra parte del Jordán. 

CAPITULO V. 

TT VIENDO Jesús las multitudes, subió á un monte ; y 
Y sentándose él, se llegaron á él sus discípulos. 

2 Y abriendo él su boca, les enseñaba, diciendo : 

3 Bienaventurados los pobres en espíritu ; porque de 
ellos es el reino de los cielos. 

4 Bienaventurados los tristes ; porque ellos recibirán 
consolación. 

5 Bienaventurados los mansos ; porque ellos recibirán 
la tierra por heredad. 

6 Bienaventurados los que tienen hambre y sed de 
justicia ; porque ellos serán hartos. 

7 Bienaventurados los misericordiosos ; porque ellos 
alcanzarán misericordia. 

8 Bienaventurados los de limpio corazón ; porque ellos 
verán á Dios. 

9 Bienaventurados los pacificadores ; porque ellos 
serán llamados hijos de Dios. 

10 Bienaventurados los que padecen persecución por 
causa de la justicia; porque de ellos es el reino de los cielos. 

11 Bienaventurados sois, cuando os maldijeren, y os 
persiguieren, y dijeren de vosotros todo mal por mi causa, 
mintiendo. 

12 Regocijáos y alegráos ; porque vuestro galardón es 
grande en los cielos ; que así persiguieron á los profetas 
que fueron ántes de vosotros. 

13 Vosotros sois la sal de la tierra ; y si la sal perdiere 
su sabor, ¿con qué será salada? no vale más para nada ; 
sino que sea echada fuera, y sea hallada de los hombres. 

14 Vosotros sois la luz del mundo. La ciudad asentada 
sobre el monte no se puede esconder. 

15 Ni se enciende la luz, y se pone debajo de un almud, 
sino en el candelero, y alumbra á todos los que están en 
casa. 

16 Así pues alumbre vuestra luz delante de los hom- 



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bres, para que vean vuestras obras buenas, y glorifiquen 
á vuestro Padre que está en los cielos. 

17 No penséis que he venido para invalidar la ley, ó 
los profetas : no he venido para invalidar/os, sino para 
cumplirlos. 

18 Porque de cierto os digo, que hasta que perezca el 
cielo y la tierra, ni una jota, ni un tilde perecerá de la 
ley, sin que todas las cosas sean cumplidas. 

19 De manera «me cualquiera que quebrantare uno 
de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñare á 
los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de 
los cielos ; mas cualquiera que los hiciere, y enseñare, 
este será llamado grande en el reino de los cielos. 

20 Porque yo os digo, que si vuestra justicia no fuere 
mayor que la de los escribas y de los Fariseos, no en- 
traréis en el reino de los cielos. 

21 Oísteis (pie fué dicho á los antiguos : No matarás ; 
mas cualquiera que matare, estará expuesto á juicio. 

22 Yo pues os digo, que cualquiera que se enojare sin 
razón con su hermano, estará expuesto á juicio ; y cual- 
quiera que dijere á su hermano : Raca, estará expuesto 
al concilio ; y cualquiera que á su hermano dijere : In- 
sensato, estará expuesto al fuego del infierno. 

23 Por tanto si trajeres tu presente al altar, y allí te 
acordares, que tu hermano tiene algo contra tí, 

24 Deja allí tu presente delante del altar, y vé : vuelve 
primero en amistad con tu hermano, y entonces vé, y 
ofrece tu presente. 

25 Ponte de acuerdo con tu adversario presto, entre 
tanto que estás con él en el camino ; porque no acon- 
tezca que el adversario te entregue al juez, y el juez te 
entregue al ministro ; y seas echado en prisión. 

26 De cierto te digo, que no saldrás de allí, hasta que 
pagues el postrer cornado. 

27 Oísteis que fué dicho á los antiguos : No cometerás 
adulterio : 

28 Yo pues os digo, que cualquiera que mira á una 
mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón. 

29 Por tanto si tu ojo derecho te fuere ocasión de 
caer, sácale, y échale de tí ; que mejor te es, que se 
pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo 
sea echado al infierno. 



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30 Y si tu mano derecha te fuere ocasión de caer, 
córtala, y échala de tí : que mejor te es, que se pierda 
uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo sea 
echado al infierno. 

31 También fué dicho : Cualquiera que despidiere á 
su mujer, déle carta de divorcio : 

32 Mas yo os digo, que el que despidiere á su muger, 
á no ser por causa de fornicación, hace que ella adultere ; 
y el que se casare con la despedida, comete adulterio. 

33 También oisteis que fué dicho á los antiguos : No 
te perjurarás ; mas cumplirás al Señor tus juramentos. 

34 Yo pues os digo : No juréis en ninguna juanera ; 
ni por el cielo, porque es el trono de Dios ; 

35 Ni por la tierra, porque es el estrado de sus piés ; 
ni por Jerusalem, porque es la ciudad del gran Rey. 

36 Ni por tu cabeza jurarás; porque no puedes hacer 
un cabello blanco ó negro. 

37 Mas sea vuestro hablar, Sí, sí : No, no ; porque lo 
que es más de esto, de mal procede. 

38 Oisteis que fué dicho á los antiguos : Ojo por ojo ; 
y diente por diente : 

39 Mas yo os digo : que no resistáis al mal : ántes á 
cualquiera que te hiriere en tu mejilla derecha, vuélvele 
también la otra. 

40 Y al que quisiere ponerte á pleito, y tomarte tu 
ropa, déjale también la capa. 

41 Y á cualquiera que te forzare á ir una milla, vé con 
él dos. 

42 Al que te pidiere, dale ; y al que quisiere tomar 
de tí prestado, no le rehuses. 

43 Oisteis que fué dicho : Amarás á tu prójimo ; y 
aborrecerás á tu enemigo. 

44 Yo pues os digo : Amád á vuestros enemigos : 
bendecid á los que os maldicen : haced bien á los que 
os aborrecen, y orád por los que os calumnian y os 
persiguen ; 

45 Para que seáis hijos de vuestro Padre que está en 
los cielos : que hace que su sol salga sobre malos y 
buenos ; y llueve sobre justos é injustos. 

46 Porque si amareis á los que os aman, ¿ qué galardón 
tendréis ? ¿No hacen también lo mismo los publícanos ? 

47 Y si saludareis á vuestros hermanos solamente, 



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¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los 
publícanos ? 

48 Sed pues vosotros perfectos, como vuestro Padre 
que está en los cielos es perfecto. 

CAPITULO VI. 

MIRAD que no hagáis vuestra limosna delante de los 
hombres, para que seáis mirados de ellos : de otra 
manera no tenéis galardón de vuestro Padre que 
está en los cielos. 

2 Pues cuando haces limosna, no hagas tocar trompeta 
delante de tí, como hacen los hipócritas en las sinagogas, 
y en las plazas, para ser estimados de los hombres : de 
cierto os digo que ya tienen su galardón. 

3 Mas cuando tú haces limosna, no sepa tu izquierda 
lo que hace tu derecha. 

4 Que sea tu limosna en secreto ; y tu Padre, que ve 
en lo secreto, él te recompensará en lo público. 

5 Y cuando orares, no seas como los hipócritas ; por- 
que ellos aman el orar en las sinagogas, y en las esquinas 
de las calles en pié ; para que sean vistos. De cierto 
que ya tienen su galardón. 

6 Mas tú, cuando orares, entra en tu cámara, y per- 
rada tu puerta, ora á tu Padre que está en lo escondido ; 
y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará en 
lo público. 

7 Y orando, no habléis inútilmente, como los pa- 
ganos, que piensan que por su parlería serán oidos. 

8 No os bagáis pues semejantes á ellos ; porque vues- 
tro Padre sabe de que cosas tenéis necesidad, ántes que 
vosotros le pidáis. 

9 Vosotros, pues, oraréis así : Padre nuestro, que estás 
en los cielos : sea santificado tu nombre. 

10 Venga tu reino : sea hecha tu voluntad, como en 
el cielo, así también en la tierra. 

11 Dános hoy nuestro pan cotidiano. 

12 Y perdónanos nuestras deudas, como también no- 
sotros perdonamos á nuestros deudores. 

13 Y no nos metas en tentación, mas líbranos de mal ; 
porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos 
los siglos. Amen. 



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14 Porque si perdonareis á los hombres sus ofensas, os 
perdonará también á vosotros vuestro Padre celestial. 

15 Mas si no perdonareis á los hombres sus ofensas, 
tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas. 

16 Y cuando ayunáis, no seáis como los hipócritas, 
austeros : que demudan sus rostros para parecer á los 
hombres que ayunan. De cierto os digo, que ya tienen 
su galardón. 

17 Mas tú, cuando ayunas, unge tu cabeza, y lava tu 
rostro, 

18 Para no parecer á los hombres que ayunas, sino á 
tu Padre que está en lo escondido ; y tu Padre que ve 
en lo escondido, te recompensará en lo público. 

19 No hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y 
el orin corrompe, y donde ladrones minan, y Imi tan ; 

20 Mas hacéos tesoros en el cielo, donde ni polilla ni 
orin corrompe, y donde ladrones no minan, ni hurtan. 

21 Porque donde estuviere vuestro tesoro, allí estará 
vuestro corazón. 

22 La luz del cuerpo es el ojo : así que si tu ojo fuere 
sincero, todo tu cuerpo será luminoso. 

23 Mas si tu ojo fuere malo, todo tu cuerpo será tene- 
broso. Así que si la luz que en tí hay, son tinieblas, 
¿ cuántas serán las mismas tinieblas? 

24 Ninguno puede servir á dos señores ; porque ó 
aborrecerá al uno, y amará al otro ; ó se llegará al uno, 
y menospreciará al otro. No podéis servir á Dios, y á 
las riquezas. 

25 Por tanto os digo : No os congojéis por vuestra 
vida, qué habéis de comer, ó qué habéis de beber ; ni 
por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿ La vida no 
es más que el alimento, y el cuerpo que el vestido? 

26 Mirád á las aves del cielo, que no siembran, ni 
siegan, ni allegan en alfolíes ; y vuestro Padre celestial las 
alimenta. ¿No sois vosotros mucho mejores que ellas? 

27 ¿ Mas quién de vosotros, por mucho que se congoje, 
podrá añadir á su estatura un codo? 

28 Y por el vestido, ¿ por qué os congojáis ? Aprendéd 
de los lirios del campo, como crecen : no trabajan, ni 
hilan : 

20 Mas os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria 
fué vestido así como uno de ellos. 



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30 Y si la yerba del campo, que hoy es, y mañana es 
echada en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho 
más á vosotros, hombres de poca le ? 

31 No os congojéis, pues, diciendo : ¿ Qué comeremos, 
ó qué beberemos, ó con qué nos cubriremos? 

32 (Porque los Gentiles buscan todas estas cosas ;) 
porque vuestro Padre celestial sabe que de todas estas 
cosas tenéis necesidad. 

33 Mas buscad primeramente el reino de Dios, y su 
justicia ; y todas estas cosas os serán añadidas. 

3-4 Así que, no os congojéis por lo de mañana ; que el 
mañana traerá su congoja : basta al dia su aflicción. 

CAPITULO VIL 

NO juzguéis ; porque también no seáis juzgados. 
2 Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juz- 
gados ; y con la medida que medís, con ella os vol- 
verán á medir. 

3 Y ¿ por qué miras la arista que está en el ojo de tu 
hermano ; y no echas de ver la viga que está en tu ojo? 

4 O ¿ cómo dirás á tu hermano : Deja, echaré de tu 
ojo la arista ; y, he aquí, una viga en tu ojo? 

5 ¡ Hipócrita ! echa primero la viga de tu ojo ; y 
entonces verás claramente para echar la arista del ojo 
de tu hermano. 

6 No deis lo santo á los perros; ni echéis vuestras 
perlas delante de los puercos ; porque no las íehuellen 
con sus piés, y vuelvan, y os despedacen. 

7 Pedid, y se os dará : buscád, y hallaréis : llamad, y 
se os abrirá. 

8 Porque cualquiera que pide, recibe ; y el que busca, 
halla ; y al que llama, se le abrirá. 

9 ¿ Qué hombre hay de vosotros, á quien si su hijo 
pidiere pan, le dará una piedra? 

10 ¿O si le pidiere un pez, le dará una serpiente? 

11 Pues, si vosotros, siendo malos, salléis dar buenas 
dádivas á vuestros hijos, vuestro Padre que está en los 
cielos, ¿ cuánto más dará buenas cosas á los (pie le piden ? 

12 Así que, todas las cosas que querríais (pie los hom- 
bres hiciesen con vosotros, así también hacéd vosotros 
con ellos ; porque esta es la ley, y los profetas. 



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13 Entrad por la puerta estrecha ; porque ancha es la 
puerta, y espacioso el camino que lleva á perdición ; y 
los que van por él, son muchos. 

14 Porque la puerta es estrecha, y angosto el camino 
que lleva á la vida ; y pocos son los que lo hallan. 

15 Guardaos de los falsos profetas, que vienen á voso- 
tros con vestidos de ovejas ; mas interiormente son lobos 
robadores. 

16 Por sus frutos los conoceréis. ¿ Cógense uvas de 
los espinos, ó higos de las cambroneras? 

17 De esta manera, todo buen árbol lleva buenos 
frutos ; mas el árbol carcomido lleva malos frutos. 

1S Xe puede el buen árbol llevar malos frutos ; ni el 
árbol carcomido llevar buenos frutos. 

19 Todo árbol que no lleva buen fruto, córtase, y 
échase en el fuego. 

20 Así que por sus frutos los conoceréis. 

21 No cualquiera que me dice : Señor. Señor, entrará 
en el reino de los cielos ; mas el que hiciere la voluntad 
de mi Padre que está en los cielos. 

22 Muchos me dirán en aquel dia : Señor, Señor, 
¿ no profetizámos en tu nombre, y en tu nombre 
echamos demonios, y en tu nombre hicimos muchas 
grandezas ? 

23 Y entonces les confesaré : Nunca os concocí : apar- 
taos de mí, obradores de maldad. 

24 Pues, cualquiera que me oye estas palabras, y las 
hace, compararle he al varón prudente que edificó su 
casa sobre roca : 

25 Y descendió lluvia, y vinieron rios, y soplaron 
vientos, y combatieron aquella casa, y no cayó ; porque 
estaba fundada sobre roca. 

26 Y cualquiera que me oye estas palabras, y no las 
hace, compararle he al varón insensato, que edificó su 
casa sobre arena : 

27 Y descendió lluvia, y vinieron rios, y soplaron 
vientos, é hicieron ímpetu en aquella casa, y cayó ; y 
fué su ruina grande. 

28 Y fué que como Jesús acabó estas palabras, las 
gentes se espantaban de su doctrina : 

29 Porque los enseñaba como quien tiene autoridad, 
y no como los escribas. 



16 



SAN MATEO 



CAPITULO VIII. 

T7" COMO descendió Jesús del monte, seguíanle grandes 
1 multitudes. 

2 Y, he aquí, un leproso vino, y le adoró, di- 
ciendo : Señor, si quisieres, puedes limpiarme. 

3 Y extendiendo Jesús su mano, le tocó, diciendo : 
Quiero : sé limpio. Y luego su lepra fué limpiada. 

4 Entonces Jesús le dijo : Mira, no lo digas á nadie ; 
mas vé, muéstrate al sacerdote, y ofrece el presente que 
mandó Moisés, para que les conste. 

5 Y entrando Jesús en Capernaum, vino á él un cen- 
turión, rogándole, 

6 Y diciendo : Señor, mi criado está echado en casa 
paralítico, gravemente atormentado. 

7 Y Jesús le dijo : Yo vendré, y le sanaré. 

8 Y respondió el centurión, y dijo : Señor, no soy 
digno que entres debajo de mi techumbre ; mas sola- 
mente di con la palabra, y mi criado sanará. 

9 Porque también yo soy hombre debajo de potestad ; 
y tengo debajo de mi ¡atestad soldados ; y digo á este : 
Vé, y va ; y al otro : Ven, y viene ; y á mi siervo : Haz 
esto, y lo hace. 

10 Y oyéndo/o Jesús, se maravilló ; y dijo á los que le 
seguian : De cierto os digo, que ni aun en Israel he 
hallado tanta fé. 

11 Y yo os digo, que vendrán muchos del oriente, y 
del occidente, y se asentarán con Abraham, é Isaac, y 
Jacob, en el reino de los cielos ; 

12 Mas los hijos del reino serán echados en las tinieblas 
de afuera : allí será el llanto, y el crujir de clientes. 

13 Entonces Jesús dijo al centurión : Vé, y como 
creíste,, así sea hecho contigo. Y su criado fué sano en 
el mismo momento. 

14 Y vino Jesús á casa de Pedro, y vió á su suegra 
echada en la cama, y con fiebre. 

15 Y tocó su mano, y la fiebre la dejó ; y ella se 
levantó, y les servia. 

16 Y como fué ya tarde, trajeron á él muchos ende- 
moniados, y echó de ellos los demonios con su palabra, y 
sanó todos los enfermos ; 

17 Para que se cumpliese lo que fué dicho por el 



SAN MATEO 



17 



profeta Isaías, que dijo : El tomó nuestras enfermedades, 
y llevó nuestras dolencias. 

18 Y viendo Jesús grandes multitudes al rededor de 
sí, mandó que se fuesen á la otra parte del lago. 

19 Y llegóse un escriba, y díjole : Maestro, seguirte be 
donde quiera que fueres. 

20 Y Jesús le dijo : Las zorras tienen cavernas, y las 
aves del cielo nidos ; mas el Hijo del hombre no tiene 
donde recostar su cabeza. 

21 Y otro de sus discípulos le dijo : Señor, dáme 
licencia que vaya primero, y entierre á mi padre. 

22 Y Jesús le dijo : Sigúeme, y deja que los muertos 
entierren á sus muertos. 

23 Y entrando él en una nave, sus discípulos le 
siguieron. 

24 Y, be aquí, fué hecho en la mar un gran movimi- 
ento, de manera que la nave se cubría de las ondas ; y él 
dormia. 

25 Y llegándose sus discípulos le despertaron, dici- 
endo : Señor, sálvanos, perecemos. 

26 Y él les dice : ¿ Por qué teméis, hombres de poca 
fé? Entonces levantado reprendió á los vientos y á la 
mar ; y fué grande bonanza. 

27 Y los hombres se maravillaron, diciendo: ¿Qué 
hombre es este, que aun los vientos y la mar le 
obedecen ? 

28 Y como él llegó á otra parte en el territorio de los 
Gergesenos ; le vinieron al encuentro dos endemoniados 
que salian de los sepulcros, fieros en gran manera, así 
que nadie podia pasar por aquel camino. 

29 Y, he aquí, clamaron, diciendo: ¿Qué tenemos 
contigo, Jesús, Hijo de Dios? ¿Has venido ya acá á 
molestarnos ántes de tiempo? 

30 Y estaba léjos de ellos un hato de muchos puercos 
paciendo. 

31 Y los demonios le rogaron, diciendo : Si nos echas, 
permítenos que vayamos en aquel bato de puercos. 

32 Y él les dijo : Id. Y ellos salidos, se fueron al hato 
de los puercos ; y, he aquí, todo el hato de los puercos 
se precipitó de un despeñadero en la mar ; y murieron 
en las aguas. 

33 Y los porqueros huyeron, y viniendo á la ciudad, 

B 



18 



SAN MATEO 



contaron todas las cosas, y lo que había pasado con los 
endemoniados. 

34 Y, he aquí, toda la ciudad salió á encontrar á 
Jesús ; y cuando le vieron, le rogaban que se fuese de sus 
términos. 



nNTONCES entrando en una nave, pasó á la otra 



P i parte, y vino á su ciudad. 

2 Y, he aquí, le trajeron un paralítico echado en 
una cama ; y viendo Jesús la fé de ellos, dijo al para- 
lítico : Confia, hijo ; tus pecados te son perdonados. 

3 Y, he aquí, algunos de los escribas decían dentro de 
sí : Este blastema. 

4 Y viendo Jesús sus pensamientos, dijo : ¿ Por qué 
pensáis mal en vuestros corazones? 

5 ¿Cuáles más fácil, decir: Los pecados te son per- 
donados; ó decir : Levántate, y anda? 

6 Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene 
potestad en la tierra de perdonar pecados, (dice entonces 
al paralítico :) Levántate, toma tu cama, y vete á tu 
casa. 

7 Entónces él se levantó, y se fué á su casa. 

8 Y las gentes viéndo/o, se maravillaron, y glorificaron 
á Dios, que hubiese dado tal potestad á hombres. 

9 Y pasando Jesús de allí, vió á un hombre, que estaba 
sentado al banco de los tributos, el cual se llamaba Mateo, 
y dícele : Sigúeme. Y se levantó, y le siguió. 

10 Y aconteció que estando él sentado á comer en la 
casa, he aquí, que muchos publícanos y pecadores, que 
habían venido, se sentaron juntamente á la mesa con 
Jesús y sus discípulos. 

11 Y viendo esto los Fariseos, dijeron á sus discípulos : 
¿ Por qué come vuestro Maestro con los publícanos y 
pecadores ? 

12 Y oyéndofo Jesús, les dijo : Los que están sanos, no 
tienen necesidad de médico ; sino los enfermos. 

13 Andád, ántes aprendéd que cosa es : Misericordia 
quiero, y no sacrificio : Porque no he venido á llamar los 
justos, sino los pecadores á arrepentimiento. 

14 Entónces los discípulos de Juan vienen á él, dici- 



CAPITULO IX. 




SAN MATEO 



19 



endo : ¿ Por qué nosotros y los Fariseos ayunamos muchas 
veces, y tus discípulos no ayunan ? 

15 Y les dijo Jesús : ¿ Pueden los que están de bodas 
tener luto entre tanto que el esposo está con ellos? Mas 
vendrán días, cuando el esposo será quitado de ellos, y 
entonces ayunarán. 

1(3 Nadie echa remiendo de paño nuevo en vestido 
viejo ; porque el tal remiendo tira del vestido, y se hace 
peor rotura. 

17 Ni echan vino nuevo en cueros viejos ; de otra 
manera los cueros se rompen, y el vino se derrama, y se 
pierden los cueros ; mas echan el vino nuevo en cueros 
nuevos ; y lo uno y lo otro se conserva juntamente. 

18 Hablando él estas cosas á ellos, he aquí, cierto 
principal vino, y le adoró, diciendo : Mi hija es muerta 
poco ha ; mas ven, y pon tu mano sobre ella, y vivirá. 

19 Y se levantó Jesús, y le siguió, y sus discípulos. 

20 Y, he aquí, una mujer enferma de flujo de sangre 
doce años había, llegándose por detras, tocó la fimbria 
de su vestido ; 

21 Porque decia entre sí : Si tocare solamente su 
vestido, seré sana. 

22 Mas Jesús volviéndose, y mirándola, dijo : Confia, 
hija, tu fé te ha sanado. Y la mujer fué sana desde 
aquella hora. 

23 Y venido Jesús á casa del principal, viendo los 
tañedores de flautas, y el gentío que hacia bullicio, 

24 Díceles : Apártaos, que la joven no es muerta ; 
sino que duerme. Y se burlaban de él. 

25 Y como la gente fué echada fuera, entró, y la tomó 
de la mano ; y la joven se levantó. 

26 Y salió esta fama por toda aquella tierra. 

27 Y pasando Jesús de allí, le siguieron dos ciegos 
dando voces, y diciendo : Ten misericordia de nosotros, 
Hijo de David. 

28 Y venido á casa, vinieron á él los ciegos ; y Jesús 
les dice : ¿Creéis que puedo hacer esto? Ellos dicen: 
Si, Señor. 

29 Entonces tocó los ojos de ellos, diciendo : Con- 
forme á vuestra fé os sea hecho. 

30 Y los ojos de ellos fueron abiertos ; y Jesús les en- 
cargó rigurosamente, diciendo : Mirad, que nadie lo sepa. 



2(i 



SAN MATEO 



31 Mas ellos salidos, divulgaron su fama por toda 
aquella tierra. 

32 Y saliendo ellos, he aquí, le trajeron un hombre 
mudo, endemoniado. 

33 Y echado fuera el demonio, el mudo habló. Y las 
gentes se maravillaron, diciendo : Nunca ha sido vista 
cosa semejante en Israel. 

34 Mas los Fariseos decian : Por el príncipe de los 
demonios echa fuera los demonios. 

35 Y rodeaba Jesús por todas las ciudades y aldeas, 
enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el 
evangelio del reino, y sanando toda enfermedad, y toda 
dolencia en el pueblo. 

36 Y viendo las multitudes, tuvo misericordia de 
ellas ; que eran derramados y esparcidos, como ovejas 
que no tienen pastor. 

37 Entonces dice á sus discípulos : A la verdad la 
mies es mucha ; mas los obreros, pocos. 

38 Rogad pues al Señor de la mies, que envié obreros 
á su mies. 

CAPITULO X. 

ENTONCES llamando á sus doce discípulos, les dió 
potestad contra los espíritus inmundos, para que los 
echasen fuera, y sanasen toda enfermedad, y toda 
dolencia. 

2 Y los nombres de los doce Apóstoles son estos : El 
primero, Simón, que es llamado Pedro, y Andrés, su her- 
mano : Santiago, hijo de Zebedeo, y Juan su hermano : 

3 Felipe, y Bartolomé : Tomas, y Mateo el publicano : 
Santiago, lujo de Alfeo, y Lebeo, que tenia el sobre- 
nombre de Tadeo : 

4 Simón de Cana, y Júdas Iscariote, que también le 
entregó. 

5 Estos doce envió Jesús, á los cuales dió manda- 
miento, diciendo : Por el camino de los Gentiles no iréis, 
y en ciudad de Saman taños no entréis : 

6 Mas id antes á las ovejas perdidas de la casa de 
Israel. 

7 Y yendo, predicád, diciendo : El reino de los cielos 
ha llegado. 



SAN MATEO 



21 



8 Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muer- 
tos, echad tuna demonios : de gracia recibisteis, dad de 
gracia. 

9 No proveáis oro, ni plata, ni dinero en vuestras 
bolsas, 

10 Ni alforja para el camino, ni dos ropas de vestir, 
ni zapatos, ni bordón ; porque el obrero digno es de su 
alimento. 

11 Mas en cualquiera ciudad ó aldea, donde entraréis, 
buscád con diligencia quien sea en ella digno, y morad 
allí hasta que salgáis. 

12 Y entrando en la casa, saludadla. 

13 Y si la casa fuere digna, que vuestra paz venga 
sobre ella ; mas sino fuere digna, que vuestra paz vuelva 
sobre vosotros. 

14 Y cualquiera que no os recibiere, ni oyere vuestras 
palabras, salid de aquella casa ó ciudad, y sacudid el 
polvo de vuestros pies. 

15 De cierto os digo : Que el castigo será más tolerable 
á la tierra de Sodoma, y de Gomorra en el dia del juicio, 
que á aquella ciudad. 

16 He aquí, yo os envió, como á ovejas en medio de 
lobos : sed pues prudentes como serpientes, y sencillos 
como palomas. 

17 Y guardáos de los hombres ; porque os entregarán 
á los concilios, y en sus sinagogas os azotarán. 

18 Y aun ante gobernadores, y reyes seréis llevados 
por causa de mí, para testimonio contra ellos, y los 
Gentiles. 

19 Mas cuando os entregaren, no os congojéis como, 
ó qué habéis de hablar ; porque en aquella hora os será 
dado que habléis. 

20 Porque no sois vosotros los que habláis, sino el 
Espíritu de vuestro Padre, que habla en vosotros. 

21 El hermano entregará al hermano á la muerte, y 
el padre al hijo ; y los hijos se levantarán contra los 
padres, y los harán morir. 

22 Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi 
nombre ; mas el que lo soportare hasta el fin, este será 
salvo. 

23 "Mas cuando os persiguieren en esta ciudad, huid á 
la otra ; porque de cierto os digo, que no acabaréis de 



22 



SAN MATEO 



andar todas las ciudades de Israel, que no venga el Hijo 
del hombre. 

24 El discípulo no es más que su Maestro, ni el siervo 
más que su Señor. 

25 Bástele al discípulo ser como su Maestro, y al 
siervo como su Señor : si al mismo padre de familias 
llamaron Belzubú, ¿ cuánto más á los de su casa? 

26 Así que no los temáis ; porque nada hay encubierto, 
que no haya de ser manifestado ; y nada oculto que no 
haya de saberse. 

27 Lo que os digo en tinieblas, decídfo en luz ; y lo 
que oís al oido, predicádto desde los tejados. 

28 Y no tengáis miedo de los que matan el cuerpo, 
mas al alma no pueden matar : temed ántes á aquel que 
puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno. 

29 ¿ No se venden dos pajarillos por una blanca ? Y 
uno de ellos no caerá á tierra sin vuestro Padre. 

30 Y vuestros cabellos también, todos están contados. 

31 No temáis pues : más valéis vosotros que muchos 
pajarillos. 

32 Pues cualquiera que me confesare delante de los 
hombres, le confesaré yo también delante de mi Padre, 
que está en los cielos. 

33 Y cualquiera que me negare delante de los hom- 
bres, le negaré yo también delante de mi Padre, que está 
en los cielos. 

34 No penséis que he venido para meter paz en la 
tierra : no he venido para meter paz, sino espada. 

35 Porque he venido para poner en disensión al hom- 
bre contra su padre, y á la hija contra su madre, y á la 
nuera contra su suegra. 

36 Y los enemigos del hombre serán los de su casa. 

37 El que ama á padre ó á madre más que á mí, no 
es digno de mí ; y el que ama á hijo ó á hija más que á 
mí, no es digno de mí. 

38 Y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no 
es digno de mí. 

39 El que hallare su vida, la perderá ; y el que per- 
diere su vida por causa de mí, la hallará. 

40 El que os recibe á vosotros, á mí recibe ; y el que 
á mí recibe, recibe al que me envió. 

41 El que recibe á un profeta en nombre de profeta, 



SAN MATEO 



23 



galardón de profeta recibirá ; y el que recibe á un justo 
en nombre de justo, galardón de justo recibirá. 

4:2 Y cualquiera que diere á uno de estos pequeñitos 
un jarro de agua fría solamente, en nombre de discípulo, 
de cierto os digo, que no perderá su galardón. 

CAPITULO XI. 




ACONTECIO, que acabando Jesús de dar manda- 
mientos á sus doce discípulos, se fué de allí á en- 
señar y á predicar en las ciudades de ellos. 



2 Y oyendo Juan en la prisión los hechos de Cristo, 
envióle dos de sus discípulos, 

3 Diciendo : ¿ Eres tú aquel que habia de venir, ó 
esperaremos á otro ? 

4 Y respondiendo Jesús, les dijo : Id, hacéd saber á 
Juan las cosas que ois y veis. 

5 Los ciegos ven, y los cojos andan : los leprosos son 
limpiados, y los sordos oyen : los muertos son resucitados, 
y á los pobres es anunciado el evangelio. 

6 Y bienaventurado es el que no fuere escandalizado 
en mí. 

7 É idos ellos, comenzó Jesús á decir de Juan á las 
multitudes : ¿ Qué salisteis á ver al desierto? ¿ una caña 
que es meneada del viento? 

8 O ¿ qué salisteis á ver? ¿ un hombre vestido de ropas 
delicadas? He aquí, los que traen ropas delicadas, en 
las casas de los reyes están. 

9 O ¿ qué salisteis á ver ? ¿ profeta ? Ciertamente os 
digo, y más que profeta. 

10 Porque este es de quien está escrito : He aquí, yo 
envió mi mensagero delante de tu faz, que aparejará tu 
camino delante de tí. 

11 De cierto os digo, que no se levantó entre los que 
nacen de mujeres otro mayor que Juan el Bautista : mas 
el que es muy pequeño en el reino de los cielos, mayól- 
es que él. 

12 Y desde los dias de Juan el Bautista hasta ahora al 
reino de los cielos se hace fuerza ; y los valientes lo 
arrabatan. 

13 Porque todos los profetas, y la ley, hasta Juan 
profetizaron. 



24 



SAN MATEO 



14 Y si queréis recibir/o, éi es aquel Elias que habia 
de venir. 

15 El que tiene oidos para oir, oiga. 

16 Mas ¿á quién compararé esta generación? Es 
semejante á los muchachos que se sientan en las plazas, 
y dan voces á sus compañeros, 

17 Y dicen : Os tañímos flauta, y no bailasteis : os 
endechamos, y no lamentasteis. 

18 Porque vino Juan que ni comia ni bebia, y dicen : 
Demonio tiene. 

19 Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen : 
He aquí un hombre comilón, y bebedor de vino, amigo 
de publícanos y de pecadores. Mas la sabiduría es jus- 
tificada de sus hijos. 

20 Entonces comenzó á zeherir á las ciudades en-las 
cuales habían sido hechas muy muchas de sus maravillas, 
porque no se habían arrepentido, diciendo : 

21 ¡ Ay de tí, Corazin ! ¡ Ay de tí, Betsaida ! porque 
si en Tiro y en Sidon se hubieran hecho las maravillas 
que han sido hechas en vosotras, ya mucho ha que se 
hubieran arrepentido en saco y en ceniza. 

22 Por tanto yo os digo, que á Tiro y á Sidon será 
más tolerable el castigo en el dia del juicio, que á 
vosotras. 

23 Y tú, Capernaum, que eres levantada hasta el cielo, 
hasta los infiernos serás abajada ; porque si en Sodoma 
se hubiesen hecho las maravillas que han sido hechas en 
tí, hubieran permanecido hasta el dia de hoy. 

24 Por tanto yo os digo, que á la tierra de Sodoma será 
más tolerable el castigo en el dia del juicio, que á tí. 

25 En aquel tiempo respondiendo Jesús, dijo : Gracias 
te doy, Padre, Señor del cielo" y de la tierra, porque 
escondiste estas cosas á los sabios y entendidos, y las has 
revelado á los niños. 

26 Así, Padre, pues que así agradó á tus ojos. 

27 Todas las cosas me son entregadas por mi Padre ; 
y nadie conoció al Hijo, sino el Padre : ni al Padre 
conoció alguno, sino el Hijo, y aquel á quien el Hijo le 
quisiere revelar. 

28 Venid á mí, todos los que estáis trabajados, y 
cargados, que yo os haré descansar. 

29 Llevád mi yugo sobre vosotros, y aprendéd de mí, 



SAN MATEO 



25 



que soy manso y humilde de corazón ; y hallaréis descanso 
para vuestras almas. 

30 Porque mi yugo es suave, y ligera mi carga. 

CAPITULO XII. 

EX aquel tiempo iba Jesús por entre los panes en 
sábado ; y sus discípulos tenían hambre, y comen- 
zaron á coger espigas, y á comer. 

2 Y viéndoto los Fariseos, le dijeron : He aquí, tus 
discípulos hacen lo que no es lícito hacer en sábado. 

3 Y él les dijo : ¿ Xo habéis leido, qué hizo David, 
teniendo hambre él, y los que estaban con él ? 

4 ¿ Cómo entró en la casa de Dios, y comió los panes 
de la proposición, que no le era lícito comer de ellos, ni 
á los que estaban con él, sino á solos los sacerdotes ? 

5 O ¿ no habéis leido en la ley, que los sábados en el 
templo los sacerdotes profanan el sábado, y son sin culpa? 

ü Pues yo os digo, que uno mayor que el templo está 
aquí. 

7 Mas si supieseis qué es : Misericordia quiero, y no 
sacrificio, no condenaríais á los inocentes. 

8 Porque Señor es aun del sábado el Hijo del hombre. 

9 Y partiéndose de allí, vino á la sinagoga de ellos. 

10 Y, he aquí, había allí uno que tenia una mano 
seca ; ye le preguntaron, diciendo : ¿ Es lícito curar en 
sábado? por acusarle. 

11 Y él les dijo : ¿ Qué hombre habrá de vosotros, que 
tenga una oveja, y si cayere esta en una fosa en sábado, 
no le eche mano, y la levante ? 

12 ¿ Pues cuánto más vale un hombre que una oveja ? 
Así que lícito es en los sábados hacer bien. 

13 Entonces dijo á aquel hombre : Extiende tu mano. 
Y él la extendió, y le fué restituida sana como la otra. 

14 Y salidos los Fariseos consultaron contra él para 
destruirle. 

15 Mas sabiéndo/o Jesús, se apartó de allí ; y le 
siguieron grandes multitudes, y sanaba á todos. 

16 Y él les mandó rigurosamente, que no le descu- 
briesen ; 

17 Para que se cumpliese lo que estaba dicho por el 
profeta Isaías, que dijo ¡ 



26 



SAN MATEO 



18 He aquí mi siervo, al cual he escogido ; mi amado, 
en el cual se agrada mi alma : pondré mi Espíritu sobre 
él, y á los Gentiles anunciará juicio. 

19 No contenderá, ni voceará ; ni nadie oirá en las 
calles su voz : 

20 La caña cascada no quebrará ; y el pábilo que 
humea no apagará, hasta que saque á victoria el juicio ; 

21 Y en su nombre esperarán los Gentiles. 

22 Entonces fué traído á él un endemoniado, ciego y 
mudo ; y le sanó, de tal manera que el ciego y mudo 
hablaba y veia. 

23 Y todo el pueblo estaba fuera de sí, y decia : ¿ Es 
este aquel Hijo de David ? 

24 Mas los Fariseos, oyéndo/o, decían : Este no echa 
fuera los demonios, sino por Belzebú, príncipe de ¡os 
demonios. 

25 Y Jesús, como sabia los pensamientos de ellos, les 
dijo : Todo reino dividido contra sí mismo es desolado ; 
y toda ciudad ó casa, dividida contra sí misma, no per- 
manecerá. 

26 Y si Satanás echa fuera á Satanás, contra sí mismo 
está dividido : ¿cómo, pues, permanecerá su reino? 

27 Y si yo por Belzebú echo fuera los demonios, 
¿ vuestros hijos, por quién los echan ? Por tanto ellos 
serán vuestros jueces. 

28 Y si por el Espíritu de Dios yo echo fuera los demo- 
nios, ciertamente ha llegado á vosotros el reino de Dios. 

29 Porque ¿ cómo puede alguno entrar en la casa del 
valiente, y saquear sus alhajas, si primero no prendiere 
al valiente? y entonces saqueará su casa. 

30 El que no es conmigo, contra mí es ; y el que con- 
migo no coge, derrama. 

31 Por tanto os digo : Todo pecado y blasfemia será 
perdonado á los hombres ; mas la blasfemia del Espíritu 
no será perdonada á los hombres. 

32 Y cualquiera que hablare contra el Hijo del hom- 
bre, le será perdonado ; mas cualquiera que hablare con- 
tra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este 
siglo, ni en el venidero. 

33 O hacéd el árbol bueno, y su freto bueno ; ó hacéd 
el árbol carcomido, y su fruto podrido ; porque por su 
fruto es conocido el árbol. 



SAN MATEO 



27 



34 ; O generación de víboras ! ¿ cómo podéis hablar 
bien, siendo malos? porque de la abundancia del corazón 
habla la boca. 

35 El buen hombre del buen tesoro del corazón saca 
buenas cosas ; y el mal hombre del mal tesoro saca malas 
cosas. 

3G Mas yo os digo, que toda palabra ociosa que hab- 
laren los hombres, de ella darán cuenta en el dia del 
juicio. 

37 Porque por tus palabras serás justificado, y por 
tus palabras serás condenado. 

3S Entonces respondieron unos de los escribas y de los 
Fariseos, diciendo : Maestro, deseamos ver de tí señal. 

39 Y él respondió, y les dijo : La generación mala y 
adulterina demanda señal ; mas señal no le será dada, 
sino la señal de Joñas el profeta. 

40 Porque como estuvo Joñas en el vientre de la ba- 
llena tres dias y tres noches, así estará el Hijo del hombre 
en el corazón de la tierra tres dias y tres noches. 

41 Los de Nínive se levantarán en juicio con esta gen- 
eración, y la condenarán ; porque ellos se arrepintieron 
á la predicación de Joñas ; y, he acquí, uno mayor que 
Joñas en este lugar. 

42 La reina del austro se levantará en juicio con esta 
generación, y la condenará ; porque vino de los fines de 
la tierra para oir la sabiduría de Salomón ; y, he aquí, 
uno mayor que Salomón en este lugar. 

43 Cuando el espíritu inmundo ha salido del hom- 
bre, anda por lugares secos, buscando reposo ; y no 
hallándole, 

44 Entonces dice : Me volveré á mi casa, de donde 
salí. Y cuando viene, la halla desocupada, barrida, y 
adornada. 

45 Entonces va, y toma consigo otros siete espíritus 
peores que él, y entrados moran allí ; y son peores las 
postrimerías del tal hombre, que sus primerias. Así 
también acontecerá á esta generación mala. 

46 Y estando él aun hablando al pueblo, he aquí, su 
madre y sus hermanos estaban fuera, que le querían 
hablar. 

47 Y le dijo uno : He aquí, tu madre y tus hermanos 
están fuera, que te quieren hablar. 



28 



SAN MATEO 



48 Y respondiendo él al que le decia esto, dijo : ¿ Quién 
es mi madre, y quiénes son mis hermanos? 

49 Y extendiendo su mano hácia sus discípulos, dijo : 
He aquí mi madre, y mis hermanos. 

50 Porque todo aquel que hiciere la voluntad de mi 
Padre, que está en los cielos, ese es me hermano, y 
hermana, y madre. 

CAPITULO XIII. 

Y AQUEL dia, saliendo Jesús de casa, se sentó junto 
á la mar. 
2 Y se allegaron á él grandes multitudes ; y en- 
trándose él en una nave, se sentó, y toda la multitud 
estaba en la ribera. 

3 Y les habló muchas cosas por parábolas, diciendo : 
He aquí, el que sembraba salió á sembrar. 

4 Y sembrando, parte de la simiente cayó junto al 
camino, y vinieron las aves, y la comieron. 

5 Y parte cayó en pedregales, donde no tenia mucha 
tierra ; y nació luego, porque no tenia tierra profunda : 

6 Mas en saliendo el sol, se quemó, y se secó, porque 
no tenia raiz. 

7 Y parte cayó entre espinas, y las espinas crecieron, 
y la ahogaron. 

8 Y parte cayó en buena tierra, y dió fruto ; uno de á 
ciento, y otro de á sesenta, y otro de á treinta. 

9 Quien tiene oidos para oir, oiga. 

10 Entonces llegándose los discípulos, le dijeron : 
¿ Por qué les hablas por parábolas ? 

11 Y él respondiendo, les dijo : Porque á vosotros es 
concedido saber los misterios del reino de los cielos, mas 
á ellos no es concedido. 

12 Porque á cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá 
más ; mas al que no tiene, aun lo que tiene le será 
quitado. 

13 Por eso les hablo por parábolas ; porque viendo no 
ven, y oyendo no oyen, ni entienden. 

14 De manera que se cumple en ellos la profecía de 
Isaías, que dice : De oido oiréis, y no entenderéis ; y 
viendo veréis, y no percibiréis. 

15 Porque el corazón de este pueblo está engrosado, y 



SAN MATEO 



29 



de los oidos oyen pesadamente, y de sus ojos guiñan ; 
para que no vean de los ojos, y oigan de los oidos, y del 
corazón entiendan, y se conviertan, y yo los sane. 

1(5 Mas bienaventurados vuestros ojos, poique ven ; y 
vuestros oidos, porque oyen. 

17 Porque de cierto os digo, que muchos profetas y 
justos desearon ver lo que vosotros veis, y no lo vieron ; 
y oir lo que vosotros ois, y no lo oyeron. 

18 Oid pues vosotros la parábola del que siembra. 

19 Oyendo cualquiera la palabra del reino, y no en- 
tendiendo/», viene el Malo, y arrebata lo que fué sem- 
brado en su corazón. Este es el que fué sembrado junto 
al camino. 

20 Y el que fué sembrado en pedregales, este es el que 
oye la palabra, y luego la recibe con gozo. 

21 Mas no tiene raiz en sí, antes es temporal ; porque 
venida la aflicción ó la persecución por la palabra, luego 
se ofende. 

22 Y el que fué sombrado en espinas, este es el que oye 
la palabra ; mas la congoja de este siglo y el engaño de las 
riquezas ahogan la palabra, y viene á quedar sin fruto. 

23 Mas el que fué sembrado en buena tierra, este es 
el que oye y entiende la palabra, el que también da el 
fruto ; y lleva uno á ciento, y otro á sesenta, y otro á 
treinta. 

24 Otra parábola les propuso, diciendo : El reino de 
los cielos es semejante á un hombre que siembra buena 
simiente en su campo. 

25 Mas durmiendo los hombres, vino su enemigo, y 
sembró zizaña entre el trigo, y se fué. 

26 Y como la yerba solió, é hizo fruto, entonces la 
zizaña pareció también. 

27 Y llegándose los siervos del padre de familias, le 
dijeron : Señor, ¿ no sembraste buena simiente en tu 
campo ? ¿ Pues de donde tiene zizaña ? 

28 Y él les dijo : Algún enemigo ha hecho esto. Y 
los siervos le dijeron : ¿ Pues quieres que vayamos, y la 
cojamos ? 

29 Y él dijo : No ; porque cogiendo la zizaña, no arran- 
quéis también con ella el trigo. 

30 Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la 
siega ; y al tiempo de la siega yo diré á los segadores : 



30 



SAN MATEO 



Cogéd primero la zizaña, y atadla en manojos para 
quemarla ; m;is el trigo allegádlo en mi alfolí. 

31 Otra parábola les propuso, diciendo : El reino de 
los cielos es semejante al grano de mostaza, que tomán- 
dolo alguno lo sembró en su campo : 

32 El cual á la verdad es el más pequeño de todas las 
simientes ; mas cuando ha crecido, es el mayor de todas 
las hortalizas ; y se hace árbol, que vienen las aves del 
cielo, y hacen nidos en sus ramas. 

33 Otra parábola les dijo : El reino de los cielos seme- 
jante ála levadura, que tomándola una mujer, la esconde 
en tres medidas de harina, hasta que todo se leude. 

34 Todo esto habló Jesús por parábolas á la multitud ; 
y nada les habló sin parábolas ; 

35 Para que se cumpliese lo que fué dicho por el 
profeta, que dijo : Abriré en parábolas mi boca : rebosaré 
cosas escondidas desde la fundación del mundo. 

36 Entonces, enviadas las multitudes, Jesús se vino á 
casa ; y llegándose á él sus discípulos, le dijeron : De- 
cláranos la parábola de la zizaña del campo. 

37 Y respondiendo él, les dijo : El que siembra la 
buena simiente es el Hijo del hombre. 

38 El campo es el mundo ; la buena simiente son los 
hijos del reino ; y la zizaña son los hijos del Malo ; 

39 El enemigo que la sembró, es el diablo ; la siega es 
el fin del mundo ; y los segadores son los ángeles. 

40 De manera que como es cogida la zizaña, y que- 
mada á fuego, así será en el fin de este siglo. 

41 Enviará el Hijo del hombre sus ángeles, y cogerán 
de su reino todos los estorbos, y los que hacen iniquidad ; 

42 Y los echarán en el horno de fuego : allí será el 
lloro, y el crugir de dientes. 

43 Entonces los justos resplandecerán, como el sol, en 
el reino de su Padre. El que tiene oidos para oir, oiga. 

44 También el reino de los c iclos es semejante al tesoro 
escondido en un campo, el cual hallado, el hombre lo 
encubre ; y de gozo de él, va, y vende todo lo que tiene, 
y compra aquel campo. 

45 Asimismo el reino de los cielos es semejante á un 
hombre tratante, que busca buenas perlas : 

46 Que hallando una preciosa perla, fué, y vendió todo 
lo que tenia, y la compró. 



SAN MATEO 



31 



47 También el reino de los cielos es semejante á una 
red, que echada en la mar, coge de todas suertes : 

48 La cual siendo llena, la sacaron á la orilla ; y senta- 
dos cogieron lo bueno en vasijas, y lo malo echaron fuera. 

49 Asi será en el fin del siglo : saldrán los ángeles, y 
apartarán á los malos de entre los justos, 

50 Y los echarán en el horno del fuego : allí será el 
lloro, y el crugir de dientes. 

51 Díceles Jesús : ¿ Habéis entendido todas estas cosas? 
Ellos responden : Si, Señor. 

52 Y él les dijo : Por eso todo escriba docto en el reino 
de los cielos es semejante á un padre de familia, que saca 
de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas. 

53 Y aconteció que acabando Jesús estas parábolas, 
pasó de allí. 

54 Y venido á su tierra, les enseñó en la sinagoga de 
ellos, de tal manera que ellos estaban fuera de sí, y 
decían : ¿ De dónde tiene este esta sabiduría, y estas 
maravillas ? 

55 ¿ No es este el hijo del carpintero ? ¿ No se llama su 
madre María ; y sus hermanos, Santiago, y Joses, y 
Simón, y Judas? 

56 ¿Y no están todas sus hermanas con nosotros? 
¿ De dónde pues tiene este todo esto? 

57 Y se escandalizaban en él ; mas Jesús les dijo : No 
hay profeta sin honra, sino en su tierra, y en su casa. 

58 Y no hizo allí muchas maravillas, á causa de la 
incredulidad de ellos. 



CAPITULO XIV. 

EN aquel tiempo Heródes el Tetrarca oyó la fama de 
Jesús ; 
2 Y dijo á sus criados : Este es Juan el Bautista ; 
él ha resucitado de entre los muertos, y por eso virtudes 
obran en él. 

3 Porque Heródes habia prendido á Juan, y le había 
aprisionado, y puesto en la cárcel, por causa de Herodías, 
mujer de Felipe su hermano. 

4 Porque Juan le decia : No te es lícito tenerla. 

5 Y quería matarle, mas tenia miedo de la multitud ; 
porque le tenían como á profeta. 



32 



SAN MATEO 



6 Y celebrándose el dia del nacimiento de Heródes, la 
hija de Herodías danzó en medio, y agradó á Heródes. 

7 Y prometió con juramento de darle todo lo que 
pidiese. 

8 Y ella, instruida primero de su madre, dijo : Dáme 
aquí en un plato la cabeza de Juan el Bautista. 

9 Entónces el rey se entristeció : mas por el jura- 
mento, y por los que estaban juntamente á la mesa, 
mandó que se fe diese. 

10 Y enviando, degolló á Juan en la cárcel. 

11 Y fué traida su cabeza en un plato, y dada á la 
moza ; y ella la presentó á su madre. 

12 Entonces sus discípulos llegaron, y tomaron el 
cuerpo, y le enterraron ; y fueron, y dieron las nuevas á 
Jesús. 

13 Y oyéndote- Jesús, se retiró de allí en una nave á 
un lugar desierto apartado ; y cuando el pueblo lo oyó, 
le siguió á pié de las ciudades. 

14 Y saliendo Jesús, vió una gran multitud ; y tuvo 
misericordia de ellos, y sanó los que de ellos babia 
enfermos. 

15 Y cuando fué la tarde del dia, se llegaron á él sus 
discípulos, diciendo : El lugar es desierto, y el tiempo es 
ya pasado : envía las multitudes, que se vayan por las 
aldeas, y compren para sí de comer. 

16 Y Jesús les dijo : No tienen necesidad de irse : 
dádles vosotros de comer. 

17 Y ellos dijeron : No tenemos aquí sino cinco panes 
y dos peces. 

18 Y él les dijo : Traédmelos acá. 

19 Y mandando á las multitudes recostarse sobre l?i 
yerba, y tomando los cinco panes y los dos peces, alzande 
los ojos al cielo, bendijo ; y rompiéndolos panes, los dic" 
á los discípulos, y los discípulos á las multitudes. 

20 Y comieron todos, y se hartaron ; y alzaron lo qut 
sobró, los pedazos, doce esportones llenos. 

21 Y los que comieron fueron varones como cinco mil 
sin las mujeres y muchachos. 

22 Y luego Jesús bizo á sus discípulos entrar en 1? 
nave, é ir delante de él á la otra parte del lago, entn 
tanto que él despedía las multitudes. 

23 Y despedidas las multitudes, subió en un mont< 



SAN MATtiO 



33 



apartado á orar. Y como fué la tarde del dia, estaba 
allí BOlo. 

24 Y ya la nave estaba en medio de la mar, atormen- 
tada de las ondas ; porque el viento era contrario. 

2.5 Mas á la cuarta vela de la noche Jesús fué á ellos 
andando sobre la mar. 

26 Y los discípulos, viéndole andar sobre la mar, se 
turbaron, diciendo : Fantasma es ; y dieron voces de 
miedo. 

27 Mas luego Jesús les habló, diciendo : Aseguraos : 
yo soy, no tengáis miedo. 

28 Entonces le respondió Pedro, y dijo : Señor, si tú 
eres, manda que yo venga á tí sobre las aguas. 

29 Y él dijo : Ven. Y descendiendo Pedro de la nave, 
anduvo sobre las aguas para venir á Jesús. 

30 Mas viendo el viento fuerte, tuvo miedo ; y comen- 
zándose á hundir, dió voces, diciendo : Señor, sálvame. 

31 Y luego Jesús extendiendo la mano, trabó de él, y 
le dice : Hombre de poca fé, ¿ por qué dudaste ? 

32 Y como ellos entraron en la nave, el viento reposó. 

33 Entonces los que estaban en la nave, vinieron, y 
le adoraron, diciendo: Verdaderamente eres tú el Hijo 
de Dios. 

34 Y llegando á la otra parte, vinieron á la tierra de 
Genesaret. 

35 Y como le conocieron los varones de aquel lugar, 
enviaron por toda aquella tierra al derredor, y trajeron 
á él todos los enfermos. 

36 Y le rogaban que solamente tocasen el borde de su 
manto ; y todos los que lo tocaron, fueron salvos. 



XTÜXCES llegaron á Jesús ciertos escribas y Fariseos 



p , de Jerusalem, diciendo : 

2 ¿ Por qué tus discípulos traspasan la tradición 
de los ancianos? porque no lavan sus manos cuando 
comen pan. 

3 Y él respondiendo, les dijo : ¿ Por qué también voso- 
tros traspasáis el mandamiento de Dios por vuestra 
tradición ? 

4 Porque Dios mandó, diciendo : Honra á tu padre y 



CAPITULO XV. 




c 



34 



SAN MATEO 



A tu madre ; y : El que maldijere á padre 6 á madre, 
muera de muerte. 

5 Mas vosotros decís : Cualquiera que dijere á su padre 
6 á su madre : Toda ofrenda mia á tí aprovechará ; 

6 Y no honrare á su padre ó á su madre, será libre. 
Así habéis invalidado el mandamiento de Dios por 
vuestra tradición. 

7 Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, di- 
ciendo : 

8 Este pueblo con su boca se acerca á mí, y con sus 
labios me honra ; mas su corazón lejos está de mí. 

9 Mas en vano me honran enseñando como doctrinas, 
mandamientos de hombres. 

10 Y llamando á sí á la multitud, les dijo : Oid, y 
entended. 

11 No lo que entra en la boca contamina al hombre ; 
mas lo que sale de la boca, esto contamina al hombre. 

12 Entonces llegándose sus discípulos, le dijeron : 
¿ Sabes que los Fariseos oyendo esta palabra se ofen- 
dieron ? 

13 Mas respondiendo él, dijo : Toda planta que no 
plantó mi Padre celestial será desarraigada. 

14 Dejádlos : guias son ciegos de ciegos ; y si el ciego 
guiare al ciego, ámbos caerán en el hoyo. 

15 Y respondiendo Pedro, le dijo : Decláranos esta 
parábola. 

16 Y Jesús dijo : ¿ Aun también vosotros sois sin en- 
tendimiento ? 

17 ¿ No entendéis aun, que todo lo que entra en la 
boca, va al vientre, y es echado en la necesaria ? 

18 Mas lo que sale de la boca, del mismo corazón sale, 
y esto contamina al hombre. 

19 Porque del corazón salen los malos pensamientos, 
muertes, adulterios, fornicaciones, hurtos, falsos testi- 
monios, blasfemias. 

20 Estas cosas son las que contaminan al hombre ; 
que comer con las manos por lavar no contamina al 
hombre. 

21 Y saliendo Jesús de allí, se fué á las partes de Tiro 
y de Sidon. 

22 Y, he aquí, una mujer Cananea, que había salido 
de aquellos términos, clamaba, diciéndole : Señor, Hijo 



SAN MATEO 



35 



de David, ten misericordia de mí : mi hija es malamente 
atormentada del demonio. 

28 Mas él no le respondió palabra. Entonces llegán- 
dose sus discípulos, le rogaron, diciendo : Envíala, que 
da voces tras nosotros. 

. 24 Y él respondiendo, dijo : No soy enviado sino á las 
ovejas perdidas de la casa de Israel. 

25 Entonces ella vino, y le adoró, diciendo : Señor, 
socórreme. 

26 Y respondiendo él, dijo : No es bien tomar el lian 
de los hijos, y echar /o á los perrillos. 

27 Y ella dijo : Así es Señor ; pero los perros comen 
de las migajas que caen de la mesa de sus señores. 

28 Entonces respondiendo Jesús, dijo : ¡ 0 mujer ! 
grande es tu fé : sea hecho contigo como quieres. Y fué 
sana su hija desde aquella hora. 

29 Y partido Jesús de allí, vino junto al mar de 
Galilea ; y subiendo en un monte, se sentó allí. 

30 Y llegaron á él grandes multitudes, que tenian 
consigo cojos, ciegos, mudos, mancos, y otros muchos 
enfermos, y los echaron á los piés de Jesús, y los sanó : 

31 De tal manera, que las multitudes se maravillaron, 
viendo hablar los mudos, los mancos sanos, andar los 
cojos, ver los ciegos ; y glorificaron al Dios de Israel. 

32 Y Jesús llamando á sus discípulos, dijo : Tengo 
misericordia de la multitud, que ya hace tres dias que 
perseveran conmigo, y no tienen que comer ; y enviarlos 
ayunos no quiero ; porque no desmayen en el camino. 

33 Entonces sus discípulos le dicen : ¿ Dónde tenemos 
nosotros tantos panes en el desierto, que hartemos tan 
gran multitud ? 

34 Y Jesús les dice : ¿ Cuántos panes tenéis ? Y ellos 
dijeron : Siete, y unos pocos pececillos. 

35 Y mandó á las multitudes que se recostasen en 
tierra. 

36 Y tomando los siete panes y los peces, dando 
gracias, los rompió, y dió á sus discípulos, y los discí- 
pulos á la multitud. 

37 Y comieron todos, y se hartaron ; y alzaron lo que 
sobró de los pedazos, siete espuertas llenas. 

38 Y eran los que habían comido cuatro mil varones, 
sin las mujeres y los niños. 



36 



SAN MATEO 



30 Entonces despedidas las multitudes, subió en una 
nave, y vino á los términos de Magdala. 

CAPITULO XVI. 

Y LLEGÁNDOSE los Fariseos y los Sadueeos, ten- 
tando, le pedían que les mostrase señal del cielo. 
2 Mas él respondiendo, les dijo : Cuando es la 
tarde del dia, decís : Buen tiempo hará; porque el cielo 
tiene arreboles. 

3 Y á la mañana : Hoy habrá tempestad ; porque 
tiene arreboles el cielo triste. Hipócritas, que sabéis 
hacer diferencia en la faz del cielo ; ¿ y en las señales de 
los tiempos no podéis ? 

4 La generación mala y adulterina demanda señal ; 
mas señal no le será dada, sino le señal de Joñas el pro- 
feta. Y dejándoles se fué. 

5 Y venidos sus discípulos á la otra parte del lago, se 
habían olvidado de tomar pan. 

6 Y Jesús les dijo : Mirád, y guardáos de la levadura 
de los Fariseos, y de los Sadueeos. 

7 Y ellos pensaban dentro de sí, diciendo : Esto es 
porque no tomamos pan. 

8 Y entendiéndolo Jesús, les dijo : ¿Qué pensáis dentro 
de vosotros, hombres de poca fé, que no tomasteis pan? 

9 ¿ No entendéis aun, ni os acordáis de los cinco 
panes entre cinco mil varones, y cuántos esportones 
tomasteis '? 

10 ¿ Ni de los siete panes entre cuatro mil, y cuántas 
espuertas tomasteis ? 

11 ¿ Cómo ? ¿ No entendéis que no por el pan os dije, 
que os guardaseis de la levadura de los Fariseos, y de los 

12 Entonces entendieron que no les habia dicho que 
se guardasen de levadura de pan, sino de la doctrina de 
los Fariseos, y de los Sadueeos. 

13 Y viniendo Jesús á las partes de Cesárea de Filipo, 
preguntó á sus discípulos, diciendo : ¿ Quién dicen los 
hombres que es el Hijo del hombre? 

14 Y ellos dijeron : Unos : Juan el Bautista ; y otros : 
Elias ; y otros : Jeremías, ó alguno de los profetas. 

15 Díeeies él : ¿ Y vosotros, quién decís que soy? 



SAN .MATEO 



37 



16 Y respondiendo Simón Pedro, dijo : Tú eres el 
Cristo, el Hijo del Dios viviente. 

17 Entonces respondiendo Jesús, le dijo : Bienaven- 
turado eres, Simón, hijo de Joñas ; porque no te lo 
reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los 
cielos. 

18 Y yo también te digo, que tú eres Pedro ; y sobre 
esta roca edificaré mi iglesia ; y las puertas del infierno 
no prevalecerán contra ella. 

19 Y á tí daré las llaves del reino de los cielos ; que 
todo lo que ligares en la tierra, será ligado en los cielos ; 
y todo lo que desatares en la tierra, será desatado en los 
cielos. 

20 Entonces mandó á sus discípulos que á nadie 
dijesen que él era Jesús el Cristo. 

21 Desde aquel tiempo comenzó Jesús á declarar á sus 
discípulos, que convenia ir él á Jerusalem, y padecer 
muchas cosas de los ancianos, y de los príncipes de los 
sacerdotes, y de los escribas, y ser muerto, y resucitar al 
tercero dia. 

22 Y Pedro, tomándole aparte, comenzó á reprenderle, 
diciendo : Señor, ten compasión de ti : en ninguna 
manera esto te acontezca. 

23 Entonces él volviéndose, dijo á Pedro : Quítate 
de delante de mí, Satanás: escándalo me eres; porque 
no entiendes lo que es de Dios, sino lo que es de los 
hombres. 

24 Entonces Jesús dijo á sus discípulos : Si alguno 
quiere venir en pos de mí, niéguese á sí mismo, y tome 
su cruz, y sígame. 

25 Poique cualquiera que quisiere salvar su vida, la 
perderá ; y cualquiera que perdiere su vida por causa de 
mí, la hallará. 

26 Porque. ¿ de qué aprovecha al hombre, si grangeare 
todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O, qué recom- 
pensa dará el hombre por su alma ? 

27 Porque el Hijo del hombre vendrá en la gloria de 
su Padre con sus ángeles ; y entonces pagará á cada uno 
conforme á sus obras. 

28 De cierto os digo, que hay algunos de los que están 
aquí, que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto 
al Hijo del hombre viniendo en su reino. 



3* 



SAN MATEO 



CAPITULO XVII. 

Y DESPUES de seis dias Jesús toma á Pedro, y á San- 
tiago, y á Juan su hermano, y los saca aparte á un 
monte alto. 

2 Y se transfiguró delante de ellos ; y resplandeció su 
rostro como el sol ; y sus vestidos brillantes como la luz. 

3 Y, he aquí, les aparecieron Moisés y Elias, hablando 
con él. 

4 Y respondiendo Pedro, dijo á Jesús : Señor, bien es 
que nos quedemos aquí : si quieres, hagamos aquí tres ca- 
banas ; para tí una, y para Moisés otra, y para Elias otra. 

5 Estando aun hablando él, he aquí, una nube de luz 
que los cubrió ; y, he aquí, una voz de la nube, que dijo : 
Este es mi Hijo amado, en el cual tomo contentamiento : 
a él oid. 

6 Y oyendo esto los discípulos, cayeron sobre sus 
rostros, y temieron en gran manera. 

7 Entonces Jesús llegando, les tocó, y dijo : Levantaos, 
y no temáis. 

8 Y alzando ellos sus ojos, á nadie vieron, sino á solo 
Jesús. 

9 Y como descendieron del monte, les mandó Jesús, 
diciendo : No digáis á nadie la visión, hasta que el Hijo 
del hombre resucite de los muertos. 

10 Entonces sus discípulos le preguntaron, diciendo : 
¿ Por qué pues dicen los escribas, que es menester que 
Elias venga primero? 

11 Y respondiendo Jesús, les dijo : A la verdad Elias 
vendrá primero, y restituirá todas las cosas. 

12 Mas os digo, que ya vino Elias, y no le conocieron : 
antes hicieron en él todo lo que quisieron. Así también 
el Hijo del hombre padecerá de ellos. 

13 Los discípulos entonces entendieron que les hablaba 
de Juan el Bautista. 

14 Y como ellos llegaron á la multitud, vino á él un 
hombre hincándosele de rodillas, 

15 Y diciendo : Señor, ten misericordia de mi hijo, 
que es lunático, y padece malamente ; porque muchas 
veces cae en el fuego, y muchas en el agua. 

16 Y le he presentado á tus discípulos, y no le han 
podido sanar. 



SAX MATEO 



39 



17 Y respondiendo Jesús, dijo : ¡ 0 generación infiel 
y perversa ! ¿ hasta cuándo tengo de estar con vosotros ? 
¿ hasta cuándo os tengo de sufrir? Traédmele acá. 

18 Y reprendió Jesús al demonio, y salió dé él ; y el 
mozo fué sano desde aquella hora. 

19 Entonces llegándose los discípulos á Jesús aparte, 
dijeron : ¿ Por qué nosotros no le pudimos echar fuera ? 

20 Y Jesús les dijo : Por vuestra infidelidad ; porque 
de cierto os digo, que si tuviereis fé como un grano de 
mostaza, diréis á este monto : Pásate de aquí allá, y se 
pasará ; y nada os será imposihle. 

21 Mas este género de demonios no sale sino por ora- 
ción y ayuno. 

22 Y estando ellos en Galilea, les dijo Jesús : El Hijo 
del hombre será entregado en manos de hombres ; 

23 Y le matarán ; mas al tercero dia resucitará. Y 
ellos se entristecieron en gran manera. 

24 Y como llegaron á Capernaum, vinieron á Pedro 
los que cobraban las dos dracmas, y dijeron : ¿ Yuestro 
maestro no paga las dos dracmas? 

25 Y él dice : Si. Y entrado él en casa, Jesús le habló 
antes, diciendo: ¿Qué te parece, Simón? ¿Los reyes 
de la tierra, de quién cobran los tributos, ó el censo? 
¿ de sus hijos, ó de los extraños? 

26 Pedro le dice : De los extraños. Dícele entonces 
Jesús : Luego francos son los hijos. 

27 Mas poique no los ofendamos, vé á la mar, y echa 
el anzuelo, y el primer pez que viniere, tómale, y abierta 
su boca hallarás un estatero, dásele por mí, y por tí. 

CAPITULO XVIII. 

EX aquel tiempo se llegaron los discípulos á Jesús, 
diciendo : ¿ Quién es el mayor en el reino de los 
cielos ? 

2 Y llamando Jesús á un niño, le puso en medio de 
ellos, 

3 Y dijo : De cierto os digo, que sino os convirtiereis, 
y os hiciereis como niños, no entraréis en el reino de los 
cielos. 

4 Así que cualquiera que se humillare, como este 
niño, este es el mayor en el reino de los cielos. 



40 



SAN MATEO 



5 Y cualquiera que recibiere á 1111 tal niño en mi 
nombre, á mí recibe. 

(i Y cualquiera, que ofendiere á alguno de estos peque- 
ños, que creen en mí, mejor le seria que le fuera colgada 
del cuello una piedra de molino de asno, y que fuese 
anegado en el profundo de la. mar. 

7 ¡ A y del mundo por los escándalos ! porque nece- 
sario es que vengan escándalos ; mas ¡ ay de aquel hom- 
bre, por el cual viene el escándalo ! 

8 Por tanto, si tu mano ó tu pié te fuere ocasión de 
caer, córtalos y échalos de tí : mejor te es entrar cojo ó 
manco á la vida, que teniendo dos manos ó dos pies ser 
echado al fuego eterno. 

V» Y si tu ojo te es ocasión de caer, sácale, y échaie de 
tí ; que mejor te es entrar con un ojo en la vida, que 
teniendo dos ojos ser echado al fuego del i n tierno. 

10 Mirád no tengáis en poco á alguno de estos pe- 
queños ; porque yo os digo que sus ángeles en los 
cielos ven siempre el rostro de mi Padre, que está en 
los cielos. 

11 Porque el Hijo del hombre es venido para salvar lo 
que se había perdido. 

12 ¿Qué os parece? Si tuviese algún hombre cien 
ovejas, y se perdiese una de ellas, ¿ no iría por los montes, 
dejadas las noventa y nueve, á buscar la que se habia 
perdido ? 

13 Y si aconteciese hallarla, de cierto os digo, que 
más se goza de aquella, que de las noventa y nueve que 
no se perdieron. 

14 Así no es la voluntad de vuestro Padre, que está 
en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños. 

ló I'or tanto si tu hermano pecare contra tí, vé. y 
redargúyele entre tí y él solo : si te oyere, ganado has á 
tu hermano. 

16 Mas, si no te oyere, toma aun contigo uno 6 dos, 
para que en boca de dos ó de tres testigos conste toda 
palabra. 

17 Y si no oyere .1 ellos, dílo á la iglesia ; y si no oyere 
á la iglesia ténle por un gentil, y un publicarlo. 

18 De cierto os digo, que todo lo que ligareis en la 
tierra, será .ligado en el cielo ; y todo lo que desatareis en 
la tierra, será desatado en el cielo. 



SAN MATEO 



41 



10 Dignos ademas, que si dos de vosotros convi- 
nieren sobre la tierra, tocante á cualquiera cosa que 
pidieren, les será hecho por mi Padre, que está en 
los cielos. 

20 Porque donde están dos ó tres congregados en mi 
nombre, allí estoy yo en medio de ellos. 

21 Entonces Pedro llegándose á él, dijo : Señor, 
¿cuántas veces perdonaré á mi hermano que pecare 
contra mí ? ¿ hasta siete ? 

22 Jesús le dice : No te digo hasta siete, mas aun 
hasta setenta veces siete. 

23 Pur lo cual el reino de los cielos es semejante á un 
hombre rey, que quiso hacer cuentas con sus siervos. 

24 Y comenzando á hacer cuentas, le fué presentado 
uno que le debia diez mil talentos. 

25 Mas á este, no pudiendo pagar, mandó su señor 
vender á él, y á su mujer, é hijos, con todo lo que tenia, 
y pagar. 

2U Entonces aquel siervo postrado le rogaba, di- 
ciendo : Señor, deten la ira para conmigo, y todo te 
lo pagaré. 

27 El señor de aquel siervo movido á misericordia, le 
soltó, y le perdonó la deuda. 

28 Y saliendo aquel siervo, halló á uno de sus com- 
pañeros, que le debia cien denarios ; y trabando de él, le 
ahogaba, diciendo : Pago lo que debes. 

29 Entonces su compañero, postrándose á sus pies, le 
rogaba, diciendo : Deten la ira para conmigo, y todo te 
lo pagaré. 

30 Mas él no quiso, sino fué, y le echó en la cárcel 
hasta que pagase la deuda. 

31 Y viendo sus compañeros lo que pasaba, se en- 
tristecieron mucho, y viniendo declararon á su señor 
todo lo que habja pasado. 

32 Entonces llamándole su señor, le dice : Mal siervo, 
toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste : 

33 ¿ No te convenia también á tí tener misericordia 
de tu compañero, como también yo tuve misericordia 
de tí ? 

34 Entonces su señor enojado le entregó á los ver- 
dugos, hasta que pagase todo lo que le debia. 

35 Así también hará con vosotros mi Padre celestial, 



42 



SAN MATEO 



si no perdonareis de vuestros corazones cada uno á su 
hermano sus ofensas. 

CAPITULO XIX. 

Y ACONTECIÓ, que acabando Jesús estas palabras, se 
retiró de Galilea, y vino á los términos de Judea, 
pasado el Jordán. 

2 Y le siguieron grandes multitudes, y los sanó allí. 

3 Entonces se llegaron á él los Fariseos, tentándole, 
y diciéndole : ¿ Es lícito al hombre despedir á su mujer 
por cualquiera causa? 

4 Y él respondiendo, les dijo : ¿ No habéis leido que 
el que los hizo al principio, macho y hembra los hizo, 

5 Y dijo : Por tanto el hombre dejará padre y madre, 
y se unirá á su mujer, y serán dos en una carne ? 

6 Así que no son ya más dos, sino una carne. Por 
tanto lo que Dios juntó, no lo aparte el hombre. 

7 Dícenle : ? Por qué pues Moisés mandó dar carta de 
divorcio, y despedirla ? 

8 Díjoles : Por la dureza de vuestro corazón Moisés os 
permitió despedir vuestras mujeres ; mas al principio no 
fué así. 

ít Y yo os digo, que cualquiera que despidiere a 
su mujer, sino fuere por fornicación, y se casare GOJQ 
otra, adultera; y el que se casare con la despedida, 
adultera. 

10 Dícenle sus discípulos : Si así es la condición del 
hombre con su mujer, no conviene casarse. 

11 Entonces él les dijo : No todos son capaces de 
recibir este dicho : sino aquellos á quien es dado. 

12 Porque hay eunucos, que nacieron así del vientre 
de su madre ; y hay eunucos, que han sido hechos 
eunucos por los hombres ; y hay eunucos, que se han 
hecho eunucos á sí mismos por causa, del reino de los 
cielos. El que puede recibir/o, recíbate. 

13 Entonces le fueron presentados unos niños, para 
que pusiese las manos sebre ellos, y orase ; y los dis- 
cípulos les riñeron. 

14 Mas Jesús dijo : Dejád á los niños, y no les im- 
pidáis de venir á mí ; porque de los tales es el reino de 
los cielos. 



SAX MATEO 



43 



15 Y habiendo puesto sobre ellos las manos, se partió 
de allí. 

16 Y, he aquí, uno llegándose, le dijo : Maestro 
bueno, ¿qué bien haré, para tener la vida eterna? 

17 Y él le dijo : ¿ Por qué me dices bueno? Ninguno 
es bueno sino uno. es á saber, Dios. Mas si quieres entrar 
en la vida, guarda los mandamientos. 

18 Dícele : ¿ Cuáles ? Y Jesús dijo : Xo matarás : No 
adulterarás : Xo hurtarás : Xo dirás falso testimonio : 

19 Honra á tu padre y á tu madre : Y, amarás á tu 
prójimo, como á tí mismo. 

20 Dícele el mancebo : Todo esto guardé desde mi 
mocedad : ¿ Qué más me falta? 

21 Dícele Jesús : Si quieres ser perfecto, anda, vende 
lo que tienes, y dá/o á los pobres ; y tendrás tesoro en el 
cielo ; y ven. y sigúeme. 

22 Y oyendo el mancebo esta palabra, se fué triste ; 
porque tenia muchas posesiones. 

23 Entonces Jesús dijo á sus discípulos : De cierto os 
digo, que el rico difícilmente entrará en el reino de los 
cielos. 

2-í Y ademas os digo, que más fácil es pasar un ca- 
mello por el ojo de una aguja, que el rico entrar en el 
reino de Dios. 

25 Sus discípulos oyendo estas cosas se espantaron 
en gran manera, diciendo : ¿ Quién pues podrá ser 
salvo ? 

2ii Y mirándolos Jesús, les dijo : Acerca de los hom- 
bres imposible es esto ; mas acerca de Dios todo es 
posible. 

27 Entónces respondiendo Pedro, le dijo : He aquí, 
nosotros hemos dejado todo, y te hemos seguido, ¿ qué 
pues tendrémos? 

28 Y Jesús les dijo : De cierto os digo, que vosotros 
que me habéis seguido, cuando en la regeneración se 
asentará el Hijo del hombre en el trono de su gloria, voso- 
tros también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar 
á las doce tribus de Israel. 

29 Y cualquiera que dejare casas, ó hermanos, ó her- 
manas, ó padre, ó madre, 6 mujer, ó hijos, ó tierra*, por 
mi nombre, recibirá cien veces tanto, y la vida eterna 
tendrá por herencia. 



44 



SAN MATEO 



30 Mas muchos que son primeros serán postreros ; y 
los postreros, primeros. 

CAPITULO XX. 

PORQUE el reino de los cielos es semejante á un 
hombre, padre de familias, que salió por la mañana 
á coger peones para su viña. 

2 Y concertado con los peones por un denario al dia, 
los envió á su viña. 

3 Y saliendo cerca de la hora de las tres, vió otros que 
estaban en la plaza ociosos, 

4 Y les dijo : Id también vosotros á mi viña, y os daré 
lo que lucre justo. Y ellos fueron. 

5 Salió otra vez cerca de las seis y de las nueve horas, 
é hizo ilo mismo. 

6 Y saliendo cerca de las once horas, halló otros que 
estaban ociosos, y les dijo : ¿Por (pié estáis aquí todo el 
dia ociosos? 

7 Dícenle ellos : rorcpie nadie nos ha cogido. Díceles : 
Id también vosotros á la viña, y recibiréis lo que fuere 
justo. 

8 Y cuando fué la tarde del dia, (4 señorde la vinadijoá 
su administrador : Llama los peones, y págales el jornal, 
comenzando desde los postreros hasta los primeros. 

9 Y viniendo los opie habían venido cerca de las once 
horas, recibieron cada uno un denario. 

10 Y viniendo también los primeros, pensaron que 
habían de recibir más; pero también ellos recibieron 
cada uno un denario. 

11 Y tomándofo murmuraban contra el padre de la 
familia, 

12 Diciendo : Estos postreros solo han trabajado una 
hora, v los has hecho iguales á nosotros, que hemos 
llevado la carga, y el calor del dia. 

13 Y él respondiendo dijo á uno de ellos : Amigo, no 
te hago agravio. ¿No te concertaste conmigo por un 
denario ? 

14 Toma lo que es tuyo, y véte : yo quiero dar á este 
postrero como á tí. 

15 ¿No me es lícito á mí hacer lo que quiero en mis 
cosas? ¿O es malo tu ojo, porque yo soy bueno? 



SAN MATEO 



45 



16 Así los primeros serán postreros ; y los postreros 
primeros ; porque muchos son llamados, mas pocos 
escogidos. 

17 Y subiendo Jesús á Jerusalem, tomó sus doce dis- 
cípulos aparte en el camino, y les dijo : 

18 He aquí, subimos á Jerusalem, y el Hijo del hom- 
bre será entregado á los príncipes de los sacerdotes, y á 
los escribas, y le condenarán á muerte, 

l!t Y le entregarán á los Gentiles, para que le escar- 
nezcan, y azoten, y crucifiquen ; mas al tercero dia 
resucitará. 

20 Entonces se llegó á él la madre de los hijos de Ze- 
bedeo con sus hijos, adorando, y pidiéndole algo. 

21 Y él le dijo : ¿ Qué quieres ? Ella le dijo : Di que se 
asienten estos dos hijos mios, el uno á tu mano derecha, 
y el otro á tu izquierda, en tu reino. 

22 Entonces Jesús respondiendo, dijo : No sabéis lo 
que pedis. ¿ Podéis beber de la copa de que yo tengo 
que beber ; y ser bautizados del bautismo de que yo soy 
bautizado? Dicen ellos: Podemos. 

23 El les dice : A la verdad de mi copa beberéis ; y 
del bautismo de que yo soy bautizado, seréis bautizados ; 
mas sentaros á mi mano derecha, y á mi izquierda, 
no es mió darlo, sino á los que está aparejado por mi 
Padre. 

24 Y como los diez oyeron esto, se enojaron de los dos 
hermanos. 

2ó Entonces Jesús llamándolos, dijo : Ya sabéis que 
los principes de los Gentiles se enseñorean sobre ellos ; y 
los que son grandes ejercen sobre ellos potestad. 

26 Mas entre vosotros no será así ; sino el que entre 
vosotros quisiere hacerse grande, será vuestro servidor ; 

27 Y el que entre vosotros quisiere ser el primero, será 
vuestro siervo : 

28 Así como el Hijo del hombre no vino para ser 
servido, sino para servir, y para dar su vida en resc ate 
por muchos. 

2!) Entonces saliendo ellos de Jerieó, le seguía una 
gran multitud. 

30 Y, he aquí, dos ciegos sentados junto al camino^ 
como oyeron que Jesús pasaba, clamaron, diciendo : 
Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros. 



46 



SAN MATEO 



31 Y la multitud los reñía para que callasen ; mas 
ellos clamaban más, diciendo : Señor, Hijo de David, ten 
misericordia de nosotros. 

:>2 Y parándose Jesús, los llamó, y dijo : ¿Qué queréis 
que haga por vosotros? 

33 Dícenle ellos: Señor, que sean abiertos nuestros 
ojos. ' 

34 Entonces Jesús teniéndoles misericordia, tocó los 
ojos de ellos, y luego sus ojos recibieron la vista, y le 
siguieron. 



T COMO se acercaron á Jcrusalem, y vinieron á Bet- 



1 fage, al monte de las Olivas, entonces Jesús envió 
- 1 - dos discípulos, 

2 Dieiéndoles : Id á la aldea que está delante de voso- 
tros, y luego hallaréis una asna atada, y un pollino con 
ella : desatádfct, y traédmelos. 

3 Y si alguno os dijere algo, decid : El Señor los ha 
menester ; y luego los dejará. 

4 Y todo esto fué hecho, para que se cumpliese lo que 
fué dicho por el profeta, que dijo : 

5 Decid á la hija de Sion : He aquí, tu Rey te viene, 
manso, y sentado sobre una asna y un pollino, hijo de 
animal <h> yugo. 

6 Y los discípulos fueron, é hicieron como Jesús les 
mandó. 

7 Y trajeron el asna y el pollino, y pusieron sobre ellos 
sus mantos, y se sentó sobre ellos. 

8 Y muy mucha gente tendían sus mantos en el ca- 
mino ; y otros cortaban ramos de los árboles, y los ten- 
dían por el camino. 

i) Y las multitudes que iban delante, y las que iban 
detras aclamaban, diciendo : Hosanna al Hijo de David : 
Bendito el que viene en el nombre del Señor : Hosanna 
en las alturas. 

10 Y entrando él en Jerusalem, toda la ciudad se 
alborotó, diciendo : ¿Quién es este? 

11 Y las multitudes decían : Este es Jesús, el profeta, 
de Nazaret de Galilea. 

12 Y entró Jesús en el templo de Dios, y echó fuera 



CAPITULO XXI. 




SAN MATEO 



47 



todos los que vendían y compraban en el templo, y tras- 
tornó las mesas de los cambiadores, y las sillas de los que 
vendían palomas. 

13 Y les dice : Escrito está : Mi casa, casa de oración 
será llamada ; mas vosotros cueva de ladrones la habéis 
hecho. 

14 Entonces vinieron á él ciegos y cojos en el templo, 
y los sanó. 

15 Mas los príncipes de los sacerdotes y los escribas, 
viendo las maravillas que hacia, y los muchachos acla- 
mando en el templo, y diciendo : Hosanna al Hijo de 
David : se enojaron, 

16 Y le dijeron : ¿ Oyes lo que estos dicen ? Y Jesús les 
dice : ¡Si : ¿Nunca leísteis : Déla boca de los niños, y de 
los que maman perfeccionaste la alabanza ? 

17 Y dejándolos, se salió fuera de la ciudad á Betania ; 
y posó allí. 

18 Y por la mañana volviendo á la ciudad, tuvo 
hambre. 

19 Y viendo una higuera cerca del camino, vino á 
ella, y no halló nada en ella, sino hojas solamente ; y le 
dijo : Nunca más nazca de tí fruto para siempre. Y 
luego la higuera se secó. 

20 Entonces viendo esto los discípulos, maravillados 
decían : ¡ Cómo se secó luego la higuera ! 

21 Y respondiendo Jesús, les dijo : De cierto os digo, 
que si tuviereis fé, y no dudareis, no solo haréis esto de 
la higuera, mas si á este monte dijereis : Quítate, y 
échate en la mar, será hecho. 

22 Y todo lo que pidiereis con oración creyendo, ¡o 
recibiréis. 

23 Y como vino al templo, los príncipes de los sacer- 
dotes, y los ancianos del pueblo llegaron á él. cuando 
estaba enseñando, diciendo: ¿ Con qué autoridad haces 
esto ? ¿ y quién te dió esta autoridad ? 

24 Y respondiendo Jesús, les dijo : Yo también os 
preguntaré una palabra ; la cual si me dijereis, también 
yo os diré con qué autoridad hago esto. 

25 El bautismo de Juan, ¿ de dónde era ? ¿ del cielo, ó de 
los hombres? Ellos entonces pensaron entre sí. dici- 
endo : Si dijéremos : Del cielo ; nos dirá : ¿ Por qué pues 
no le creisteis ? 



48 



SAN MATEO 



26 Y si dijéremos : De los hombres ; tememos al 
pueblo ; porque todos tienen á Juan por profeta. 

27 Y respondiendo á Jesús, dijeron : No sabemos. Y 
él también les dijo : Ni yo os diré con qué autoridad 
hago esto. 

28 Mas, ¿ qué os parece ? Un hombre tenia dos hijos, 
y llegando al primero, le dijo : Hijo, vé hoy á trabajar 
en mi viña. 

29 Y respondiendo él, dijo : No quiero : mas después 
arrepentido, fué. 

30 Y llegando al otro, le dijo de la misma manera : y 
respondiendo él, dijo : Yo, Señor, voy ; y no fué. 

31 ¿ Cuál de los dos hizo la voluntad del padre ? Dicen 
ellos : El primero. Díceles Jesús : De cierto os digo, 
que los publícanos, y las rameras os van delante al reino 
de Dios. 

32 Porque vino á vosotros Juan por via de justicia, y no 
le creísteis ; y los publícanos, y las rameras le creyeron ; 
y vosotros viendo esto nunca os arrepentisteis para creerle. 

33 Oid otra parábola : Fué un hombre, padre de fa- 
milias, el cual plantó una viña, y la cercó de vallado, y 
fundó en ella lagar, y edificó torre, y la dió á renta á 
labradores, y se partió lejos. 

3-4 Y cuando se acercó el tiempo de los frutos, envió 
sus siervos á los labradores, para que recibiesen sus frutos. 

35 Mas los labradores, tomando los siervos, al uno 
hirieron, y al otro mataron, y al otro apedrearon. 

36 Envió otra vez otros siervos más que los primeros ; 
é hicieron con ellos de la misma manera. 

37 Y á la postre les envió su hijo, diciendo : Tendrán 
respeto á mi hijo. 

38 Mas los labradores, viendo al hijo, dijeron entre 
sí : Este es el heredero : venid, matémosle, y tomemos 
su herencia. 

39 Y tomado, le echaron fuera de la viña, y le mataron. 

40 Pues cuando viniere el señor de la viña, ¿ qué hará 
á aquellos labradores ? 

■41 Díeenle ellos : A los malos destruirá malamente ; y 
su viña dará á renta á otros labradores, (pie le paguen el 
fruto á sus tiempos. 

42 Díceles Jesús : ¿Nunca leísteis en las Escrituras : 
La piedra que desecharon los que edificaban, esta fué 



SAN MATEO 



40 



hecha por cabeza de la esquina : por el Señor es hecho 
esto, y es cosa maravillosa en nuestros ojos? 

48 Por tanto os digo, que el reino de Dios será quitado 
de vosotros, y será dado á gente que haga el fruto de él. 

44 Y el que cayere sobre esta piedra, será quebrantado ; 
y sobre quien ella cayere, desmenuzarle ha. 

45 Y oyendo los príncipes de los sacerdotes y los 
Fariseos sus parábolas, entendieron que hablaba de ellos. 

46 Y buscando como echarle mano, temieron al 
pueblo ; porque le tenían por profeta. 



KESPOXDIEXDO Jesús, les volvió á hablar en 



2 El reino de los cielos es semejante á un hombre- 
rey, que hizo bodas á su hijo. 

3 Y envió sus siervos para que llamasen á los convida- 
dos á las bodas ; mas no quisieron venir. 

4 Volvió á enviar otros siervos, diciendo : Decid á los 
convidados : He aquí, mi comida he aparejado, mis 
toros y animales engordados son muertos, y todo está 
aparejado : venid á las bodas. 

5 Mas ellos no hicieron caso, y se fueron, uno á su 
labranza, y otro á sus negocios ; 

6 Y otros, tomando sus siervos, afrentáronlos, y matá- 
ronlos. 

7 Y el rey, oyendo esto, se enojó ; y enviando sus 
ejércitos, destruyó á aquellos homicidas, y puso á fuego 
su ciudad. 

8 Entonces dice á sus siervos : Las bodas á la verdad 
están aparejadas ; mas los que eran llamados, no eran 
dignos. 

9 Id pues á las salidas de los caminos, y llamad á las 
bodas á cuantos hallareis. 

10 Y saliendo los siervos por los caminos, juntaron 
todos los que hallaron, juntamente malos y buenos ; y 
las bodas fueron llenas de convidados. 

11 Y entró el rey para ver los convidados, y vió allí 
un hombre no' vestido de vestido de boda. 

12 Y le dijo : Amigo, ¿cómo entraste acá no teniendo 
vestido de boda ? Y á él se le cerró la boca. 



CAPITULO XXII. 




L» 



50 



SAN MATEO 



13 Entonces el rey dijo á los que servían : Atado de 
pies y de manos, tomadle, y echadle en las tinieblas de 
afuera ; allí será el lloro, y el crujir de dientes. 

14 Porque muchos son llamados ; mas pocos escogidos. 

15 Entonces idos los Fariseos, consultaron como le 
tomarían en alguna palabra. 

1(5 Y envían á él sus discípulos, con los de Heródes, 
diciendo : Maestro, sabemos que eres amador de verdad, 
y que enseñas con verdad el camino de Dios ; y que no 
te cuidas de nadie ; porque no tienes acepción de persona 
de hombres : 

17 Dínos pues, ¿ qué te parece ? ¿ Es lícito dar tributo 
á César, ó no? 

18 Mas Jesús, entendida su malicia, fes dice : ¿ Por qué 
me tentáis, hipócritas? 

1',) Mostrádme la moneda del tributo. Y ellos le 
presentaron un denario. 

20 Entonces les dice : ¿Cuya es esta figura, y lo que 
está encima escrito? 

21 Ellos le dicen : De César. Y les dice : Pagad, pues, 
á César lo que es de César, y á Dios, lo que es de Dios. 

22 Y oyendo esto se maravillaron, y dejáronle, y se 
fueron. 

23 Aquel dia llegaron á él los Snduceos, que dicen no 
haber resurrección, y le preguntaron, 

24 Diciendo: Maestro, Moisés dijo: Si alguno muriere 
sin hijos, su hermanóse case con su mujer, y despertará 
simiente á su hermano. 

25 Fueron, pues, entre nosotros siete hermanos ; y el 
primero tomó mujer, y murió ; y no teniendo generación, 
dejó su mujer á su hermano. 

2(> De la, misma manera también el segundo, y el ter- 
cero, hasta los siete. 

27 Y después de todos murió también la mujer. 

28 En la resurrección, pues, ¿ cuya de los siete será 
la mujer? porque todos la tuvieron. 

2'.» Entónces respondiendo Jesús, les dijo : Erráis, 
ignorando las escrituras, y el poder de Dios. 

30 Porque en la resurrección, ni se casan, ni se dan en 
matrimonio; mas son como los ándeles de Diosen el cielo. 

31 Y de la resurrección de los muertos, ¿no habéis 
lcido lo que es dicho por Dios á vosotros, que dice : 



SAN MATEO 



51 



32 Yo soy el Dios de Abraham, y el Dios de Isaac, y 
el Dios de Jacob ? Dios no es Dios de los muertos, sino 
de los que viven. 

33 Y oyendo esto las multitudes estaban fuera de sí de 
su doctrina. 

34 Entonces los Fariseos, oyendo que había cerrado 
la boca á los Sadueeos, se juntaron á una ; 

35 Y preguntó uno de ellos, intérprete de la ley, ten- 
tándole, y diciendo : 

36 Maestro, ¿ cuál es el mandamiento grande en la ley ? 

37 Y Jesús le dijo : Amarás al Señor tu Dios de todo 
tu corazón, y de toda tu alma, y de toda tu mente. 

38 Este es el primero y el grande mandamiento. 

39 Y el segundo es semejante á este : Amarás á tu 
prójimo como á tí mismo. 

40 De estos dos mandamientos depende toda la ley, y 
los profetas. 

41 Y estando juntos los Fariseos, Jesús les preguntó, 

42 Diciendo : ¿ Qué os parece del Cristo ? ¿ Cuyo 
hijo es ? Dícenle ellos : De David. 

43 El les dice : Pues, ? cómo David en Espíritu le 
llama Señor, diciendo : 

44 Dijo el Señor á mi Señor : Asiéntate á mi diestra, 
entre tanto que pongo tus enemigos por estrado de tus 
piés ? 

45 Pues si David le llama Señor, ¿ cómo es su hijo ? 

46 Y nadie le podía responder palabra : ni osó alguno 
desde aquel día preguntarle más. 



NTÓNCES Jesús habló á la multitud, y á sus discí- 



ti i pulos, 

2 Diciendo : Sobre la cátedra de Moisés se asien- 
tan los escribas y los Fariseos : 

3 Así que todo lo que os dijeren que guardéis, guar- 
dád/o, yhacéd/o; mas no hagáis conforme á sus obras; 
porque dicen y no hacen. 

4 Porque atan cargas pesadas, y difíciles de llevar, y 
las ponen sobre los hombros de los hombres ; mas ni aun 
con su dedo las quieren mover. 

5 Ántes todas sus obras hacen para ser mirados de los 



CAPITULO XXIII. 




52 



SAN MATEO 



hombres ; porque ensanchan sus filacterias, y extienden 
los flecos de sus mantos, 

6 Y aman los primeros asientos en las cenas, y las 
primeras sillas en las sinagogas, 

7 Y las salutaciones en las plazas, y ser llamados de 
los hombres, Kabbi, Rabbi. 

8 Mas vosotros, no queráis ser llamados Rabbies ; 
porque uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos voso- 
tros sois hermanos. 

9 Y vuestro Padre no llaméis á nadie en la tierra ; 
porque uno es vuestro Padre, el cual está en los cielos. 

10 Ni os llaméis doctores ; porque uno es vuestro 
Doctor, el Cristo. 

11 Mas el que es el mayor de vosotros, sea vuestro 
siervo. 

12 Porque el que se enalteciere será humillado ; y el 
que se humillare será enaltecido. 

13 Mas ¡ ay de vosotros, escribas y Fariseos, hipó- 
critas ! porque cerráis el reino de los cielos delante de 
los hombres ; que ni vosotros entráis, ni á los que entran 
dejáis entrar. 

1-í ¡ Ay de vosotros, escribas y Fariseos, hipócritas ! 
porque devoráis las casas de las viudas con color de larga 
oración ; por esto llevaréis más grave juicio. 

15 ¡ Ay de vosotros, escribas y Fariseos, hipócritas ! 
porque rodeáis la mar y la, tierra por hacer un prosélito ; 
y cuando fuere hecho, le hacéis hijo del infierno dos 
veces más que vosotros. 

16 ¡ Ay de vosotros, guias ciegos ! que decis : Cual- 
quiera quejurarc por el templo, es nada ; mas cualquiera 
que jurare por el oro del templo, deudor es. 

17 ¡ Insensatos y ciegos ! porque, ¿ cuál es mayor, el 
oro, ó el templo que santifica al oro ? 

18 Y, cualquiera que jurare por el altar, es nada; 
mas cualquiera, que jurare por el presente que está sobre 
él, deudor es. 

19 ¡ Insensatos y ciegos ! porque, ¿ cuál es mayor, el 
presente, ó el altar que santifica al presente ? 

20 Pues el que jurare por el altar, jura por él, ypor 
todo lo que está sobre él. 

21 Y el que jurare por el templo, jura por él, y por el 
que habita en él. 



SAN MATEO 



53 



22 Y el que jurare por el cielo, jura por el trono de 
Dios, y por el que está sentado sobre él. 

23 ¡ Ay de vosotros, escribas y Fariseos, hipócritas ! 
porque diezmáis la menta, y el eneldo, y el comino, y 
dejasteis lo que es lo más grave de la ley, es á saber, el 
juicio, y la misericordia, y la le. Esto era menester 
hacer, y no dejar lo otro. 

24 ¡ Guias ciegos ! que coláis el mosquito, mas tragáis 
el camello. 

25 ¡ Ay de vosotros, escribas y Fariseos, hipócritas ! 
porque limpiáis lo que está Je fuera del vaso, ó del plato ; 
mas de dentro está todo lleno de robo y de injusticia. 

26 ¡ Fariseo ciego ! limpia primero lo que está dentro 
del vaso y del plato, para (pie también lo que está de fuera 
se baga limpio. 

27 ¡ Ay de vosotros, escribas y Fariseos, hipócritas ! 
porque sois semejantes á sepulcros blanqueados, que de 
fuera, á la verdad, se muestran hermosos ; mas de dentro 
están llenos de huesos de muertos, y de toda suciedad. 

28 Así también vosotros, de fuera, á la verdad, os 
mustiáis justos á los hombres; mas de dentro, llenos 
estáis de hipocresía é iniquidad. 

29 ¡ Ay de vosotros, escribas y Fariseos, hipócritas ! 
porque edificáis los sepulcros de los profetas, y adornáis 
los monumentos de los justos, 

30 Y decís : Si fuéramos en los dias de nuestros 
padres, no hubiéramos sido sus compañeros en la sangre 
de los profetas. 

31 Así que testimonio dais á vosotros mismos que sois 
hijos de aquellos que mataron á los profetas. 

32 Vosotros también henchid la medida de vuestros 
padres. 

33 ¡ Serpientes, generación de víboras ! ¿ cómo evita- 
réis el juicio del infierno ? 

:!4 Por tanto, be aquí, yo envió á vosotros profetas, y 
sabios, y escribas ; y de ellos unos mataréis y crucifica- 
réis ; y otros de ellos azotaréis en vuestras sinagogas, y 
perseguiréis de ciudad en ciudad ; 

35 Para que venga sobre vosotros toda la sangre justa 
que«se lia derramado sobre la tierra, desde la sangre de 
Abel el justo, basta la sangre de Zacarías, hijo de Bara- 
quías, al cual matasteis entre el templo y el altar. 



.34 



SAN MATEO 



36 De cierto os digo, que todo esto vendrá sobre esta 
generación. 

37 ¡ Jerusalem ! ¡ Jerusalem ! que matas los profetas, 
y apedreas á los que son enviados á tí, cuántas veces 
quise juntar tus hijos, como la gallina junta sus pollos 
debajo de las alas, y no quisiste. 

38 He aquí, vuestra casa os es dejada desierta. 

39 Porque yo os digo, que desde ahora no me veréis, 
hasta que digáis : Bendito el que viene en el nombre del 
Señor. 

CAPITULO XXIV. 

~Yf SALIDO Jesús del templo, íbase ; y se llegaron sus 
I discípulos, para mostrarle los edificios del templo. 
2 Y respondiendo él, les dijo: ¿Veis todo esto? 
De cierto os digo, que no será dejada aquí piedra sobre 
piedra que no sea derribada. 

3 Y sentándose él en el monte de las Olivas, se llegaron 
á él los discípulos aparte, diciendo : Dínos cuando serán 
estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del 
siglo. 

4 Y respondiendo Jesús, les dijo : Mirád que nadie os 
engañe. 

5 Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo : 
Yo soy el Cristo ; y á muchos engañarán. 

6 Y oiréis guerras y rumores de guerras : mirád que 
no os turbéis ; porque es menester (pie todo esto acon- 
tezca ; mas aun no es el fin. 

7 Porque se levantará nación contra nación, y reino 
contra reino ; y serán pestilencias, y hambres, y terre- 
motos por los lugares. 

8 Y todas estas cosas, principio de dolores. 

9 Entonces os entregarán para ser afligidos ; y os 
matarán ; y seréis aborrecidos de todas naciones, por 
causa de mi nombre. 

10 Y muchos entonces serán escandalizados ; y se 
entregarán unos á otros ; y unos á otros se aborrecerán. 

11 Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán 
á muchos. 

li> Y por haberse multiplicado la maldad, el amor de 

muchos se resfriará. 



SAN MATEO 



55 



13 Mas el que perseverare hasta el fin, este será 
salvo. 

14 Y será predicado este evangelio del reino en todo 
el mundo, por testimonio á todas las naciones, y entonces 
vendrá el fin. 

15 Por tanto cuando viereis la abominación de asola- 
miento, que fué dicha por Daniel el profeta, que estará 
en el lugar santo, el (pie lee, entienda. 

16 Entonces los que estuvieren en Jadea, huyan á los 
montes ; 

17 Y el que sobre la techumbre, no descienda á tomar 
algo de su casa ; 

18 Y el que en el campo, no vuelva atrás á tomar 
sus ropas. 

19 Mas ¡ ay de las preñadas, y de las que crian en 
aquellos dias ! 

20 Orad pues que vuestra huida no sea en invierno, 
ni en dia de sábado. 

21 Porque habrá entonces grande aflicción, cual no 
fué desde el principio del mundo hasta ahora, ni será. 

22 Y si aquellos dias no fuesen acortados, ninguna 
carne seria salva : mas por causa de los escogidos, 
aquellos dias serán acortados. 

23 Entonces si alguien os dijere : He aquí, está el 
Cristo, ó allí ; no creáis. 

24 Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos pro- 
fetas ; y darán señales grandes y prodigios, de tal manera 
que ensañarán, si es posible, aun á los escogidos. 

25 He aquí, os lo he dicho ántes. 

26 Así que si os dijeren : He aquí, en el desierto está ; 
no salgáis. He aquí, en las cámaras ; no creáis. 

27 Porque como relámpago que sale del oriente, y se 
muestra hasta el occidente, así será también la venida 
del Hijo del hombre. 

28 Porque donde quiera que estuviere el cuerpo 
muerto, allí se juntarán también las águilas. 

29 Y luego después de la aflicción de aquellos dias, el 
sol se oscurecerá ; y la luna no dará su lumbre : y las 
estrellas caerán del cielo ; y las virtudes de los cielos 
serán conmovidas. 

30 Y entonces se mostrará la señal del Hijo del hom- 
bre en el cielo, y entonces lamentarán todas las tribus de 



56 



SAN MATEO 



la tierra ; y verán al Hijo del hombre que vendrá sobre 
las nubes del cielo, con poder y grande gloria. 

31 Y enviará sus ángeles con trompeta y gran voz ; y 
juntarán sus escogidos de los cuatro vientos, del un cabo 
del cielo hasta el otro. 

82 De la higuera aprended la comparación : Cuando 
ya su rama se enternece, y las hojas brotan, sabéis que 
el verano está cerca. 

33 Así también vosotros, cuando viereis todas estas 
cosas, sabed que está cercano, á las puertas. 

34 De cierto os digo, que no pasará esta generación 
que todas estas cosas no acontezcan. 

35 El cielo y la tierra perecerán, mas mis palabras no 
perecerán. 

3(j Mas del dia ó hora, nadie lo sabe, ni aun los ángeles 
de los ciclos, sino mi Padre solo. 

87 Mas como los dias de Noé, así será la venida del 
Hijo del hombre. 

38 Porque como en los dias ántes del diluvio esta- 
ban comiendo y bebiendo, tomando mujeres, y dándo- 
las en matrimonio, hasta el dia que Noé entró en 
el arca, 

30 Y no conocieron hasta que vino el diluvio, y los 
llevó á todos; así será también la venida del Hijo del 
hombre. 

40 Entonces estarán dos en el campo ; uno será 
tomado, y otro será dejado : 

41 Dos mujeres moliendo á un molinillo; la una será 
tomada, y la otra será dejada. 

42 Yelád pues, porque no sabéis á que hora ha de 
venir vuestro señor. 

43 Esto empero sábéd, que si el padre de familias 
supiese á cual vela el ladrón habia de venir, velaría, y 
no dejaría minar su casa. 

44 Por tanto también vosotros estád apercibidos; 
porque el Hijo del hombre ha de venir á la hora que no 
Pensáis. . %¿ 

45 ¿ Quién pues es el siervo fiel y prudente, al cual su 
Señor puso sobre su familia, para que les dé alimento á 
tiempo ? 

40 Bienaventurado aquel siervo, al cual, cuando su 
Señor viniere, le hallare haciendo así. 



SAN MATEO 



57 



47 De cierto os digo, que sobre todos sus bienes le 
pondrá. 

4S Mas si aquel siervo malo dijere en su corazón : Mi 
señor se tarda de venir : 

49 Y comenzare á herir sus compañeros, y aun á 
comer y beber con los borrachos : 

50 Vendrá el Señor de aquel siervo el dia que él no 
espera, y á la hora que él no sabe, 

51 Y le apartará, y pondrá su parte con los hipó- 
critas : allí será el lloro, y el crujir de dientes. 

CAPITULO XXV. 

ENTONCES el reino de los cielos será semejante á diez 
vírgenes, que tomando sus lámparas, salieron á 
recibir al esposo. 

2 Y las cinco de ellas eran prudentes, y las cinco 
insensatas. 

3 Las que eran insensatas, tomando sus lámparas, no 
tomaron aceite consigo. 

4 Mas las prudentes tomaron aceite en sus vasos, 
juntamente con sus lámparas. 

5 Y fardándose el esposo, cabecearon todas, y se 
durmieron. 

6 Y á la media noche fué oido un clamor, que decía : 
He aquí, el esposo viene, salid á recibirle. 

7 Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron, y 
aderezaron sus lámparas. 

8 Y las insensatas dijeron á las prudentes : Dadnos de 
vuestro aceite, porque nuestras lámparas se apagan. 

9 Mas las prudentes respondieron, diciendo: Porque 
no nos falte á nosotras y á vosotras, id antes á los que 
venden, y comprad para vosotras. 

10 É idas ellas á comprar, vino el esposo; y las que 
estal>an apercibidas, entraron con él á las bodas ; y se 
cerró la puerta. 

11 Y después vinieron también las otras vírgenes, 
diciendo : Señor, señor, ábrenos. 

12 Mas respondiendo él. dijo : De cierto os digo, que 
no os conozco. 

13 Velád pues, porque no sabéis el dia ni la hora, en 
la cual el Hijo del hombre ha devenir. 



58 



SAN MATEO 



14 Porque el reino de los cielos es como un hombre que 
partiéndose lejos, llamó á sus siervos, y les entregó sus 
bienes. 

15 Y á este dió cinco talentos, y al otro dos, y al otro 
uno ; á cada uno conforme á su facultad, y se partió 
luego lejos. 

1G Y partido él, el que había recibido cinco talentos, 
grangeó con ellos, é hizo otros cinco talentos. 

17 Semejantemente también el que había recibidos dos, 
ganó también él otros dos. 

18 Mas el que había recibido uno. fué, y cavó en la 
tierra, y escondió el dinero de su señor. 

19 Y después de mucho tiempo vino el señor de 
aquellos siervos, é hizo cuentas con ellos. 

20 Y llegando el que había recibido cinco talentos, 
trajo otros cinco talentos, diciendo : Señor, cinco 
talentos me entregaste ; he aquí, otros cinco talentos 
he ganado con ellos. 

21 Y su señor le dijo : Bien está, buen siervo y fiel : 
sobre poco has sido liel, sobre mucho te pondré : entra 
en el gozo de tu señor. 

22 Y llegando también el que habia recibido dos talen- 
tos, dijo : Señor, dos talentos me entregaste ; he aquí, 
otros dos talentos he ganado sobre ellos. 

23 Su señor le dijo : Bien está, buen siervo y fiel : 
sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré : entra 
en el gozo de tu señor. 

24 Y llegando también el que habia recibido un 
talento, dijo: Señor, yo te conocía que eres hombre 
duro, que siegas donde no sembraste, y coges donde no 
derramaste : 

25 Por tanto tuve miedo, y fui, y escondí tu talento 
en la tierra : he aquí, tienes lo que es tuyo. 

26 Y respondiendo su señor, le dijo : Mal siervo y 
negligente, sabias que siego donde no sembré, y que cojo 
donde no derramé. 

27 Por tanto te convenia dar mi dinero á los ban- 
queros, y viniendo yo, recibiera lo que es mió con 
usura. 

28 Quitadle pues el talento, y dad/o al que tiene diez 
talentos. 

29 Porque á cualquiera que tuviere le será dado, y 



SAN MATEO 



59 



tendrá más ; pero al que no tuviere, aun lo que tiene le 
será quitado. 

30 Y al siervo inútil echádleen las tinieblas de afuera : 
allí será el llorar, y el crujir de dientes. 

31 Cuando el Hijo del hombre vendrá en su gloria, y 
todos los santos ángeles con él, entónces se sentará sobre 
el trono de su gloria. 

32 Y serán juntadas delante de él todas las naciones, 
y los apartará los unos de los otros, como aparta el 
pastor las ovejas de los cabritos ; 

33 Y pondrá las ovejas á su derecha, y los cabritos á 
la izquierda. 

34 Entónces el bey dirá á los que estarán á su derecha : 
Venid, benditos de mi Padre, poseéd el reino aparejado 
para vosotros desde la fundación del mundo ; 

35 Porque tuve hambre, y me disteis de comer: 
tuve sed, y me disteis de beber : fui extrangero, y me 
recogisteis : 

30 Desnudo, y me cubristeis : enfermo, y me visitas- 
teis : estuve en la cárcel, y vinisteis á mí. 

37 Entonces los justos le responderán, diciendo : 
Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentámos ? 
¿ ó sediento, y te dimos de beber ? 

38 ¿ Cuándo te vimos extrangero, y te recogimos? ¿ó 
desnudo, y te cubrimos? 

39 ¿O cuándo te vimos enfermo, ó en la cárcel, y 
vinimos á tí ? 

40 Y respondiendo el Rey, les dirá : De cierto os digo, 
que en cuanto lo hicisteis á uno de estos mis hermanos 
pequeñitos, á mí lo hicisteis. 

41 Entónces dirá también á los que estarán á la 
izquierda : Idos de mí, malditos, al fuego eterno, que 
está aparejado para el diablo y sus ángeles ; 

42 Porque tuve hambre, y no me disteis de comer : 
tuve sed, y no me disteis de beber : 

43 Fui extrangero, y no me recogisteis : desnudo, y 
no me cubristeis : enfermo, y en la cárcel estuve, y no me 
visitasteis. 

44 Entonces también ellos le responderán, diciendo : 
Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, ó sediento, ó 
extrangero, ó desnudo, ó enfermo, ó en la cárcel, y no 
te servímos? 



60 



SAN MATEO 



•45 Entonces les responderá, diciendo : De cierto os 
digo, que en cuanto no lo hicisteis á uno de estos 
pequeñitos, ni á mí lo hicisteis. 

46 E irán estos al suplicio eterno, y los justos á la 
vida eterna. 

CAPITULO XXVI. 

Y ACONTECIÓ que como hubo acabado Jesús todas 
estas palabras, dijo á sus discípulos : 
2 Sabéis que dentro de dos dias se hace la 
pascua ; y el Hijo del hombre es entregado para ser 
crucificado. 

3 Entonces los príncipes de los sacerdotes, y los es- 
cribas, y los ancianos del pueblo se juntaron en el palacio 
del sumo sacerdote, el cual se llamaba Caitas. 

4 Y tuvieron consejo para prender por engaño á Jesús, 
y matar/e. 

5 Y decían ; No en el din de la fiesta, porque no se 
haga alboroto en el pueblo. 

6 Y estando Jesús en Betania, en casa de Simón el 
leproso, 

7 Vino á él una mujer, con un vaso de alabastro de 
ungüento de gran precio, y lo derramó sobre la cabeza de 
él, estando sentado á la mesa: 

8 Lo cual viendo sus discípulos, se enojaron, diciendo : 
¿ Por qué se pierde esto ? 

9 Porque este ungüento se podia vender por gran 
precio, y darse á los pobres. 

10 Y entendiéndote Jesús, les dijo : ¿ Por qué dais pena 
á esta mujer? porque ha hecho buena obra para conmigo. 

11 Porque siempre tenéis pobres con vosotros ; mas á 
mí no siempre me tenéis. 

12 Porque echando este ungüento sobre mi cuerpo, 
para sepultarme lo ha hecho. 

13 De cierto os digo, que donde quiera que este evan- 
gelio fuere predicado en todo el mundo, también será 
dicho para memoria de ella lo que esta ha hecho. 

14 Entonces uno de los doce, que se llamaba Judas 
Iscariote, fué á los príncipes de los sacerdotes. 

I.") Y íes dijo : ¿Qué me queréis dar, y yo os le entre- 
garé? Y ellos le señalaron treinta piezas de plata. 



SAN MATEO 



61 



16 Y desde entonces buscaba oportunidad para en- 
tregarle. 

17 Y el primer día de la fiesta de los panes sin levadura, 
vinieron los discípulos á Jesús, dicíéndole : ¿ Dónde 
quieres que te aderecemos para comer la pascua ? 

1S Y él dijo : Id á la ciudad á casa de, tal hombre, y 
decidle : El Maestro dice : Mi tiempo está cerca : en tu 
casa haré la pascua con mis discípulos. 

19 Y los discípulos hicieron como Jesús les mandó, y 
aderezaron la pascua. 

20 Y como fué la tarde del dia, se sentó á la mesa con 
los doce. 

21 Y comiendo ellos, dijo : De cierto os digo, que uno 
de vosotros me ha de entregar. 

22 Y ellos entristecidos en gran manera, comenzó cada 
uno de ellos á decirle : ¿Soy yo, Señor? 

23 Entonces el respondiendo, dijo : El que mete la 
mano conmigo en el plato, este me ha de entregar. 

24 A la verdad el Hijo del hombre va, como está 
escrito de él ; mas ¡ ay de aquel hombre por quien el 
Hijo del hombre es entregado ! bueno le fuera al tal 
hombre no haber nacido. 

25 Entonces respondiendo Judas, que le entregaba, 
dijo: ¿Soy yo quizá Maestro? Dícele : Tú lo has 
dicho. 

26 Y comiendo ellos, tomó Jesús el pan. y bal tiendo 
dado gracias lo rompió, y dió á sus discípulos, y dijo : 
Tomád, coméd : este es mi cuerpo. 

27 Y tomando la copa, y hechas gracias, dióles, dici- 
endo : Bebéd de ella todos. 

28 Porque esta es mi sangre del nuevo testamento, la 
cual es derramada por muchos para remisión de los 
pecados. 

29 Y os digo, que desde ahora no beberé más de este 
fruto de la vid, hasta aquel dia, cuando lo tengo de beber 
nuevo con vosotros en el reino de mi Padre. 

80 Y cuando hubieron cantado un himno, salieron al 
monte de las Olivas. 

31 Entonces Jesús les dice : Todos vosotros seréis 
escandalizados en mí esta noche : porque escrito está : 
Heriré al pastor, y se descarriarán las ovejas de la 
manada. 



62 



SAN MATEO 



32 Mas después que haya resucitado, iré delante de 
vosotros á Galilea. 

33 Y respondiendo Pedro, le dijo : Aunque todos sean 
escandalizados en tí, yo nunca seré escandalizado. 

34 Jesús le dice : De cierto te digo, que esta noche, 
antes que el gallo cante, me negarás tres veces. 

35 Dícele Pedro : Aunque me sea menester morir 
contigo, no te negaré. Y todos los discípulos dijeron lo 
mismo. 

36 Entonces llegó Jesús con ellos al huerto, que se 
llama Getsemaní, y dice á sus discípulos : Sentaos aquí, 
hasta que vaya allí, y ore. 

37 Y tomando á Pedro, y á los dos hijos de Zebe- 
deo, comenzó á entristecerse, y á angustiarse en gran 
manera. 

38 Entonces Jesús les dice : Mi alma está muy triste 
hasta la muerte : quedáos aquí, y velad conmigo. 

39 Y yéndose un poco más adelante, se postró sobre 
su rostro, orando, y diciendo : Padre mió, si es posible, 
pase de mí esta copa : empero no como yo quiero, mas 
como tú. 

40 Y vino á sus discípulos, y los halló durmiendo ; y 
dijo á Pedro : ¡ Qué ! ¿No habéis podido velar conmigo 
una hora ? 

41 Velad y orád, para que no entréis en tentación : el 
espíritu á la verdad está presto, mas la carne enferma. 

42 Otra vez, fué segunda vez, y oró, diciendo : Pairé 
mió, si no puede esta copa pasar de mí sin que yo la 
beba, hágase tu voluntad. 

43 Y vino, y los halló otra vez durmiendo ; porque los 
ojos de ellos eran agravados. 

44 Y dejándolos, fué otra vez, y oró tercera vez, dici- 
endo las mismas palabras. 

45 Entonces vino á sus discípulos, y les dice : Dormid 
ya, y descansad : he aquí, ha llegado la hora, y el Hijo 
del hombre es entregado en manos de pecadores. 

46 Levantaos, vamos : he aquí, ha llegado el que me 
entrega. 

47 Y hablando aun él, he aquí, Júdas, uno de los doce, 
vino, y con él una grande multitud, con espadas y palos, 
de parte de los príncipes de los sacerdotes, y de los 
ancianos del pueblo. 



SAN MATEO 



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48 Y el que le entregaba les habia dado señal, dici- 
endo : Al que yo besare, aquel es : tenédle bien. 

49 Y luego que llegó á Jesús, dijo : Tengas gozo, 
Maestro. Y le besó. 

50 Y Jesús le dijo : ¿Amigo, á qué vienes? Entonces 
llegaron, y echaron mano á Jesús, y le prendieron. 

51 Y, he aquí, uno de los que estaban con Jesús, ex- 
tendiendo la mano, sacó su espada, é hiriendo á un 
siervo del sumo sacerdote, le quitó una oreja. 

52 Entonces Jesús le dice : Vuelve tu espada á su 
lugar ; poique todos los que tomaren espada, á espada 
perecerán. 

53 O ¿piensas que no puedo ahora orar á mi Padre, y 
él me daría más de doce legiones de ángeles ? 

54 Mas ¿ cómo se cumplirían entonces las Escrituras, 
de que así es menester que sea hecho? 

55 En aquella hora dijo Jesús á la multitud : Como á 
ladrón halléis salido con espadas y con palos á pren- 
derme : cada dia me sentaba con vosotros enseñando en 
el templo, y no me prendisteis. 

56 Mas todo esto se hace, para que se cumplan las 
Escrituras de los profetas. Entonces todos los discípulos 
huyeron, dejándole. 

57 Y ellos, prendido Jesús, le trajeron á Caifas sumo 
sacerdote, donde los escribas y los ancianos estaban 
juntos. 

58 Mas Pedro le seguía de léjos hasta el patio del sumo 
sacerdote ; y entrado dentro, se estaba sentado con los 
criados, para ver el fin. 

59 Y los príncipes de los sacerdotes, y los ancianos, y 
todo el concilio buscaban algún falso testimonio contra 
Jesús, para entregarle á la muerte ; 

60 Y no hallaban : y aunque muchos testigos falsos se 
llegaban, no lo hallaron. Mas á la postre vinieron dos 
testigos falsos, 

61 Que dijeron : Este dijo : Puedo derribar el templo 
de Dios, y reedificarle en tres dias. 

62 Y levantándose el sumo sacerdote, le dijo: ¿No 
respondes nada? ¿Qué testifican estos contra tí? 

63 Mas Jesús callaba. Y respondiendo el sumo sacer- 
dote, le dijo : Te conjuro por el Dios viviente, que nos 
digas, si eres tú el Cristo, Hijo de Dios. 



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SAN MATEO 



6-4 Jesús le dice : Tú lo has dicho. Y aun os digo, que 
de aquí á poco habéis de ver al Hijo del hombre asentado 
á la diestra del poder de Dios, y viniendo sobre las nubes 
del cielo. 

65 Entóneos el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras, 
diciendo : Blasfemado ha : ¿qué más necesidad tenemos 
de testigos? He aquí, ahora habéis oido su blasfemia. 

66 ¿ Qué os parece ? Y respondiendo ellos dijeron : 
Culpado es de muerte. 

07 Entonces le escupieron en su rostro, y le dieron de 
bofetadas, y otros fe herian á puñadas, 

08 Diciendo : Profetízanos, oh Cristo, quién es el que 
te ha herido. 

69 Y Pedro estaba sentado fuera en el patio ; y se llegó á 
él una criada, diciendo : Y tú con Jesús el Galileo estabas. 

70 Mas él negó delante de todos, diciendo : No sé lo 
que dices. 

71 Y saliendo á la puerta, le vió otra, y dijo á los que 
estallan allí : También este estaba con Jesús Nazareno. 

l'l Y negó otra vez con juramento, diciendo: No 
conozco á ese hombre. 

78 Y depues de un poco se allegaron los que por allí 
estaban, y dijeron á Pedro : Verdaderamente también 
tú eres uno de ellos ; porque aun tu habla te hace 
manifiesto. 

74 Entonces comenzó á echarse maldiciones, y á jurar, 
diciendo : No conozco á ese hombre. Y el gallo cantó 
luego. 

75 Y se acordó Pedro de las palabras de Jesús, que le 
dijo : Antes que cante el gallo, me negarás tres veces. 
Y saliéndose fuera, lloró amargamente. 

CAPITULO XXVII. 

~XJ VENIDA la mañana, entraron en consejo todos los 
1 príncipesde los sacerdotes, y los ancianosdel pueblo, 
contra Jesús, para entregarle á muerte 

2 Y le llevaron atado, y le entregaron íl Poncio Pilato 
presidente. 

3 Entóneos .Túdas, el que le habia entregado, viendo 
que era condenado, volvió arrepentido las treinta piezas 
de plata á los príncipes de los sacerdotes, y á los ancianos, 



SAN MATEO 



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4 Diciendo : Yo he pecado entregando la sangre ino- 
cente. Mas ellos dijeron : ¿ Qué se nos da á nosotros ? 
Viéraslo tú. 

5 Y arrojando las piezas de plata al templo, se partió, 
y fué, y se ahorcó. 

(5 Y los príncipes de los sacerdotes, tomando las piezas 
de plata, dijeron : No es lícito echarlas en el tesoro, 
porque es precio de sangre. 

7 Mas habido consejo, compraron con ellas el campo 
del Ollero, por sepultura para los extrangeros. 

8 I'or lo cual fué llamado aquel campo : Campo de 
sangre, hasta el dia de hoy. 

9 Entonces se cumplió lo que fué dicho por el profeta 
Jeremías, que dijo : Y tomaron las treinta piezas ile 
plata, precio del apreciado, que fué apreciado por los 
hijos de Israel ; 

10 Y las dieron para comprar el campo del Ollero, 
como me ordenó el Señor. 

11 Y Jesús estuvo delante del presidente, y el presi- 
dente le preguntó, diciendo: ¿Eres tú el rey de los 
Judíos ? Y Jesús le dijo : Tú lo dices. 

12 Y siendo acusado por los príncipes de los sacer- 
dotes, y por los ancianos, nada respondió. 

13 Filato entonces le dice : ¿No oyes cuántas cosas 
testifican contra tí? 

14 Y no le respondió ni una palabra, de tal manera 
que el presidente se maravillaba mucho. 

15 Y en el dia de la fiesta acostumbraba el presidente 
soltar al pueblo un preso cual quisiesen. 

16 Y tenían entonces un preso famoso, que se llamaba 
Barrabas. 

17 Y juntos ellos, les dijo Pilato : ¿ Cuál queréis que 
os suelte? ¿á Barrabas, ó á Jesús, que es llamado el 
Cristo ? 

18 Torque sabia que por envidia le habian entregado. 

19 Y estando él sentado en el tribunal, su mujer envió 
á él, diciendo : No tengas que ver con aquel justo ; 
porque hoy he padecido muchas cosas en sueños por 
causa de él. 

20 Mas los príncipes de los sacerdotes, y los ancianos, 
persuadieron al pueblo, que pidiese á Barrabas, y á 
Jesús matase. 

E 



66 



SAN MATEO 



21 Y respondiendo el presidente, les dijo : ¿ Ouál de loa 
dos queréis que os suelte? Y ellos dijeron : A Barrabas. 

22 Pilato les dijo: ¿Qué pues haré de Jesús que es 
llamado el Cristo ? Dícenle todos : Sea crucificado. 

23 Y el presidente les dijo : Pues ¿qué nial ha hecho? 
Mas ellos alzaban más el grito, diciendo : Sea crucificado. 

24 Y viendo Pilato que nada aprovechaba, ántes se 
hacia más alboroto, tomando agua lavó sus manos de- 
lante del pueblo, diciendo : Inocente soy yo de la sangre 
de este justo : véd/o vosotros. 

25 Y respondiendo todo el pueblo, dijo : Su sangre sea 
sobre nosotros, y sobre nuestros hijos. 

26 Entonces les soltó á Barrabas ; y habiendo azotado 
á Jesús, le entregó para ser crucificado. 

27 Entónces los soldados del presidente llevando á 
Jesús al pretorio, juntaron á él toda la cuadrilla. 

28 Y desnudándole, echáronle encima un manto de 
grana. 

29 Y pusieron sobre su cabeza una corona tejida de 
espinas, y una caña en su mano derecha ; é hincando la 
rodilla delante de él, burlaban de él, diciendo : Tengas 
gozo, rey de los Judíos. 

30 Y escupiendo en él, tomaron la caña, y le herían 
en la cabeza. . 

31 Y después que le hubieron escarnecido, le desnu- 
daron el manto, y le vistieron de sus vestidos, y le 
llevaron para crucificará. 

32 Y saliendo, hallaron á un Cireneo que se llamaba 
Simón : á este cargaron para que llevase su cruz. 

33 Y como llegaron al lugar que se llama Gólgota, que 
quiere decir, el lugar de la Calavera, 

34 Le dieren á beber vinagre mezclado con hiél ; y 
gustando, no quiso beberlo. 

35 Y después que le hubieron crucificado, repartieron 
sus vestidos, echando suertes ; para que se cumpliese lo 
que fué dicho por el profeta : Se repartieron mis vestidos, 
v sobre mi ropa echaron suertes. 

86 Y le guardaban, sentados allí. 

37 Y pusieron sobre su cabeza su causa escrita : ESTE 
ES JESUS, EL REY DE LOS JUDÍOS. 

38 Entónces crucificaron con él dos ladrones : uno á 
la derecha, y otro á la izquierda. 



SAN MATEO 



67 



30 Y los que pasaban, le decían injurias, meneando 
sus cabezas, 

40 Y diciendo : Tú. el que derribas el templo, y en 
tres «lias h reedificas, sálvate á tí mismo. Si eres Hijo 
de Dios, desciende de la cruz. 

41 De esta manera también los príncipes de los sacer- 
dotes escarneciendo, con los escribas, y los Fariseos, y 
los ancianos, decían : 

4:2 A otros salvó, á sí no se puede salvar. Si es el rey 
de Israel, descienda ahora de la cruz, y creeremos eu él. 

43. Confió en Dios : líbrele ahora, si le quiere ; porque 
ha dicho : Soy Hijo de Dios. 

44 Lo mismo también le zaherían los ladrones que 
estaban crucificados con él. 

45 Y desde la hora de sexta fueron tinieblas sobre 
toda la tierra, basta la hora de nona. 

46" Y cerca de la hora de nona Jesús exclamó con gran 
voz, diciendo: Eli. Eli, ¿lamina sabachthani? esto es: 
Dios mió, Dios mió, ¿ por qué me has desamparado? 

47 Y algunos de los que estaban allí, oyéndolo, de- 
cían : A Elias llama este. 

4S Y luego corriendo uno de ellos tomó una esponja, 
y la hinchió de vinagre, y poniéndola en una caña, le 
daba para que bebiese. 

40 Y los otros decían : Deja, veamos si vendrá Elias á 
librarle. 

50 Mas Jesús habiendo otra vez exclamado con grande 
voz. dió el espíritu. 

51 Y, he aquí, el velo del templo se rompió en dos, 
de alto á bajo ; y la tierra se movió, y las piedras se 
hendieron ; 

52 Y los sepulcros se abrieron ; y muchos cuerpos de 
santos, que habían dormido, se levantaron. 

53 Y salidos de los sepulcros, después de su resurrec- 
ción, vinieron á la santa ciudad, y aparecieron á muchos. 

54 Y el centurión, y los que estaban con él guardando 
á Jesús, visto el terremoto, y las cosas que habían sido 
hechas, temieron en gran manera, diciendo : Verdadera- 
mente Hijo de Dios era este. 

55 Y estaban allí muchas mujeres mirando de lejos, 
las cuales habían seguido de Galilea íi Jesus, sirviéndole: 

5G Entre las cuales era María Magdalena, y María 



68 SAN MATEO 

madre de Santiago y de Joses, y la madre de los hijos de 
Zebedeo. 

57 Y como fué la tarde del dia, vino un hombre rico 
de Arimatea, llamado José, el cual también era discípulo 
de Jesús. 

58 Este llegó á Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús. 
Entonces Pilato mandó que el cuerpo se le diese. 

59 Y tomando José el cuerpo, lo envolvió en una 
sábana limpia, 

60 Y lo puso en un sepulcro suyo nuevo, que habia 
labrado en la roca ; y revuelta una grande piedra á la 
puerta del sepulcro, se fué. 

Gl Y estaban allí María Magdalena, y la otra María, 
sentadas delante del sepulcro. 

62 Y el siguiente dia, que era el din después de la 
preparación, se juntaron los príncipes de los sacerdotes 
y los Fariseos á Pilato, 

63 Diciendo : Señor, nos acordamos que aquel enga- 
ñador dijo, viviendo aun : Después del tercero dia 
resucitaré. 

ú-í Manda, pues, asegurar el sepulcro hasta el dia 
tercero ; porque no vengan sus discípulos de noche, y 
le Imi ten, y digan al pueblo : Resucitó de los muertos ; 
y será el postrer error peor que el primero. 

65 Díceles Pilato : La guardia tenéis : id, asegurád/o 
como sabéis. 

66 Y yendo ellos, aseguraron el sepulcro con la guardia, 
sellando la piedra. 

CAPITULO XXVIII. 

EX el fin del sábado, así como iba amaneciendo el 
primer dia de la semana, vino María Magdalena, y 
la otra María, á ver el sepulcro. 

2 Y, he aquí, fué hecho un gran terremoto ; porque 
el ángel del Señor descendiendo del cielo y llegando, 
habia revuelto la piedra de la puerta del sepulcro, y estaba 
sentado sobre ella. 

3 Y su aspecto era como un relámpago ; y su vestido 
blanco como la nieve. 

4 Y del miedo de él los guardas temblaron, y fueron 
vueltos como muertos. 



SAN MATEO 



69 



5 Y respondiendo el ángel, dijo á las mujeres : No 
temáis vosotras; porque yo sé que buscáis á Jesús, el 
que fué crucificado. 

6 No está aquí ; porque ha resucitado, como dijo. 
Venid, ved el lugar donde fué puesto el Señor ; 

7 Y presto id, decid á sus discípulos, que ha resucitado 
de los muertos ; y, he aquí, os espera en Galilea : allí le 
veréis : he aquí, os lo he dicho. 

8 Entonces ellas saliendo del sepulcro con temor y 
gran gozo, fueron corriendo á dar las nuevas á sus dis- 
cípulos. Y yendo á dar las nuevas á sus discípulos, 

9 He aquí, Jesús les sale al encuentro, diciendo : 
Tengáis gozo. Y ellas se llegaron, y trabaron de sus 
piés, y le adoraron. 

10 Entonces Jesús les dice : No temáis, id, dad las 
nuevas á mis hermanos, para que vayan á Galilea ; y 
allá me verán. 

11 Y yendo ellas, he aquí, unos de la guardia 
vinieron á la ciudad, y dieron aviso á los príncipes 
de los sacerdotes de todas las cosas que habían 
acontecido. 

12 Y juntados con los ancianos, habido consejo, dieron 
mucho dinero á los soldados, 

13 Diciendo : Decid : Sus discípulos vinieron de noche, 
y le hurtaron, durmiendo nosotros. 

14 Y si esto fuere oido del presidente, nosotros le per- 
suadiremos, y os haremos seguros. 

15 Y ellos, tomado el dinero, hicieron como estallan 
instruidos; y este dicho ha sido divulgado entre los 
Judíos hasta el dia de hoy. 

ll) Mas los once discípulos se fueron á Galilea, al 
monte, donde Jesús les había ordenado. 

17 Y como le vieron, le adoraron ; mas algunos 
dudaban. 

18 Y llegando Jesús, les hablo, diciendo : Toda potes- 
tad me es dada en el cielo y en la tierra. 

19 Por tanto id, enseñád á todas las naciones, bauti- 
zándoles en el nombre del Padre, y del Hijo, y del 
Espíritu Santo : 

— 0 Enseñándoles que guarden todas las cosas que os 
he mandado ; y, he aquí, yo estoy con vosotros todos 
los dias, hasta el fin del siglo. Amen. 



Tu 



SAN MARCOS 



SAN MARCOS 



CAPITULO I. 



iRINCIPIO del evangelio de Jesu Cristo, Hijo de 



2 Como está escrito en los profetas : He aquí, yo 
envió á mi mensagero delante de tu taz, que apareje tu 
camino delante de tí. 

3 Voz del que clama en el desierto : Aparejad el 
camino del Señor : haced derechas sus veredas. 

4 Bautizaba Juan en el desierto, y predicaha el bau- 
tismo de arrepentimiento para remisión de pecados. 

5 Y salia á él todo el pais de Judea, y los de Jerusa- 
lem ; y eran todos bautizados por él en el rio del Jordán, 
confesando sus pecados. 

(> Y Juan andaba vestido de pelos de camello, y con 
un cinto de cuero al rededor de sus lomos ; y comia 
langostas, y miel montes. 

7 Y predicaba, diciendo : Viene en pos de mí el que 
es más poderoso que yo, al cual no soy digno de desatar 
encorvado la correa de sus zapatos. 

8 Yo á la verdad os he bautizado con agua ; mas él os 
bautizará con el Espíritu Santo. 

0 Y aconteció en aquellos dias, que Jesús vino de 
Nazaret de Galilea, y fué bautizado por Juan en el Jordán. 

10 Y luego, subiendo del agua, vio abrirse los cielos, y 
al Espíritu, como paloma, que descendía sobre él. 

11 Y vino una voz de los cielos, que decía : Tú eres mi 
Hijo amado : en ti tomo contentamiento. 

12 Y luego el Espíritu le impele al desierto. 

13 Y estuvo allí en el desierto cuarenta dias ; y era 
tentado de Satanás ; y estaba con las fieras ; y los 
ángeles le servían, 

14 Mas después que Juan filé entregado, Jesús vino á 
Galilea, predicando el evangelio del reino de Dios, 

ló Y diciendo : El tiempo es cumplido ; y el reino de 
Dios está cerca : Arrepentios, y creed al evangelio. 




SAN MARCOS 



71 



1(3 Y andando junto á la mar do Galilea, vió á Simón, 
y á Anchos su hermano, que echaban la red en la mar, 
porque oran pescadores. 

17 Y les dijo Jesús : Venid en pos de mí, y haré que 
seáis pescadores di- hombros. 

18 Y luego, dejadas sus redes, le siguieron. 

19 Y pasando de allí un poco más adelante, vió á 
Santiago, hijo de Zebedeo, y á Juan su hermano, también 
ellos en la nave, que aderezaban las redes. 

20 Y luego los llamó ; y dejando á su padre Zebedeo 
en ta nave con los jornaleros, fueron en pos do él. 

21 V entraron en Capera aum ; y luego los sábados 
entrando en la sinagoga enseñaba. 

22 V so pasmaban de su doctrina ; porque los en- 
señaba como quien tiene autoridad, y no como los 
escribas. 

23 Y había en la sinagoga de ellos un hombre con 
espíritu inmundo, el cual dió voces, 

'24 Diciendo: ; Ab ! ¿ Qué" tenemos nosotros que ver 
contigo, Jesús Nazareno ? ¿ Has venido á destruirnos? 
Te conozco quien eres, eres el Santo de Dios. 

25 Y riñóle Jesús, diciendo : Enmudece, y sal de él. 

26 Y haciéndole pedazos el espíritu inmundo, y cla- 
mando á gran voz, salió de él. 

27 Y todos se maravillaron, de tal manera que in- 
quirían entro sí, diciendo: ¿Qué es esto? ¿Qué nueva 
doctrina es esta, que con autoridad aun á los espíritus 
inmundos manda, y le obedecen? 

28 Y luego se divulgó su fama por todo el pais al 
derredor de la Galilea. 

29 Y luego salidos de la sinagoga, vinieron á casa de 
Simón y de Andrés, con Santiago y Juan. 

30 Y la suegra de Simón estaba acostada con calen- 
tura. ; y le dijeron luego de ella. 

31 Entóneos llegando él, la tomó do su mano, y la 
levantó ; y luego la dejó la calentura, y les servía. 

32 Y cuando fué la tarde, como el sol se puso, traían 
A él todos los que tenían nial, y endemoniados. 

33 Y toda la ciudad se juntó á la puerta. 

34 Y sanó á muchos que estaban enfermos de diversas 
enfermedades ; y ochó fuera muchos demonios ; y no 
dejaba hablar á los demonios porque le conocían. 



72 



SAN MARCOS 



35 Y levantándose muy de mañana, aun muy oscuro, 
salió, y se fué á un lugar desierto, y allí oraba. 

36 Y le siguió Simón, y los que estaban con él. 

37 Y hallándole, le dicen : Todos te buscan. 

38 Y les dice : Vamos á las aldeas vecinas, para que 
predique también allí ¡ porque para esto he venido. 

39 Y predicaba en las sinagogas de ellos en toda la 
Galilea, y echaba fuera los demonios. 

40 Y un leproso vino á él, rogándole ; é hincada la 
rodilla., le dice : Si quieres, puedes limpiarme. 

41 Y Jesús teniendo misericordia de él, extendió su 
mano, y le tocó, y le dice : Quiero, sé limpio. 

42 Y habiendo él dicho esto, luego la lepra se fué de 
él. y fué limpio. 

43 Y le encargó estrechamente, y luego le echó, 

44 Y le dice : Mira que no digas á nadie nada ; sino 
vé. muéstrate al sacerdote, y ofrece por tu limpieza lo 
que .Moisés mandó para que les conste. 

45 Y él salido, comenzó á publicar, y á divulgar 
grandemente el negocio, de manera que ya Jesús n<> podía 
entrar manifiestamente en la ciudad ; mas estaba fuera 
en los lugares desiertos, y venían á él de todas partes. 



T ENTRÓ otra vez en Capernaum después de algunos 
[ días ; y se oyó que estaba en casa. 



2 Y luego juntaron á él muchos, que ya no cabían 
ni aun al contorno de la puerta; y les predicaba la 



3 Entóneos vinieron á él unos trayendo un paralítico, 
que era traído de cuatro. 

4 Y como no podían llegar á él á causa de la multi- 
tud, descubrieron la, techumbre donde estaba, y habién- 
áola destechado, bajaron el lecho en que el paralitico 
estaba echado. 

5 Y viendo Jesús la fé de ellos, dice al paralítico : 
Hijo, tus pecados te son perdonados. 

6 Y estaban allí sentados algunos de los escribas, los 
cuales pensando en sus corazones, 

7 Decían : ¿Por qué habla este blasfemias? ¿Quién 
puede perdonar pecados, sino solo Dios? 



CAPITULO II. 




SAN MARCOS 



73 



8 Y conociendo luego Jesús en su espíritu que pen- 
saban esto dentro de sí, les dijo : ¿ Por qué pensáis estas 
cosas en vuestros corazones ? 

9 ¿ Cuál es más fácil : Decir al paralítico : Tus pecados 
te son perdonados; ó decirle: Levántate, y tuina tu 
lecho, y anda ? 

10 Pues porque sepáis que el Hijo del hombre tiene 
potestad en la tierra de perdonar los pecados, (dice al 
paralítico :) 

11 A tí digo : Levántate, y toma tu lecho, y vete á 
tu casa. 

12 Entonces él se levantó luego ; y tomando su lecho, 
se salió delante de todos, de manera que todos quedaron 
atónitos, y glorificaron á Dios, diciendo : Nunca tal 
hemos visto. 

13 Y volvió á salir á la mar, y toda la multitud venia 
á él, y les enseñaba. 

14 Y pasando vió á Leví, hijo de Alfeo, sentado al 
banco de los tributos, y le dice : Sigúeme. Y levantán- 
dose, le siguió. 

15 Y aconteció, que estando Jesús á la mesa en casa 
de él, muchos publícanos y pecadores se sentaban tam- 
bién juntamente con Jesús, y con sus discípulos ; porque 
había muchos, y le seguían. 

16 Y los escribas y los Fariseos, viéndole comer con 
publicanos, y con pecadores, dijeron á sus discípulos : 
¿ Qué es esto, que vuestro Maestro come y bebe con 
publicanos, y con pecadores? 

17 Y oyéndo/o Jesús, les dice : Los sanos no tienen 
necesidad de médico, sino los que tienen mal. No he 
venido á llamar á los justos, mas los pecadores á arre- 
pentimiento. 

18 Y los discípulos de Juan, y los de los Fariseos 
ayunaban ; y vienen, y le dicen : ¿ Por qué los discípulos 
tle Juan, y los de los Fariseos ayunan; y tus discípulos 
no ayunan ? 

19 Y Jesús les dice : No pueden ayunar los que son 
de bodas, cuando el esposo está con ellos : entre tanto 
que tienen consigo al esposo no pueden ayunar. 

20 Mas vendrán dias, cuando el esposo será quitado 
de ellos ; y entónces en aquellos dias ayunarán. 

21 Nadie echa remiendo de paño nuevo en vestido 



74 



SAN MARCOS 



viejo ; de otra manera el mismo remiendo nuevo tira del 
viejo, y se hace peor rotura. 

•12 Ni nadie echa vino nuevo en odres viejos ; de otra 
manera el vino nuevo rompe los odres, y se derrama el 
vino, y los odres se pierden ; mas el vino nuevo en odres 
nuevos se ha de echar. 

23 Y aconteció, que pasando él por los sembrados en 
sábado, sus discípulos andando Comenzaron á arrancar 
espigas. 

24 Entonces los Fariseos le dijeron : He aquí, ¿ por 
qué hacen en sábado lo que no es lícito? 

25 Y él les dijo: ¿.Nunca leisteis qué hizo David 
cuando tuvo necesidad, y tuvo hambre, él y los que 
estaban con él? 

26 ¿ Cómo entró en la casa de Dios, siendo Abiatar 
sumo sacerdote, y comió los panes de la proposición, de 
los cuales no es lícito comer, sino á los sacerdotes, y aun 
dió á los que estaban con él ? 

27 Díjoles también : El sábado por causa del hombre 
fué hecho : no el hombre por causa del sábado. 

2S Así que el Hijo del hombre tíeñor es también del 
sábado. 

CAPITULO III. 

Y OTRA vez entró en la sinagoga ; y habia allí un 
hombre que tenia una mano seca. 
2 Y le acechaban, si en sábado le sanaría, para 
acusarle. 

3 Entonces dijo al hombre que tenia la mano seca : 
Levántate en medio. 

4 Y les dice : ¿ El lícito hacer bien en sábados, ó hacer 
mal ? ¿ salvar la vida, ó matar ? Mas ellos callaban. 

5 Y mirándolos en derredor con enojo, condolecién- 
dose de la dureza de su corazón, dice al hombre : Ex- 
tiende tu mano. Y la extendió, y su mano fué restituida 
sana como la otra. 

C> Entónces saliendo los Fariseos tomaron consejo con 
los Herodianos contra él, para matarle. 

7 Mas Jesús se apartó á la mar con sus discípulos ¡ y 
le siguió una gran multitud de Galilea, y de Judea, 

8 Y de Jerusalem, y de Idumea, y de. la otra parte del 



SAN MARCOS 



75 



Jordán ; y de los que moraban al rededor de Tiro y de 
Sidon, grande multitud, oyendo cuan grandes cusas 
hacía, vinieron á él. 

9 Y dijo á sus discípulos que una navecilla le estuviese 
siempre apercibida, por causa de la multitud, para que 
no le oprimiesen. 

10 Porque había sanado á muchos, de tal manera que 
caían sobre él, cuantos tenían plagas, por tocarle. 

11 Y los espíritus inmundos, en viéndole, se postra- 
ban delante de él, v daban voces, diciendo : Tú eres el 
Hijo de Dios. 

Í2 Mas él les reñía mucho que no le manifestasen. 

13 Y subió al monte, y llamó á s't los que él quiso ; y 
vinieron á él. 

14 Y ordenó á doce para que estuviesen con él, y para 
enviarlos á predicar ; 

15 Y que tuviesen potestad de sanar enfermedades, y 
de echar fuera demonios : 

16 A Simón, al cual puso por sobrenombre Pedro ; 

17 Y á Santiago, hijo de Zebedeo, y á Juan hermano 
de Santiago, y les puso por sobrenombre Boanerges, que 
es. Hijos de trueno ; 

18 Y á Andrés, y á Felipe, y á Bartolomé, y á Mateo, 
y á Tomas, y á Santiago, hijo de Alfeo, y á Tadeo, y á 
Simón el Cananeo, 

19 Y á Judas Iscariote, el que le entregó ; y vinieron 
á casa. 

20 Y otra vez se juntó la multitud, de tal manera que 
ellos ni aun podían comer pan, 

21 Y como lo oyeron los suyos, vinieron para prenderle ; 
porque decían : Está fuera de sí. 

22 Y los escribas que habían venido de Jerusalem, 
decían que tenia á Belzebú, y que por el príncipe de los 
demonios echaba fuera los demonios. 

23 Y llamándoles, les dijo por parábolas : ¿ Cómo 
puede Satanás echar fuera á Satanás? 

24 Y si un reino contra sí mismo fuere dividido, no 
puede permanecer el tal reino. 

25 Y si una casa fuere dividida contra sí misma, no 
puede permanecer la tal casa. 

26 Y si Satanás se levantare contra sí mismo, y fuere 
dividido, no puede permanecer ; mas tiene fin. 



76 



SAN MARCOS 



27 Nadie puede saquear las alhajas del valiente en- 
trando en su casa, si antes no atare al valiente ; y 
entonces sai meará su casa. 

28 De cierto os digo, que todos los pecados serán per- 
donados á los hijos de los hombres, y las blasfemias 
cualesquiera con que blasfemaren : 

2 ( .t Mas cualquiera que blasfemare contra el Espíritu 
Santo, no tiene perdón para siempre ; mas está expuesto 
á juicio eterno. 

30 Porque decian : Tiene espíritu inmundo. 

31 Vienen pues sus hermanos y su madre, y estando 
de fuera, enviaron á él llamándole. 

32 Y la multitud estaba asentada al rededor de él, y 
le dijeron : He aquí, tu madre y tus hermanos te buscan 
fuera. 

33 Y él les respondió, diciendo : ¿Quién es mi madre, 
y mis hermanos? 

34 Y mirando al derredor á los que estaban sentados 
en derredor de él, dijo : He aquí mi madre, y mis 
hermanos. 

35 Porque cualquiera que hiciere la voluntad de Dios, 
este es mi hermano, y mi hermana, y mi madre. 



OTRA vez comenzó á enseñar junto á la mar, y se 



juntó á él una gran multitud, tanto (pie entrándose 



él en un barco, se sentó en la mar, y toda la mul- 
titud estalia en tierra junto á la mar. 

2 Y les enseñaba por parábolas muchas cosas, y les 
decia en su doctrina : 

3 Oid : He aquí, el que sembraba salió á sembrar. 

4 Y aconteció sembrando, (pie una parte cayó junto 
al camino ; y vinieron las aves del cielo, y la tragaron. 

5 Y otra parte cayó en pedregales, donde no tenia 
mucha tierra ; y luego nació, porque no tenia la tierra 



6 Mas, salido el sol, se quemó ; y por cuanto no tenia 
raiz se secó. 

7 Y otra parte cayó en espinas ; y crecieron las 
espinas, y la ahogaron, y no dió fruto. 

8 Y otra parte cayó en buena tierra, y dió fruto, que 



CAPITULO IV. 




proJ 



SAN MARCOS 



77 



subió y creció ; y llevó uno á treinta, y otro á sesenta, y 
otro á ciento. 

9 Entonces les dijo : El que tiene oidos para oir, oiga. 

10 Y cuando estuvo solo le preguntaron, los que es- 
taban al rededor de él con los doce, de la parábola. 

11 Y les dijo : A vosotros es dado saber el misterio del 
reino de Dios ; mas á los que están fuera, por parábolas 
se les bace todo ; 

12 Para que viendo, vean y no vean ; y oyendo, oigan 
y no entiendan ; porque no se conviertan, y les sean 
perdonados sus pecados. 

13 Y les dijo: ¿No sabéis esta parábola? ¿Cómo pues 
entenderéis todas las parábolas '? 

14 El que siembra siembra la palabra. 

15 Y estos son los de junto al camino, en los que la 
palabra es seminada ; mas después que la oyeron, luego 
viene Satanás, y quita la palabra que fué sembrada en 
sus corazones. 

16 Y asimismo estos son los que son sembrados en 
pedregales ; los que cuando han oido la palabra, luego 
la reciben con gozo ; 

17 Mas no tienen raiz en sí, antes son temporales ; 
que-en levantándose la tribulación, ó la persecución por 
causa de la palabra, luego se escandalizan. 

18 Y estos son los que son sembrados entre espinas ; 
los que oyen la palabra ; 

19 Mas las congojas de este siglo, y el engaño de las 
riquezas, y las codicias que hay en las otras cosas, en- 
trando abogan la palabra, y viene á quedar sin fruto. 

20 Y estos son los que fueron sembrados en buena 
tierra : los que oyen la palabra, y la reciben, y hacen 
fruto, uno á treinta, otro á sesenta, otro á ciento. 

21 Díjoles también : ¿Viene la luz para ser puesta de- 
bajo de un almud, ó debajo de la cama ? ¿ No viene para 
ser puesta en el candelera"? 

22 Porque no hay nada oculto que no haya de ser 
manifestado ; ni secreto, que no haya de venir en 
descubierto. 

23 Si alguno tiene oidos para oir, oiga. 

24 Díjoles también : Mirad lo que ois : Con la me- 
dida que medís, os medirán otros ; y será añadido á 
vosotros los que ois. 



78 



SAN .MARCOS 



25 Porque al que tiene, le será dado ; y al que no 
tiene, aun lo que tiene le será quitado. 

26 Decía mas : Así es el reino de Dios, como si un 
hombre echase simiente en la tierra ; 

27 Y durmiese y se levantase de noche y de día, y la 
simiente brotase y creciese como él no sabe. 

28 Porque la tierra de suyo frutüica, primero yerba, 
luego espiga, después grano lleno en la espiga. 

29 Y cuando el fruto fuere producido, luego se mete 
la hoz, porque la siega es llegada. 

.SO También decia : ¿ A (pié haremos semejante el 
reino de Dios? ¿ó con (pié parábola le compararemos? 

31 Es como el grano de la mostaza, (pie cuando es 
sembrado en tierra es el más pequeño de todas las simi- 
entes que hay en la tierra ; 

32 Mas cuando fuere sembrado, sube, y se hace la 
mayor de todas las legumbres ; y hace grandes ramas, 
de tal manera que las aves del cielo puedan hacer nidos 
debajo de su sombra. 

33 Y con muchas tales parábolas les hablaba la pala- 
bra, conforme á lo que podían oir. 

3-4 Y sin parábola no les hablaba ; mas á sus discípulos 
en particular declaraba todo. 

35 Y les dijo aquel dia, cuando fué tarde : Pasemos á 
la otra parte. 

36 Y enviada la multitud, le tomaron así como 
estaba en la nave, y había también con él otros bar- 
quichuelos. 

37 Y se levantó una grande tempestad de viento, y 
echaba las ondas en la nave, de tal manera que ya se 
llenaba. 

38 Y él estaba en la popa durmiendo sobre un cabezal ; 
y le despertaron, y le dicen : ¿ Maestro, no te importa 
nada que perezcamos ? 

39 Y levantándose él, riñó al viento, y dijo á la mar : 
Calla, enmudece. Y cesó el viento ; y fué hecha grande 
bonanza. 

40 Y á ellos dijo : ¿ Por qué estáis tan medrosos ? 
¿ Cómo es que no tenéis fé ? 

41 Y temieron con gran temor, y decían el uno 
al otro : ¿ Quién es este, que aun el viento y la mar le 
obedecen ? 



SAN MARCOS 



79 



CAPITULO V. 



J. VINIERON á la otra parte de la mar á la provincia 



1 de loa Gadarenos. 

2 Y salido él de la nave, luego le salió al encuen- 
tro un hombre de los sepulcros con un espíritu inmundo, 

3 Que tenia su morada en los sepulcros, y ni aun con 
cadenas le podía alguien atar : 

4 Porque muchas veces había sido atado con grillos y 
cadenas, mas las cadenas habían sido hechas pedazos por 
él, y los grillos desmenuzados : y nadie le podía domar. 

5 Y siempre de día y de noche andaba dando voces en 
los montes y en los sepulcros, é hiriéndose con piedras. 

G Y como vió á Jesús de lejos, corrió, y le adoró ; 

7 Y clamando á gran voz. dijo : ¿Qué tengo yo que ver 
contigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Te conjuro por 
Dios que no me atormentes. 

S Porque le decia : Sal de este hombre, espíritu 
inmundo. 

9 Y le preguntó: ¿Cómo te llamas? Y respondió, 
diciendo : Legión me llamo : porque somos muchos. 

10 Y le rogaba mucho que no los echase fuera de 
aquel país. 

11 Y estaba allí cerca de los montes una grande 
manada de puercos paciendo. 

12 Y le rogaron todos aquellos demonios, diciendo : 
Envíanos á los puercos para que entremos en ellos. 

13 Y les permitió luego Jesús ; y saliendo aquellos 
espíritus inmundos, entraron en los puercos : y la manada 
se precipitó con impetuosidad por un despeñadero en la 
mar. y eran como dos mil. y se ahogaron en la mar. 

14 Y los que apacentaban los puercos huyeron, y 
dieron aviso en la ciudad y en los campos. Y salieron 
para ver que era aquello que había acontecido. 

15 Y vienen á Jesús, y ven al que había sido ator- 
mentado del demonio, sentado, y vestido, y en seso el 
que había tenido la legión : y tuvieron temor. 

10 Y les contaron los que lo habían visto, como había 
acontecido al que había tenido el demonio, y lo de los 
puercos. 

17 Y comenzaron á rogarle que se fuese de los tér- 
minos de ellos. 




80 



SAN MARCOS 



18 Y entrando él en la nave, le rogaba el que había 
sido fatigado del demonio, para estar con él. 

19 Mas Jesús no le permitió, sino le dijo : Véte á tu 
casa á los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor 
ha hecho contigo, y como ha tenido misericordia de tí. 

20 Y se fué, y comenzó á publicar en Decápolis cuán 
grandes cosas Jesús había hecho con él ; y todos se 
maravillaban. 

21 Y pasando otra vez Jesús en una nave á la otra 
parte, se juntó á él una gran multitud ; y estaba junto á 
la mar. 

•22 Y vino uno de los príncipes de la sinagoga llamado 
Jairo ; y como le vió, se postró á sus piés, 

23 Y le rogaba mucho, diciendo: Mi hija está á la 
muerte : Ven y pon las manos sobre ella, para que sea 
sana, y vivirá. 

' 24 Y fué con él, y le seguía mucha gente, y le apre- 
taban. 

25 Y una mujer que estaba con flujo de sangre doce 
años hacía, 

26 Y había sufrido mucho de muchos médicos, y había 
gastado todo lo que tenia, y nada había aprovechado, 
ántes le iba peor, 

27 Como oyó /tablar de Jesús, vino entre el gentío por 
detras, y tocó su vestido. 

28 Porque decía : Si yo tocare tan solamente su ves- 
tido, quedaré sana. 

29 Y luego la fuente de su sangre se secó, y sintió en 
su cuerpo que estaba sana de aquel azote. 

30 Y Jesús luego conociendo en sí mismo la virtud 
que había salido de él, volviéndose hácia el gentío, dijo : 
¿Quién ha tocado mis vestidos? 

31 Y le dijeron sus discípulos : Yes que la multitud te 
aprieta, y dices : ¿Quién me ha tocado? 

32 Y él miraba al rededor por ver A la que había 
hecho esto. 

33 Entonces la mujer temiendo y temblando, sabiondo 
lo que en sí había sido hecho, vino, y se postró delante 
de él, y le dijo toda la verdad. 

34 Y él le dijo : Hija, tu fé te ha hecho sana ; vé en 
paz, y queda sana de tu azote. 

35 Hablando aun él, vinieron de casa del príncipe de 



SAN MAR< i tí 



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la sinagoga, diciendo: Tn hija es muerta: ¿para qué 
fatigas más al Maestro? 

36 Mas Jesús luego, en oyendo esta razón que se 
deeia. dijo al príncipe de la sinagoga : Xo teínas : cree 
Bolamente. 

37 Y no permitió (pie alguno viniese tras él, sino 
Pedro, y Santiago, y Juan hermano de Santiago. 

38 Y vino á casa del príncipe de la sinagoga, y vió el 
alboroto, y los que lloraban y gemían mucho. 

Y entrado, les dice: ¿Por qué os alborotáis, y 
lloráis : La joven no es muerta, sino que duerme. 

40 Y hacían burla de él ; mas él, echados fuera 
todos, toma al padre y á la madre de la joven, y á 
los que estaban con él, y entra donde estaba la joven 
ecbada. 

41 \' tomando la mano de la joven, le dice : Talitba 
cumi : que quiere decir : Joven, á tí digo, levántate. 

4:2 Y luego la joven se levantó, y andaba : porque era 
de doce años : y se espantaron de grande espanto. 

43 Mas él les encargó estrechamente que nadie lo 
supiese ; y dijo que diesen de comer á la joven. 

CAPITULO VI. 

y r SALIO de allí, y vino á su tierra ; y le siguieron 
sus discípulos. 
•2 Y llegado el sábado, comenzó á enseñar en la 
BÍnagoga ; y muchos oyéndote estaban atónitos, diciendo : 
¿De dónde tiene este estas cosas? ¿ Y qué sabiduría es 
esta que le es dada, (pie tales maravillas son hechas por 
sus manos? 

3 ¿No es este el carpintero, hijo de María, hermano 
de Santiago, y de Joses, y de Judas, y de Simón? ¿No 
están también aquí con nosotros sus hermanas ? Y se 
escandalizaban en él. 

4 Mas Jesús les deeia : No hay profeta deshonrado 
sino en su tierra, y entre sus parientes, y en su casa. 

5 Y no pudo allí hacer alguna maravilla : solamente 
que sanó unos pocos enfermos, poniendo sobre ellos las 
manos. 

6 Y estaba maravillado de la incredulidad de ellos ; y 
rodeaba las aldeas de al derredor enseñando. 

F 



82 



SAN MARCOS 



7 Y llamó á los doce, y comenzó á enviarlos de dos en 
dos, y les dió potestad sobre los espíritus inmundos ; 

8 Y les mandó que no llevasen nada para el camino, 
sino solamente un bordón ; ni alforja, ni pan, ni dinero 
en la bolsa ; 

9 Mas que calzasen sandalias ; y no vistiesen dos 
ropas. 

10 Y les decia : En cualquier casa (pie entrareis, 
posad allí basta que salgáis de aquel lugar. 

11 Y todos aquellos que no os recibieren, ni os oyeren, 
saliendo de allí, sacudid el polvo que está debajo de vu- 
estros pies en testimonio contra ellos. De cierto os digo, 
(pie más tolerable será el castigo de Sodoma, ó de Gomorra, 
en el dia del juicio, que él de aquella ciudad. 

12 Y saliendo predicaban, (pie se arrepintiesen los 
hombres. 

13 Y echaban fuera muchos demonios, y ungian con 
aceite á muchos enfermos, y sanaban. 

14 Y oyó el rey Heródes la fama d>- Jíwí.s, porque su 
nombre era hecho notorio, y dijo : Juan el Bautista ha 
resucitado de los muertos ; y por tanto virtudes obran 
en él. 

15 Otros decían : Elias es. Y otros decian : Profeta 
es ; ó alguno de los profetas. 

16 Y oyéndo/o Heródes, dijo : Este es Juan el que yo 
degollé : él ha resucitado de los muertos. 

17 Porque el mismo Heródes habia enviado y pren- 
dido á Juan, y le habia aprisionado en la cárcel á causa 
de Herodías, mujer de Felipe su hermano ; porque la 
habia tomado por mujer. 

18 Porque Juan decia á Heródes : No te es lícito tener 
la muger de tu hermano. 

19 Por tanto Herodías le tenia ojeriza, y deseaba 
matarle ; mas no podia ; 

20 Porque Heródes temia á Juan,' conociéndole poi 
varón justo y santo ; y le tenia respeto, y obedeciéndole 
hacia, muchas cosas ; y le oia de buena gana. 

21 Y viniendo un dia oportuno, en que Heródes, en 
la fiesta de su nacimiento, hacia cena á sus príncipes y 
tribunos, y á los principales de Galilea, 

22 Y entrando la bija de Herodías, y danzando, y 
agradando á Heródes, y á los (pie estaban con él á la 



SAN MARCOS 



83 



mesa, el rey dijo á la moza : Pídeme lo que quisieres, 
que yo te lo daré. 

23 Y le juró: Todo lo que me pulieres te daré hasta 
la mitad de mi reino. 

24 Y saliendo ella, dijo á su madre : ¿Qué pediré? Y 
ella dijo : La cabeza de Juan el Bautista. 

25 Entonces ella entró prestamente al rey. y pidió, 
diciendo : Quiero que ahora luego me des en un plato la 
cabeza de Juan el Bautista. 

20 Y el rey se entristeció mucho ; mas á causa del 
juramento, y de los que estaban con él á la mesa, no 
quiso negárselo. 

27 Y luego el rey, enviando uno de la guardia, mandó 
que fuese traida su cabeza. El cual fué, y lé degolló en 
la cárcel. 

28 Y trajo su cabeza en un plato, y la dió á la moza, 
y la moza la dió á su madre. 

29 Y oyéndolo sus discípulos, vinieron, y tomaron su 
cuerpo, y le pusieron en un sepulcro. 

30 Y los apóstoles se juntaron á Jesús, y le contaron 
todo lo que habian hecho, y lo que habían enseñado. 

31 Y él les dijo : Venid vosotros aparte á un lugar 
desierto, y reposád un poco ; porque eran muchos los 
que iban y venían, que ni aun tenian lugar de comer. 

32 Y se fueron en una nave á un lugar desierto aparte. 

33 Y los vieron ir muchos, y lo conocieron ; y con- 
currieron allá muchos á pié de las ciudades, y vinieron 
ántes que ellos, y se juntaron á él. 

34 Y saliendo Jesús vió una grande multitud, y tuvo 
misericordia de ellos, porque eran como ovejas sin pastor ; 
y les comenzó á enseñar muchas cosas. 

35 Y como ya fué el dia muy entrado, sus discípulos 
llegaron á él, diciendo : El lugar es desierto, y el dia es 
ya muy entrado, 

36 Envíalos para que vayan á los cortijos y aldeas de 
al derredor, y compren para sí pan, porque no tienen 
que comer. 

37 Y respondiendo él, les dijo : Dádles de comer voso- 
tros ; y le dijeron : ¿Qué? ¿iremos á comprar pan por 
doscientos denarios, para darles de comer? 

38 Y él les dice : ¿ Cuántos panes tenéis? Id, y védlo. 
Y sabiéndolo ellos, dijeron : Cinco, y dos peces. 



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SAN MARCOS 



39 Y les mandó que hiciesen recostar á todos por 
ranchos sobre la yerba verde. 

40 Y se recostaron por partes, por ranchos, de ciento 
en ciento, y de cincuenta en cincuenta. 

41 Y tomados los cinco panes y los dos peces, mirando 
al cielo, bendijo, y rompió los panes, y dió á sus discí- 
pulos para que les pusiesen delante. Y los dos peces 
repartió entre todos. 

42 Y comieron todos, y se hartaron. 

43 Y alzaron de los pedazos doce esportones llenos, y 
de los peces. 

44 Y eran los que comieron de los panes cinco mil 
varones. 

4.") Y luego dió priesa á sus discípulos á subir en la 
nave, é ir delante de él á la otra parte á Betsaida, entre 
tanto que él despedía la multitud. 

46 Y después que los hubo despedido, se fué al monte 
á orar. 

47 Y como fué la tarde, la nave estaba en medio de la 
mar, y él solo en tierra. 

48 Y los vió que se trabajaban navegando, porque el 
viento les era contrario ; y cerca de la cuarta vela de la 
noche vino á ellos andando sobre la mar, y quena 
pasarlos. 

49 Y viéndole ellos, que andaba sobre la mar, pen- 
saron que era fantasma, y dieron voces ; 

50 Porque todos le veían, y se turbaron. Mas luego 
habló con ellos, y les dijo : Aseguráos, yo soy ; no ten- 
gáis miedo. 

51 Y subió á ellos en la nave, y el viento reposó, y 
ellos en gran manera estaban fuera de sí, y se mara- 
villaban ; 

52 Porque aun no entendían el milagro de los panes ; 
porque sus corazones estaban endurecidos. 

53 Y cuando fueron á la otra parte, vinieron á tierra 
de Genesaret, y tomaron puerto. 

54 Y saliendo ellos de la nave, luego le conocieron. 

55 Y corriendo por toda la tierra de al derredor, 
comenzaron á traer de todas partes enfermos en lechos, 
como oyeron que estaba allí. 

56 Y donde quiera que entraba, en aldeas, ó ciudades, 
ó heredades, ponían en las calles los que estaban enfer- 



SAN MARCOS 



85 



mos, y le rosaban que tocasen siquiera el borde de su 
vestido, y todos los que le tocaban quedaron sanos. 

CAPITULO VII. 

Y SE juntaron á él los Fariseos, y algunos de los escri- 
bas que habian venido de Jerusalem. 
2 Los cuales viendo á algunos de sus discípulos 
comer pan con manos comunes, es á saber, por lavar, 
los condenaban. 

3 Porque los Fariseos, y todos los Judíos, teniendo la 
tradición de los ancianos, si muchas veces no se lavan 
las manos, no comen ; 

4 Y volviendo de la plaza, si no se lavaren, no comen ; 
y otras muchas cosas hay que han recibido para guardar, 
co)iw el lavar de las copas, y de los jarros, y de los vasos 
de metal, y de los lechos. 

5 Y le preguntaron los Fariseos y los escribas : ¿ Por 
qué tus discípulos no andan conforme á la tradición de 
los ancianos, mas comen pan con las manos por lavar? 

6 Y respondiendo él, les dijo : Hipócritas, bien pro- 
fetizó de vosotros Isaías, como está escrito : Este pueblo 
con los labios me honra, mas su corazón léjos está de mí. 

7 Mas en vano me honran, enseñando como doctrinas, 
mandamientos de hombres. 

8 Porque dejando el mandamiento de Dios, tenéis la 
tradición de los hombres : como el lavar de los jarros, y 
de las copas ; y hacéis muchas otras cosas semejantes á 
estas. 

9 Les decía también : Bien invalidáis el mandamiento 
do Dios para guardar vuestra tradición. 

10 Porque Moisés dijo : Honra á tu padre y á tu 
madre ; y : El (pie maldijere al padre ó á la madre 
muera de muerte. 

11 Y vosotros decís : Si el hombre dijere á su padre ó 
ó ."a madre : El Corban (que quiere decir, don mió) á tí 
aprovechará ; quedará libre. 

12 Y no le dejáis más hacer nada por su padre, ó por 
su madre ; 

18 Invalidando la palabra de Dios con vuestra tradi- 
ción que disteis : y muchas cosas hacéis semejantes á 
estas. 



86 



SAN MARCOS 



14 Y llamando á toda la multitud, les dijo : Oídme 
todos, y entended. 

15 Nada hay fuera del hombre que entrando en él, le 
pueda contaminar ; mas lo que sale de él, aquello es lo 
que contamina al hombre. 

16 Si alguno tiene oidos para oir, oiga. 

17 Y entrándose, dejada la multitud, en casa, le pre- 
guntaron sus discípulos de la parábola. 

18 Y les dice : ¿Así también vosotros sois sin entendi- 
miento? ¿ No entendéis que todo lo de fuera que entra 
en el hombre, no le puede contaminar ? 

19 Porque no entra en su corazón, sino en el vientre ; 
y sale á la secreta, purgando todas las viandas. 

20 Y decia : Lo que del hombre sale, aquello con- 
tamina al hombre. 

21 Porque de dentro, del corazón de los hombres, 
salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornica- 
ciones, los homicidios, 

22 Los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, 
la lujuria, el ojo maligno, la blasfemia, la soberbia, la 
insensatez. 

23 Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan 
al hombre. 

24 Y levantándose de allí, se fué á los términos de 
Tiro y de Sidon, y entrando en casa quiso que nadie lo 
supiese ; mas no pudo esconderse. 

25 Porque una mujer, cuya bija tenia un espíritu in- 
mundo, luego que oyó de él vina, y se echó á sus piés. 

26 Y la mujer era Griega, Sirofenisa de nación, y le 
rogaba que echase fuera de su hija al demonio. 

27 Mas Jesús le dijo : Deja primero hartarse los hijos ; 
porque no es bien tomar el pan de los hijos, y echar/o á 
los perros. 

28 Y respondió ella, y le dijo : Si, Señor, pero los perros 
debajo de la mesa comen de las migajas de los hijos. 

29 Entonces le dice : Por esta palabra, vé : el demonio 
ha salido de tu bija. 

30 Y como fué á su casa, halló que el demonio habia 
salido, y á la hija echada sobre la cama. 

31 Y volviendo á salir de los términos de Tiro y de 
Sidon, vino á la mar de Galilea por en medio de los 
términos de Decápolis. 



SAN MARCOS 



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32 Y le traen un sordo y tartamudo, y le ruegan qué 
le ponga la mano encima. 

'■'•'■'> Y tomándole de la multitud aparte, metió sus 
dedos en las orejas de él, y escupiendo tocó su lengua. 

34 Y mirando al cielo gimió, y dijo : Ephphatha ; es 
decir : Se" abierto. 

35 Y luego fueron abiertos sus oídos; y fué desatada 
la ligadura de su lengua, y hablaba bien. 

3tí Y les mandó (pie no lo dijesen á nadie ; mas cuanto 
más les mandaba, tanto más y más lo divulgaban ; 

37 Y en grande manera se espantaban, diciendo : 
Bien lo ha hecho todo : hace á los sordos oir, y á los 
mudos hablar. 

CAPITULO YIII. 

EX aquellos dias, como hubo una muy grande multi- 
tud de gente, y no tenian que comer, Jesús llamó á 
sus discípulos, y les dijo : 

2 Tengo misericordia de la multitud, porque ya hace 
tres dias que están conmigo ; y no tienen que comer. 

3 Y si los envió en ayunas á sus casas, desmayarán en 
el camino : porque algunos de ellos han venido le lejos. 

4 Y sus discípulos le respondieron : ¿ De dónde podrá 
alguien hartar á estos de pan aquí en el desierto? 

5 Y les preguntó : ¿ Cuántos panes tenéis ? Y ellos 
dijeron : Siete. 

tí Entonces mandó á la multitud que se recostasen 
sobre la tierra ; y tomando los siete panes, habiendo 
dado gracias, los rompió, y dió á sus discípulos para que 
los pusiesen delante : y los pusieron delante á la multitud. 

7 Tenian también unos pocos pececillos, y habiendo 
bendecido, dijo que también sp los pusiesen delante. 

8 Y comieron, y se hartaron, y levantaron de los 
pedazos que habían sobrado, siete espuertas. 

9 Y eran los que comieron, como cuatro mil ; y los 
despidió. 

10 Y luego entrando en la nave con sus discípulos, 
vino á las partes de Dalmanuta. 

11 Y vinieron los Fariseos, y comenzaron á altercar 
con él, demandándole señal del cielo, tentándole. 

12 Y gimiendo profundamente en su espíritu, dice : 



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SAN MARCOS 



¿ Por qué pide señal esta generación ? De cierto os digo, 
que no se dará señal á esta generación. 

13 Y dejándoles, volvió á entrar en la nave, y se fué á 
la otra parte. 

14 Y los discípulos se habían olvidado de tomar pan, y 
no tenían sino un pan consigo en la nave. 

15 Y les mandó, diciendo : Mirad, guardaos de la 
levadura de los Fariseos, y de la levadura de Heródes. 

16 Y discurrían entre sí, diciendo : Es porque no 
tenemos pan. 

17 Y como Jesús lo entendió, les dice : ¿Qué discurrís, 
porque no tenéis pan? ¿ No consideráis, ni entendéis? 
¿Aun tenéis endurecido vuestro corazón ? 

18 ¿Teniendo ojos no veis, y teniendo oidos no oís? 
¿ Y no os acordáis ? 

19 Cuando rompí los cinco panes entre cinco mil, 
¿cuántas espuertas llenas de los pedazos alzasteis ? Y 
ellos dijeron : Doce. 

20 Y cuando los siete panes entre cuatro mil, ¿ cuántas 
espuertas llenas de los pedazos alzasteis? Y ellos 
dijeron : Siete. 

21 Y les dijo : ¿Cómo aun no entendéis? 

22 Y vino á Betsaida, y le traen un ciego, y le ruegan 
que le tocase. 

23 Entonces tomando al ciego de la mano, le sacó 
fuera de la aldea, y escupiendo en sus ojos, y poniéndole 
las manos encima, le preguntó, si veia algo. 

24 Y él mirando, dijo : Veo los hombres como árboles 
que andan. 

25 Luego le puso otra vez las manos sobre sus ojos, y 
le hizo que mirase ; y quedó restituido, y vió de lejos y 
claramente á todos. 

26 Y le envió á su casa, diciendo : No entres en la 
aldea, ni lo digas á nadie en la aldea. 

27 Y salió Jesús y sus discípulos por las aldeas de 
Cesárea de Filipo. Y en el camino preguntó á sus dis- 
cípulos, diciéndoles : ¿Quién dicen los hombres que 
soy yo ? 

28 Y ellos respondieron : Juan el Bautista ; y otros : 
Elias ; y otros : Alguno de los profetas. 

29 Entonces él les dice : ¿Y vosotros, quién decís que 
soy yo ? Y respondiendo Pedro Ir dice : Tú eres el Cristo. 



SAN MlRCOS 



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30 Y mandóles con rigor que á ninguno dijesen esto 
de él. 

31 Y comenzó á enseñarles, que era menester que el 
Hijo del hombre padeciese mucho, y ser reprobado de 
los ancianos, y de los príncipes de los sacerdotes, y de los 
escribas, y ser muerto, y resucitar después de tres dias. 

S'2 Y claramente deeia esta palabra. Entonces Tedio 
le tomó, y le comenzó á reñir. 

33 Y él, volviéndose, y mirando á sus discípulos, riño 
á Pedro, diciendo: Apártate de mí, Satanás; porque 
no sabes las cosas que son de Dios, sino las que son de 
los hombres. 

34 Y llamando á la multitud con sus discípulos, les 
dijo: Cualquiera que quisiere venir en pos de mí, nie- 
gúese á sí mismo, y tome su cruz, y sígame. 



y el que perdiere su vida por causa de mí y del evangelio, 
este la salvará. 

olí Porque ¿qué aprovechará al hombre si grangeare 
todo el mundo, y pierde su alma '? 

37 ¿0 qué recompensa dará el hombre por su alma? 
S8 Porque el que se avergonzare de mí y de mis pala- 
bras en esta generación adulterina y pecadora, el Hijo 
del hombre se avergonzará de él. cuando vendrá en la 
gloria de su Podre con los santos ángeles. 



ÍJOLES también : De cierto os digo, que hay algunos 



délos que están aquí que no gustarán la muerte, 



hasta que hayan visto el reino de Dios que viene 
con poder. 

2 Y seis dias después tomó Jesús á Pedro, y á Santiago, 
y á Juan, y los sacó aparte solos á un monte alto, y fué 
transfigurado delante de ellos. 

3 Y sus vestidos fueron vueltos resplandecientes, muy 
blancos como la nieve, cuajes lavador no los puede 
blanquear en la tierra. 

4 Y les apareció Elias con Moisés, que hablaban con 
Jesús. 

o Entónces respondiendo Pedro, dice á Jesús : Maes- 
tro, bien será que nos quedemos aquí, y hagamos tres 



35 Porque el que qui¡ 



su vida, la perderá ; 



CAPITULO IX. 




00 



SAN MARCOS 



caliañas : para tí una, y para Moisés otra, y para Elias 
otra ; 

(i Porque no sabia lo que hablaba, que estaba fuera 
de sí. 

7 Y vino una nube que los asombró, y una voz dé la 
nube que decia : Este es mi hijo amado, á él oid. 

8 Y luego, como miraron, no vieron más á nadie 
consigo, sino á solo Jesús. 

9 Y descendiendo ellos del monte, les mandó que á 
nadie dijesen- lo que habían visto, sino cuando el Hijo 
del hombre hubiese resucitado de los muertos. 

10 Y ellos retuvieron el caso en sí altercando que seria 
aquello : Resucitar de los muertos. 

11 Y le preguntaron, diciendo: ¿Qué es lo que los 
escribas dicen, que es menester que Elias venga ántes? 

12 Y respondiendo él, les dijo : Elias á la verdad, 
cuando viniere ántes, restituirá todas las cosas; y como 
está escrito del Hijo del hombre ; que padezca mucho, y 
sea tenido en nada. 

13 Empero os digo que Elias ya vino, y le hicieron 
todo lo que quisieron, como está escrito de él. 

14 Y como vino á los discípulos, vió una grande mul- 
titud al derredor de ellos, y los escribas que disputaban 
con ellos. 

15 Y luego toda la multitud, viéndole, se espantó, y 
corriendo á él, le saludaron. 

16 Y preguntó á los escribas: ¿Qué disputáis con 
ellos ? 

17 Y respondiendo uno de la multitud, dijo : Maestro, 
traje mi hijo á tí, que tiene un espíritu mudo, 

18 El cual donde quiera que le toma, le despedaza, y 
echa espumarajos, y cruje los dientes, y se va secando ; 
y dije á tus discípulos que le echasen fuera, y no pudieron. 

19 Y respondiendo él, le dijo : ¡ Oh generación infiel ! 
¿hasta cuándo estaré con vosotros? ¿hasta cuándo os 
tengo de sufrir? Traédmele. 

20 Y se le trajeron ; y como él le vió, luego el espíritu 
le comenzó á despedazar ; y cayendo en tierra se revol- 
caba, echando espumarajos. 

21 Y preguntó á su padre : ¿Cuánto tiempo ha que le 
aconteció esto ? Y él dijo : Desde niño. 

22 Y muchas veces le echa en el fuego, y en aguas, 



SAN MARCOS 



para matarle ; mas, si puedes algo, ayúdanos, teniendo 
misericordia de nosotros. 

23 Y Jesús le dijo : Si puedes creer esto, al que cree 
todo es posible. 

24 Y luego el padre del muchacho dijo, clamando con 
lágrimas : Creo, Señor ¡ ayuda mi incredulidad. 

25 Y como Jesús vió que la multitud concurría, riñó 
al espíritu inmundo, diciéndole : Espíritu niudoysordo, 
yo te mando, sal de él, y no entres más en él. 

26 Entonces el espíritu clamando, y despedazándole 
mucho, salió ; y él quedó como muerto, de manera, que 
muchos decían, que era muerto. 

27 Mas Jesús tomándole de la mano, le enhestó, y se 
levantó. 

28 Y como él se entró en casa, sus discípulos le pre- 
guntaron aparte : ¿ Por qué nosotros no pudimos echarle 
fuera ? 

29 Y les dijo : Este género de dem on ios con nada puede 
salir, sino con oración y ayuno. 

30 Y salidos de allí, caminaron juntos por Galilea; y 
no quería que nadie lo supiese. 

31 Porque enseñaba á sus discípulos, y les decia : El 
Hijo del hombre será entregado en manos de hombres, 
y le matarán ; mas muerto él, resucitará al tercero dia. 

32 Mas ellos no entendían esta palabra, y tenian 
miedo de preguntarle. 

33 Y vino á Capernaum ; y como vino á casa, les 
preguntó : ¿ Qué disputabais entre vosotros en el camino ? 

34 Mas ellos callaron ; porque los unos con los otros 
habían disputado en el camino, quién de ellos había de ser 
el mayor. 

35 Entonces sentándose, llamó á los doce, y les dice : 
El que quisiere ser el primero, será el postrero de todos, 
y el servidor de todos. 

3G Y tomando á un niño, le puso en medio de ellos ; 
y tomándole en sus brazos, les dice : 

37 El que recibiere en mi nombre á uno de los tales 
niños, á mí recibe ; y el que á mí recibe, no me recibe á 
mí, sino al que me envió. 

38 Y le respondió Juan, diciendo : Maestro, hemos visto 
á uno, que en tu nombre echaba fuera los demonios, el 
cual no nos sigue ; y se lo vedamos, porque no nos sigue. 



92 



SAN MARCOS 



39 Y Jesús le dijo : No se lo vedéis ; porque ninguno 
hay que haga milagro en mi nombre que luego pueda 
decir mal de mí. 

40 Porque el que no es contra nosotros, por nosotros es. 

41 Porque cualquiera que os diere un jarro de agua en 
mi nombre, porque sois de Cristo, de cierto os digo, que 
no perderá su recompensa. 

4^ Y cualquiera que ofendiere á uno de estos pequeñi- 
tos que creen en mí, mejor le seria que le fuera puesta 
al cuello una piedra de molino, y que fuese echado en 
la mar. 

43 Mas si tu mano te fuere ocasión de caer, córtala : 
mejor te es entrar en la vida manco, que teniendo dos 
manos ir al infierno, al fuego que no puede ser apagado : 

44 Donde su gusano no muere, y su fuego nunca se 
apaga. 

45 Y si tu pié te fuere ocasión de caer, córtale : mejor 
te es entrar en la vida cojo, que teniendo dos pies ser 
echado en el infierno, al fuego no puede ser apagado. 

4ü Donde su gusano no muere, y su fuego nunca se 
apaga. 

47 Y si tu ojo te fuere ocasión de caer, sácale : mejor 
te es entrar en el reino de Dios con un ojo, que teniendo 
dos ojos ser echado al fuego del infierno : 

48 Donde su gusano no muere, y el fuego nunca se 
apaga. 

49 Porque todo hombre será salado con fuego, y todo 
sacrificio será salado con sal. 

50 Buena es la sal ; mas si la sal perdiere su sabor, 
¿ con qué la sazonaréis ? Tened en vosotros mismos sal ; 
y tened paz los unos con los otros. 



LEVANTANDOSE de allí, vino á los términos de 



Judea por la otra parte del Jordán ; y volvió la 



multitud á juntarse á él ; y volviólos á enseñar, 
como acostumbraba. 

2 Y llegándose los Fariseos, le preguntaron: ¿Es 
lícito al marido despedir á su mujer? tentándole. 

3 Mas él respondiendo, les dijo: ¿Qué os mandó 
Moisés ? 



CAPITULO X. 




SAN MARCOS 



93 



4 Y ellos dijeron : Moisés permitió escribir carta de 
divorcio, y despediría. 

5 Y respondiendo Jesús, les dijo : Por la dureza de 
vuestro corazón os escribió este mandamiento. 

(3 Que al principio de la creación, macho y hembra 
los hizo Dios. 

7 Por esto dejará el hombre á su padre y á la madre, 
y se juntará á su mujer, 

8 Y los que eran dos, serán hechos una carne : así que 
no son más dos, sino una carne. 

9 Pues lo que Dios juntó, no lo aparte el hombre. 

10 Y en casa volvieron los discípulos á preguntarle de 
lo mismo. 

11 Y les dice : Cualquiera que despidiere á su mujer, 
y se casare con otra, comete adulterio contra ella. 

12 Y si la mujer despidiere á su marido, y se casare 
con otro, adultera. 

13 Y le presentaban niños para que les tocase ; y los 
discípulos reñían á los que los presentaban. 

14 Y viéndofo Jesús, se enojó, y les dijo : Dejád los 
niños venir, y no se lo vedéis ; porque de los tales es el 
reino de Dios. 

15 De cierto os digo, que el que no recibiere el reino 
de Dios como un niño, no entrará en él. 

16 Y tomándolos en los brazos, poniendo las manos 
sobre ellos, los bendecía. 

17 Y saliendo él para ir su camino, llegóse uno corri- 
endo, é hincando la rodilla delante de él, le preguntó : 
Maestro bueno, ¿ qué haré para poseer la vida eterna ? 

18 Y Jesús le dijo : ¿ Por qué me dices bueno? 
Ninguno hay bueno, sino tino. Dios. 

19 Sabes los mandamientos : No adulteres : No mates : 
No hurtes : No digas falso testimonio : No defraudes : 
Honra á tu padre, y á tu madre. 

20 El entonces respondiendo, le dijo : Maestro, todo 
esto he guardado desde mi mocedad. 

21 Entonces Jesús mirándole, le amó, y le dijo : Una 
cosa te falta : vé, todo lo que tienes vende, y dá á los 
pobres, y tendrás tesoro en el cielo : y ven, toma tu 
cruz, y sígneme. 

22 Mas él, entristecido por esta palabra, se fué triste, 
porque tenia muchas posesiones. 



94 



SAN MARCOS 



23 Entonces Jesús mirando al derredor, dice á sus dis- 
cípulos : ¡ Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios 
los que tienen riquezas ! 

24 Y los discípulos se espantaron de sus palabras : 
mas Jesús respondiendo, les volvió ;! decir: ¡Hijos, 
cuán dilicil es entrar en el reino de Dios, los que confias 
en las riquezas ! 

25 Más fácil es pasar un camello por el ojo de una 
aguja, (pie el rico entrar en el reino de Dios. 

26 Y ellos se espantaban más y más, diciendo dentro 
de sí : ¿Y' quién podrá salvarse? 

27 Entonces Jesús mirándolos, dice : Acerca de los 
hombres, es imposible ; mas acerca de Dios, no ; porque 
todas cosas son posibles acerca de Dios. 

28 Entonces Pedro comenzó á decirle : He aquí, noso- 
tros hemos dejado todas las cosas, y te hemos seguido. 

29 Y respondiendo Jesús, dijo : De cierto os digo, que 
ninguno hay que haya dejado casa, ó hermanos, ó her- 
manas, ó padre, ó madre, ó mujer, ó hijos, ó heredades 
por causa de mí y del evangelio, 

30 Que no reciba cien tantos, ahora en este tiempo, 
casa, y hermanos, y hermanas, y madres, é hijos, y 
heredades, con persecuciones ; y en el siglo venidero, 
vida eterna. 

31 Empero muchos primeros serán postreros, y pos- 
treros primeros. 

•">2 Y cstal'an en el camino subiendo á Jerusalem ; y 
Jesús iba delante de ellos, y se espantaban, y le seguían 
con miedo : entonces volviendo á tomar á los doce aparte 
les comenzó á decir las cosas que le hablan de acontecer : 

33 He aquí, subimos á Jerusalem, y el Hijo del hom- 
bre será entregado á los príncipes de los sacerdotes, y á 
los escribas, y le condenarán á muerte, y le entregarán á 
los Gentiles ; 

34 Los cuales le escarnecerán, y le azotarán, y escupirán 
en él, y le matarán ; mas al tercero dia resucitará. 

35 Entonces Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, se 
llegaron á él, diciendo : Maestro, querríamos que nos 
hagas lo que pidiéremos. 

36 Y él les dijo : ¿ Qué queréis que os haga ? 

37 Y ellos le dijeron : Dános que en tu gloria nos 
sentemos el uno á tu diestra, y el otro á tu siniestra. 



SAN MARCOS 



38 Entonces Jesús les dijo: No sabéis loque pedís: 
¿Podéis beber la copa que yo bebo, y ser bautizados del 
bautismo de que yo soy bautizado ? 

89 Y ellos le dijeron : Pódenlos. Y Jesús les dijo : A 
la verdad la copa que yo bebo, beberéis ; y del bautismo 
de que yo soy bautizado, seréis bautizados ; 

4t> Mas que os sentéis á mi diestra, y á mi siniestra, 
no es niio darlo, sino á los que está aparejado por mi 
Padre. 

41 Y como lo oyeron los diez, comenzaron á enojarse 
de Santiago v de Juan. 

42 Mas Jesús llamándolos, les dice : Sabéis que los que 
se ven ser príncipes en las naciones, se enseñorean de 
ellas ; y los que entre ellas son grandes, tienen sobre 
ellas potestad. 

4o Mas no será así entre vosotros, ántes cualquiera 
que quisiere hacerse grande entre vosotros, será vuestro 
servidor. 

44 Y cualquiera de vosotros que quisiere hacerse el 
primero, será siervo de todos. 

45 Porque el Hijo del hombre tampoco vino para ser 
servido, sino para servir, y dar su vida en rescate por 
muchos. 

4b Entonces vienen á Jericó ; y saliendo él de Jericó 
con sus discípulos y una gran multitud, Bartimeo el 
ciego, hijo de Timeo, estaba sentado junto al camino 
mendigando. 

47 Y oyendo que era Jesús el Nazareno, comenzó á 
dar voces, y decir ; Jesús, Hijo de David, ten miseri- 
cordia de raí. 

48 Y muchos le reñían, para que callase ; mas él 
daba mayores voces : Hijo de David, ten misericordia 
de mí. 

49 Entonces Jesús parándose, mandó llamarle ; y lla- 
man al ciego, diciéndole : Ten confianza : levántate, qut 
te llama. 

50 El entonces echando á un lado su capa, se levantó, 
y vinoá Jesús. 

51 Y respondiendo Jesús, le dice : ¿ Qué quieres que 
te haga ? El ciego le dice : Señor, que vea yo. 

52 Y Jesús le dijo : Vé : tu fé te ha Bañado. Y luego 
vió, y seguia á Jesús en el camino. 



90 



SAN MARCOS 



CAPITULO XI. 

"17 COMO licuaron cerca de Jerusnlem, de Betfage, y de 
Y Betania, al monte de las Olivas, envia dos de sus 
1 discípulos, 

2 Y les dice : Id al lugar que está delante de vosotros, 
y luego entrados en 61, hallaréis un pollino atado, sobre 
el cual ningún hombre ha subido : desatádle, y traédfe. 

3 Y si alguien os dijere : ¿ Por qué hacéis eso? Decid 
que el Señor lo ha menester ; y luego le enviará acá. 

4 Y fueron, y hallaron el pollino atado á la puerta 
fuera, entre dos caminos ; y le desatan. 

5 Y unos de los que estaban allí, les dijeron : ¿Qué 
hacéis desatando el pollino? 

6 Ellos entonces les dijeron como Jesús había man- 
dado ; y los dejaron. 

7 Y trajeron el pollino á Jesús, y echaron sobre él sus 
vestidos, y él se sentó sobre él. 

8 Y muchos tendían sus vestidos por el camino, y 
otros cortaban ramas de los árboles, y las tendían por el 
camino. 

9 Y los que iban delante, y los que iban detras acla- 
maban, diciendo; ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene 
en el nombre del Señor ! 

10 Bendito sea el reino de nuestro padre David, que 
viene en el nombre del Señor : ¡ Hosanna en las alturas ! 

11 Y entró Jesús en Jerusalem, y en el templo ; y 
habiendo mirado al derredor todas las cosas, y siendo ya 
tarde, se salió á Betania con los doce. 

12 Y el dia siguiente, como salieron de Betania, tuvo 
hambre. 

13 Y viendo de léjos una higuera, que tenia hoias, 
vino á ver si quizá hallaría en ella algo, y como vino á 
ella, nada halló sino hojas; porque aun no era tiempo 
de higos. 

14 Entonces Jesús respondiendo, dijo á la higuera : 
Nunca- más nadie coma de tí fruto para siempre. Y esto 
lo oyeron sus discípulos. 

15 Vienen pues á Jerusalem ; y entrando Jesús en el 
templo, comenzó á echar fuera á los que vendian y com- 
praban en el templo ; y trastornó las mesas de los cam- 
biadores, y las sillas de los que vendian palomas. 



SAN MARCOS 



97 



16 Y no consentía qne alguien llevase vaso por el 
tem pío. 

17 Y les enseñaba, diciendo : ¿ No está escrito, que 
mi casa, casa de oración será llamada de todas las 
naciones? mas vosotros la habéis hecho cueva de 
ladrones. 

18 Y oyéronfo los escribas y los príncipes de los sacer- 
dotes, y procuraban como le matarían ; porque le tenían 
miedo, por cuanto toda la multitud estaba fuera de sí 
por su doctrina. 

19 Mas como fué tarde, Jesús salió de la ciudad. 

20 Y pasando por la mañana, vieron que la higuera 
se había secado desde las raices. 

21 Entonces Pedro acordándose, le dice : Maestro, he 
aquí, la higuera que maldijiste se ha secado. 

22 Y respondiendo Jesús, les dice : Tenéd fé de Dios. 

23 Porque de cierto os digo, que cualquiera que dijere 
á este monte : Quítate, y échate en la mar ; y no dudare 
en su corazón, mas creyere que será hecho lo que dice, 
lo que dijere le será hecho. 

24 Por tanto os digo, que todo lo que orando pidiereis, 
creed que lo recibiréis, y os vendrá. 

25 Y cuando estuviereis orando, perdonád, si tenéis 
algo contra alguno, para que vuestro Padre que está en 
los cielos, os perdone á vosotros vuestras ofensas. 

2t> Porque si vosotros no perdonareis, tampoco vuestro 
Padre que está en los cielos, os perdonará vuestras ofensas. 

27 Y volvieron á Jerusalem ; y andando él por el 
templo, vienen á él los príncipes de los sacerdotes, y los 
escribas, y los ancianos, 

28 Y le dicen : ¿ Con qué facultad haces estas cosas, 
y quién te ha dado esta facultad para hacer estas cosas? 

29 Y Jesús entonces respondiendo, les dice : Pregun- 
taros he también yo una palabra, y respondadme, y os 
diré con que facultad hago estas cosas. 

30 ¿ El bautismo de Juan, era del cielo, ó de los hom- 
bres? Respondadme. 

31 Entónces ellos pensaron dentro de sí, diciendo : Si 
dijéremos : Del cielo, dirá : ¿ Por qué pues no le ( reisteis ? 

32 Y si dijéremos: De los hombres, tememos al 
pueblo ; porque todos tenían de Juan, que verdadera- 
mente era profeta. 

G 



9,8 



SAN MARCOS 



33 Y respondiendo, dicen á Jesús : No sabemos. En- 
tonces respondiendo Jesús, les dice : Tampoco yo os diré 
con que facultad hago estas cosas. 

CAPITULO XII. 

COMENZÓ á hablarles por parábolas : Plantó un 
Y hombre una viña, y la cercó con seto, y le hizo un 
foso, y edificó una torre, y la arrendó á labradores, 
y se partió lejos. 

2 Y envió un siervo á los labradores, al tiempo, para 
que tomase de los labradores del fruto de la viña : 

3 Mas ellos tomándofe le hirieron, y le enviaron vacío. 

4 Y volvió á enviarles otro siervo ; mas ellos apedreán- 
dole, le hirieron en la cabeza, y volvieron á enviar/e 
afrentado. 

5 Y volvió á enviar otro, y á aquel mataron ; y á otros 
muchos, hiriendo á unos y matando á otros. 

6 Teniendo, pues, aun un hijo suyo muy amado, le 
envió también á ellos el postrero, diciendo : Porque 
tendrán en reverencia á mi hijo. 

7 Mas aquellos labradores dijeron entre sí : Este es el 
heredero, venid, matémosle, y la heredad será nuestra. 

8 Y prendiéndole, le mataron, y echaron fuera de la 
viña. 

9 ¿ Qué, pues, hará el señor de la viña? Vendrá, y 
destruirá á estos labradores, y dará su viña á otros. 

10 ¿ Ni aun esta Escritura habéis leido : La piedra que 
desecharon los que edificaban, esta es puesta por cabeza 
de la esquina : 

11 Por el Señor es hecho esto, y es cosa maravillosa 
en nuestros ojos ? 

VI Y procuraban prenderle ; mas temian á la multi- 
tud, porque entendían que decia contra ellos aquella 
parábola ; y dejándole se fueron. 

13 Y envían á él algunos de los Fariseos y de los 
Herodianos, para que le tomasen en alguna palabra. 

14 Y viniendo ellos, le dicen : Maestro, ya sabemos 
que eres hombre de verdad ; y no te cuidas de nadie ; 
porque no miras á la apariencia de hombres, ántes con 
verdad enseñas el camino de Dios. ¿ Es lícito dar tributo 
á César, ó no ? 



SAN MARCOS 



99 



15 ¿Daremos, ó no daremos? Entonces él como en- 
tendía la hipocresía de ellos, les dijo : ¿ Por qué me ten- 
táis? Traédme un denario para que lo vea. 

16 Y ellos se lo trajeron ; y les dice : ¿ Cuya es esta 
imagen, y esta inscripción ? Y ellos le dijeron : De César. 

17 Y respondiendo Jesús, les dijo : Pagad lo que es de 
César, á César ; y lo que es de Dios, á Dios. Y se mara- 
villaron de ello. 

18 Entonces vienen á él los Saduceos, que dicen que 
no hay resurrección, y le preguntaron, diciendo : 

19 Maestro, Moisés nos escribió, que si el hermano de 
alguno muriese, y dejase mujer, y no dejase hijos, que 
su hermano tome su mujer, y despierte simiente á su 
hermano. 

20 Fueron, pues, siete hermanos ; y el primero tomó 
mujer ; y muriendo, no dejó simiente. 

21 Y la tomó el segundo, y murió ; y ni aquel tam- 
poco dejó simiente ; y el tercero, de la misma manera. 

22 Y la tomaron los siete ; y tampoco dejaron simi- 
ente : á la postre murió también la mujer. 

23 En la resurrección, pues, cuando resucitaren, 
¿ muger de cuál de ellos será ? porque los siete la tuvieron 
por mujer. 

24 Entonces respondiendo Jesús, les dice : ¿ Xo erráis 
por eso, porque no sabéis las Escrituras, ni el poder de 
Dios ? 

25 Porque cuando resucitarán de los muertos, no se 
casan, ni se dan en matrimonio ; mas son como los 
ángeles que están en los cielos. 

26 Y de los muertos que hayan de resucitar, ¿ no 
habéis leído en el libro de Moisés, como le habló Dios en 
el zarzal, diciendo : Yo soy el Dios de Abraham, y el 
Dios de Isaac, y el Dios de Jacob ? 

27 No es Dios de muertos, sino Dios de vivos : así que 
vosotros erráis mucho. 

28 Y llegándose uno de los escribas, que los había oído 
disputar, y sabia que les habia respondido bien, le pre- 
guntó : ¿ Cuál es el más principal mandamiento de todos? 

29 Y Jesús le respondió : El más principal manda- 
miento de todos es: Oye, Israel, el Señor nuestro Dios, 
el Señor, uno es. 

30 Amarás pues al Señor tu Dios de todo tu corazón. 



100 



SAN MARCOS 



y de toda tu alma, y de todo tu entendimiento, y de 
todas tus fuerzas : este es el más principal mandamiento. 

31 Y el segundo es semejante á él : Amarás á tu pró- 
jimo, como á tí mismo. No hay otro mandamiento 
mayor que estos. 

32 Entonces el escriba le dijo : Bien, Maestro, verdad 
has dicho, porque uno es Dios, y no hay otro fuera de él ; 

33 Y amarle de todo corazón, y de todo entendimiento, 
y de toda el alma, y de todas las fuerzas, y amar al pró- 
jimo como á sí mismo, más es que todos los holocaustos 
y sacrificios. 

31 Jesús entonces viendo que había respondido sabia- 
mente, le dijo : No estás léjos del reino de Dios. Y 
ninguno le osaba ya preguntar. 

35 Y respondiendo Jesús decia, enseñando en el tem- 
plo : ¿ Cómo dicen los escribas que el Cristo es hijo de 
David ? 

36 Porque el mismo David dijo por el Espíritu Santo : 
Dijo el Señor á mi Señor : Asiéntate á mi diestra, hasta 
que ponga tus enemigos por estrado de tus piés. 

37 Luego llamándole el mismo David Señor, ¿de 
dónde pues es su hijo ? Y la grande multitud le oia de 
buena gana. 

38 Y les decia en su doctrina : Guardáos de los escri- 
bas, que quieren andar con ropas largas, y aman las salu- 
taciones en las plazas, 

39 Y las primeras sillas en las sinagogas, y los pri- 
meros asientos en las cenas : 

40 Que devoran las casas de las viudas, y ponen de- 
lante que hacen largas oraciones. Estos recibirán mayor 
condenación. 

41 Y estando sentado Jesús delante del arca de las 
ofrendas, miraba como el pueblo echaba dinero en el 
arca ; y muchos ricos echaban mucho. 

42 Y vino una viuda pobre, y echó dos blancas que es 
un maravedí. 

43 Entonces llamando á sus discípulos, les dice : De 
cierto os digo, que esta viuda pobre echó más que todos 
los que han echado en el arca ; 

44 Porque todos ellos han echado de lo que les sobra ; 
mas esta de su pobreza echó todo lo que tenia, todo su 
sustento. 



SAN MARCOS 



101 



CAPITULO XIII. 

Y SALIENDO del templo le dice uno de sus discípulos : 
Maestro, mira qué piedras, y qué edificios: 
2 Y Jesús respondiendo, le dijo : ¿ Ves estos 
grandes edificios? no quedará piedra sobre piedra que 
no sea derribada. 

3 Y sentándose en el monte de las Olivas delante del 
templo, le preguntaron aparte Pedro, y Santiago, y 
Juan, y Andrés : 

4 Di nos, ¿cuándo serán estas cosas? ¿y qué señal 
habrá cuando todas las cosas han de ser acabadas? 

5 Y Jesús respondiéndoles, comenzó á decir : Mirad 
que nadie os engañe : 

tí Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo : 
Yo soy el Cristo ; y engañarán á muchos. 

7 Mas cuando oyereis de guerras, y de rumores de 
guerras, no os turbéis ; porque es menester que suceda 
así, mas aun no será el fin. 

8 Porque nación se levantará contra nación, y reino 
contra reino ; y habrá terremotos por los lugares, y 
habrá hambres, y alborotos : principios de dolores serán 
estos. 

0 Mas vosotros mirad por vosotros; porque os entre- 
garán á los concilios ; y en las sinagogas seréis azotados ; 
y delante de presidentes y de reyes seréis llamados por 
causa de mí, por testimonio contra ellos. 

10 Y en todas las naciones es menester que el evan- 
gelio sea predicado ántes. 

11 Y cuando os llevaren entregándoos, no premeditéis 
que habéis de decir, ni lo penséis ; mas lo que os fuere 
dado en aquella hora, eso hablad ; porque no sois voso- 
tros los que habláis, sino el Espíritu Santo. 

12 Y entregará á la muerte el hermano al hermano, y 
el padre al hijo ; y se levantarán los hijos contra los 
padres, y los liarán morir. 

13 Y seréis aborrecidos de todos por mi nombre ; mas 
el que perseverare hasta el fin, este será salvo. 

14 Empero cuando viereis la abominación de asola- 
miento, de (pie habló el profeta Daniel, que estará 
donde no debe, (el que lee, entienda.) entonces los que 
estuvieren en Judea huyan á los montes ; 



102 



SAN MARCOS 



15 Y el que estuviere sobre la casa, no descienda á la 
casa, ni entre para tomar algo de su casa ; 

16 Y el que estuviere en el campo, no torne atrás, ni 
aun á tomar su capa. 

17 Mas ¡ ay de las preñadas, y de las que criaren en 
aquellos dias ! 

18 Orád pues que no acontezca vuestra huida en 
invierno. 

19 Porque en aquellos dias habrá aflicción, cual nunca 
fué desde el principio de la creación de las cosas que creó 
Dios, hasta este tiempo, ni habrá jamas. 

20 Y si el Señor no hubiese acortado aquellos dias, 
ninguna carne se salvaría ; mas por causa de los escogi- 
dos, que él escogió, acortó aquellos dias. 

21 Y entonces si alguno os dijere : He aquí, aquí está 
el Cristo ; ó he aquí, allí está, no le creáis ; 

22 Porque se levantarán falsos Cristos y falsos profetas ; 
y darán señales y prodigios, para engañar, si se pudiese 
hacer, aun á los escogidos. 

23 Mas vosotros mirád : he aquí, os lo he dicho antes 
todo. 

21 Empero en aquellos dias, después de aquella aflic- 
ción, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor. 

25 Y las estrallas caerán del cielo, y las virtudes que 
están en los cielos serán conmovidas. 

26 Y entónces verán al Hijo del hombre, que vendrá 
en las nubes con grande poder y gloria. 

27 Y entónces enviará sus ángeles, y juntará sus es- 
cogidos de los cuatro vientos, desde el un cabo de la 
tierra hasta el cabo del cielo. 

28 De la higuera aprendéd la semejanza : Cuando su 
rama ya se hace tierna, y brota hojas, conocéis que el 
verano está cerca. 

29 Así también vosotros cuando viereis hacerse estas 
cosas, conocéd que está cerca á las puertas. 

30 De cierto os digo, que no pasará está generación 
sin que todas estas cosas sean hechas. 

31 El cielo y la tierra pasarán, mas mis palabras nunca 
pasarán. 

32 Empero de aquel dia, y de la hora, nadie sabe, ni 
aun los ángeles que están en el cielo, ni el mismo Hijo, 
sino el Padre. 



SAN MARCOS 



103 



33 Mirad, velád, y orad ; porque no sabéis cuando 
será el tiempo. 

34 Porque el Hijo del hombre es como el hombre que 
partiéndose lejos, dejó su casa, y dió' ¡i sus siervos su 
hacienda, y á cada uno cargo, y al portero mandó que 
velase. 

35 Velád pues, porque no sabéis cuando el señor de la 
casa vendrá ; á la tarde, ó á la media noche, ó al canto 
del gallo, ó á la mañana : 

3G Porque cuando viniere de repente, no os halle 
durmiendo. 

37 Y las cosas que á vosotros digo, á todos las digo : 
Velád. 



ERA la páscua, y los (lias de los panes sin levadura 



dos dias después ; y procuraban los príncipes de los 



sacerdotes y los escribas como le prenderian por 
engaño, y le matarían. 

2 Mas decían : No en el dia de la fiesta porque no se 
haga alboroto del pueblo. 

3 Y estando él en Betania en casa de Simón el leproso, 
y sentado á la mesa, vino una mujer teniendo un vaso 
de alabastro de ungüento de nardo puro de mucho precio, 
y quebrando el alabastro, se lo derramó sobre su cabeza. 

4 Y hubo algunos que se enojaron dentro de sí, y dije- 
ron : ¿ Para qué se ha hecho este desperdicio de ungüento ? 

5 Porque podia esto ser vendido por más de trescientos 
denarios, y darse á los pobres. Y bramaban contra ella. 

6 Mas Jesús dijo: Dejadla : ¿por qué la molestáis? 
buena obra me ha hecho. 

7 Porque siempre tenéis los pobres con vosotros, y 
cuando quisiereis, les podéis hacer bien; mas á mí no 
siempre me tenéis. 

S Esta, lo que pudo, hizo : se ha anticipado á ungir 
mi cuerpo para la sepultura. 

9 De cierto os digo, que donde quiera que fuere predi- 
cado este evangelio en todo el mundo, también esto que 
ha hecho esta, será dicho para memoria de ella. 

10 Entonces Judas Iscariote, uno de los doce, fué á los 
príncipes de los sacerdotes, para entregársele. 



CAPITULO XIV. 




104 



SAN MARCOS 



11 Y ellos oyéndote se holgaron, y prometieron que le 
darían dineros. Y buscaba oportunidad como le en- 
tregaría. .? ' í 

12 \ el primer día de la fiesta de los panes sin leva- 
dura, cuando sacrificaban la pascua, sus discípulos le 
dicen: ¿Dónde quieres que vayamos á prepararte, para 
que comas la pascua? 

13 Y envia dos de sus discípulos, y les dice : Id á la 
ciudad, y os encontrará un hombre que lleva un cántaro 
de agua, seguidle ; 

14 Y donde entrare, decid al señor de la casa : El 
Maestro dice : ¿ Dónde está el aposento donde tengo de 
comer la páscua con mis discípulos ? 

15 Y él os mostrará un gran cenadero aparejado, 
aderezad para nosotros allí. 

16 Y fueron sus discípulos, y vinieron á la ciudad, y 
hallaron como les habia dicho, y aderezaron la páscua. 

17 Y llegada la tarde, vino con los doce. 

18 Y como se sentaron á la mesa, y comiesen, dice 
Jesús : De cierto os digo, que uno de vosotros, que come 
conmigo, me ha de entregar. 

19 Entonces ellos comenzaron á entristecerse, y á 
decirle cada uno por sí : ¿Seré yo? y el otro : ¿Seré yo? 

20 Y él respondiendo, les dijo : Es uno de los doce, 
que moja conmigo en el plato. 

21 A la verdad el Hijo del hombre va, como está de él 
escrito ; mas ¡ áy de aquel hombre por quien el Hijo del 
hombre es entregado ! Bueno le fuera, si no hubiera 
nacido el tal hombre. 

22 Y estando ellos comiendo, tomó Jesús pan, y ben- 
diciendo lo rompió, y les dió, y dijo : Tomad, coméd, 
este es mi cuerpo. 

23 Y tomando la copa, habiendo dado gracias, les dió ; 
y bebieron de ella todos. 

24 Y les dice : Esta es mi sangre del nuevo testamento, 
que por muchos es derramada. 

25 De cierto os digo, que no beberé más del fruto de 
la vid hasta aquel dia, cuando lo beberé nuevo en el 
reino de Dios. 

26 Y como hubieron cantado un himno, se salieron al 
monte de las Olivas. 

27 Jesús entonces les dice : Todos seréis escandalizados 



SAN MARCOS 



105 



en mí esta noche, porque escrito está : Heriré al pastor, 
y serán dispersas las ovejas. 

2S Mas después que haya resucitado, iré delante de 
vosotros á Galilea. 

2'.» Entonces Pedro le dijo : Aunque todos sean escan- 
dalizados, mas no yo. 

30 Y le dice Jesús : De cierto te digo, que tú, hoy, en 
esta misma noche, ántes que el gallo haya cantado dos 
veces, me negarás tres veces. 

31 Mas él con más vehemencia decia : Si me fuere 
menester morir contigo, no te negaré. También todos 
decían lo mismo. 

32 Y vienen al lugar que se llama Getsemaní, y dice á 
sus discípulos : Sentaos aquí, entre tanto que oro. 

33 Y toma consigo á Pedro, y á Santiago, y á Juan, 
y comenzó á atemorizarse, y á angustiarse en gran 
manera. 

34 Y les dice : Del todo está triste mi alma hasta la 
muerte : esperad aquí, y velád. 

35 Y yéndose un poco adelante, se postró en tierra, 
y oró, que si fuese posible, pasase de él aquella hora ; 

36 Y dijo : Abba, Padre, todas las cosas son á tí po- 
sibles ; aparta de mi esta copa ; empero no lo que yo 
quiero, sino lo que tú. 

37 Y vino, y los halló durmiendo ; y dice á Pedro : 
¿ Simón, duermes ? ¿No has podido velar una hora ? 

38 Velád, y orad, para que no entréis en tentación : el 
espíritu á la verdad está presto, mas la carne enferma. 

30 Y volviéndose á ir, oró, y dijo las mismas palabras. 

40 Y vuelto, los halló otra vez durmiendo ; porque 
los ojos de ellos estaban cargados, y no sabían que 
responderle. 

41 Y vino la tercera vez, y les dice : Dormid ya. y 
descansad. Basta : la hora es venida : he aquí, el Hijo 
del hombre es entregado en manos de pecadores. 

42 Levantáos, vamos : he aquí, el que me entrega 
está cerca. 

43 Y luego, aun hablando él. vino Júdas, que era uno 
de los doce, y con él mucha gente con espadas y palos, 
de parte de los príncipes de los sacerdotes, y de los 
escribas, y de los ancianos. 

44 Y el que le entregaba les había dado una señal, 



106 



SAN MARCOS 



diciendo : Al que yo besare, aquel es : prendédle, y 
llevád/p seguramente. 

45 Y como vino, se llegó luego á él, y le dice : Maestro, 
Maestro, y le besó. 

46 Entonces ellos echaron en él sus manos, y le 
prendieron. 

47 Y uno de los que estaban allí, sacando la espada, 
hirió al siervo del sumo sacerdote, y le cortó la oreja. 

48 Y respondiendo Jesús, les dijo: ¿Cómo á ladrón, 
habéis salido con espadas y con palos á tomarme? 

49 Cada dia estaba con vosotros enseñando en el 
templo, y no me tomasteis. Mas es así para que se 
cumplan las Escrituras. 

50 Entonces dejándole todos sus discípulos huyeron. 

51 Empero un mancebo le seguia cubierto de una 
sábana sobre el cuerpo desnudo ; y los mancebos le 
prendieron. 

52 Mas él, dejando la sábana, se huyó de ellos desnudo. 

53 Y trajeron á Jesús al sumo sacerdote ; y se jun- 
taron á él todos los príncipes de los sacerdotes, y los 
ancianos, y los escribas. 

54 Pedro empero le siguió de léjos hasta dentro del 
palacio del sumo sacerdote ; y estaba sentado con los 
criados, y calentándose al fuego. 

55 Y los príncipes de los sacerdotes, y todo el concilio, 
buscaban testimonio contra Jesús, para entregarle á la 
muerte ; mas no hallaban. 

56 Porque muchos decian falso testimonio contra él ; 
mas sus testimonios no concertaban. 

57 Entonces levantándose unos, dieron falso testi- 
monio contra él, diciendo : 

58 Nosotros le hemos oido decir : Yo derribaré este 
templo, que es hecho de manos, y en tres dias edificaré 
otro hecho sin manos. 

59 Mas ni aun así se concertaba el testimonio de ellos. 

60 El sumo sacerdote entonces, levantándose en medio, 
preguntó á Jesús, diciendo : ¿No respondes algo? ¿Qué 
atestiguan estos contra tí ? 

61 Mas él callaba, y nada respondió. El sumo sacer- 
dote le volvió á preguntar, y le dice : ¿ Eres tú el Cristo, 
el Hijo del Bendito ? 

62 Y Jesús le dijo : Yo soy ; y veréis al Hijo del hom- 



SAN MARCOS 



107 



bre asentado á la diestra del poder de Dios, y que viene 
en las nubes del cielo. 

63 Entonces el sumo sacerdote, rompiendo sus vestidos, 
dijo : ¿Qué más tenemos necesidad de testigos? 

64 Oido habéis la blasfemia : ¿Qué os parece? Y ellos 
todos le condenaron ser culpado de muerte. 

65 Y algunos comenzaron á escupir en él, y á cubrir 
su rostro, y á darle bofetadas, y decirle : Profetiza. Y 
los criados le herían de bofetadas. 

66 Y estando Pedro en el palacio abajo, vino una de 
las criadas del sumo sacerdote ; 

67 Y como vió á Pedro que se calentaba, mirándole, 
dice : Y tú con Jesús el Nazareno estabas. 

68 Mas él negó, diciendo : No le conozco, ni sé lo que 
te dices. Y se salió fuera á la entrada, y cantó el gallo. 

69 Y la criada viéndole otra vez, comenzó á decir á 
los que estaban allí : Este es uno de ellos. 

70 Mas él negó otra vez. Y poco después otra vez los 
que estaban allí, dijeron á Pedro : Verdaderamente tú eres 
de ellos ; porque eres Galileo, y tu habla es semejante. 

71 Y él comenzó á echarse maldiciones y á jurar, 
diciendo : Xo conozco á ese hombre de que habláis. 

72 Y el gallo cantó la segunda vez ; y Pedro se acordó 
de las palabras que Jesús le había dicho : Ántes que el 
gallo cante dos veces, me negarás tres veces ; y comenzó 
á llorar. 



LUEGO por la mañana, hecho consejo, los sumos 



sacerdotes con los ancianos, y con los escribas, y 



con todo el concilio, trajeron á Jesús atado, y le 
entregaron á Pilato. 

2 Y le preguntó Pilato : ¿Eres tú el Eey de los Judíos ? 
Y respondiendo él, le dijo : Tú lo dices. 

3 Y le acusaban los príncipes de los sacerdotes de 
muchas cosas. 

4 Y le preguntó otra vez Pilato, diciendo : ¿ No res- 
pondes algo ? Mira cuan muchas cosas atestiguan 
contra tí. 

5 Mns Jesús ni aun con eso respondió, de manera que 
Pilato se maravillaba. 



CAPITULO XV. 




108 



SAN MARCOS 



6 Empero en el día de la fiesta les soltaba un preso, 
cualquiera que pidiesen. 

7 Y había uno que se llamaba Barrabas, preso con sus 
compañeros de la revuelta, que en una revuelta habían 
hecho una muerte. 

8 Y la multitud, dando voces, comenzó á pedir que les 
hiciese como siempre les habia hecho. 

9 Y Pilato les respondió, diciendo : ¿ Queréis que os 
suelte al Rey de los Judíos '? 

10 Porque conocia que por envidia le habían entregado 
los príncipes de los sacerdotes. 

11 Mas los príncipes de los sacerdotes incitaron á la 
multitud, que les soltase antes á Barrabas. 

12 Y respondiendo Pilato, les dice otra vez : ¿ Qué pues 
queréis que haga de él que llamáis Rey de los Judíos? 

13 Y ellos volvieron á dar voces : Crucifícale. 

14 Mas Pilato les decia : ¿ Pues, qué mal ha hecho ? 
Y ellos daban mayores voces : Crucifícale. 

15 Y Pilato, queriendo satisfacer al pueblo, les soltó 
á Barrabas, y entregó á Jesús, azotado, para que fuese 
crucificado. 

16 Entónces los soldados le llevaron dentro de la sala, 
es á saber, á la audiencia ; y convocan toda la cuadrilla, 

17 Y le visten de púrpura, y le ponen una corona 
tejida de espinas ; 

18 Y comenzaron á saludarle, y decir : Tengas gozo, 
Rey de los Judíos. 

19 Y le herían su cabeza con una caña, y escupían en 
él, y le hacia n reverencia hincadas las rodillas. 

20 Y después que le hubieron escarnecido, le desnu- 
daron de la púrpura, y le vistieron sus propios vestidos ; 
y le sacan para crucificarle. 

21 Y cargaron á uno que pasaba, (Simón Cireneo 
padre de Alejandro y de Rufo, que venia del campo,) 
para, que llevase su cruz. 

22 Y lo llevan al lugar de Gólgota, que interpretado 
quiere decir, lugar de la Calavera. 

2:! Y le dieron á beber vinomezclado con mirra ; mas 
él no lo tomó. 

24 Y cuando le hubieron crucificado, repartieron 
sus vestidos, echando suertes sobre ellos, qué llevaría 
cada uno. 



BA.N MARCOS 



109 



25 Y era la hora de tercia cuando le crucificaron. 

26 Y el título escrito de su causa era, EL REY DE 
LOS JUDÍOS. 

27 Y crucificaron con él dos ladrones, uno á su mano 
derecha, y otro á su mano izquierda. 

28 Y se cumplió La Escritura que dice : Y' con los 
inicuos fué contado. 

29 Y los que pasaban le denostaban, meneando la 
cabeza, y diciendo : ¡ Ah ! que derribas el templo de 
Dios, y en tres dias lo edificas : 

30 Sálvate á tí mismo, y desciende de la cruz. 

31 Y de esta manera también los príncipes de los 
sacerdotes escarneciendo, decían unos ú otros, con los 
escribas : A otros salvó, á sí mismo no puede salvar. 

32 El Cristo, Rey de Israel, descienda ahora de la cruz 
para que veamos y creamos. También los que estaban 
crucificados con él, le denostaban. 

33 Y r cuando vino la hora de sexta, fueron hechas 
tinieblas sobre toda la tierra, hasta la hora de nona. 

34 Y á la hora de nona exclamó Jesús á gran voz, 
diciendo : ¿ Eloí, Eloí, lamina sabachthani ? que inter- 
pretado, quiere decir : Dios mió, Dios mió, ¿ por qué 
me has desamparado ? 

35 Y' oyéndo/o unos de los que estaban allí, decian : 
He aquí, á Elias llama. 

30 Y corrió uno, é hinchiendo de vinagre una esponja, 
y poniéndo/rt en una caña, le dió de beber, diciendo : 
Dejad, veamos si vendrá Elias á quitarle. 

37 Mas Jesús, dando una grande voz. espiró. 

38 Entonces el velo del templóse partió en dos de alto 
a bajo. 

39 Y el centurión, que estaba delante de él, viendo 
que había espirado así clamando, dijo : Verdaderamente 
este hombre era el Hijo de Dios. 

4(> Y también estaban algunas mujeres mirando de 
lejos : entre las cuales era María Magdalena, y María 
madre de Santiago el menor y de Joses, y Salomé ; 

41 Las cuales, estando aun él en Galilea le seguían, y 
le servían ; y otras muchas que juntamente con él habían 
subido á Jerusalem. 

42 Y cuando fué la tarde, porque era la preparación, 
esto es, la víspera del sábado, 



110 



SAN MARCOS 



43 José de Arimatea, senador noble, que también él 
esperaba el reino de Dios, vino, y osadamente entró á 
Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús. 

44 Y Pilato se maravilló, si ya fuese muerto ; y haci- 
endo venir al centurión, le preguntó, si era ya muerto. 

45 Y como lo entendió del centurión, dió el cuerpo á 

46 El cual compró una sábana, y quitándole, le en- 
volvió en la sábana, y le puso en un sepulcro labrado en 
una roca ; y revolvió una piedra á la puerta del sepulcro. 

47 Y María Magdalena, y María madre de Joses, 
miraban donde le ponían. 



COMO pasó el sábado, María Magdalena, y María 



madre de Santiago, y Salomé, compraron drogas 



aromáticas, para venir á ungirle. 

2 Y muy de mañana, el primer dia de la semana, 
vienen al sepulcro, ya salido el sol. 

3 Y decían entre sí : ¿ Quién nos revolverá la piedra 
de la puerta del sepulcro? 

4 Y como miraron, ven la piedra revuelta ; porque 
era grande. 

5 Y entradas en el sepulcro, vieron un mancebo sen- 
tado á la mano derecha cubierto de una ropa larga y 
blanca ; y se espantaron. 

6 Mas él les dice : No tengáis miedo : buscáis á Jesús 
Nazareno, que fué crucificado : resucitado ha, no está 
aquí : he aquí el lugar donde le pusieron. 

7 Mas id, decid á sus discípulos y á Pedro, que él va 
ántes que vosotros á Galilea : allí lá veréis, como os dijo. 

8 Y ellas se fueron huyendo prestamente del sepulcro ; 
porque las habia tomado temblor y espantó ; ni decían 
nada á nadie ; porque tenian miedo. 

9 Mas como Jesús resucitó por la mañana, el primer 
dia de la semana, apareció primeramente á María. Mag- 
dalena, de la cual habia echado siete demonios. 

10 Y yendo ella, lo hizo saber á los que habían estado 
con él, que estaban tristes y llorando. 

11 Y ellos como oyeron que vivia, y que habia sido 
visto de ella, no lo creyeron. 



CAPITULO XVI. 




SAN LUCAS 



111 



12 .Mas después apareció en otra forma á dos de ellos 
que iban caminando, yendo al campo. 

13 Y ellos fueron, y lo hicieron saber á los otros ; mas 
ni aun á ellos creyeron. 

14 Posteriormente se apareció á los once, estando 
sentados á la mesa ; y les zahirió su incredulidad y la 
dureza de corazón, que no hubiesen creído á los que le 
habían visto resucitado. 

15 Y les (.lijo : Id por todo el mundo, y predicad el 
evangelio á toda criatura. 

16 El que creyere, y fuere bautizado, será salvo ; mas 
el que no creyere, será condenado. 

17 Y estas señales seguirán á toa que creyeren : En mi 
nombre echarán fuera demonios : hablarán nuevas 
lenguas : 

1S Alzarán serpientes ; y si bebieren cosa mortífera, 
no les dañará : sobre los enfermos pondrán las manos, y 
sanarán. 

19 Y el Señor, después que les habló, fué recibido 
arriba en el cielo, y se asentó á la diestra de Dios. 

20 Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, 
obrando con ellos el Señor, y confirmando la palabra con 
las señales que se seguían. Amen. 



SAN LÚCAS 

CAPITULO I. 




ABIEXDO muchos tentado á poner en orden la his- 
toria de las cosas que entre nosotros han sido del 
todo certificadas, 



2 Como nos las enseñaron los que desde el principio 
fueron testigos de vista, y ministros de la palabra : 

3 Háme parecido bueno también á mí, después 
de haber entendido todas las cosas desde el principio 
con diligencia, escribirte/as por orden, oh muy buen 
Teófilo, 



112 



SAN LUCAS 



4 Para que conozcas la verdad de las cosas, en las 
cuales has sido enseñado. 

5 TT UBO en los días de Heródes rey de Judea, un 
|~~| sacerdote llamado Zacarías, de la clase de 

Abías ; y su mujer era de las hijas de Aaron, 
llamada Elisabet. 

6 Y eran ámbos justos delante de Dios, andando en todos 
los mandamientos y estatutos del Señor sin reprensión. 

7 Y no tenían hijo ; porque Elisabet era estéril, y 
ámbos eran ya avanzados en sus días. 

8 Y aconteció, que administrando Zacarías el sacer- 
docio delante de Dios en el orden de su clase, 

9 Conforme á la costumbre del sacerdocio, salió en 
suerte á quemar incienso, entrando en el templo del 
Señor. 

10 Y toda la multitud del pueblo estaba fuera orando 
á la hora del incienso. 

11 Y le apareció el ángel del Señor que estaba á la 
mano derecha del altar del incienso. 

12 Y se turbó Zacarías viéndote, y cayó temor sobre él. 

13 Mas el ángel le dijo : Zacarías, no temas ; porque 
tu oración ha sido oida ; y tu mujer Elisabet te parirá 
un hijo, y llamarás su nombre Juan ; 

14 Y tendrás gozo y alegría, y muchos se gozarán de 
su nacimiento ; 

15 Porque será grande delante de Dios ; y no beberá 
vino ni sidra ; y será lleno del Espíritu Santo aun desde 
el vientre de su madre. 

16 Y á muchos de los hijos de Israel convertirá al 
Señor Dios.de ellos ; 

17 Porque él irá delante de él con el espíritu y virtud 
de Elias, para convertir los corazones de los padres á los 
hijos, y los rebeldes á la prudencia de los justos, para 
aparejar al Señor pueblo perfecto. 

18 Y dijo Zacarías al ángel : ¿ En qué conoceré esto? 
porque yo soy viejo, y mi mujer avanzada en días. 

19 Y respondiendo el ángel, le dijo : Yo soy Gabriel, 
que estoy delante de Dios ; y soy enviado á hablarte, y 
á darte estas buenas nuevas. 

20 Y he aquí, serás mudo, y no podrás hablar, hasta 
el dia que esto sea hecho ; por cuanto no creíste á mis 
palabras, las cuales se cumplir;' ' ,u tiempo. 



SAN LUCAS 



113 



21 Y el pueblo estaba esperando á Zacarías, y se 
maravillaban que él se tardase tanto en el templo. 

22 Y saliendo, no les podía hablar ; y entendieron que 
había visto visión en el templo ; y él les hablaba por señas ; 
y quedó mudo. 

23 Y fué, (pie cumplidos los dias de su ministerio, se 
vino a su casa. 

24 Y después de aquellos dias concibió su muger 
Elisabet, y se escondió por cinco meses, diciendo : 

25 Porque el Señor me hizo esto en los dias en que 
miró para quitar mi afrenta entre los hombres. 

26 Y al sexto mes el ángel Gabriel fué enviado de Dios 
á una ciudad de Galilea, que se llama Nazaret, 

27 A una virgen desposada con un varón que se 
llamaba José de la casa de David ; y el nombre de la 
vi rúen era María. 

28 Y entrando el ángel á donde estaba ella, dijo : Ten- 
gas gozo, altamente favorecida, el Señor es contigo : ben- 
dita tú entre las mujeres. 

29 Mas ella, como le vió, se turbó de su hablar ; y 
pensaba que salutación fuese esta. 

30 Entonces el ángel le dijo : María, no temas, porque 
has hallado gracia delante de Dios. 

31 Y he aquí, que concibirás en el vientre, y parirás 
un hijo, y llamarás su nombre Jesús. 

32 Este será grande, é Hijo del Altísimo será llamado, 
y le dará el Señor Dios el trono de David su padre ; 

33 Y reinará en la casa de Jacob eternamente, y de 
su reino no habrá cabo. 

34 Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? 
porque no conozco varón. 

.'ió Y respondiendo el ángel, le dijo : El Espíritu Santo 
vendrá sol>re tí, y la virtud del Altísimo te hará sombra ; 
por lo cual también lo Santo que de tí nacerá, será 
llamado Hijo de Dios. 

36 Y, he aquí, Elisabet tu parienta, también ella ha 
concebido un hijo en su vejez ; y este es el sexto mes á 
ella que era llamada íh estéril ; 

37 Porque ninguna cosa es imposible para Dios. 

38 Entonces María dijo : He aquí la sierva del Señor, 
hágase en mí conforme á tu palabra. Y el ángel se 
partió de ella. 

H 



114 



SAN LUCAS 



39 En aquellos dias levantándose María, fué á la ser- 
ranía con priesa á una ciudad de Judá. 

40 Y entró en casa de Zacarías, y saludó á Elisabet. 

41 Y aconteció, que como oyó Elisabet la salutación 
de María, la criatura saltó en su vientre ; y Elisabet fué 
llena de Espíritu Santo, 

42 Y exclamó á gran voz, y dijo : Bendita tú entre las 
mugeres, y bendito el fruto de tu vientre. 

43 ¿ Y de dónde esto á mí, que venga la madre de mi 
Señor á mi ? 

44 Porque he aquí, que como llegó la voz de tu salu- 
tación á mis oidos, la criatura saltó de alegría en mi 
•vientre. 

45 Y bienaventurada la que creyó, porque se cum- 
plirán las cosas que le fueron dichas de parte del Señor. 

46 Entonces María dijo : Engrandece mi alma al 
«Señor : 

47 Y mi espíritu se alegró en Dios mi Salvador. 

48 Porque miró á la bajeza de su sierva ; porque, he 
aquí, desde ahora me llamarán bienaventurada todas las 
generaciones. 

49 Porque me ha hecho grandes cosas el poderoso ; y 
santo es su nombre, 

50 Y su misericordia es de generación á generación á 
los que le temen. 

51 Hizo valentía con su brazo : esparció los soberbios 
en el pensamiento de su corazón. 

52 Quitó los poderosos de los tronos, y levantó á los 
humildes. 

53 Á los hambrientos hinchió de bienes ; y á los ricos 
envió vacíos. 

54 Socorrió á Israel su siervo, acordándose de su 
misericordia, 

55 Como habló á nuestros Padres, á Abraham y á su 
simiente para siempre. 

56 Y se quedó María con ella como tres meses ; y se 
volvió á su casa. 

57 Y á Elisabet se le cumplió el tiempo de parir, y 
parió un hijo. 

58 Y oyeron los vecinos y los parientes que Dios había 
hecho grande misericordia con ella, y se alegraron con ella. 

59 Y aconteció, que al octavo dia vinieron para cir- 



SAN LÚCAS 



115 



cum ular a] niño, y le llamaban del nombre de su padre, 
Zacarías. 

60 Y respondiendo su madre, dijo : No ; sino Juan 
será llamado. 

61 Y le dijeron : ¿ Por qué ? nadie hay en tu parentela 
que se llame por este nombre. 

62 Y hablaron por señas á su padre, como le quería 
llamar. 

63 Y demandando la tablilla, escribió, diciendo : Juan 
es su nombre. Y todos se maravillaron. 

64 Y luego fué abierta su boca, y suelta su lengua, y 
habló bendiciendo á Dios. 

65 Y vino un temor sobre todos los vecinos de ellos ; 
y en toda la serranía de Judea fueron divulgadas todas 
estas cosas. 

66 Y todos los que las oían, las guardaban en su cora- 
zón, diciendo: ¿Quién será este niño? Y la mano del 
Señor era con él. 

67 Y Zacarías su padre fué lleno de Espíritu Santo, y 
profetizó, diciendo : 

68 Bendito el Señor Dios de Israel, que visitó, é hizo 
redención á su pueblo. 

69 Y nos enhestó el cuerno de salud en la casa de 
David su siervo. 

70 Como habló por boca de sus santos profetas, que 
fueron desde el principio : 

71 Salvación de nuestros enemigos, y de mano de todos 
los que nos aborrecieron : 

72 Para hacer misericordia con nuestros padres, y 
acordarse de su santo concierto : 

73 Del juramento que juró á Abraham nuestro padre, 

74 Que nos daria él : que libertados de las manos de 
nuestros enemigos, le serviríamos sin temor, 

75 En santidad y justicia delante de él, todos los dias 
de nuestra vida. 

76 Tú, empero, ó ! niño, profeta del Altísimo serás 
llamado ; porque irás delante de la faz del Señor, para 
aparejar sus caminos : 

77 Dando ciencia de salvación á su pueblo para re- 
misión de sus pecados : 

78 Por las entrañas de misericordia de nuestro Dios, 
con que nos visitó de lo alto el oriente, 



116 



SAN LUCAS 



79 Para dar luz á los que habitan en tinieblas y en 
sombra de muerte ; para encaminar nuestros piés por 
camino de paz. 

80 Y el niño crecia, y era confortado en espíritu, y 
estuvo en los desiertos hasta el dia que se mostró á 
Israel. 

CAPITULO IL 

TT ACONTECIÓ en aquellos dias, que salió un edicto 
1 de parte de Augusto César, para que toda la tierra 
fuese empadronada. 

2 Este empadronamiento primero fué hecho, siendo 
presidente de la Siria Cirenio. 

3 É iban todos para ser empadronados cada uno á su 
ciudad. 

4 Y subió José de Galilea, de la ciudad de Nazaret, á 
Judea, á la ciudad de David, que se llama Belén, por 
cuanto era de la casa y familia de David ; 

5 Para ser empadronado, con María su mujer despo- 
sada con él, la cual estaba preñada. 

6 Y aconteció, que estando ellos allí, los dias en que 
ella habia de parir se cumplieron. 

7 Y parió á su hijo primogénito, y le envolvió en 
pañales, y le acostó en el pesebre ; porque no habia 
lugar para ellos en el mesón. 

8 Y habia pastores en la misma tierra, que velaban, 
y guardaban las velas de la noche sobre su ganado. 

9 Y, he aquí, el ángel del Señor vino sobre ellos ; y 
la claridad de Dios los cercó de resplandor de todas 
partes, y tuvieron gran temor. 

10 Mas el ángel les dijo : No temáis, porque, he aquí, 
os doy nuevas de gran gozo, que será á todo el pueblo : 

11 Que os es nacido hoy Salvador, que es el Señor, el 
Cristo, en la ciudad de David. 

12 Y esto os será por señal : hallaréis al niño envuelto 
en pañales, echado en el pesebre. 

13 Y repentinamente apareció con el ángel multitud 
de ejércitos celestiales, que alababan á Dios, y decian : 

14 Gloria en las alturas á Dios, y en la tierra paz, y á 
los hombres buena voluntad. 

15 Y aconteció, que como los ángeles se fueron de 



SAN LUCAS 



117 



ellos al cielo, los pastores dijeron los unos á los otros : 
Pasemos, pues, hasta Belén, y veamos este negocio que 
ha hecho. Dios, y nos ha mostrado. 

16 Y vinieron apriesa, y hallaron á María, y á José, y 
al niño acostado en el pesehre. 

17 Y viéndolo, hicieron notorio lo que les hahia sido 
dicho del niño. 

18 Y todos los que lo oyeron, se maravillaron de lo que 
los pastores les decían. 

10 Mas María guardaba todas estas cosas confiriéndo/as 
en su corazón. 

20 Y se volvieron los pastores glorificando y alabando 
á Dios por todas las cosas que habían oido y visto, como 
les había sido dicho. 

21 Y pasados los ocho dias para circuncidar al niño, 
llamaron su nombre Jesús, el cual fué así llamado por 
el ángel antes que él fuese concebido en el vientre. 

22 Y como se cumplieron los dias de la purificación 
de María conforme á la ley de Moisés, le trajeron á 
Jerusalem para presentar/e al Señor, 

23 (Como está escrito en la ley del Señor : Todo varón 
que atiriere la matriz, será llamado santo al Señor ;) 

2-4 Y para dar la ofrenda, conforme á lo que está 
dicho en la ley del Señor, un par de tórtolas, ó dos 
palominos. 

25 Y, he aquí, habia un hombre en Jerusalem llamado 
Simeón, y este hombre, justo y piadoso, esperaba ¡a 
consolación de Israel ; y el Espíritu Santo era sobre él. 

26 Y habia recibido respuesta del Espíritu Santo, que 
no veria la muerte ántes que viese al Cristo del Señor. 

27 Y vino por el Espíritu al templo. Y como metie- 
ron al niño Jesús sus padres en el templo, para hacer 
por él conforme á la costumbre de la ley, 

28 Entonces él le tomó on sus brazos, y bendijo á Dios, 
y dijo: 

2'.» Ahora despides, Señor, á tu siervo, conforme á tu 
palabra, en paz : 

30 Porque han visto mis ojos tu salud, 

31 La cual has aparejado en presencia de todos los 
pueblos : 

32 Luz para ser revelada á los Gentiles, y la gloria de 
tu pueblo Israel. 



118 



SAN LUCAS 



33 Y José y su madre estaban maravillados de las 
cosas que se decían de él. 

34 Y los bendijo Simeón, y dijo á su madre María : 
He aquí, que este niño es puesto para caid a y para levan- 
tamiento de muchos en Israel, y para blanco de contra- 
dicción ; 

35 (Y á tu alma de tí misma traspasará espada,) para 
que de muchos corazones sean manifestados los pensa- 
mientos. 

36 Estaba también allí Ana, profetisa, hija de Fanuel, 
de la tribu de Aser, la cual era ya de grande edad, y 
baliia vivido con su marido siete años desde su virginidad. 

37 Y era viuda de hasta ochenta y cuatro años, que 
no se apartaba del templo, en ayunos y oraciones sir- 
viendo á Dios de noche y de día. 

38 Y esta sobreviniendo en la misma hora, juntamente 
daba alabanzas al Señor, y hablaba de él á todos los que 
esperaban la redención en Jerusalem. 

39 Mas como cumplieron todas las cosas según la ley 
del Señor, se volvieron á Galilea, a su ciudad de Nazaret. 

40 Y el niño crecía, y era confortado en espíritu, y 
henchíase de sabiduría ; y la gracia de Dios era sobre él. 

41 É iban sus padres todos los años á Jerusalem en la 
fiesta de la pascua. 

42 Y como fué de doce años, ellos subieron á Jerusa- 
lem conforme á la costumbre de la fiesta. 

43 Y acabados los dias, volviendo ellos, se quedó el 
niño Jesús en Jerusalem, sin saber/o José y su madre. 

44 Y pensando que estaba en la compañía, anduvieron 
camino de un dia ; y le buscaban entre los parientes, y 
entre los conocidos. 

45 Y como no le hallasen, volvieron á Jerusalem, 
buscándole. 

46 Y aconteció, que tres dias después le hallaron en 
el templo, sentado en medio de los doctores, oyéndoles, 
y preguntándoles. 

47 Y todos los que le oian, estaban fuera de sí por su 
entendimiento y respuestas. 

48 Y como le vieron, se espantaron ; y le dijo su 
madre : Hijo, ¿por qué nos has hecho así? He aquí, 
tu padre y yo te liemos buscado con dolor. 

49 Entonces él les dice : ¿ Qué hay ? ¿ por qué me 



SAN LÚCAS 



119 



buscabais ? ¿ No sabíais que en los negocios que son de 
mi Padre me conviene estar? 

50 Mas ellos no entendieron las palabras que les habló. 

51 Y descendió con ellos, y vino á Nazaret, y estaba 
sujeto á ellos. Y su madre guardaba todas estas cosas 
en su corazón. 

52 Y Jesús crecía en sabiduría, y en estatura, y en 
favor acerca de Dios y de los hombres. 

CAPITULO III. 

Y EN el año quince del imperio de Tiberio César, 
siendo presidente de Judca Poncio Pilato, y Heródes 
tetrarca de Galilea, y su hermano Felipe tetrarca 
de Iturea y de la provincia de Traconite, y Lisania 
tetrarca de Abilina ; 

2 Siendo sumos sacerdotes Annas y Caifas, fué la 
palabra del Señor á Juan, hijo de Zacarías, en el desierto. 

3 Y él vino en toda la tierra al derredor del Jordán, 
predicando el bautismo de arrepentimiento para remisión 
de pecados ; 

4 Como está escrito en el libro de las palabras del 
profeta Isaías, que dice : Voz del que clama en el 
desierto : Aparejad el camino del Señor, hacéd derechas 
sus sendas. 

5 Todo valle se henchirá, y todo monte y collado se 
abajará ; y lo torcido será enderezado, y los caminos 
ásperos allanados ; 

6 Y verá toda carne la salvación de Dios. 

7 Y decía á las multitudes que salían paía ser bauti- 
zadas por él : Generación de víboras, ¿ quién os enseñó 
á huir de la ira que vendrá ? 

8 Hacéd, pues, frutos dignos de arrepentimiento, y no 
comencéis á decir en vosotros mismos : Por padre 
tenemos á Abraham ; porque os digo, que puede Dios, 
aun de estas piedras, levantar hijos á Abraham. 

9 Y ya también la hacha está puesta á la raíz de los 
árboles : todo árbol pues que no hace buen fruto, es 
talado, y echado en el fuego. 

10 Y las multitudes le preguntaban, diciendo : ¿Pues, 
qué haremos? 

11 Y respondiendo, les dijo : El que tiene dos ropas, 



120 



SAN LÚCAS 



dé al que no tiene ; y el que tiene alimentos, haga lo 
mismo. 

12 Y vinieron también publícanos para ser bautizados, 
y le dijeron : ¿ Maestro, qué haremos nosotros? 

13 Y él les dijo : No demandéis más de lo que os está 
ordenado. 

14 Y le preguntaron también los soldados, diciendo : 
Y nosotros, ¿qué haremos? Y les dice : No maltratéis 
á nadie, ni oprimáis ; y sed cententos con vuestros 
salarios. 

15 Y estando el pueblo esperando, y pensando todos 
de Juan en sus corazones, si él fuese el Cristo, 

16 Respondió Juan, diciendo á todos : Yo, á la verdad, 
os bautizo con agua ; mas viene uno que es más poderoso 
que yo, de quien no soy digno de desatar la correa de 
sus zapatos : él os bautizará con el Espíritu Santo y con 
fuego. 

17 Cuyo abentador está en su mano ; y limpiará su 
era, y juntará el trigo en su alfolí ; mas quemará la paja 
en fuego que nunca se apagará. 

18 Así que amonestando otras muchas cosas también, 
anunciaba el evangelio al pueblo. 

19 Entonces Heródes el tetrarca, siendo reprendido 
por él á causa de Herodías, mujer de Felipe su hermano, 
y de todas las maldades que había hecho Heródes, 

20 Añadió también esto sobre todo, que encerró á Juan 
en la cárcel. 

21 Y aconteció, que como todo el pueblo fué bautizado, 
y Jesús también fuese bautizado, y orase, el cielo se 
abrió, 

22 Y descendió el Espíritu Santo en forma corporal, 
como paloma, sobre él, y vino una voz del cielo que 
decía : Tú eres mi Hijo amado, en tí es mi placer. 

23 Y el mismo Jesús comenzaba á ser como de treinta 
años, siendo (como se creia,) hijo de José, que fué hijo 
de Helí, 

24 Que fué de Mattat, que fué de Leví, que fué de 
Melqui, que fué de Janne, que fué de José, 

2ó Que fué de Mattatías, que fué de Amos, que fué de 
Naum, que fué de Esli, que fué de Nagge, 

26 Que fué de Maat, que fué de Mattatías, que fué de 
Semeí, que fué de José, que fué de Judá, 



SAN LÚCAS 



L21 



27 Que fué de Joanna, que fué de Resa, que fué de 
Zorobabel, que fué de Salatiel, que fué de Ñeri, 

2S Que fué de Melqui, que fué de Addi, que fué de 
Cosam, quo fué de Elmodam, que fué de Er, 

29 Que fué de José, que fué de Eliezer, que fué de 
Jorim. que fué de Mattat, que fué de Leví, 

30 Que fué de Simeón, que fué de Judá, que fué de 
José, que fué de Jonan, que fué de Eliacim, 

31 Que fué de Melea, que fué de Menan, que fué de 
Mattata, que fué de Natán, que fué de David, 

32 Que fué de Jessé, que fué de Obed, que fué de Booz, 
que fué de Salmón, que fué de Naason, 

33 Que fué de Aminadab, que fué de Aram, que fué 
de Esrdiri, que fué de Fares, que fué de Judá, 

34 Que fué de Jacob, que fué de Isaac, que fué de 
Abraham, que fué de Tara, que fué de Nacor, 

33 Que fué de Sanie, que fué de Ragau, que fué de 
Faleg, que fué de Jeber, que fué de Sala, 

36 Que fué de Cainan, que fué de Arfajad, que fué de 
Sem, que fué de Xoé, que fué de Lamee, 

37 Que fué de Matusalén, que fué de Jenoc, que fué 
de Ja red, que fué de Malaleel, que fué de Cainan. 

38 Que fué de Henos, que fué de Set, que fué de Adam, 
que fué de Dios 



"f JESUS, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán, 



I y fué llevado por el Espíritu al desierto, 

2 Por cuarenta dias, y era tentado del diablo. Y 
no comió cosa alguna en aquellos dias : los cuales pasa- 
dos, después tuvo hambre.. 

3 Entonces el diablo le dijo : Si eres Hijo de Dios, di 
á esta piedra que se haga pan. 

4 Y Jesús respondiéndole, dijo : Escrito está : Que 
no con pan solo vivirá el hombre, mas con toda palabra 
de Dios. 

5 Y le llevó el diablo á un alto monte, y le mostró todos 
los reinos de la tierra habitada en un momento de tiempo. 

6 Y le dijo el diablo : A tí te daré esta potestad toda, 
y la gloria de ellos; porque á mí es entregada, y a 
quien quiero la doy. 



CAPITULO IV. 




122 



SAN LÚCAS 



7 Tú, pues, si adorares delante de mí, serán todos 
tuyos. 

8 Y respondiendo Jesús, le dijo : Quítate de delante 
de mí, Satanás ; porque escrito está : Al Señor Dios tuyo 
adorarás, y á él solo servirás. 

9 Y le llevó á Jerusalem, y le puso sobre las almenas 
del templo, ye le dijo : Si eres Hijo de Dios, échate de 
aquí abajo. 

10 Porque escrito está : Que á sus ángeles te enco- 
mendará, para que te guarden ; 

11 Y que en sus manos te llevarán, porque nunca 
hieras tu pié en piedra. 

12 Y respondiendo Jesús, le dijo : Dicho está : IS T o 
tentarás al Señor tu Dios. 

13 Y acabada toda la tentación, el diablo se separó de 
él por algún tiempo. 

14 Y Jesús volvió en virtud del Espíritu á Galilea, y 
salió la fama de él por toda la tierra de al derredor. 

15 Y él enseñaba en las sinagogas de ellos, y era glori- 
ficado de todos. 

16 Y vino á Nazaret, donde habia sido criado, y entró, 
conforme á su costumbre, el dia del sábado en la sina- 
goga, y se levantó á leer. 

17 Y le fué dado el libro del profeta Isaías ; y como 
desarrolló el libro, halló el lugar donde estaba escrito : 

18 El Espíritu del Señor es sobre mí, por cuanto me 
ha ungido ; para dar buenas nuevas á los pobres me ha 
enviado ; para sanar á los quebrantados de corazón ; 
para publicar á los cautivos redención, y á los ciegos 
vista ; para poner en libertad á los oprimidos ; 

19 Para predicar el año agradable del Señor. 

20 Y arrollando el libro, como le dió al ministro, se 
sentó ; y los ojos de todos en la sinagoga se clavaron en él. 

21 Y comenzó á decirles : Hoy se ha cumplido esta 
Escritura en vuestros oidos. 

22 Y todos le daban testimonio, y estaban maravilla- 
dos de las palabras de gracia que salían de su boca, y 
decían : ¿No es este el hijo de José? 

23 Y les dijo : Sin duda me diréis este refrán : Médico, 
cúrate á tí mismo : de tantas cosas que hemos oido haber 
sido hechas en Capernaum, haz también acquí en tu 
tierra. 



SAN LÚCAS 



123 



24 Y dijo : De cierto os digo, que ningún profeta es 
acepto en su tierra. 

25 En verdad os digo, que muchas viudas habia en 
Israel en los dias de Elias, cuando el cielo fué cerrado 
por tres años y seis meses, que hubo grande hambre en 
toda la tierra : 

26 Mas á ninguna de ellas fué enviado Elias, sino á 
Sarepta de Sidon, á una mujer viuda. 

27 Y muchos leprosos habia en Israel en tiempo del 
profeta Elíseo ; mas ninguno de ellos fué limpio, sino 
Naaman el Siró. 

28 Entonces todos en la sinagoga fueron llenos de ira, 
oyendo estas cosas. 

29 Y levantándose, le echaron fuera de la ciudad, y le 
llevaron hasta la cumbre del monte, sobre el cual la 
ciudad de ellos estaba edificada, para despeñarle. 

30 Mas él, pasando por medio de ellos, se fué. 

31 Y descendió á Capernaum, ciudad de Galilea, y 
allí los enseñaba en los sábados. 

32 Y estaban fuera de sí de su doctrina ; porque su 
pala l«ra era con potestad. 

33 Y estaba en la sinagoga un hombre que tenia un 
espíritu de un demonio inmundo, el cual exclamó á 
gran voz, 

34 Diciendo : Déjanos, ¿ qué tenemos nosotros que 
ver contigo, Jesús Nazareno? ¿ Has venido á de- 
struirnos ? Yo te conozco quién eres, eres el Santo 
de Dios. 

35 Y Jesús le riñó, diciendo : Enmudece, y sal de él. 
Entonces el demonio, derribándole en medio, salió de 
él ; y no le hizo daño alguno. 

36 Y cayó espanto sobre todos, y hablaban unos 
á otros, diciendo : ¿ Qué palabra es esta, que con 
autoridad y poder manda á los espíritus inmundos, y 
salen ? 

37 Y la fama de él se divulgaba de todas partes por 
todos los lugares de la comarca. 

38 Y levantándose Jesús de la sinagoga, se entró en 
casa de Simón ; y la suegra de Simón estaba con una 
grande fiebre ; y le rogaron por ella. 

39 Y volviéndose hácia ella, riñó á la fiebre, y la fiebre 
la dejó ; y ella levantándose luego, les sirvió. 



124 



SAN LUCAS 



40 Y poniéndose el sol, todos los que tenían enfermos 
de diversas enfermedades, los traían á él ; y él, poniendo 
las manos sobre cada uno de ellos, los sanaba. 

41 Y salían también demonios de muchos, dando 
voces, y diciendo : Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios ; 
mas él riñéndo/es no los dejaba hablar, porque sabían que 
él era el Cristo. 

42 Y siendo ya de dia salió, y se fué á un lugar de- 
sierto ; y las gentes le buscaban, y vinieron hasta él ; y 
le detenían para que no se apartase de ellos. 

43 Y él les dijo : También á otras ciudades es menester 
que yo anuncie el evangelio del reino de Dios ; poique 
para esto soy enviado. 

44 Y predicaba en las sinagogas de Galilea. 

CAPITULO V. 




ACONTECIÓ, que estando él junto al lago de Ge- 
nesaret, la multitud se derribaba sobre él por oir la 
palabra de Dios. 



2 Y vió dos naves que estaban cerca de la orilla del 
lago ; y los pescadores, habiendo descendido de ellas, 
lavaban sus redes. 

3 Y entrado en una de estas naves, la cual era de 
Simón, le rogó que la desviase de tierra un poco ; y 
sentándose, enseñaba desde la nave al pueblo. 

4 Y como cesó de hablar, dijo á Simón : Entra en alta 
mar, y echad vuestras redes para pescar. 

5 Y respondiendo Simón, le dijo : Maestro, habiendo 
trabajado toda la noche, nada hemos tomado ; mas en 
tu palabra echaré la red. 

6 Y habiéndolo hecho, encerraron tan gran multitud 
de peces, que su red se rompía. 

7 É hicieron señas á los compañeros que estaban en 
la otra nave, que viniesen á ayudarles ; y vinieron, y 
llenaron ambas naves de tal manera que se anegaban. 

8 Lo cual viendo Simón Pedro, se derribó íi las rodillas 
de Jesús, diciendo : Salte de conmigo, Señor, porque soy 
hombre pecador. 

9 Porque temor le habia rodeado, y á todos los que 
estaban con él, á causa de la presa de los peces que 
habían tomado : 



SAN LÚCAS 



125 



10 Y asimismo á Santiago y á Juan, hijos de Zebedeo, 
que eran compañeros de Simón. Y Jesús dijo á Simón : 
Ño temas : desde ahora tomarás hombres. 

11 Y como llegaron á tierra las naves, dejándolo todo, 
le siguieron. 

12 Y aconteció que estando en una ciudad, he aquí, 
un homhre lleno de lepra, el cual viendo á Jesús, pos- 
trándose sobre el rostro le rogó, diciendo : Señor, si 
quisieres, puedes limpiarme. 

13 Entonces extendiendo la mano le tocó, diciendo : 
Quiero : sé limpio. Y luego la lepra se fué de él. 

14 Y él le mandó que no lo dijese á nadie : Mas vé 
Qe dier,) muéstrate al sacerdote, y ofrece por tu limpieza, 
como mandó Moisés, por testimonio á ellos. 

15 Empero el hablar de él andaba tanto más ; y se 
juntaban grandes multitudes á oir, y ser sanados por él 
de sus enfermedades. 

16 Mas él se apartaba á los desiertos, y oraba. 

17 Y aconteció un dia, que él estaba enseñando, y 
Fariseos y doctores de la ley estaban sentados, los cuales 
habían venido de todas las aldeas de Galilea, y de Judea, 
y de Jerusalem ; y la virtud del Señor estaba allí para 
sanarlos. 

18 Y, he aquí, unos hombres, que traían en una cama 
un hombre que estaba paralítico ; y buscábanlo? - donde 
meterle, y poner/e delante de él. 

19 Y no hallando por donde meterle á causa de la 
multitud, subieron encima de la casa, y por el tejado le 
bajaron con la cama en medio, delante de Jesús. 

20 El cual, viendo la fé de ellos, le dice : Hombre, tus 
pecados te son perdonados. 

21 Entonces los escribas y los Fariseos comenzaron 
á pensar, diciendo : ¿ Quién es este que habla blas- 
femias? ¿Quién puede perdonar pecados, sino solo 
Dios? 

22 Jesús entonces, conociendo los pensamientos de 
ellos, respondiendo les dijo : ¿ Qué pensáis en vuestros 
corazones? 

23 ¿ Cuál es más fácil ; decir : Tus pecados te son 
perdonados ; ó decir : Levántate, y anda ? 

24 Pues porque sepáis que el Hijo del hombre tiene 
potestad en la tierra de perdonar pecados, (dice al para- 



126 



SAN LUCAS 



lítico :) A tí digo : Levántate, toma tu cama ; y véte á 
tu casa. 

25 Y luego, él, levantándose en presencia de ellos, y 
tomando aquello en que estaba echado, se fué á su casa 
glorificando á Dios. 

26 Y tomó espanto á todos, y glorificaban á Dios ; y 
fueron llenos de temor, diciendo : Hemos visto maravillas 
hoy. 

27 Y después de estas cosas salió ; y vió á un publi- 
cano llamado Leví, sentado al banco de los tributos, y 
le dijo : Sigúeme. 

28 Y dejadas todas cosas, levantándose, le siguió. 

29 E hizo Leví un gran banquete en su casa, y habia 
mucha compañía de publícanos, y de otros, los cuales 
estaban á la mesa con ellos. 

30 Y los escribas y los Fariseos murmuraban contra 
sus discípulos, diciendo : ¿ Por qué coméis y bebéis con 
los publícanos y pecadores ? 

31 Y respondiendo Jesús, les dijo : Los que están 
sanos no han menester médico, sino los que están 
enfermos. 

32 No he venido á llamar á los justos, sino á los peca- 
dores á arrepentimiento. 

33 Entonces ellos le dijeron : ¿Por qué los discípulos 
de Juan ayunan muchas veces, y hacen oraciones, y 
asimismo los de los Fariseos ; mas tus discípulos comen 
y beben '? 

34 Y él les dijo : ¿ Podéis hacer que los que están de 
bodas ayunen, entre tanto que el esposo está con ellos ? 

35 Empero vendrán dias cuando el esposo les será 
quitado ; entonces ayunarán en aquellos días. 

36 Y les decía también una parábola : Nadie pone 
remiendo de paño nuevo en vestido viejo : de otra 
manera el nuevo rompe, y al viejo no conviene remiendo 
nuevo. 

37 Y nadie echa vino nuevo en cueros viejos : de otra 
manera el vino nuevo romperá los cueros, y el vino se 
derramará, y los cueros se perderán. 

38 Mas el vino nuevo en cueros nuevos se ha de echar ; 
y lo uno y lo otro se conserva. 

39 Y ninguno que bebiere el viejo, quiere luego el 
nuevo ; porque dice : El viejo es mejor. 



SAN LÚCAS 



127 



CAPITULO VI. 

T T ACONTECIO que pasando él por entre los panes el 
Y segundo sábado después del primero, sus discípulos 
arrancaban espigas, y comian, estregándo/os entre 
las manos. 

2 Y algunos de los Fariseos les dijeron : ¿ Por qué 
hacéis lo que no es lícito hacer en los sábados ? 

3 Y respondiendo Jesús, les dijo : ¿ Ni aun esto habéis 
leido, lo que hizo David cuando tuvo hambre, él, y los 
que con él estaban ? 

4 ¿ Como entró en la casa de Dios, y tomó los panes 
de la proposición, y comió, y dió también á los que 
estaban con él ; los cuales no era lícito comer, sino á 
solos los sacerdotes ? 

5 Y les decia : El Hijo del hombre es Señor aun del 
sábado. 

6 Y aconteció también en otro sábado, que él entró 
en la sinagoga y enseñó ; y estaba allí un hombre que 
tenia la mano derecha seca. 

7 Y le acechaban los escribas y los Fariseos, si sanaría 
en sábado, por hallar de qué le acusasen. 

8 Mas él sabia los pensamientos de ellos ; y dijo al 
hombre que tenia la mano seca : Levántate, y ponte en 
medio. Y él levantándose, se puso en pié. 

9 Entónces Jesús les dice : Preguntaros he una cosa : 
¿Es lícito en sábados hacer bien, ó hacer mal? ¿salvar 
la vida, ó matar? 

10 Y mirándolos á todos en derredor, dice al hombre : 
Extiende tu mano ; y él lo hizo así, y su mano fué 
restituida sana como la otra. 

11 Y ellos fueron llenos de rabia, y hablaban los unos 
á los otros qué harían á Jesús. 

12 Y aconteció en aquellos dias. que fué á orar en un 
monte, y pas.ó la noche orando á Dios. 

13 Y como fué de dia, llamó á sus discípulos ; 
y escogió doce de ellos, los cuales también llamó 
Apóstoles : 

14 A Simón, al cual también llamó Pedro, y á Andrés 
su hermano, Santiago y Juan, Felipe y Bartolomé, 

15 Mateo y Tomas, y Santiago, hijo de Alfeo, y Simón, 
el que se llama Zelador, 



128 



SAN LUCAS 



16 Judas hermano de Santiago, y Júdas Iscariote, que 
también fué el traidor. 

17 Y descendió con ellos, y se paró en un lugar llano ; 
y la compañía de sus discípulos, y una grande multitud 
de pueblo de toda Judea, y de Jerusalein, y de la costa 
ile Tiro y de Sidon, que habían venido á oirle, y para 
ser sanados de sus enfermedades ; 

18 Y otros que habían sido atormentados de espíritus 
inmundos ; y eran sanos. 

19 Y toda la multitud procuraba de tocarle ; porque 
salía de él virtud, y sanaba á todos. 

20 Y alzando él los ojos sobre sus discípulos, decia : Bien- 
aventurados los pobres ; porque vuestro es el reino de Dios. 

21 Bienaventurados los que ahora tenéis hambre ; 
porque seréis hartos. Bienaventurados los que ahora 
lloráis ; porque reiréis. 

22 Bienaventurados sois cuando los hombres os abor- 
recieren, y cuando os apartaren de si, y os denostaren, y 
desecharen vuestro nombre como malo, por causa de 
Hijo del hombre. 

23 Gózaos en aquel dia, y alegraos ; porque, he aquí, 
vuestro galardón es grande en los cielos ; porque así 
hacían sus padres á los profetas. 

24 Mas ¡ ay de vosotros ricos ! porque tenéis vuestro 
consuelo. 

25 ¡ Ay de vosotros, los que estáis hartos ! porque 
tendréis hambre. ¡ A y de vosotros, los que ahora reis ! 
porque lamentaréis y lloraréis. 

26 ¡ Ay de vosotros, cuando todos los hombres dijeren 
bien de vosotros ! porque así hacían sus padres á los 
falsos profetas. 

27 Mas á vosotros los que ois, digo : Amád á vuestros 
enemigos : haced bien á los que os aborrecen. 

28 Bendecid á los que os maldicen ; y orad por los que 
os calumnian. 

29 Y al que te hiriere en una mejilla, dále también la 
otra ; y del que te quitare la capa, no le impidas llevar 
el sayo también. 

30 Y á cualquiera que te pidiere, dá, y al que tomare 
lo que es tuyo, no se lo vuelvas á pedir. 

31 Y como queréis que os hagan los hombres, hacédles 
también vosotros así. 



SAN LUCAS 



129 



32 Porque si amáis á los que os aman, ¿ qué gracias 
tendréis? porque también los pecadores aman á los que 
los aman. 

33 Y si hiciereis bien á los que os hacen bien, ¿ qué 
gracias tendréis ? porque también los pecadores hacen 
lo mismo. 

34 Y si prestareis á aquellos de quienes esperáis recibir, 
¿qué gracias tendréis? porque también los pecadores 
prestan á los pecadores, para recibir otro tanto. 

35 Amád pues á vuestros enemigos ; y hacéd bien, y 
emprestad, no esperando de ello nada ; y será vuestro 
galardón grande, y seréis hijos del Altísimo ; porque él 
es benigno atin para con los ingratos y los malos. 

36 Sed pues misericordiosos, como también vuestro 
Padre es misericordioso. 

37 Xo juzguéis, y no seréis juzgados : no condenéis, y 
no seréis condenados : perdonád, y seréis perdonados : 

38 Dad, y se os dará : medida buena, apretada, reme- 
cida, y rebosando darán en vuestro regazo ; porque con 
la misma medida que midiereis, os será vuelto á medir. 

39 Y les decia una parábola : ¿ Puede el ciego guiar 
al ciego? ¿no caerán ambos en el hoyo? 

40 El discípulo no es sobre su maestro ; mas cualquiera 
que fuere como su maestro, será perfecto. 

41 ¿ Y por qué miras la arista que está en el ojo de tu 
hermano, y la viga que está en tu propio ojo no con- 
sideras ? 

42 ¿O cómo puedes decir á tu hermano : Hermano, 
deja, echaré fuera la arista que está en tu ojo. no mi- 
rando tú la viga que está en tu ojo ? Hipócrita, echa 
fuera primero de tu ojo la viga ; y entonces mirarás de 
echar fuera la arista que está en el ojo de tu hermano. 

43 Porque no es buen árbol el que hace malos frutos ; 
ni árbol malo el que hace buen fruto. 

44 Porque cada árbol por su fruto es conocido : que no 
cogen higos de las espinas, ni vendimian uvas de las zarzas. 

45 El buen hombre del buen tesoro de su corazón 
saca lo bueno ; y el mal hombre del mal tesoro de su 
corazón saca lo malo ; porque de la abundancia del- cora- 
zón habla la boca. 

46 ¿ Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo 
que digo? 



130 



SAN LUCAS 



47 Todo aquel que viene á mí, y oye mis palabras, y 
las hace, yo os enseñaré á quien es semejante. 

48 Semejante es á un hombre que edificó una casa, 
que cavó y ahondó, y puso el fundamento sobre roca ; 
y habiendo avenida, el rio dió con ímpetu en aquella 
casa, mas no la pudo menear ; porque estaba fundada 
sobre roca. 

49 Mas el que oye, y no hace, semejante es á un hom- 
bre que edificó su casa sobre tierra sin fundamento, en 
la cual el rio dió con ímpetu, y luego cayó ; y fué grande 
la ruina de aquella casa. 

CAPITULO VIL 

"17 COMO acabó todas sus palabras en oidos del pue- 
1 blo, entró en Capernaum. 

2 Y el siervo de un centurión estaba enfermo y 
se iba muriendo, al cual él tenia en estima. 

3 Y como oyó de Jesús, envió á él los ancianos de los 
Judíos, rogándole que viniese y librase á su siervo. 

4 Y viniendo ellos á Jesús, rogáronle con diligencia, 
diciéndole : Porque es digno de concederle esto : 

5 Que ama nuestra nación, y él nos edificó una sina- 
goga. 

6 Y Jesús fué con ellos : mas como ya no estuviesen 
lejos de su casa, envió el centurión amigos á él, dicién- 
dole : Señor, no tomes trabajo, que .no soy digno de 
que entres debajo de mí tejado : 

7 Por lo cual ni aun me tuve por digno de venir á ti ; 
mas di tan solo una palabra, y mi criado será sano. 

8 Porque también yo soy hombre puesto en autoridad, 
que tengo debajo de mí soldados ; y digo á este : Vé, y 
vá ; y al otro : ven, y viene ; y á mi siervo : Haz esto, 
y lo hace. 

9 Lo cual oyendo Jesús, se maravilló de él, y vuelto, 
dijo á las multitudes que le seguían : Os digo, que ni aun 
en Israel, he hallado tanta fé. 

10 Y vueltos á casa los que habían sido enviados, halla- 
ron sano al siervo que había estado enfermo. 

11 Y aconteció desjpues, que él iba á la ciudad que se 
llama Nain, é iban con él muchos de sus discípulos, y 
gran compañía. 



SAN LÚCAS 



131 



12 Y como llegó cerca de la puerta de la ciudad, he 
aquí, que sacaban un difunto, unigénito de su madre, la 
cual también era viuda ; y había con ella mucha gente 
de la ciudad. 

13 Y como el Señor la vió, fué movido á misericordia 
de ella, y le dice : No llores. 

14 Y acercándose, tocó las andas ; y los que le lleva- 
ban, pararon. Y dijo : Mancebo, á tí digo, levántate. 

15 Entonces, volvióse á sentar el que había sido muer- 
to, y comenzó á hablar ; y le dió á su madre. 

16 Y tomó á todos temor, y glorificaban á Dios, dici- 
endo : Que profeta grande se ha levantado entre noso- 
tros ; y, que Dios ha visitado á su pueblo. 

17 Y salió esta lama de él por toda Judea, y por toda 
la tierra del al derredor. 

18 Y dieron las nuevas á Juan de todas estas cosas 
sus discípulos. 

19 Y llamó Juan unos dos de sus discípulos, y les 
envió á Jesús, diciendo: ¿Eres tú aquel que había de 
venir, ó esperaremos á otro? 

20 Y como los varones vinieron á él, dijeron : Juan el 
Bautista nos ha enviado á tí, diciendo : ¿ Eres tú aquel 
que había de venir, ó esperarémos á otro ? 

21 Y en la misma hora sanó á muchos de enferme- 
dades, y de -plagas, y de espíritus malos ; y á muchos 
ciegos dió la vista. 

22 Y respondiendo Jesús, les dijo : Id, dad las nuevas 
á Juan de lo que habéis visto y oido : Que los ciegos ven, 
los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos 
oyen, los muertos resucitan, á los pobres es anunciado 
el evangelio. 

23 Y bienaventurado es el que no fuere escandalizado 
en mí. 

24 Y como se fueron los mensageros de Juan, comenzó 
á hablar de Juan á las gentes : ¿ Qué salisteis á ver en el 
desierto? ¿una caña que es agitada del viento? 

2ó Mas, ¿ qué salisteis á ver? ¿un hombre cubierto de 
vestidos delicados? He aquí, que los que están en 
vestido precioso, y en delicias, en los palacios de los 
reyes están. 

26 Mas, ¿ qué salisteis á ver ? ¿ un profeta ? De cierto 
os digo, y aun más que profeta. 



132 



SAN LÚCAS 



27 Este es de quien está escrito : He aquí, envió mi 
ángel delante de tu faz, el cual aparejará tu camino 
delante de tí. 

28 Porque yo os digo que entre los nacidos de mujeres, 
no hay mayor profeta que Juan el Bautista ; empero el 
más pequeño en el reino de los cielos es mayor que él. 

29 Y todo el pueblo oyéndole, y los publicanos, justi- 
ficaron á Dios, siendo bautizados con el bautismo de 
Juan. 

30 Mas los Fariseos, y los sabios de la ley, desecharon 
el consejo de Dios contra sí mismos, no siendo bautizados 
por él. 

31 Y dijo el Señor: ¿A quién pues compararé los 
hombres de esta generación, y á qué son semejantes ? 

32 Semejantes son á los muchachos sentados en la 
plaza, y que dan voces los unos á los otros, y dicen : Os 
tañímos con flautas, y no bailasteis : os endechámos, y 
no llorasteis. 

33 Porque vino Juan el Bautista que ni comia pan, ni 
bebia vino, y decis : Demonio tiene. 

34 Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y 
decis : He aquí, un hombre comilón, y bebedor de vino, 
amigo de publicanos y de pecadores. 

35 Mas la sabiduría es justificada de todos sus hijos. 

36 Y le rogó uno de los Fariseos, que comiese con él. 
Y entrado en casa del Fariseo, se sentó á la mesa. 

37 Y, he aquí, una mujer en la ciudad, que era peca- 
dora, como entendió que estaba á la mesa en casa de 
aquel Fariseo, trajo un vaso de alabastro de ungüento ; 

38 Y estando detras á sus piés, comenzó llorando á 
regar con lágrimas sus piés, y los limpiaba con los cabe- 
llos de su cabeza ; y besaba sus piés, y los ungía con el 
ungüento. 

39 Y como vió esto el Fariseo que le habia llamado, 
pensó en sí, diciendo : Este, si fuera profeta, conocería 
quién y cual es la mujer que le toca ; que es pecadora. 

40 Entonces respondiendo Jesús, le dijo : Simón, una 
cosa tengo que decirte. Y él le dice : Di, Maestro. 

41 Y dice Jesús : Cierto acreedor tenia dos deudores : 
el uno le debía quinientos denarios, y el otro cincuenta. 

42 Y no teniendo ellos de qué pagar, soltó la deuda á 
ámbos. Di, pues, ¿ cuál de estos le amará más ? 



SAN LÚCAS 



133 



43 Y respondiendo Simón, dijo : Pienso que aquel al 
cual soltó más. Y él le dijo : Rectamente has juzgado. 

44 Y vuelto á la mujer, dijo á Simón: ¿Ves esta 
mujer? Entré en tu casa, no diste agua para mis piés ; 
mas esta ha regado mis piés con lágrimas, y limpiádo/os 
con los cabellos de su cabeza. 

45 No me diste beso ; mas esta desde que entré, nó 
ha cesado de besar mis piés. 

46 No ungiste mi cabeza con aceite ; mas esta ha 
ungido con ungüento mis piés. 

47 Por lo cual te digo, que sus muchos pecados son 
perdonados, porque amó mucho ; mas al que se perdona 
poco, poco ama. 

48 Y á ella dijo : Los pecados te son perdonados. 

49 Y los que estaban juntamente sentados á la mesa, 
comenzaron á decir entre sí : ¿ Quién es este, que 
también perdona pecados ? 

50 Y dijo á la mujer : Tu fé te ha salvado, vé en paz. 

CAPITULO VIII. 

Y ACONTECIO después, que él caminaba por todas 
las ciudades y aldeas predicando, y anunciando el 
evangelio del reino de Dios ; y los doce iban con él, 

2 Y algunas mujeres que habían sido curadas ¿>o?' él de 
malos espíritus, y de enfermedades : María, que se 
llamaba Magdalena, de la cual habian salido siete 
demonios ; 

3 Y Juana mujer de Chuza, mayordomo de Heródes ; 
y Susana, y otras muchas que le servían de sus haberes. 

4 Y como se juntó una grande multitud, y los que esta- 
ban en cada ciudad vinieron á él, dijo por una parábola : 

5 Un sembrador salió á sembrar su simiente ; y sem- 
brando, una porte cayó junto al camino, y fué hollada, y 
las aves del cielo la comieron. 

6 Y otra parte cayó sobre piedra ; y nacida, se secó, 
porque no tenia humedad. 

7 Y otra parte cayó entre espinas ; y naciendo las 
espinas juntamente, la ahogaron. 

8 Y otra parte cayó en buena tierra ; y cuando fué 
nacida, llevó fruto á ciento por uno. Diciendo estas 
cosas clamaba : el que tiene oidos para oir, oiga. 



134 



SAN LÚCAS 



9 Y sus discípulos le preguntaron, qué era esta 
parábola. 

10 Y él dijo : A vosotros es dado conocer los misterios 
del reino de Dios ; mas á los otros por parábolas, para 
que viendo no vean, y oyendo no entiendan. 

11 Es pues esta la parábola : La simiente es la palabra 
de Dios. 

12 Y los de junto al camino, estos son los que oyen ; 
y luego viene el diablo, y quitada palabra de su corazón, 
porque no se salven creyendo. 

13 Y los de sobre piedra, son los que habiendo oido, 
reciben la palabra con gozo ; mas estos no tienen raices ; 
que por un tiempo creen, y en el tiempo de la tentación 
se apartan. 

14 Y lo que cayó en espinas, estos son los que oyeron ; 
mas idos son ahogados de los cuidados, y de las riquezas, 
y de los pasatiempos de la vida, y no llevan fruto. 

15 Y lo que en buena tierra, estos son los que con 
corazón bueno y recto retienen la palabra oida, y llevan 
fruto en paciencia. 

10 Ninguno empero que enciende una candela, la cubre 
con una vasija, ó la pone debajo de la cama ; mas la pone 
en un candelera, para que los que entran, vean la luz. 

17 Porque no hay cosa oculta, que no haya de ser 
manifestada ; ni cosa escondida que no haya de ser 
entendida, y de venir en manifiesto. 

18 Mirad pues como ois ; porque á cualquiera que 
tuviere, le será dado ; y á cualquiera que no tuviere, 
aun lo que parece tener le será quitado. 

19 Entonces vinieron á él su madre y hermanos, y no 
podían llegar á él por causa de la multitud. 

20 Y le fué dado aviso, diciendo : Tu madre, y tus 
hermanos están fuera, que quieren verte. 

21 El entonces respondiendo, les dijo : Mi madre y 
mis hermanos son los que oyen la palabra de Dios, y la 
hacen. 

22 Y aconteció un dia que él entró en una nave con 
sus discípulos, y les dijo : Pasemos á la otra parte del 
lago ; y se partieron. 

23 Y navegando ellos, se durmió. Y descendió una 
tempestad de viento en el lago ; y se llenaban de agua, y 
peligraban. 



SAN LUCAS 



24 Y llegándose á él, lo despertaron, diciendo : Maes- 
tro, maestro, que perecemos. Y despertado él, riñó al 
viento y ala tempestad del agua, y cesaron ; y fué hecha 
grande bonanza. 

25 Y les dijo : ¿ Dónde está vuestra fé ? Y ellos te- 
miendo, quedaron maravillados, diciendo los unos á los 
otros : ¿Quién es este, que aun á los vientos y al agua 
manda, y le obedecen? 

26 Y navegaron ti la tierra de los Gadarenos, que está 
delante de Galilea. 

27 Y saliendo él á tierra, le salió al encuentro de la 
ciudad un hombre que tenia demonios ya de mucho 
tiempo ; y no llevaba vestido, ni inoraba en casa, sino 
en los sepulcros. 

28 El cual como vió á Jesús, exclamó, y prostróse 
delante de él, y dijo á gran voz : ¿Qué tengo yo que ver 
contigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Ruégote que 
no me atormontes. 

i".t (Porque mandaba al espíritu inmundo que saliese 
del hombre; porque ya de muchos tiempos le arrebataba; y 
le guardaban preso con cadenas y grillos ; mas rompiendo 
las prisiones era impelido del demonio por los desiertos. 

30 Y le preguntó Jesús, diciendo : ¿ Qué nombre 
tienes? Y él dijo: Legión; porque muchos demonios 
habían entrado en él. 

31 Y le rogaban que no les mandase que fuesen al 
abismo. 

32 Y habla allí un hato de muchos puercos que pacian 
en el monte, y le rogaron que los dejase entrar en ellos ; 
y los dejó. 

33 Y salidos los demonios del hombre, entraron en 
los puercos ; y el hato de ellos se arrojó con impetuosi- 
dad por un despeñadero en el lago, y se ahogó. 

3-1 Y los pastores, como vieron lo que había aconte- 
cido, huyeron ; y yendo, dieron aviso en la ciudad y 
por las heredades. 

35 Y salieron á verlo que habia acontecido, y vinieron 
á Jesús ; y hallaron sentado al hombre, del cual habían 
salido los demonios, vestido, y en seso, á los piés de 
Jesús ; y tuvieron temor. 

30 Y les contaron los que lo habían visto, como habia 
sido sanado aquel endemoniado. 



136 



SAN LUCAS 



37 Entonces toda la multitud de la tierra de los Gada- 
renos al derredor le rogaron, que se retirase de ellos ; 
porque tenían gran temor. Y él subiendo en la nave se 
volvió. 

38 Y aquel hombre, del cual habían salido los demo- 
nios, le rogó para estar con él ; mas Jesús le despidió, 
diciendo : 

39 Vuélvete á tu casa, y cuenta cuán grandes cosas 
ha hecho Dios contigo. Y él se fué, publicando por 
toda la ciudad cuán grandes cosas había Jesús hecho 
con él. 

40 Y aconteció que volviendo Jesús, la multitud le 
recibió con gozo ; porque todos le esperaban. 

41 Y, he aquí, un varón llamado Jairo, el cual tam- 
bién era príncipe de la sinagoga, vino, y cayendo á los 
piés de Jesús, le rogaba que entrase en su casa ; 

42 Porque una hija única que tenia, como de doce 
años, se estaba muriendo. Y yendo, le apretaba la 
gente. 

43 Y una mujer que tenia flujo de sangre ya hacia 
doce años, la cual había gastado en médicos toda su 
hacienda, y de ninguno habia podido ser curada, 

44 Llegándose por detras tocó el borde de su vestido ; 
y luego se estancó el flujo de su sangre. 

45 Entonces Jesús dijo : ¿ Quién es el que me ha 
tocado ? Y negando todos, dijo Pedro y los que estaban 
con él : Maestro, la multitud te aprieta y oprime, y 
dices : ¿ Quién es el que me ha tocado ? 

46 Y Jesús dijo : Me ha tocado alguien ; porque yo 
he conocido que ha salido virtud de mí. 

47 Entónces como la mujer vió que no se escondía, 
vino temblando, y postrándose delante de él, le declaró 
delante de todo el pueblo la causa porque le habia 
tocado, y como luego habia sido sana. 

48 Y él le dijo : Confia, hija, tu fé te ha sanado : vé 
en paz. 

49 Estando aun él hablando, vino uno de casa del 
príncipe de la sinagoga á decirle : Tu bija es muerta : 
no des trabajo al Maestro. 

50 Y oyéndo/o Jesús, le respondió, diciendo : No 
temas : cree solamente, y será sana. 

51 Y entrado en casa, no dejó entrar á nadie, sino á 



SAN LUCAS 



137 



Pedro, y á Santiago, y á Juan, y al padre y á la madre 
de la joven. 

52 Y lloraban todos, y la plañían. Y él dijo : No 
lloréis : no es muerta, mas duerme. 

5o Y hacían luirla de él, sabiendo que estaba muerta. 

5-1 Y él, echados todos fuera, y trabándola de la 
mano, clamó, diciendo : Joven, levántate. 

55 Entonces su espíritu volvió, y se levantó luego ; y 
él mandó que le diesen de comer. 

56 Y sus padres estaban fuera de sí : á los cuales él 
mandó, que á nadie dijesen lo que había sido hecho. 



T JUNTANDO sus doce discípulos, les dio virtud y 



I potestad sobre todos los demonios, y que sanasen 
enfermedades. 

2 Y los envió á que predicasen el reino de Dios, y que 
sanasen los enfermos. 

3 Y les dijo : No toméis nada para el camino, ni 
bordones, ni alforja, ni pan, ni dinero, ni tengáis dos 
vestidos. 

4 Y en cualquiera casa que entrareis, quedád allí, y 
salid de allí. 

5 Y todos los que no os recibieren, saliéndoos de 
aquella ciudad, aun el polvo sacudid de vuestros piés en 
testimonio contra ellos. 

6 Y saliendo ellos, rodeaban por todas las aldeas anun- 
ciando el evangelio, y sanando por todas partes. 

7 Y oyó Heródes el tetrarca todas las cosas que hacia, 
y estaba en duda, porque decían algunos : Que Juan 
había resucitado de los muertos ; 

8 Y otros : Que Elias había aparecido ; y otros : Que 
algún profeta de los antiguos había resucitado. 

9 Y dijo Heródes : A Juan yo le degollé : ¿quién pues 
será este, de quien yo oigo tales cosas ? Y procuraba verle. 

10 Y vueltos los apé)Stoles, le contaron todas las cosas 
que habían hecho. Y tomándolos, se apartó aparte á un 
lugar desierto de la ciudad que se llama Betsaida. 

11 Lo cual como las gentes entendieron, le siguieron ; 
y él les recibió, y les hablaba del reino de Dios ; y sanó 
á los que tenían necesidad de cura. 



CAPITULO IN. 




138 



SAX LÚCAS 



12 Y el dia había comenzado á declinar ; y llegándose 
los doce, le dijeron : Despide la multitud, para que 
yendo á las aldeas y heredades de al derredor, se alber- 
guen y hallen viandas ; porque aquí estamos en lugar 
desierto. 

13 Y les dice : Dadles vosotros de comer. Y dijeron 
ellos : No tenemos más de cinco panes y dos peces, si no 
vamos nosotros á comprar viandas para toda esta gente. 

14 Y eran como cinco mil hombres. Entonces dijo á 
sus discípulos : Hacédlos recostar por ranchos de cin- 
cuenta en cincuenta. 

15 Y así lo hicieron ; y recostáronse todos. 

16 Y tomando los cinco panes y los dos peces, mirando 
al cielo los bendijo ; y rompió, y dió á sus discípulos 
para que pusiesen delante de la multitud. 

17 Y comieron todos, y se hartaron ; y alzaron lo que 
les sobró, los pedazos, doce esportones. 

18 Y aconteció, que eszando él solo orando, estaban 
con él los discípulos, y les preguntó, diciendo : ¿Quién 
dicen las gentes que soy yo ? 

19 Y ellos respondieron, y dijeron : Juan el Bautista ; 
y otros : Elias ; y otros, que algún profeta de los antiguos 
ha resucitado. 

20 Y él les dijo : ¿Mas vosotros, quién decis que soy ? 
Entonces respondiendo Simón Pedro, dijo : El Cristo de 
Dios. 

21 Entonces él encomendándoles estrechamente, les 
mandó que á nadie dijesen esto, 

22 Diciendo : Es menester que el Hijo del hombre 
padezca muchas cosas, y ser desechado de los ancianos, 
y de los príncipes de los sacerdotes, y de los escribas, y 
ser muerto, y resucitar al tercero dia. 

23 Y decia á todos : Si alguno quiere venir en pos de 
mí, niegúese á sí mismo, y tome su cruz cada dia, y 
sígame. 

24 Porque cualquiera que quisiere salvar su vida, la 
perderá ; y cualquiera que perdiere su vida por causa 
de mí, este la salvará. 

25 Porque ¿ qué aprovecha al hombre, si grangeare 
todo el mundo, y se pierda él á sí mismo, ó corra peligro 
de sí ? 

26 Porque el que se avergonzare de mí y de mis pala- 



SAN LUCAS 



139 



bras, de este tul el Hijo del hombre se avergonzará, 
cuando vendrá en su gloria, y del Padre, y de los santos 
ángeles. 

27 Y os digo de verdad, qne hay algunos de los que 
están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que vean 
el reino de Dios. 

28 Y aconteció que después de estas palabras, como 
ocho dias, tomó á Pedro, y á Juan, y á Santiago, y subió 
á un monte á orar. 

29 Y entre tanto que oraba, la apariencia de su rostro 
se hizo otra ; y su vestido blanco y resplandeciente. 

30 Y, he aquí, dos varones que hablaban con él, los 
cuales eran Moisés, y Elias. 

31 Que aparecieron en gloria, y hablaban de su salida, 
la cual habia de cumplir en Jerusalem. 

32 Y Pedro, y los que estaban con él, estaban carga- 
dos de sueño; y como despertaron, vieron su gloria, y á 
los dos varones que estaban con él. 

33 Y aconteció, que apartándose ellos de él, Pedro 
dice á Jesús : Maestro, bien es que nos quedemos aquí ; 
y hagamos tres cabanas, una para tí, y una para Moisés, 
y una para Elias ; no sabiendo lo que se decia. 

34 Y estando él hablando esto, vino una nube que los 
hizo sombra ; y tuvieron temor entrando ellos en la nube. 

35 Y vino una voz de la nube, que decia : Este es mi 
Hijo amado, á él oid. 

36 Y pasada aquella voz, Jesús fué hallado solo ; y 
ellos callaron, y por aquellos dias no dijeron nada á nadie 
de lo que habían visto. 

37 Y aconteció el dia siguiente, que bajando ellos del 
monte, un gran gentío le salió al encuentro ; 

38 Y, he aquí, que un hombre de la multitud clamó, 
diciendo : Maestro, ruégote que veas á mi hijo el único 
que tengo. 

39 Y, he aquí, un espíritu le toma, y de repente da 
voces ; y le despedaza de modo que echa espuma, y 
apenas se aparta de él, quebrantándole. 

40 Y rogué á tus discípulos que le echasen fuera, y no 
pudieron. 

41 Y respondiendo Jesús, dijo : ¡ Oh generación infiel 
y perversa ! ¿ hasta cuándo tengo de estar con vosotros, 
y os sufriré? Trae tu hijo acá. 



140 



SAN LÚCAS 



42 Y como aun se acercaba, el demonio le derribó, y 
le despedazó ; mas Jesús, riñó al espíritu inmundo, y 
sanó al muchacho, y le volvió á su padre. 

43 Y todos estaban fuera de sí de la grandeza de Dios. 
Y maravillándose todos de todas las cosas que hacia, 
dijo á sus discípulos : 

44 Ponéd vosotros en vuestros oidos estas palabras ; 
porque ha de acontecer que el Hijo del hombre será 
entregado en manos de hombres. 

45 Mas ellos no entendían esta palabra ; y les era en- 
cubierta para que no la entendiesen, y temían de pre- 
guntarle de esta palabra. 

46 Entonces entraron en disputa, cual de ellos seria 
el mayor. 

47 Mas Jesús, viendo los pensamientos del corazón de 
ellos, tomó un niño, y le puso junto á si, 

48 Y les dice : Cualquiera que recibiere este niño en 
mi nombre, á mi recibe ; y cualquiera que me recibiere 
á mí, recibe al que me envió ; porque el que fuere el 
menor entre todos vosotros, este será el grande. 

49 Entonces respondiendo Juan, dijo : Maestro, hemos 
visto á uno que echaba fuera demonios en tu nombre, y 
se lo vedamos, porque no te sigue con nosotros. 

50 Jesús le dijo : No se lo vedéis, porque el que no es 
contra nosotros, por nosotros es. 

51 Y aconteció que como se cumplió el tiempo en 
que había de ser recibido arriba, él afirmó su rostro para 
ir á Jerusalem. 

52 Y envió mensageros delante de sí, los cuales 
fueron, y entraron en una ciudad de los Samaritanos, 
para aderezarle allí. 

53 Mas no le recibieron, porque su rostro era de hom- 
bre que iba á Jerusalem. 

54 Y viendo esto sus discípulos, Santiago y Juan dije- 
ron : Señor, ¿quiéres que mandemos que descienda 
fuego del cielo, y los consuma, como también hizo 
Elias? 

55 Entónces volviendo él, les riño, diciendo : Vosotros 
no sabéis de que espíritu sois : 

56 Porque el Hijo del hombre no ha venido para 
perder las vidas de los hombres, sino para salvarías. Y 
se fueron á otra aldea. 



SAN LÚCAS 



141 



57 Y aconteció que yendo ellos, uno le dijo en el 
camino : Señor, ¡/o te seguiré donde quiera que fueres. 

58 Y le dijo Jesús : Las zorras tienen cuevas, "y las 
aves de los cielos nidos ; nías el Hijo del hombre no 
tiene donde recline su cabeza. 

59 Y dijo á otro : Sigúeme. Y él dijo : Señor, 
déjame que primero vaya, y entierre á mi padre. 

60 Y Jesús le dijo : Deja los muertos que entierren á 
sus muertos ; mas tú vé, y anuncia el reino de Dios. 

61 Entonces también dijo otro . Seguirte he, Señor : 
mas déjame que me despida primero de los que están en 
mi casa. 

62 Y Jesús le dijo : Ninguno que poniendo su mano 
al arado mirare atrás, es apto para el reino de Dios. 

CAPITULO X. 

T7 DESPUES de estas cosas, señaló el Señor aun otros 
Y setenta, á los cuales envió de dos en dos, delante 
de su faz á toda ciudad y lugar á donde él habia 
de venir. 

2 Y les decia : La mies á la verdad es mucha, mas los 
obreros pocos ; por tanto rogad al Señor de la mies que 
envié obreros á su mies. 

3 Andad, he aquí, yo os envió como á corderos en 
medio de lobos. 

4 No llevéis bolsa, ni alforja, ni zapatos ; y á nadie 
saludéis en el camino. 

5 En cualquier casa donde entrareis, primeramente 
decid : Paz sea á esta casa. 

6 Y si hubiere allí algún hijo de paz, vuestra paz 
reposará sobre él ; y si no, se volverá á vosotros. 

7 Y posad en aquella misma casa comiendo y bebiendo 
lo que os dieren ; porque el obrero digno es de su salario. 
No os paséis de casa en casa. 

8 Y en cualquier ciudad donde entrareis, y os reci- 
bieren, coméd lo que os pusieren delante ; 

9 Y sanád los enfermos que en ella hubiere, y decidles : 
Se ha allegado á vosotros el reino de Dios. 

10 Mas en cualquier ciudad donde entrareis, y no os 
recibieren, saliendo por sus calles, decid : 

11 Aun el polvo que se nos ha pegado de vuestra ciudad 



142 



SAN LUCAS 



sacudimos contra vosotros : esto empero sabed que el 
reino de los cielos se ha allegado á vosotros. 

12 Y os digo, que Sodoma tendrá más remisión aquel 
dia, que aquella ciudad. 

13 ¡ A y de tí, Corazin ! ¡ A y de tí, Betsaida ! que si 
en Tiro, y en Sidon se hubieran hecho las maravillas que 
han sido hechas en vosotras, ya dias ha, que sentados en 
cilicio y ceniza, se hubieran arrepentido : 

14 Por tanto Tiro y Sidon tendrán más remisión que 
vosotras en el juicio. 

15 Y tú, Capernaum, que hasta los ciclos estás levan- 
tada, hasta los infiernos serás abajada. 

16 El que á vosotros oye, á mí oye ; y el que á voso- 
tros desecha, á mí desecha ; y el que á mí desecha, 
desecha al que me envió. 

17 Y volvieron los setenta con gozo, diciendo : Señor, 
aun los demonios se nos sujetan por tu nombre. 

18 Y les dijo : Yo veia á Satanás, como un rayo, que 
caia del cielo. 

19 lie aquí, yo os doy potestad de hollar sobre las 
serpientes, y sobre los escorpiones, y sobre toda fuerza 
del enemigo ; y nada os dañará : 

20 Empero no os regocijéis de esto, de que los espíritus 
se os sujeten ; mas ántes regocijáos de que vuestros 
nombres están escritos en los cielos. 

21 En aquella misma hora Jesús se alegró en espíritu, 
y dijo : Alábote, oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, 
que escondiste estas cosas á los sabios y entendidos, y 
las has revelado á los pequeños : así Padre, porque así 
te agradó. 

22 Todas las cosas me son entregadas de mi Padre ; y 
nadie sabe quien sea el Hijo, sino el Padre ; ni quien sea 
el Padre, sino el Hijo, y aquel á quien el Hijo le quisiere 
revelar. 

23 Y vuelto particularmente á sus discípulos, dijo : 
Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis ; 

24 Porque os digo, que muchos profetas y reyes de- 
searon ver lo que vosotros veis, y ne lo vieron ; y oir lo 
que oís, y no lo oyeron. 

25 Y he aquí, que un doctor de la ley se levantó tentán- 
dole, y diciendo : Maestro, ¿ haciendo qué cosa poseeré 
la vida eterna ? 



SAN LUGAS 



143 



26 Y él le dijo : ¿ Qué está escrito en la ley ? ¿ Cómo 
lees? 

27 Y él respondiendo, dijo : Amarás al Señor tu Dios 
de todo tu corazón, y de toda tu alma, y de todas tus 
fuerzas, y de todo tu entendimiento ; y á tu prójimo, 
como á tí mismo. 

2S Y le dijo: Bien lias respondido • haz esto, y vivirás. 
20 Mas él, queriéndose justificar á si mismo, dijo á 
Jesús : ¿Y quién es mi prójimo? 

30 Y respondiendo Jesús, dijo : Un hombre descendía 
de Jerusalein á Jericó, y cayó entre ladrones ; los cuales 
le despojaron, é hiriéndote, se fueron, dejándo/e medio 
muerto. 

31 Y aconteció, que descendió un sacerdote por el 
mismo camino; y viéndole, se pasó del un lado. 

32 Y asimismo un Levita, llegando cerca de aquel 
lugar, y mirándote, se pasó del un lado. 

33 Y un Samaritano, que iba su camino, viniendo 
cerca de él, y viéndole, fué movido á misericordia ; 

34 Y llegándose, le vendó las heridas, echándole en 
ellas aceite y vino ; y poniéndole sobre su cabalgadura, 
le llevó al mesón, y cuidó de él. 

3.5 Y al otro dia partiéndose, sacó dos denarios y Ins 
dió al mesonero, y le dijo : Cuida de él ; y todo lo que 
de más gastares, yo cuando vuelva, te lo pagaré. 

3G ¿Quién, pues, de estos tres te parece que fué el 
prójimo de aquel que cayó entre ladrones? 

37 Y él dijó : El que usó de misericordia con él. 
Entonces Jesús le dijo : Yé. y haz tu lo mismo. 

38 Y aconteció, que yendo, entró él en una aldea ; y 
lina mujer llamada Marta le recibió en su casa. 

39 Y esta tenia una hermana, que se llamaba María, 
la cual sentándose á los piés de Jesús oia su palabra. 

40 Marta empero se distraía en muchos servicios ; y 
sobreviniendo, dijo: Señor, ¿no tienes cuidado que 
mi hermana me deja servir sola? Díle, pues, que me 
ayude. 

41 Respondiendo Jesús entonces, le dijo : Marta, 
Marta, cuidadosa estás, y con las muchas cosas estás 
turbada : 

42 Empero una cosa es necesaria ; y María ha escogido 
la buena parte, la cual no le será quitada. 



144 



SAN LUCAS 



CAPITULO XI. 

Y ACONTECIÓ que estando él orando en cierto lugar, 
como acabó, uno de sus discípulos le dijo : Señor, 
enséñanos á orar, como también Juan enseñó á sus 
discípulos. 

2 Y les dijo : Cuando orareis, decid : Padre nuestro, 
que estás en los cielos, sea tu nombre santificado. Venga 
tu reino : sea hecha tu voluntad como en el cielo así 
también en la tierra. 

3 El pan nuestro de cada dia dánoste hoy. 

4 Y perdónanos nuestros pecados, porque también 
nosotros perdonamos á todos los que nos deben. Y no 
nos metas en tentación ; mas líbranos de mal. 

5 Les dijo también: ¿Quién de vosotros tendrá un 
amigo, é irá á él á media noche, y le dirá : Amigo 
préstame tres panes, 

6 Porque un mi amigo ha venido á mi de camino, y 
no tengo que ponerle delante ; 

7 Y él dentro respondiendo, diga : No me seas mo- 
lesto : la puerta está ya cerrada, y mis niños están 
conmigo en la cama : no puedo levantarme, y darte. 

8 Dígoos, que aunque no se levante á darle por ser su 
amigo, cierto por su importunidad se levantará, y le 
dará todo lo que habrá menester. 

9 Y yo os digo : Pedid, y se os dará : buscád, y 
hallaréis : tocad, y os será abierto. 

10 Porque todo aquel que pide, recibe ; y el que 
busca, halla ; y al que toca, es abierto. 

11 ¿ Y cuál padre de vosotros, si su hijo le pidiere 
pan, le dará una piedra? ¿ó. si un pescado, en lugar 
de pescado le dará una serpiente? 

12 ¿O, si le pidiere un huevo, le dará un escorpión ? 

13 Pues, si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas 
dádivas á vuestros hijos, ¿cuánto más iwestro Padre 
celestial dará el Espíritu Santo á los que le pidieren de él ? 

14 También echó fuera un demonio, el cual era mudo ; 
y aconteció, que salido fuera el demonio, el mudo habló, 
y las gentes se maravillaron. 

15 Y algunos de ellos decían : Por Belzebú, príncipe 
de los demonios, echa fuera los demonios. 

16 Y otros, tentándote, pedían de él una señal del cielo. 



SAN LUCAS 



145 



17 Mas él, conociendo los pensamientos de ellos, les 
dijo : Todo reino dividido contra sí mismo es asolado ; y 
Gasa dividida cae sobre casa. 

18 Y si también Satanás está dividido contra sí, 
¿cómo estará en pié su reino? porque decis, que por 
Belzebú echo yo fuera los demonios. 

19 Pues si yo echo fuera los demonios por Belzebú, 
¿ Vuestros hijos, por quién los echan fuera ? por tanto 
ellos serán vuestros jueces. 

20 Mas si con el dedo de Dios yo echo fuera los demo- 
nios, cierto el reino de Dios ha llegado á vosotros. 

21 Cuando un hombre fuerte armado guarda su 
palacio, en paz está lo que posee. 

22 Mas si otro más fuerte que él sobreviniendo le 
venciere, le toma todas sus anuas en que confiaba, y 
reparte sus despojos. 

23 El que no es conmigo, contra mí es ; y el que 
conmigo no coge, derrama. 

24 Cuando el espíritu inmundo saliere del hombre, 
anda por lugares secos buscando reposo, y no hallándo/o, 
dice : Me volveré á mi casa, de donde salí. 

25 Y viniendo, la halla barrida y adornada. 

2ii Entonces vá. y toma otros siete espíritus peores 
que él, y entrados habitan allí ; y son las postrimerías 
del tal hombre peores que las primerias. 

27 Y aconteció, que diciendo él estas cosas, una mujer 
de la multitud levantándola voz, le dijo : Bienaventurado 
el vientre que te trajo, y los pechos que mamaste. 

28 Y él dijo : Antes bienaventurados los que oyen la 
palabra de Dios, y la guardan. 

29 Y juntándose las multitudes á él, comenzó á decir: 
Esta generación mala es : señal busca, mas señal no le 
será dada, sino la señal de .Tonas profeta. 

80 Porque como Joñas fué señal á los Xínivitas, así 
también será et Hijo del hombre á esta generación. 

31 La reina del austro se levantará en juicio con los 
hombres de esta generación, y los condenará ; porque 
vino de los fines de la tierra á oir la sabiduría de 
Salomón ; y, he aquí, uno mayor que Salomón en este 
lugar. 

32 Los hombres de Ni ni ve se levantarán en juicio con 
esta generación, y la condenarán ; porque á la predíca- 
le 



146 



SAN LÚCAS 



cion de Joñas se arrepintieron ; y, he aquí, uno mayor 
que Joñas en este lugar. 

33 Nadie pone en oculto una candela encendida, ni 
debajo de un almud ; sino en el candelero, para que los 
que entran, vean la luz. 

34 La luz del cuerpo es el ojo : si pues tu ojo fuere 
sencillo, también todo tu cuerpo será resplandeciente ; 
mas si fuere malo, también tu cuerpo será tenebroso. 

35 Mira pues, que la luz que en tí hay, no sea tinie- 
blas. 

36 Así que siendo todo tu cuerpo resplandeciente, no 
teniendo alguna parte de tiniebla, será todo luciente 
como cuando una luz de resplandor te alumbra. 

37 Y después que hubo hablado, le rogó un Fariseo 
que comiese con él ; y entrado Jesús, se sentó á la mesa. 

38 Y el Fariseo como lo vió, se maravilló de que no 
se lavó antes de comer. 

39 Y el Señor le dijo : Ahora vosotros los Fariseos lo 
de fuera del vaso y del plato limpiáis ; mas lo que está 
dentro de vosotros, está lleno de rapiña y de maldad. 

40 ¡Insensatos! ¿el que hizo lo de fuera, no hizo 
también lo de dentro? 

41 Empero de lo que tenéis, dad limosna ; y, he aquí, 
todo os será limpio. 

42 Mas ¡ ay de vosotros Fariseos ! que diezmáis la 
monta, y la ruda, y toda hortaliza ; mas el juicio y el 
amor de Dios pasáis de largo. Empero estas cosas era 
menester hacer, y no dejar las otras. 

43 ¡ Ay de vosotros Fariseos ! que amáis las primeras 
sillas en las sinagogas, y las salutaciones en las plazas. 

44 ¡ Ay de vosotros, escribas y Fariseos, hipócritas ! 
que sois como sepulturas que no parecen, y los hombres 
que andan encima no lo saben. 

45 Y respondiendo uno de los doctores de la ley, le 
dice : Maestro, cuando dices esto, también nos afrentas 

46 Y él dijo : ¡ Ay de vosotros también, doctores de la 
ley ! que cargáis los hombres con cargas que no pueden 
llevar; mas vosotros, ni aun con un dedo tocáis las 
ca rgas. 

47 ¡ Ay de vosotros ! que edificáis los sepulcros de los 
profetas, y los mataron vuestros padres. 



SAN LÚCAS 



147 



48 Cierto dais testimonio que consentís en los hechos 
de vuestros padres ; porque á la verdad ellos los mataron, 
mas vosotros edificáis sus sepulcros. 

40 Por tanto la sabiduría de Dios también dijo : En- 
viare á ellos profetas y apóstoles, y de ellos á unos mata- 
rán, y á otros perseguirán. 

50 Para que de esta generación sea demandada ta 
sangre de todos los profetas, que ha sido derramada desde 
la fundación del mundo : 

51 Desde la sangre de Abel, hasta la sangre de Zaca- 
rías que murió entre el altar y el templo : En verdad os 
digo, será demandada de esta generación. 

52 ¡ Ay de vosotros, doctores de la ley ! que os alzasteis 
con la llave de la ciencia : vosotros no entrasteis, y á los 
que entraban impedisteis. 

53 Y diciéndoles estas cosas, los escribas y los Fariseos 
comenzaron á apretar/? en gran manera, y á provocarle 
á que hablase de muchas cosas, 

54 Asechándole, y procurando de cazar algo de su 
boca para acusarle. 



IX esto habiéndose juntado millares de gentes, de 



modo que unos á otros se hollaban, comenzó á decir 



á sus discípulos : Primeramente guardáos de la le- 
vadura de los Fariseos, que es hipocresía. 

2 Porque nada hay encubierto, que no haya de ser 
descubierto ; ni oculto, que no haya de ser sabido. 

3 Por tanto las cosas que dijisteis en tinieblas, en luz 
serán oidas ; y lo que hablasteis al oido en las cámaras, 
será pregonado desde los tejados. 

4 Mas os digo, amigos mios : No tengáis temor de los 
que matan el cuerpo, y después no tienen más que hagan ; 

5 Mas yo os enseñaré á quien temáis : Teméd á aquel 
que después que hubiere muerto, tiene potestad de echar 
en el infierno : de cierto os digo : A este teméd. 

6 ¿Xo se venden cinco pajarillos por dos blancas, y ni 
uno de ellos está olvidado delante de Dios? 

7 Y aun los cabellos de vuestra cabeza, todos están 
contados. Xo temáis pues : de más estima sois vosotros 
que muchos pajarillos. 



CAPITULO XII. 




148 



SAN LÚCAS 



8 Pero os digo que todo aquel que me confesare de- 
lante de los hombres, también el Hijo del hombre le 
confesará delante de los ángeles de Dios. 

9 Mas el que me negare delante de los hombres, será 
negado delante de los ángeles de Dios. 

10 Y todo aquel que dice palabra contra el Hijo del 
hombre, le será perdonado ; mas al que blasfemare 
contra el Espíritu Santo, no le será perdonado. 

11 Y cuando os trajeren á las sinagogas, y á los magis- 
trados y potestades, no estéis solícitos como, ó qué 
hayáis de responder, ó qué hayáis de decir. 

Í2 Porque el Espíritu Santo os enseñará en la misma 
hora lo que será menester decir. 

13 Y le dijo uno de la compañía : Maestro, di á mi 
hermano que parta conmigo la herencia. 

14 Mas él le dijo : Hombre, ¿quién me puso por juez, 
ó partidor sobre vosotros? 

15 Y les dijo : Mirád, y guardáos de avaricia ; porque 
la vida del hombre no consiste en la abundancia de los 
bienes que posee. 

16 Y les dijo una parábola, diciendo : La heredad de 
un hombre rico habia llevado muchos frutos ; 

17 Y él pensaba dentro de sí, diciendo : ¿ Qué haré, 
que no tengo donde junte mis frutos? 

18 Y dijo : Esto haré : derribaré mis alfolíes, y los 
edificaré mayores ; y allí juntaré todos mis frutos y mis 
bienes ; 

19 Y diré á mi alma : Alma, muchos bienes tienes en 
depósito para muchos años : repósate, come, bebe, 
huélgate. 

20 Y díjole Dios : ¡ Insensato ! esta noche vuelven á 
pedir tu alma ; ¿y lo que has aparejado, cuyo será ? 

21 Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para 
con Dios. 

22 Y dijo á sus discípulos : Por tanto os digo : No 
estéis solícitos de vuestra vida, qué comeréis ; ni del 
cuerpo, qué vestiréis. 

23 La vida más es que la comida ; y el cuerpo, que el 
vestido. 

24 Considerád los cuervos, que ni siembren, ni siegan : 
que ni tienen almacén, ni alfolí ; y Dios los alimenta. 
¿ Cuánto de más estima sois vosotros que las aves? 



SAN LÚCAS 



149 



25 ¿Quién de vosotros podrá con su solicitud añadir á 
su estatura un codo? 

26 Pues si no podéis aun lo que es menos, ¿ para qué 
estaréis solícitos de lo de más ? 

27 Considerád los lirios, como crecen : no labran, ni 
hilan ; y os digo, que ni Salomón con toda su gloria se 
vistió como uno de ellos. 

28 Y si así viste Dios á la yerba, que hoy está en el 
campo, y mañana es echada en el horno, ¿cuánto más 
á vosotros, hombres de poca fé? 

29 Vosotros, pues, no procuréis qué hayáis de comer, 
ó qué hayáis de beber, y no seáis de ánimo dudoso ; 

30 Porque todas estas cosas las gentes del mundo las 
buscan ; que vuestro Padre sabe que habéis menester 
estas cosas. 

31 Mas procurád el reino de Dios, y todas estas cosas 
os serán añadidas. 

32 No temáis, oh manada pequeña, porque al Padre 
ha placido daros el reino. 

33 Vendéd lo que poseéis, y dad limosna : hacéos bol- 
sas que no se envejecen, tesoro en los cielos que nunca 
falte : donde ladrón no llega, ni polilla corrompe. 

34 Porque donde está vuestro tesoro, allí también 
estará vuestro corazón. 

35 Estén ceñidos vuestros lomos, y vuestras luces 
encendidas ; 

36 Y vosotros, semejantes á hombres que esperan 
cuando su señor ha de volver de las bodas ; para que 
cuando viniere y tocare, luego le abran. 

37 Bienaventurados aquellos siervos, los cuales, cuando 
el señor viniere, hallare velando : de cierto os digo, que 
él se ceñirá, y hará que se sienten á la mesa, y saliendo 
les servirá. 

38 Y aunque venga á la secunda vela, y aunque venga 
á la tercera vela, y los hallare así, bienaventurados son 
los tales siervos. 

39 Esto empero sabéd, que si supiese el padre de 
familias á qué hora había de venir el ladrón, velaría 
ciertamente, y no dejaría minar su casa. 

40 Vosotros, pues, también estad apercibidos ; por- 
que á la hora que no pensáis, el Hijo del hombre 
vendrá 



150 



SAN LÚCAS 



41 Entonces Pedro le dijo : Señor, ¿ dices esta pará- 
bola á nosotros, ó también á todos? 

42 Y dijo el Señor : ¿ Quién es el mayordomo fiel y 
prudente, al cual el señor pondrá sobre su familia, para 
que en tiempo les dé su ración ? 

43 Bienaventurado aquel siervo, al cual, cuando el 
señor viniere, hallare haciendo así. 

44 En verdad os digo, que él le pondrá sobre todos 
sus bienes. 

45 Mas si el tal siervo dijere en su corazón : Mi señor 
se tarda de venir, y comenzare á herir los siervos y las 
criadas, y á comer, y á beber, y á borrachear, 

46 Vendrá el señor de aquel siervo el dia que él no 
espera, y á la hora que él no sabe ; y le apartará, y 
pondrá su suerte con los infieles. 

47 Porque el siervo que entendió la voluntad de su 
señor, y no se apercibió, ni hizo conforme á su voluntad, 
será azotado mucho. 

48 Mas el que no entendió, é hizo por qué ser azotado, 
será azotado poco, porque á cualquiera que fué dado 
mucho, mucho será vuelto á demandar de él ; y al que 
encomendaron mucho, más será de él pedido. 

49 Fuego vine á meter en la tierra, ¿y qué quiero, si 
ya está encendido ? 

50 Empero, de bautismo me es necesario ser bauti- 
zado, ¡ y cómo me angustio hasta que sea cumplido ! 

51 ¿ Pensáis que he venido á la tierra á dar paz? No, 
os digo ; mas disensión. 

52 Porque estarán de aquí adelante cinco en una casa 
divididos, tres contra dos, y dos contra tres. 

53 El padre estará dividido contra el hijo, y el hijo 
contra el padre : la madre contra la hija, y la hija contra 
la madre : la suegra contra su nuera, y la nuera contra 
su suegra. 

54 Y decia también al pueblo : Cuando veis la nube 
que sale del poniente, luego decís : Agua viene ; y es así. 

55 Y cuando sopla el austro, decís : Habrá calor ; y 
lo hay. 

5(> ¡ Hipócritas ! Sabéis examinar la faz del cielo y de 
la tierra, ¿y este tiempo, como no lo examináis? 

57 ¿Mas por qué aun de vosotros mismos no juzgáis lo 
que es justo ? 



SAN LÚCAS 



151 



58 Fues cuando vas al magistrado con tu adversario, 
procura en el camino de librarte de él, porque ne te 
traiga al juez, y el juez te entregue al alguacil, y el 
alguacil te meta en la cárcel. 

59 Te digo que no saldrás de allá hasta que hayas 
pagado hasta el postrer cornado. 

CAPITULO XIII. 

Y EN este mismo tiempo estaban allí unos que le 
contaban de los Galileos, cuya sangre Pilato había 
mezclado con sus sacrificios. 
2 Y respondiendo Jesús, les dijo : ¿ Pensáis que estos 
Galileos, porque han padecido tales cosas, hayan sido 
más pecadores que todos los Galileos? 
* 3 lo os digo, que no : ántes si no os arrepintiereis, 
todos pereceréis así. 

4 O aquellos diez y ocho, sobre los cuales cayó la torre 
en Siloé, y los mató, ¿ pensáis que ellos fueron más deu- 
dores que todos los hombres que habitan en Jerusalem ? 

5 Yo os digo, que no : ántes si no os arrepintiereis, 
todos pereceréis así. 

6 Y decia esta parábola : Tenia uno una higuera plan- 
tada en su viña ; y vino á buscar fruto en ella, y no halló. 

7 Y dijo al viñero : He aquí, tres años ha que vengo á 
buscar fruto en esta higuera, y no lo hallo : córtala, 
¿por qué hará inútil aun la tierra ? 

8 El entonces respondiendo, le dijo : Señor, déjala 
aun este año, basta que yo la escave, y la estercofe. 

9 Y si hiciere fruto, bien ; y si no, la cortarás después. 

10 Y enseñaba en una sinagoga en sábados. 

11 Y, he aquí, una mujer que tenia espíritu de enfer- 
medad diez y ocho años había, y andaba agoviada, así 
que en ninguna manera podía enhestarse. 

12 Y como Jesús la vió, la llamó, y le dijo : Mujer, 
libre eres de tu enfermedad. 

13 Y púsole las manos encima, y luego se enderezó, y 
glorificaba á Dios. 

14 Y respondiendo un príncipe de la sinagoga, eno- 
jado de que Jesús hubiese curado en sábado, dijo al 
pueblo : Seis dias hay en que es menester obrar : en 
estos pues venid, y sed curados ; y no en dia de sábado. 



152 



SAN LUCAS 



15 Entonces el Señor le respondió, y dijo : Hipócrita, 
¿ cada uno de vosotros no desata en sábado su buey, ó 
su asno del pesebre, y le lleva á beber? 

16 Y á esta hija de Abraham, que he aquí, que Sa- 
tanás la habia ligado diez y ocho años, ¿no convino 
desatarla de esta ligadura en dia de sábado ? 

17 Y diciendo él estas cosas, se avergonzaban todos 
sus adversarios ; y todo el pueblo se regocijaba de todas 
las cosas que gloriosamente eran por él hechas. 

18 Y decia : ¿ A qué es semejante el reino de Dios, y 
á qué le compararé ? 

Í9 Semejante es al grano de la mostaza, que tomán- 
dole un hombre le metió en su huerto ; y creció, y fué 
hecho árbol grande, y las aves del cielo hicieron nidos 
en sus ramas. 

20 Y otra vez dijo : ¿ A qué compararé al reino de 
Dios? 

21 Semejante es á la levadura, que tomándola una 
mujer, la esconde en tres medidas de harina hasta que 
todo sea leudado. 

22 Y pasaba por todos las ciudades y aldeas enseñando, 
y caminando á Jerusalem. 

23 Y le dijo uno : ¿ Señor, son pocos los que se salvan ? 
Y él les dijo : 

24 Porfiád á entrar por la puerta angosta ; porque yo 
os digo, que muchos procurarán de entrar, y no podrán ; 

25 Después que el padre de familias se levantare, y 
cerrare la puerta, y comenzaréis á estar fuera, y tocar á 
la puerta, diciendo : Señor, Señor, ábrenos ; y respondi- 
endo él, os dirá : No os conozco de donde seáis. 

26 Entonces comenzaréis á decir: Delante de tí hemos 
comido y bebido, y en nuestras plazas enseñaste. 

27 Y os dirá : Dígoos, que no os conozco de donde 
seáis: apartaos de mí todos los obreros de iniquidad. 

28 Allí será el lloro y el crujir de dientes, cuando 
viereis á Abraham, y á Isaac, y á Jacob, y á todos los 
profetas en el reino de Dios, y vosotros ser echados fuera. 

29 Y vendrán del oriente, y del occidente, y del norte, 
y del mediodía, y se sentarán en el reino de Dios. 

30 Y, he aquí, hay postreros, que serán primeros ; y 
hay primeros, que serán postreros. 

31 Aquel mismo dia llegaron unos de los Fariseos, 



¡SAN LUCAS 153 

diciéndole : Sal, y vete de aquí ; porque Heródes te 
quiere matar. 

32 Y les dijo : Id, y decid á aquella zorra : He aquí, 
eclio fuera demonios y acabo sanidades hoy y mañana, y 
trasmañana soy consumado. 

33 Empero es menester que boy. y mañana, y tras- 
mañana camine ; porque no es posible que un profeta 
muera fuera de Jerusalem. 

34 ¡Jerusalem, Jerusalem! que matas los profetas, y 
apedreas los que son enviados á tí, ¡ cuántas veces quise 
juntar tus hijos, como la gallina recoge su nidada debajo 
de sus alas, y no quisiste ! 

35 He aquí, os es dejada vuestra casa desierta ; y os 
digo, que no me veréis, basta que venga tiempo cuando 
digáis : Bendito el que viene en nombre del Señor. 

CAPITULO XIV. 




ACONTECIO que entrando en casa de un príncipe 
de los Fariseos un sábado á comer pan, ellos le 
acechaban. 



2 Y, he aquí, un hombre hidrópico estaba delante 
de él. 

3 Y respondiendo Jesús, habló á los doctores de la ley, 
y á los Fariseos, diciendo : ¿ Es lícito sanar en sábado? 

4 Y ellos callaron. Entonces él tomándote, le sanó, y 
le envió. 

5 Y respondiendo á ellos, dijo : ¿El asno ó el buey de 
cual de vosotros caerá en un pozo, y él no le sacará 
luego en dia de sábado? 

6 Y no le podían replicar á estas cosas. 

7 Y propuso una parábola á los convidados, atento 
como escogían los primeros asientos á la mesa, dicién- 
doles : 

8 Cuando fueres convidado de alguno á bodas, no te 
asientes en el primer lugar ; porque podrá ser que otro 
mas honrado que tú sea convidado de él ; 

9 Y viniendo el que te llamó á tí y á él, te diga : Dá 
lugar á este ; y entonces comiences con vergüenza á 
tener el postrer lugar. 

10 Mas cuando fueres llamado, vé, y asiéntate en el 
postrer lugar; porque cuando viniere el que te llamó, te 



154 



SAN LÚCAS 



diga : Amigo, sube más arriba : entonces tendrás gloria 
delante de los que juntamente se asientan á la mesa. 

11 Porque cualquiera que se ensalza, será humillado, 
y el que se humilla, será' ensalzado. 

12 Y decia también al que le habia convidado: Cuando 
haces comida ó cena, no llames á tus amigos, ni á tus 
hermanos, ni á tus parientes, ni á tus vecinos ricos ; 
porque también ellos no te vuelvan á convidar, y te sea 
hecha paga. 

13 Mas cuando haces banquete, llama á los pobres, los 
mancos, los cojos, los ciegos ; 

14 Y serás bienaventurado; porque ellos no te pueden 
pagar ; mas te será pagado en la resurrección de los 
justos. 

15 Y oyendo esto uno de los que juntamente estaban 
sentados á la mesa, le dijo : Bienaventurado el que 
comerá pan en el reino de los cielos. 

1G El entonces le dijo : Un hombre hizo una grande 
cena, y llamó á muchos. 

17 Y á la hora de la cena envió á su siervo á decir á 
los convidados : Venid, que ya todo está aparejado. 

18 Y comenzaron todos á una á escusarse. El primero 
le dijo : He comprado un cortijo, y he menester de salir, 
y verle : te ruego que me tengas por escusado. 

19 Y el otro dijo : He comprado cinco yuntas de 
bueyes, y voy á probarlos : ruégote que me tengas por 
escusado. 

20 Y el otro dijo : Me he casado ; y por tanto no 
puedo venir. 

21 Y vuelto el siervo, hizo saber estas cosas á su señor. 
Entonces el padre de familias, enojado dijo á su siervo : 
Vé presto por las plazas, y por las calles de la ciudad, y 
mete acá los pobres, los mancos, y cojos, y ciegos. 

22 Y dijo el siervo : Señor, hecho es como mandaste, 
y aun hay lugar. 

23 Y dijo el señor al siervo : Vé por los caminos, y 
por los vallados, y fuérzalos á entrar, para que se llene 
mi casa. 

24 Porque yo os digo, que ninguno de aquellos varones 
que fueron llamados, gustará mi cena. 

25 Y grandes multitudes iban con él ; y volviéndose 
les dijo : 



SAN LÚCAS 



155 



26 Si alguno viene á mí, y no aborrece á su padre, y 
madre, y mujer, é hijos, y hermanos, y hermanas, y aun 
también su vida, no puede ser mi discípulo. 

27 Y eualquiera que no trae su cruz, y viene en pos 
de mí, no puede ser mi discípulo. 

¿8 Porque ¿ cuál de vosotros, queriendo edificar una 
torre, no cuenta primero sentado los gastos, si tiene lo 
que ha menester para acabaría ? 

29 Porque después (pie baya puesto el fundamento, y 
no pueda acabar/a, todos los que lo vieren, no comiencen 
ú bacer burla de él, 

30 Diciendo : Este hombre comenzó á edificar, y no 
pudo acabar. 

31 ¿O cuál rey, habiendo de ir á hacer guerra contra 
otro rey, sentándose primero no consulta si puede salir 
al encuentro con diez mil al que viene contra él con 
veinte mil ? 

32 De otra manera, cuando el otro está aun lejos, le 
ruega por la paz, enviándole embajada. 

33 Así pues cualquiera de vosotros que no renuncia á 
todas las cosas que posee, no puede ser mi discípulo. 

34 Buena es la sal ; mas si la sal perdiere su sabor, 
¿ con qué será salada ? 

35 Ñi para la tierra, ni aun para el muladar es buena: 
fuera la echan. Quien tiene oidos para oir, oiga. 



Y SE llegaban á él todos los publícanos, y pecadores á 



I oirle. 

2 Y murmuraban los Fariseos y los escribas, 
diciendo : Este á los pecadores recibe, y con ellos come. 

3 Y él les propuso esta parábola, diciendo: 

4 ¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si ( 
perdiere una de ellas, no deja las noventa y nueve en el 
desierto, y vá á buscar la que se perdió, hasta que la 
halle ? 

5 Y hallada, la pone sobre sus hombros gozoso ; 

6 Y viniendo á casa, junta á sus amigos, y á sus vecinos, 
diciéndoles : Dádme el parabién ; porque he hallado mi 
oveja que se había perdido. 

7 Os digo, que así habrá más gozo en el cielo sobre un 



CAPITULO XV. 




156 



SAN LÚCAS 



pecador que se arrepiente, que sobre noventa y nueve 
justos, que no han menester arrepentirse. 

8 ¿0 qué mujer que tiene diez dracmas, si perdiere la ' 
una dracma, no enciende luz, y barre la casa, y busca 
con diligencia, hasta hallaría* 

9 Y cuando la hubiere hallado, junta sus amigas, y sus 
vecinas, diciendo : Dadme el parabién ; porque he ha- 
llado la dracma que había perdido. 

10 Así os digo, que hay gozo delante de los ángeles de 
Dios por un pecador que se arrepiente. 

11 También dijo : Un hombre tenia dos hijos ; 

12 Y el más mozo de ellos dijo á su padre : Padre, 
dáme la parte de la hacienda que me pertenece. Y él 
les repartió su hacienda. 

13 Y después de no muchos dias, juntándolo todo el . 
hijo más mozo, se partió léjos, á una tierra apartada ; y 
allí desperdició su hacienda viviendo perdidamente. 

14 Y después que lo hubo todo gastado, vino una 
grande hambre en aquella tierra ; y comenzóle á faltar. 

15 Y fué, y se llegó á uno de los ciudadanos de aquella 
tierra, el cual le envió á sus campos, para que apacentase 
los puercos. 

16 Y deseaba henchir su vientre de las algarrobas que 
comían los puercos ; mas nadie se las daba. 

17 Y volviendo en sí, dijo : ¡ Cuántos jornaleros en 
casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí 
perezco de hambre ! 

18 Me levantaré, é iré á mi padre, y le diré : Padre, 
pecado he contra el cielo, y contra tí : 

19 Ya no soy digno de ser llamado tu hijo : házme 
como á uno de tus jornaleros. 

20 Y levantándose, vino á su padre. Y como aun 
estuviese léjos, le vió su padre, y fué movido á miseri- 
cordia ; y corriendo á él, se derribó sobre su cuello, y le 
besó. 

21 Y el hijo le dijo : Padre, pecado he contra el cielo, 
y contra tí : ya no soy digno de ser llamado tu hijo. 

22 Mas el padre dijo á sus siervos : Sacád el principal 
vestido, y vestidle ; y ponéd anillo en su mano, y zapatos 
en sus piés ; 

23 Y traéd el becerro grueso, y matádfe; y comamos, 
y hagamos banquete ; 



SAN LÚCAS 



157 



24 Porque este mi hijo muerto era, y ha revivido : se 
habia perdido, y es hallado. Y comenzaron á hacer 
banquete. 

25 Y su hijo el más viejo estaba en el campo, el cual 
como vino, y llegó cerca de casa, oyó la sinfonía y las 
danzas ; 

26 Y llamando á uno de los siervos, le preguntó qué 
era aquello. 

27 Y él le dijo : Tu hermano es venido ; y tu padre 
ha muerto el becerro grueso, por haberle recibido salvo. 

28 Entonces él se enojó, y no queria entrar. El padre 
entonces saliendo, le rogaba que entrase. 

29 Mas él respondiendo, dijo á su padre : He aquí, 
tantos años ha que te sirvo, que nunca he traspasado tu 
mandamiento, y nunca me has dado un cabrito para que 
haga banquete con mis amigos ; 

30 Mas después que vino este tu hijo, que ha engu- 
llido tu hacienda con rameras, le has matado el becerro 
grueso. 

31 El entonces le dijo : Hijo, tú siempre estás con- 
migo, y todas mis cosas son tuyas ; 

32 Mas hacer banquete y holgarraos era menester ; 
porque este tu hermano muerto era, y revivió : se habia 
perdido, y es hallado. 

CAPITULO XVI. 

TT DECIA también á sus discípulos : Habia un hombre 
Y rico, el cual tenia un mayordomo ; y este fué acu- 
sado delante de él, como disipador de sus bienes. 

2 Y le llamó, y le dijo : ¿ Qué es esto que oigo de tí ? 
dá cuenta de tu mayordomía ; porque ya no podrás más 
ser mayordomo. 

3 Entonces el mayordomo dijo dentro de sí : ¿ Qué 
haré ? que mi señor me quita la mayordomía. Cavar, 
no puedo : mendigar, tengo vergüenza. 

4 Yo sé lo que haré, para que cuando fuere quitado 
de la mayordomía, me reciban en sus casas. 

5 Y llamando á cada uno de los deudores de su señor, 
dijo al primero : ¿ Cuánto debes á mi señor? 

6 Y él dijo : Cien batos de aceite. Y le dijo : Toma 
tu obligación, y siéntate presto, y escribe cincuenta. 



158 



SAN LÚCAS 



7 Después dijo á otro: ¿Y tú, cuánto debes? Y él 
dijo : Cien coros de trigo. Y él le dijo : Toma tu obli- 
gación, y escribe ochenta. 

8 Y alabó el señor al mayordomo malo, por haber 
hecho prudentemente ; porque los hijos de este siglo 
más prudentes son en su generación que los hijos de luz. 

9 Y yo os digo : Hacéos amigos de las riquezas de 
maldad, para que cuando faltareis, os reciban en las 
moradas eternas. 

10 El que es fiel en lo muy poco, también en lo más 
es fiel ; y el que en lo muy poco es injusto, también en 
lo más es injusto. 

11 Pues si en las malas riquezas no fuisteis fieles, ¿lo 
que es verdadero, quién os lo confiará? 

12 Y si en lo ageno no fuisteis fieles, ¿ lo que es vuestro, 
quién os lo dará ? 

13 Ningún siervo puede servir á dos señores ; porque, 
ó aborrecerá al uno, y amará al otro, ó se allegará al 
uno, y menospreciará al otro. No podéis servir á Dios, 
y á las riquezas. 

14 Y oian también los Fariseos todas estas cosas, los 
cuales eran avaros ; y burlaban de él. 

15 Y les dijo : Vosotros sois los que os justificáis á 
vosotros mismos delante de los hombres ; mas Dios 
conoce vuestros corazones ; porque lo que los hombres 
tienen en alto aprecio, delante de Dios es abominación. 

16 La ley y los profetas fueron hasta Juan : desde 
entonces el reino de Dios es anunciado, y todos hacen 
fuerza contra él. 

17 Empero más fácil cosa es pasar el cielo y la tierra, 
que caer una tilde de la ley. 

18 Cualquiera que despide á su mujer, y se casa con 
otra, adultera ; y el que se casa con la despedida del 
marido, adultera. 

19 Y habia un hombre rico, que se vestia de púrpura 
y de lino fino, y hacia cada dia banquete espléndida- 
mente. 

20 Habia también un mendigo llamado Lázaro, el cual 
estaba echado á lu puerta de él, lleno de llagas, 

21 Y deseando hartarse de las migajas que caian de la 
mesa del rico ; y aun los perros venian, y le lamían las 
llagas. 



SAN LÚC AS 159 

22 Y aconteció, que murió el mendigo, y fué llevado 
por los ángeles al seno de Abraham ; y murió también 
el rico, y fué sepultado. 

23 Y en el infierno, alzando sus ojos, estando en tor- 
mentos, vió á Abraham léjos, y á Lázaro en su seno. 

2-1 Entonces él, dando voces, dijo : Padre Abraham, 
ten misericordia de mí, y envia á Lázaro que moje la 
punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua ; porque 
soy atormentado en esta llama. 

25 Y le dijo Abraham : Hijo, acuérdate que recibiste 
tus bienes en tu vida, y Lázaro también males ; mas 
ahora este es consolado, y tu atormentado. 

2(3 Y ademas de todo esto, una grande sima está con- 
firmada entre nosotros y vosotros, así que los que qui- 
sieren pasar de aquí á vosotros, no pueden, ni de allá 
pasar acá. 

27 Entonces dijo : Ruégote, pues, padre, que le envíes 
á la casa de mi padre ; 

28 Porque tengo cinco hermanos, para que les pro- 
teste ; porque no vengan ellos también";! este lugar de 
tormento. 

29 Y Abraham le dice : A Moisés, y á los profetas 
tienen, óiganlos. 

30 El entonces dijo : Xo, padre Abraham ; mas si al- 
guno fuere á elles de los muertos se arrepentirán. 

31 Mas Abraham le dijo : Si no oyen á Moisés, y á los 
profetas, tampoco se persuadirán, aunque alguno se 
levantare de entre los muertos. 

CAPITULO XVII. 




IJO después á los discípulos : Imposible es que no 
I vengan escándalos ; mas ¡ ay de aquel por quien 
vienen ! 



2 Mejor le seria, si una piedra de molino de asno le 
fuera puesta al cuello, y fuese echado en la mar, que 
escandalizar á uno de estos pequeñitos. 

3 Mirad por vosotros. Si pecare contra tí tu hermano, 
repréndele ; y si se arrepintiere, perdónale. 

4 Y si siete veces al dia pecare contra tí, y siete veces 
al dia se volviere á tí, diciendo : Pésame : perdónale. 

5 Y dijeron los apóstoles al Señor : Auméntanos la fé. 



160 SAN LÚCAS 

6 Y el Señor dijo : Si tuviéseis fé como un grano de 
mostaza, diríais á este sicómoro : Desarráigate, y plán- 
tate en la mar, y os obedeceria. 

7 ¿Mas cuál de vosotros tiene un siervo que ara, ó 
apacienta ganado, que vuelto del campo le diga luego : 
Pasa, siéntate á la mesa? 

8 ¿No le dice antes : Adereza que cene yo, y cíñete, y 
sírveme hasta que haya comido y bebido ; y después de 
esto come tú y bebe ? 

9 ¿Hace gracias al siervo porque hizo lo que le habia 
sido mandado? Pienso que no. 

10 Así también vosotros, cuando hubiereis hecho todo 
lo que os es mandado, decid : Siervos inútiles somos; 
porque lo que debíamos de hacer, hicimos. 

11 Y aconteció que yendo él á Jerusalem, pasaba por 
medio de Samaría, y de Galilea. 

li! Y entrando en una aldea, viniéronle al encuentro 
diez hombres leprosos, los cuales se pararon de léjos ; 

13 Y alzaron la voz, diciendo : Jesús, Maestro, ten 
misericordia de nosotros. 

14 Y como él los vió, les dijo : Id, mostráos á los sacer- 
dotes. Y aconteció, que yendo ellos, fueron limpios. 

1.") Y el uno de ellos, como se vió que era limpio, 
volvió, glorificando á Dios á gran voz. 

16 Y se derribó sobre su rostro á sus piés, haciéndole 
gracias ; y este era Samaritano. 

17 Y respondiendo Jesús, dijo : ¿No son diez los que 
fueron limpios? ¿Y los nueve, donde están .' 

18 ¿No fué hallado quien volviese, y diese gloria á 
Dios, sino este extranjero? 

19 Y le dijo : Levántate, véte : tu fé te ha sanado. 

20 Y preguntado de los Fariseos, cuando habia de 
venir el reino de Dios, les respondió, y dijo : El reino de 
Dios no vendrá manifiesto ; 

21 Ni dirán : Héle aquí, ó héle allí ; porque, he aquí, 
el reino de Dios dentro de vosotros está. 

22 Y dijo á sus discípulos : Tiempo vendrá, cuando 
desearéis ver uno de los dias del Hijo del hombre, y no 
lo veréis. 

23 Y os dirán : Héle aquí, ó héle allí. No vayáis tras 
ellos , ni los sigáis. 

24 Porque como el relámpago relampagueando desde 



SAN LÚCAS 



161 



una parte que está debajo del cielo, resplandece hasta la 
otra que está debajo del cielo, así también será el Hijo del 
hombre en su dia. 

25 Mas primero es menester que padezca mucho, y 
sea reprobado de esta generación. 

26 Y como fué en los dias de Noé, así también será 
en los dias del Hijo del hombre : 

27 Comían, bebían, se casaban y se daban en casa- 
miento, hasta el dia que entró Noé en el arca ; y vino el 
diluvio, y destruyó á todos. 

28 Asimismo también como fué en los dias de 
Lot : comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, 
edificaban ; 

29 Mas el dia que Lot salió deSodoma, llovió del cielo 
fuego y azufre, y destruyó á todos : 

30 Como esto será el dia que el Hijo del hombre se 
manifestará. 

31 En aquel dia, el que estuviere en el tejado, y sus 
alhajas en casa, no descienda á tomarlas ; y el que en el 
campo, asimismo no vuelva atrás. 

32 Acordaos de la mujer de Lot. 

33 Cualquiera que procurare salvar su vida, la perderá ; 
y cualquiera que la perdiere, la vivificará. 

34 Os digo, que en aquella noche estarán dos hombres 
en una cama : el uno será tomado, y el otro será dejado. 

35 Dos mujeres estarán moliendo juntas : la una será 
tomada, y la otra será dejada. 

36" Dos hombres estarán en el campo : el uno será 
tomado, y el otro será dejado. 

37 Y respondiéndole, le dicen : ¿ Dónde, Señor ? Y 
él lea dijo : Donde estuviere el cuerpo, allá se juntarán 
también las águilas. 



T LES propuso también una parábola, para enseñar 
I que es menester orar siempre, y no desalentarse, 



2 Diciendo : Había un juez en una ciudad, el 
cual ni temía á Dios, ni respetaba á hombre alguno. 

3 Había también en aquella ciudad una viuda, la cual 
venia á él, diciendo : Hazme justic ia de mi adversario. 

4 Mas él no (pliso por algún tiempo : empero después 



CAPITULO XVIII. 




L 



162 



SAN LUCAS 



de esto, dijo dentro de sí : Aunque ni temo á Dios, ni 
tengo respeto á hombre ; 

5 Todavía, porque esta viuda me es molesta, le haré 
justicia ; porque no venga siempre y al fin me muela. 

6 Y dijo el Señor : Oid lo que dice el juez injusto. 

7 ¿ Y Dios no defenderá á sus escogidos que claman á 
él dia y noche, aunque sea longánimo acerca de ellos ? 

8 Os digo que los defenderá presto. Empero el Hijo 
del hombre, cuando viniere, ¿ hallará fé en la tierra ? 

9 Y dijo también á unos, que confiaban de sí como 
justos, y menospreciaban á los otros, esta parábola : 

10 Dos hombres subieron al templo á orar, el uno 
Fariseo, y el otro publicano. 

11 El Fariseo puesto en pié oraba consigo de esta 
manera : Dios, te hago gracias, que no soy como los 
otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros ; ni aun 
como este publicano. 

12 Ayuno dos veces en la semana : doy diezmos de 
todo lo que poseo. 

13 Mas el publicano estando léjos, no quería, ni aun 
alzar los ojos al cielo ; mas hería su pecho, diciendo : 
Dios, ten misericordia de mí, pecador. 

14 Os digo que este descendió á su casa justificado 
más bien que el otro ; porque cualquiera que se ensalza, 
será humillado ; y el que se humilla, será ensalzado. 

15 Y traían también á él niños para que les tocase, lo 
cual viéndoto sus discípulos, les reñían. 

16 Mas Jesús llamándolos, dijo : Dejád los niños venir 
á mí, v no los impidáis ; porque de tales es el reino de 
Dios. 

17 De cierto os digo, que cualquiera que no recibiere 
el reino de Dios como un niño, no entrará en él. 

18 Y le preguntó un príncipe, diciendo : ¿ Maestro 
bueno, qué haré para poseer la vida eterna ? 

19 Y Jesús le dijo : ¿ Por qué me dices, bueno ? 
ninguno hay bueno, sino uno solo, Dios. 

20 Los mandamientos sabes : No matarás : No adul- 
terarás : No hurtarás : No dirás falso testimonio : Honra 
á tu padre, y á tu madre. 

21 Y él dijo : Todas estas cosas he guardado desde mi 
juventud. 

22 Y Jesús oido esto, le dijo : Aun una cosa te falta : 



SAN LUCAS 



163 



todo lo que tienes, véndelo, y dato á los pobres, y tendrás 
tesoro en el cielo ; y ven, sígneme. 

23 Entonces él, oidas estas cosas, se entristeció sobre 
manera, porque era muy rico. 

24 Y viendo Jesús que se habia entristecido mucho, 
dijo : ¡ Cuán dificultosamente entrarán en el reino de 
Dios, los que tienen riquezas ! 

25 Porque más fácil cosa es entrar un camello por un 
ojo de una aguja, que un rico entrar en el reino de Dios. 

26 Y los que to oian, dijeron : ¿ Y quién podrá ser 
salvo ? 

27 Y él les dijo : Lo que es imposible acerca de los 
hombres, posible es acerca de Dios. 

28 Entonces Pedro dijo : He aquí, nosotros hemos 
dejado todas las cosas, y te hemos seguido. 

29 Y él les dijo : De cierto os digo, que nadie hay que 
haya dejado casa, ó padres, ó hermanos, ó mujer, ó hijos, 
por el reino de Dios, 

30 Que no haya de recibir mucho más en este tiempo, 
y en el siglo venidero la vida eterna. 

31 Y Jesús tomando aparte los doce, les dijo : He aquí, 
subimos á Jerusalem, y serán cumplidas todas las cosas 
que fueron escritas por los profetas del Hijo del hombre. 

32 Porque será entregado á los Gentiles, y será escar- 
necido, é injuriado, y escupido ; 

33 Y después que le hubieren azotado, le matarán ; 
mas al tercero día resucitará. 

34 Mas ellos nada de estas cosas entendían, y esta 
palabra les era encubierta ; y no entendían lo que se 
decía. 

35 Y aconteció, que acercándose él de Jericó, un ciego 
estaba sentado junto al camino mendigando, 

36 El cual como oyó la multitud que pasaba, pregun- 
taba qué era aquello. 

37 Y le dijeron : que Jesús Nazareno pasaba. 

38 Entonces dió voces, diciendo : Jesús, Hijo de 
David, ten misericordia de mí. 

39 Y los que iban delante, le reñian para que callase ; 
empero él clamaba mucho más : Hijo de David, ten 
misericordia de mí. 

40 Jesús entonces parándose, mandó traerle á sí. Y 
como él llegó, le preguntó, 



164 



SAN LUCAS 



41 Diciendo : ¿ Qué quieres que te haga? Y él dijo : 
Señor, que vea yo. 

42 Y Jesús le dijo : Vé : tu fé te ha hecho salvo. 

43 Y luego vió, y le seguía, glorificando á Dios ; y 
todo el pueblo como vió esto, dió alabanza á Dios. 

CAPITULO XIX. 

TT HABIENDO entrado Jesus, pasaba por Jericó. 
¥ 2 Y, be aquí, un varón llamado Zaqueo el cual 
era príncipe de los publícanos, y era rico. 

3 Y procuraba ver á Jesus quién fuese ; mas no podía 
á causa de la multitud, porque era pequeño de estatura. 

4 Y corriendo delante, se subió en un árbol sicómoro, 
para verle ; porque había de pasar por allí. 

5 Y como vino á aquel lugar Jesus, mirando le vió, y 
le dijo : Zaqueo, dáte priesa, desciende ; porque hoy es 
menester que pose en tu casa. 

6 Entonces él descendió apriesa, y le recibió gozoso. 

7 Y viendo esto todos, murmuraban, diciendo, que 
había entrado á posar con un hombre pecador. 

8 Entonces Zaqueo, puesto en pié, dijo al Señor : He 
aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy á los pobres ; y 
si en algo he defraudado á alguno, se lo vuelvo con los 
cuatro tantos. 

9 Y Jesus le dijo : Hoy ha venido la salvación á esta 
casa ; por cuanto también él es hijo de Abraham. 

10 Porque el Hijo del hombre vino á buscar, y á salvar 
lo que se había perdido. 

11 Y oyendo ellos estas cosas, prosiguiendo él, dijo 
una parábola, por cuanto estaba cerca de Jerusalem ; y 
porque pensaban que luego habia de ser manifestado el 
reino de Dios. 

12 Dijo pues : Un hombre noble se partió á una tierra 
léjos, á tomar para sí un reino, y volver. 

13 Y llamados diez siervos suyos, les dió diez minas, 
y les dijo : Negociád entre tanto que vengo. 

14 Empero sus ciudadanos le aborrecían : y enviaron 
tras de él una embajada, diciendo : No queremos que 
este reine sobre nosotros. 

15 Y aconteció, que vuelto él, habiendo tomado el 
reino, mandó llamar á sí á aquellos siervos, á los cuales 



SAN LUCAS 165 

había dado el dinero, pura saber lo que había negociado 
cada uno. 

16 Y vino el primero, diciendo : Señor, tu mina ha 
ganado diez minas. 

17 Y él le dice : Está bien, buen siervo : pues que en 
lo poco has sido riel, ten autoridad sobre diez ciudades. 

1S Y vino el segundo, diciendo : Señor, tu mina ha 
hecho cinco minas. 

19 Y asimismo á este dijo : Tú también sé sobre cinco 
ciudades. 

20 Y vino otro, diciendo : Señor, he aquí tu mina, la 
cual he tenido guardada en un pañizuelo. 

21 Porque tuve miedo de tí, pues que eres hombre 
severo : tomas lo que no pusiste, y siegas lo que no 
sembraste. 

22 Entonces él le dijo : Mal siervo, por tu boca te 
juzgo : sabias que yo era hombre severo, que tomo lo 
que no puse, y que siego lo que no sembré ; 

23 ¿ Por qué pues no diste mi dinero al banco ; y yo 
viniendo lo demandara con el logro ? 

24 Y dijo á los que estaban presentes : Quitadle la 
mina, y dad/a al que tiene las diez minas. 

25 (Y ellos le dijeron : Señor, tiene diez minas.) 

2<5 Porque yo os digo que á cualquiera que tuviere, le 
será dado ; mas al que no tuviere, aun lo que tiene le 
será quitado. 

27 Mas á aquellos mis enemigos, que no querían que 
yo reinase sobre ellos, traed /os acá, y degollád/o.s delante 
de mí. 

28 Y dicho esto, iba delante subiendo á Jerusalem. 

29 Y aconteció, que llegando cerca de Betfage, y de 
Betania, al monte que se llama de las Olivas, envió dos 
de sus discípulos, 

30 Diciendo : Id á la aldea que está delante, en la cual 
como entraréis, hallareis un pollino atado en el cual nin- 
gún hombre jamas se ha sentado : desatadle, y traédfe acá. 

31 Y si alguien os preguntare : ¿Por qué le desatáis? 
le diréis así : Porque el Señor le ha menester. 

32 Y fueron los que habían sido enviados, y hallaron, 
como él les dijo. 

33 Y* desatando ellos el pollino, sus dueños les dijeron : 
¿Por qué desatáis el pollino ? 



166 



SAN LÚCAS 



34 Y ellos dijeron : Porque el Señor le ha menester. 

35 Y le trajeron á Jesús ; y echando ellos sus ropas 
sohre el pollino, pusieron encima á Jesús. 

36 Y yendo él, tendían sus vestidos por el camino. 

37 Y como llegasen ya cerca de la descendida del 
monte de las Olivas, toda la multitud de los discípulos, 
regocijándose, comenzaron á alabar á Dios a gran voz 
por todas las maravillas que habían visto, 

38 Diciendo : Bendito el rey que viene en nombre del 
Señor : paz en el cielo, y gloria en las alturas. 

3 l J Entonces algunos de los Fariseos de entre la mul- 
titud le dijeron : Maestro, reprende á tus discípulos. 

40 Y él respondiendo, les dijo : Os digo que si estos 
callaren, las piedras clamarán. 

41 Y como llegó cerca, viendo la ciudad, lloró sobre 
ella, 

42 Diciendo : ¡Ah, si tú conocieses, á lo menos en este 
tu dia, lo que toca á tu paz ! mas ahora está encubierto 
á tus ojos. 

43 Porque vendrán dias sobre tí, que tus enemigos te 
cercarán con trinchera ; y te pondrán cerco, y de todas 
partes te pondrán en estrecho ; 

44 Y te derribarán á tierra ; y á tus hijos, los que están 
dentro de ti ; y no dejarán en tí piedra sobre piedra ; 
por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación. 

45 Y entrando en el templo, comenzó á echar fuera á 
todos los que vendían y compraban en él, 

46 Diciéndoles : Escrito está : Mi casa, casa de oración 
es ; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones. 

47 Y enseñaba cada dia en el templo ; mas los prín- 
cipes de los sacerdotes, y los escribas, y los príncipes del 
pueblo procuraban matarle. 

48 Y no hallaban que hacerte, porque todo el pueblo 
estaba suspenso oyéndole. 

CAPITULO XX. 

Y ACONTECIÓ un dia, que enseñando él al pueblo en 
el templo, y anunciando el evangelio, sobrevinieron 
los príncipes de los sacerdotes, y los escribas, con 
los ancianos, 

2 Y le hablaron, diciendo : Dínos ¿con qué autoridad 



SAN LUCAS 



167 



haces estas cosas : ó quién es el que te ha dado esta, 
autoridad '? 

3 Respondiendo entonces Jesús, les dijo : Preguntaros 
he yo también una palabra ; respondadme : 

4 ¿ El bautismo de Juan, era del cielo, ó de los 
hombres ? 

5 Mas ellos pensaban dentro de sí, diciendo : Si dijé- 
remos : Del cielo ; dirá : ¿Por qué pues no le creísteis ? 

6 Y si dijéremos : De los hombres, todo el pueblo 
nos apedreará ; porque están ciertos que Juan era un 
profeta. 

7 Y respondieron, que no sabian de donde había sido. 

8 Entonces Jesús les dijo : Ni yo os digo tampoco con 
qué autoridad hago yo estas cosas. 

9 Y comenzó á decir al pueblo esta parábola : Un 
hombre plantó una viña, y la arrendó á unos labradores, 
y se ausentó por mucho tiempo. 

10 Y al tiempo oportuno envió un siervo á los labra- 
dores, para que le diesen del fruto de la viña ; mas los 
labradores hiriéndole, le enviaron vacío. 

11 Y volvió á enviar otro siervo ; y ellos á este tam- 
bién, herido y afrentado, le enviaron vacío. 

12 Y volvió á enviar al tercer siervo ; y también á 
este echaron herido. 

13 Entonces el señor de la viña dijo: ¿Qué haré? 
enviaré mi Hijo amado : quizá cuando á este vieren, le 
tendrán respeto. 

14 Mas los labradores viéndole pensaron entre sí, 
diciendo : Este es el heredero : venid, matémosle, para 
que la herencia sea nuestra. 

15 Y echándole fuera de la viña, le mataron : ¿Qué 
pues les hará el señor de la viña? 

16 Vendrá, y destruirá á estos labradores ; y dará su 
viña á otros. Y como ellos lo oyeron, dijeron : Guarda. 

17 Mas él mirándolos, dice : ¿ Qué pues es lo que está 
escrito : La piedra que desecharon los edificadores, esta 
vino á ser cabeza de la esquina ? 

18 Cualquiera que cayere sobre aquella piedra será 
quebrantado ; mas sobre el que la piedra cayere, le 
desmenuzará. 

19 Y procuraban los príncipes de los sacerdotes y los 
escribas echarle mano en aquella hora, mas tuvieron 



168 



SAN LÚCAS 



miedo del pueblo ; porque entendieron que contra ellos 
había dicho esta parábola. 

20 Y acechándote, enviaron espiones que se simulasen 
justos, para tomarle en sus palabras, para que así le en- 
tregasen á la jurisdicción y á la potestad del presidente : 

21 Los cuales le preguntaron, diciendo : Maestro, 
sabemos que dices y enseñas bien ; y que no tienes res- 
peto á la persona de nadie, ántes enseñas el camino de 
Dios con verdad. 

22 ¿ Nos es lícito dar tributo á César, ó no ? 

23 Mas él, entendida la astucia de ellos, les dijo : ¿ Poi- 
qué me tentáis ? 

24 Mostrádme una moneda. ¿ De quién tiene la imá- 
gen, y la inscripción? Y respondiendo, dijeron: De 
César. 

25 Entonces les dijo : Pues dad á César lo que es de 
César ; y lo que es de Dios, á Dios. 

26 Y no pudieron reprender sus palabras delante del 
pueblo : ántes maravillados de su respuesta, callaron. 

27 Y llegándose unos de los Saduceos, los cuales niegan 
haber resurrección, le preguntaron, 

28 Diciendo : Maestro, Moisés nos escribió : Si el her- 
mano de alguno muriere teniendo mujer, y muriere sin 
hijos, que su hermano tome la mujer, y levante simiente 
á su hermano. 

29 Fueron pues siete hermanos ; y el primero tomó 
mujer, y murió sin hijos. 

30 Y la tomó el segundo, el cual también murió sin 
hijos. 

31 Y la tomó el tercero : asimismo también todos 
siete ; y no dejaron simiente, y murieron. 

32 Y á la postre de todos murió también la mujer. 

33 En la resurrección, pues, ¿ mujer de cuál de ellos 
será? porque los siete la tuvieron por mujer. 

3-4 Entonces respondiendo Jesús, les dijo : Los hijos 
de este siglo se casan, y se dan en casamiento ; 

35 Mas los que fueron tenidos por dignos de aquel 
siglo, y de la resurrección de los muertos, ni se casan, ni 
se dan en casamiento. 

36 Porque no pueden ya más morir ; porque son iguales 
á los ángeles, y son hijos de Dios, siendo hijos de la 
resurrección. 



SAN LUCAS 



169 



37 Y que los muertos hayan de resucitar. Moisés aun 
lo enseñó junto al zarzal, cuando dice al Señor : Dios de 
Abraham, y Dios de Isaac, y Dios de Jacob. 

38 Porque Dios, no es Dios de muertos, sino de vivos ; 
porque todos viven en cuanto á él. 

39 Y respondiéndole unos de los escribas, dijeron : 
Maestro, bien has dicho. 

4ii V no osaron más preguntarle algo. 

41 Y él les dijo : ¿ Cómo dicen que el Cristo hijo de 
David ? 

42 Y el mismo David dice en el libro de los Salmos : 
Dijo el Señor á mi Señor : Asiéntate á mi diestra, 

43 Entre tanto que pongo tus enemigos por estrado de 
tus piés. 

44 Así que David le llama Señor, ¿ cómo pues es su 
hijo? 

45 ""i oyéndolo todo el pueblo, dijo á sus discípulos : 

40 Guardaos de los escribas, que quieren andar con 
ropas largas, y aman las salutaciones en las plazas; y 
las primeras sillas en las sinagogas ; y los primeros asien- 
tos en las cenas : 

47 Que devoran las casas de las viudas, simulando 
larga oración : estos recibirán mayor condenación. 



T MIRANDO, vio á los ricos que echaban sus ofrendas 



1 en el arca del tesoro. 

2 Y vió también á una viuda pobre, que echaba 
allí dos blancas. 

3 Y dijo : De verdad os digo, que esta viuda pobre 
echó más que todos. 

4 Porque todos estos, de lo que les sobra echaron para 
las ofrendas de Dios ; mas esta de su pobreza echó todo 
su sustento que tenia. 

5 Y á unos que decían del templo, que estaba ador- 
nado de hermosas piedras y dones, dijo : 

6 De estas cosas que veis, dias vendrán, en que no 
quedará piedra sobre piedra que no sea derribada. 

7 Y le preguntaron, diciendo : Maestro, ¿ cuándo será 
esto? ¿Y qué señal habrá cuándo estas cosas hayan de 
comenzar á ser hechas ? 



CAPITULO XXI. 




170 



SAN LUCAS 



8 El entonces dijo : Mirád, no seáis engañados ; porque 
vendrán muchos en mi nombre, diciendo : Y soy el 
Cristo ; y el tiempo está cerca : por tanto no vayáis en 
pos de ellos. 

. 9 Empero cuando oyereis de guerras y sediciones, no 
os espantéis ; porque es menester que estas cosas acon- 
tezcan primero ; mas no luego será el fin. 

10 Entonces les dijo : Se levantará nación contra 
nación, y reino contra reino ; 

11 Y habrá grandes terremotos en cada lugar, y 
hambres, y pestilencias ; y habrá prodigios, y grandes 
señales del cielo. 

12 Mas ántes de todas estas cosas os echarán mano, y 
perseguirán, entregándoos á las sinagogas, y á las cárceles, 
trayéndoos ánte los reyes, y á los presidentes, por causa 
de mi nombre. 

13 Y os será esto para testimonio. 

14 Ponéd pues en vuestros corazones de no pensar 
ántes como hayáis de responder. 

15 Porque yo os daré boca y sabiduría, á la cual no po- 
drán resistir, ni contradecir todos los que se os opondrán. 

16 Mas seréis entregados aun por vuestros padres, y 
hermanos, y parientes, y amigos ; y matarán á algunos 
de vosotros. 

17 Y seréis aborrecidos de todos, por causa de mi 
nombre. 

18 Mas un pelo de vuestra cabeza no perecerá. 

19 En vuestra paciencia poseed vuestras almas. 

20 Y cuando viereis á Jerusalem cercada de ejércitos, 
sabéd entonces que su destrucción ha llegado. 

21 Entonces los que estuvieren en Judea, huyan á los 
montes ; y los que estuvieren en medio de ella, vayanse ; 
y los que en las otras regiones, no entren en ella. 

22 Porque estos son dias de venganza, para que se 
cumplan todas las cosas que están escritas. 

23 Mas, ¡ ay de las preñadas, y de las que crian en 
aquellos dias ! porque habrá apretura grande sobre la 
tierra, é ira sobre este pueblo. 

24 Y caerán á filo de espada, y serán llevados cautivos 
por todas las naciones ; y Jerusalem será hollada de los 
Gentiles, hasta que los tiempos de los Gentiles sean 
cumplidos. 



SAN LÚCAS 



171 



25 Entóneos habrá señales en el sol, y en la luna, y 
en las estrellas ; y en la tierra apretura de naciones, con 
perplejidad ; bramando la mar y las ondas ; 

-ti Secándose los hombres á causa del temor, y espe- 
rando las cosas que s< >1 revendrán á la redondez de la tierra ; 
porque las virtudes de los cielos serán conmovidas. 

27 Y entonces verán al Hijo del hombre, que vendrá 
en una nube con poder y grande gloria. 

28 Y cuando estas cosas comenzaren á hacerse, mirád, 
y levantad vuestras cabezas ; porque vuestra redención 
está cerca. 

29 Y les dijo también una parábola : Mirád la higuera, 
y todos los árboles : 

30 Cuando ya brotan, viéndolos, de vosotros mismos 
entendéis que el verano está ya cerca : 

31 Así también vosotros, cuando viereis hacerse estas 
cosas, entended que está cerca el reino de Dios. 

32 De cierto os digo, que no pasará esta generación, 
hasta que todo sea hecho. 

33 El cielo y la tierra pasarán, mas mis palabras no 
pasarán. 

34 Y mirád por vosotros, que vuestros corazones no 
sean cargados de glotonería y embriaguez, y de los cui- 
dados de esta vida, y venga de improviso sobre vosotros 
aquel dia. 

35 Porque como un lazo vendrá sobre todos los que 
habitan sobre la haz de toda la tierra. 

36 Velad, pues, orando á todo tiempo, que seáis habi- 
dos dignos de evitar todas estas cosas que han de venir, 
y de estar en pié delante del Hijo del hombre. 

37 Y enseñaba entre dia en el templo ; y de noche 
saliendo, estábase en el monte que se llama de las Olivas. 

38 Y todo el pueblo venia á él por la mañana, para 
oirle en el templo. 



ESTABA cerca el dia de la fiesta de los panes sin 
levadura, que se llama la pascua. 



2 Y los príncipes de los sacerdotes, y los escribas 
procuraban como le matarían ; mas tenían miedo del 
pueblo. 



CAPITULO XXII. 




172 



SAN LUCAS 



3 Y entró Satanás en Judas, que tenia por sobrenom- 
bre Iscariote, el cual era uno del número de los doce. 

4 Y fué, y habló con los príncipes de los sacerdotes, y 
con los magistrados, de como se le entregaría. 

5 Los cuales se holgaron, y concertaron de darle 
dinero. 

6 Y prometió ; y buscaba oportunidad para entre- 
garle á ellos sin estar presente la multitud. 

7 Y vino el dia de los panes sin levadura, en el cual 
era menester matar la pascua. 

8 Y envió á Pedro, y á Juan, diciendo : Id, aparejádnos 
la pascua, para que comamos. 

9 Y ellos le dijeron : ¿ Dónde quieres que la apareje- 
mos? 

10 Y él les dijo : He aquí, como entraréis en la ciu- 
dad, os encontrará un hombre que lleva un cántaro de 
agua : seguidle hasta la casa donde entrare ; 

11 Y decid al padre de la familia de la casa : El 
Maestro te dice : ¿ Dónde está el aposento donde 
tengo de comer la páscua con mis discípulos? 

12 Entonces él os mostrará un gran cenadero adere- 
zado, aparejádfot allí. 

13 Y yendo ellos bailáronlo todo como les había dicho; 
y aparejaron la. páscua. 

14 Y como fué hora, se sentó á la mesa; y con él los 
doce apóstoles. 

15 Y les dijo : Con deseo he deseado comer con 
vosotros esta páscua ántes que padezca. 

16 Porque os digo, que no comeré más de ella, hasta 
que sea cumplido en el reino de Dios. 

17 Y tomando la copa, habiendo hecho gracias, dijo : 
Tomád esto, y distribuíd/o entre vosotros. 

18 Porque os digo, que no beberé del fruto de la vid, 
hasta que el reino de Dios venga. 

19 Y tomando pan, habiendo hecho gracias, lo rompió, 
y les dió, diciendo : Este es mi cuerpo, que por vosotros 
es dado ; hacéd esto en memoria de mí. 

20 Asimismo también la copa, después que hubo 
cenado, diciendo : Esta copa es el nuevo testamento en 
mi sangre, que por vosotros se derrama. 

21 Con todo eso, he aquí, la mano del que me entrega 
está conmigo en la mesa. 



SAN LUCAS 



173 



22 Y á la verdad el Hijo del hombre vá según lo que 
está determinado ; empero ¡ ay de aquel hombre por el 
cual es entregado ! 

23 Ellos entonces comenzaron á preguntar entre sí, 
cual dé ellos sería el que habia de hacer esto. 

24 Y hubo también entre ellos una contienda, quién 
de ellos parecía ser el mayor. 

25 Entonces él les dijo : Los reyes de las naciones se 
enseñorean de ellas ; y los que sobre ellas tienen potes- 
tad, son llamados bienhechores : 

26 Mas vosotros, no así : antes el que es mayor entre 
vosotros, sea como el más mozo ; y el que precede, 
como el que sirve. 

27 Porque ¿cuál es mayor, el que se asienta á la mesa, 
ó el que sirve ? ¿ Xo es el que se asienta á la mesa ? mas 
yo soy entre vosotros como el que sirve. 

28 Empero vosotros sois los que habéis permanecido 
conmigo en mis tentaciones : 

29 Yo pues os ordeno un reino, como mi Padre me lo 
ordenó á mí ; 

30 Para que comáis y bebáis en mi mesa en mi reino ; 
y os asentéis sobre tronos juzgando á las doce tribus de 
Israel. 

31 Dijo también el Señor : Simón, Simón, he aquí, 
que Satanás os ha pedido para zarandearos como á 
trigo ; 

32 Mas yo he rogado por tí que tu fé no falte ; y tú 
cuando te conviertas, continua á tus hermanos. 

33 Y él le dijo : Señor, dispuesto estoy á ir contigo, 
tanto á la cárcel, como á la muerte. 

34 Y él dijo : Pedro, te digo que el gallo no cantará 
I hoy, antes que tú niegues tres veces que me conoces. 

35 Y á ellos dijo : Cuando os envié sin bolsa, y sin 
alforja, y sin zapatos, ¿os faltó algo? Y ellos dijeron : 
Nada. 

36 Entonces les dijo : Pues ahora el que tiene bolsa, 
tómela ; y también su alforja ; y el que no tiene espada, 
venda su capa y cómprela. 

37 Porque os digo, que aun es menester que se cumpla 
en mí aquello que está escrito : Y con los malos fué 
contado ; porque lo que está escrito de mí, su cumpli- 
miento tiene. 



174 



SAN LÚ.CAS 



38 Entonces ellos dijeron : Señor, he aquí, dos espadas 
hay aquí. Y él les dijo : Basta. 

39 Y saliendo, se fué, según su costumbre, al monte 
de las Olivas ; y sus discípulos también le siguieron. 

40 Y como llegó á aquel lugar, les dijo : Orád para 
que no entréis en tentación. 

41 Y él se apartó de ellos como un tiro de piedra ; y 
puesto de rodillas, oró, 

42 Diciendo : Padre, si quieres, pasa esta copa de mí, 
empero no se baga mi voluntad, mas la tuya. 

43 Y le apareció un ángel del cielo esforzándole. 

44 Y estando en angonía, oraba más intensamente ; y 
fué su sudor como gotas grandes de sangre, que descen- 
dían hasta la tierra. 

45 Y como se levantó de la oración, y vino á sus dis- 
cípulos, los halló durmiendo de tristeza. 

46 Y les dijo : ¿Qué, dormís? Levantáos, y orád que 
no entréis en tentación. 

47 Estando aun hablando él, he aquí, una multitud 
de gente, y el que se llamaba Judas, uno de los doce, iba 
delante de ellos ; y se llegó á Jesús, para besarle. 

48 Entonces Jesús le dijo : ¿Judas, con un beso entre- 
gas al Hijo del hombre? 

49 Y viendo los que estaban junto á él lo que habia de 
ser, le dijeron : Señor, ¿ heriremos con espada ? 

50 Y uno de ellos hirió al criado del sumo sacerdote, 
y le quitó la oreja derecha. 

51 Y respondiendo Jesús, dijo : Dejád hasta aquí. Y 
tocando su oreja, le sanó. 

52 Dijo después Jesús álos príncipes délos sacerdotes, 
y á los capitanes del templo, y á los ancianos que habían 
venido contra él : ¿ Cómo á ladrón habéis salido con 
espadas y con palos? 

53 Habiendo estado con vosotros cada dia en el tem- 
plo, no extendisteis las manos contra mí ; mas esta es 
vuestra hora, y la potestad de las tinieblas. 

54 Y prendiéndole, le trajeron, y metiéronle en casa 
del príncipe de los sacerdotes. Y Pedro le seguía de 
léjos. 

55 Y habiendo encendido fuego en medio del atrio, y 
sentándose todos al derredor, se sentó también Pedro 
entre ellos. 



SAN LUCAS 



175 



5G Y como una criada le vió que estaba sentado al 
fuego, puestos los ojos en él, dijo : Y este con él era. 

57 Entóncesél lo negó, diciendo : Mujer, no le conozco. 

58 Y un poco después viéndole otro, dijo : Y tú de 
ellos eras. Y Pedro dijo : Hombre, no soy. 

59 Y como una hora pasada, otro afirmaba, diciendo : 
Verdaderamente también este estaba con él ; porque es 
Galileo. 

60 Y Pedro dijo : Hombre, no sé lo que dices. Y 
luego, estando aun él hablando, el gallo cantó. 

61 Entonces, vuelto el Señor, miró á Pedro ; y Pedro 
se acordó de la palabra del Señor, como le habia dicho, 
ántes que el gallo dé voz me negarás tres veces. 

62 Y saliendo fuera Pedro, lloró amargamente. 

63 Y los hombres' que tenian á Jesús, burlaban de él, 
hiriéndo/c. 

64 Y cubriéndole herian su rostro, y preguntábanle, 
diciendo : Profetiza, ¿quién es el que te hirió? 

65 Y decían otras muchas cosas injuriándole. 

66 Y como fué de dia, se juntaron, los ancianos del 
pueblo, y los príncipes de los sacerdotes, y los escribas, 
y le trajeron á su concilio, 

67 Diciendo : ¿ Eres tú el Cristo ? dínoslo. Y les dijo : 
Si os lo dijere, no creeréis ; 

68 Y también si os preguntare, no me responderéis, 
ni me soltaréis ; 

69 Mas desde ahora el Hijo del hombre se asentará á 
diestra del poder de Dios. 

70 Y dijeron todos : ¿ Luego tú eres el Hijo de Dios? 
Y él les dijo : Vosotros lo decis, que yo soy. 

71 Entonces ellos dijeron : ¿ Qué más testimonio 
deseamos ? porque nosotros lo hemos oido de su boca. 



LEVAXTÁXDOSE toda la multitud de ellos, llevá- 



2 Y comenzaron á acusarle, diciendo : A este 
hemos hallado que pervierte nuestra nación, y que veda 
dar tributo á César, diciendo que él es el Cristo el Rey. 

3 Entonces Pilato le preguntó, diciendo : ¿Eres tú el 
rey de los Judíos ? Y respondiéndole él, dijo : Tú lo dices. 



CAPITULO XXIII. 




176 



SAN LÚCAS 



4 Y Pilato dijo á los príncipes de los sacerdotes, y al 
pueblo : Ninguna culpa hallo en este hombre. 

5 Mas ellos porfiaban, diciendo : Alborota al pueblo, 
enseñando por toda Judea, comenzando desde Galilea 
hasta aquí. 

6 Entonces Pilato, oyendo de Galilea, preguntó si el 
hombre era Galileo. 

7 Y como entendió que era de la jurisdicción de He- 
ródes, le remitió á Heródes, el cual también estaba en 
Jerusalem en aquellos dias. 

8 Y Heródes, viendo á Jesús, se holgó mucho ; porque 
habia mucho que le deseaba ver ; porque habia oido de 
él muchas cosas ; y tenia esperanza que le veria hacer 
algún milagro. 

9 Y le preguntaba con muchas palabras ; mas él nada 
le respondió. 

10 Y estaban los príncipes de los sacerdotes, y los 
escribas acusándole con gran porfía. 

11 Mas Heródes con sus soldados le menospreció, y 
escarneció, vistiéndole de una ropa espléndida ; y le 
volvió á enviar á Pilato. 

12 Y fueron hechos amigos entre sí Pilato y Heródes 
en el mismo dia ; porque ántes eran enemigos entre sí. 

13 Entonces Pilato, convocando los príncipes de los 
sacerdotes, y los magistrados, y el pueblo, 

14 Les dijo : Me habéis presentado á este por hombre 
que pervierte al pueblo ; y, he aquí, yo preguntando 
delante de vosotros, no he hallado alguna culpa en este 
hombre de aquellas de que le acusáis. 

15 Y ni aun Heródes ; porque os remití á él ; y he 
aquí, que ninguna cosa digna de muerte se le ha 
hecho. 

16 Le soltaré pues castigado. 

17 Y tenia necesidad de soltarles uno en la fiesta. 

18 Y toda la multitud dió voces á una, diciendo : 
Afuera con este, y suéltanos á Barrabas : 

19 (El cual habia sido echado en la cárcel por una 
sedición hecha, en la ciudad, y una muerte.) 

20 Y les habló otra vez Pilato, queriendo soltar á 
Jesús. 

21 Mas ellos volvían á dar voces, diciendo : Crucifíca/e, 
Crucifícale. 



SAN LUCAS 



177 



22 Y él les dijo la tercera vez : ¿ Por qué ? ¿ Qué mal 
ha hecho este? ninguna culpa de muerte he hallado en 
él : le castigaré pues, y le soltaré. 

23 Mas ellos instaban á grandes voces, pidiendo que 
fuese crucificado ; y las voces de ellos, y de los príncipes 
de los sacerdotes prevalecieron. 

24 Entonces Pilato juzgó que se hiciese lo que ellos 
pedían. 

25 Y les soltó á aquel que había sido echado en la 
cárcel por sedición y una muerte, al cual habían pedido; 
mas entregó á .lesus á la voluntad de ellos. 

2(5 Y llevándole, tomaron á un Simón, Cireneo, que 
venia del campo, y le pusieron encima la cruz para que 
la llevase en pos de Jesús. 

27 Y le seguía grande multitud de pueblo, y de mu- 
jeres, las cuales le lloraban, y lamentaban. 

28 Mas Jesús, vuelto á ellas, les dijo : Hijas de Jerusa- 
lem, no me lloréis á mí ; mas lloraos á vosotras mismas, 
y á vuestros hijos. 

29 Porque, he aquí, que vendrán dias, en que dirán : 
Bienaventuradas las estériles, y los vientres que no pa- 
rieron, y los pechos que no criaron. 

30 Entonces comenzarán á decir á los montes : Caed 
sobre nosotros ; y á los collados : Cubridnos. 

31 Porque si en el árbol verde hacen estas cosas, ¿ en 
el seco qué se hará ? 

32 Y llevaban también con él otros dos, malhechores, 
á matar con él. 

33 Y como vinieron al lugar que se llama Calvario, le 
crucificaron allí ; y á los malhechores, uno á la derecha, 
y otro á la izquierda. 

34 Mas Jesús decia : Padre, perdónalos ; porque na 
saben lo que hacen. Y partiendo sus vestidos, echaron 
suertes. 

35 Y el pueblo estaba mirando ; y burlaban de él los 
príncipes ron ellos, diciendo : A otros salvó : sálvese á 
sí mismo, si este es el Mesías, el escogido de Dios. 

36 Escarnecían de él también los soldados, llegándose, 
y presentándole vinagre, 

37 Y diciendo : Si tú eres el Rey de los Judíos, sálvate 
á tí mismo. 

38 Y habia también un título escrito sobre él con 

M 



178 



SAN LÚCAS 



letras Griegas, y Latinas, y Hebraicas : ESTE ES EL 
REY DE LOS JUDÍOS. 

39 Y uno de los malhechores que estaban colgados, le 
injuriaba, diciendo : Si tú eres el Cristo, sálvate á tí 
mismo, y á nosotros. 

40 Y respondiendo el otro, le riño, diciendo : ¿ Ni aun 
tú temes á Dios, estando en la misma condenación ? 

41 Y nosotros á la verdad, justamente, porque recibi- 
mos lo que merecieron nuestros hechos ; mas este ningún 
mal hizo. 

42 Y dijo á Jesús : Señor, acuérdate de mí cuando 
-vinieres en tu reino. 

43 Entonces Jesús le dijo : De cierto te digo, que hoy 
estarás conmigo en el paraíso. 

44 Y era como la hora de sexta, y fueron hechas 
tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora de nona. 

45 Y el sol se oscureció, y el velo del templo se rompió 
por medio. 

46 Entonces Jesús, clamando á gran voz, dijo : Padre, 
en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo 
dicho esto, espiró. 

47 Y como el centurión vió lo que habia acontecido, 
dió gloria á Dios, diciendo : Verdaderamente este 
hombre era justo. 

48 Y toda la multitud de los que estaban presentes á 
este espectáculo, viendo lo que habia acontecido, se 
volvían hiriendo sus pechos. 

49 Mas todos sus conocidos estaban de léjos, y las 
mujeres que le habían seguido desde Galilea, mirando 
estas cosas. 

50 Y, he aquí, un varón llamado José, el cual era 
senador, varón bueno, y justo : 

51 El cual no habia consentido en el consejo ni en los 
hechos de ellos, varón de Arimatea, ciudad de los Judíos : 
el cual también esperaba el reino de Dios. 

52 Este llegó á Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús. 

53 Y quitado de la cruz, le envolvió en una sábana, y 
le puso en un sepulcro que era labrado en roca, en el 
cual aun ninguno habia sido puesto. 

54 Y era día de la preparación de la páscua ; y el 
sábado esclarecia. 

55 Y viniendo también las mujeres que le habían 



SAN LÚCAS 



179 



seguido de Galilea, vieron el sepulcro, y como fué puesto 
su cuerpo. 

56 Y vueltas, aparejaron drogas aromáticas, y ungüen- 
tos ; y reposaron el sábado, conforme al mandamiento. 

CAPITULO XXIV. 

MAS el primer día de la semana, muy de mañana 
vinieron al sepulcro, trayendo las drogas aromáti- 
cas que habían aparejado ; y algunas otras mujeres 
con ellas. 

2 Y hallaron la piedra revuelta de la puerta del 
sepulcro. 

3 Y entrando no hallaron el cuerpo del Señor Jesús. 

4 Y aconteció, que estando ellas espantadas de esto, 
he aquí, dos varones que se pararon junto á ellas, vesti- 
dos de vestiduras resplandecientes. 

5 Y teniendo ellas miedo, y bajando el rostro á tierra, 
les dijeron : ¿ Por qué buscáis entre los muertos al que 
vive ?' 

6 No está aquí, sino que ha resucitado : acordáos de 
como os habló, cuando aun estaba en Galilea, 

7 Diciendo : Es menester que el Hijo del hombre sea 
entregado en manos de hombres pecadores, y ser crucifi- 
cado, y resucitar al tercero dia. 

8 Entonces ellas se acordaron de sus palabras. 

9 Y volviendo del sepulcro, dieron nuevas de todas 
estas cosas á los once, y á todos los demás. 

10 Y eran María Magdalena, y Juana, y María, madre 
de Santiago, y otras que estaban con ellas, las que decían 
estas cosas á los apóstoles. 

11 Mas á ellos les parecían como locura las palabras 
de ellas ; y no las creyeron. 

12 Y levantándose Pedro, corrió al sepulcro ; y como 
miró dentro, vió solos los lienzos allí echados, y se fué 
maravillado entre sí de este hecho. 

13 Y, he aquí, dos de ellos iban el mismo dia á una 
aldea que estaba de Jerusalem sesenta estadios, llamada 
Emmáus : 

14 E iban hablando entre sí de todas aquellas cosas 
que habían acaecido. 

15 Y aconteció, que yendo hablando entre sí, y pre- 



180 



SAN LUCAS 



guntándose el uno al otro, el mismo Jesús se llegó, é iba 
con ellos juntamente. 

16 Mas los ojos de ellos eran detenidos, para que no le 
conociesen. 

17 Y les dijo : ¿ Qué pláticas son estas que tratáis entre 
vosotros andando, y estáis tristes? 

18 Y respondiendo el uno, que se llamaba Cleófas, le 
dijo : ¿Tú solo forastero eres en Jerusalem, que no has 
sabido las cosas que en ella han acontecido estos dias? 

19 Entonces él les dijo : ¿Qué? Y ellos le dijeron : 
De Jesús Nazareno, el cual fué varón profeta poderoso 
en obra y en palabra, delante de Dios y de todo el pueblo : 

20 Y como le entregaron los príncipes de los sacer- 
dotes, y nuestros magistrados, á condenación de muerte, 
y le crucificaron. 

21 Mas nosotros esperábamos que él era el que habia 
de redimir á Israel ; y ahora sobre todo esto, hoy es el 
tercero dia desde que esto ha acontecido. 

22 Aunque también unas mujeres de los nuestros nos 
han espantado, las cuales ántes del dia fueron al sepul- 
cro ; 

23 Y no hallando su cuerpo, vinieron, diciendo que 
también habían visto visión de ángeles, los cuales dijeron 
que él vive. 

24 Y fueron algunos de los nuestros al sepulcro, y ha- 
llaron ser así como las mujeres habían dicho ; mas á él no 
le vieron. 

25 Entonces él les dijo : ¡ Oh insensatos, y tardos de 
corazón para creer á todo lo que los profetas han dicho ! 

26 ¿ No era menester que Cristo padeciera estas cosas, 
y que entrara así en su gloria ? 

27 Y comenzando desde Moisés, y de todos los profetas, 
les declaraba en todas las Escrituras las cosas tocantes á él. 

28 Y llegaron á la aldea á donde iban ; y él hizo como 
qué iba más léjos. 

29 Mas ellos le detuvieron por fuerza, diciendo : Qué- 
date con nosotros, porque se hace tarde, y está ya de- 
clinando el dia. Y entró para quedarse con ellos. 

30 Y aconteció, que estando sentado á la mesa con 
ellos, tomando el pan, bendijo, y lo rompió, y les dió. 

31 Entonces fueron abiertos los ojos de ellos, y le 
conocieron ; mas él se desapareció de Íes ojos de ellos. 



SAN LUCAS 



181 



32 Y decían el uno al otro : ¿ No ardía nuestro cora- 
zón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y 
cuando nos abria las Escrituras? 

33 Y levantándose en la misma hora, tornáronse á 
Jerusalem ; y hallaron á los once congregados, y á los 
que estaban con ellos, 

34 Que decían ¡ Resuscitado ha el Señor verdadera- 
mente, y ha aparecido á Simón. 

35 Entonces ellos contaban las cosas que les habían 
acontecido en el camino ; y como habia sido conocido de 
ellos en el romper del pan. 

36 Y entre tanto (pie ellos hablaban estas cosas, Jesús 
se puso en medio de ellos, y les dijo : Paz á vosotros. 

37 Entonces ellos espantados y asombrados, pensaban 
que veían algún espíritu. 

38 Mas él les dijo : ¿ Por qué estáis turbados, y suben 
pensamientos á vuestros corazones ? 

39 Mirád mis manos y mis piés, que yo mismo soy. 
Palpád, y ved ; que el espíritu ni tiene carne ni hue.-os, 
como veis que yo tengo. 

40 Y en diciendo esto, les mostró sus manos y sus piés. 

41 Y no creyéndolo aun ellos de gozo, y maravillados, 
les dijo : ¿Tenéis aquí algo de comer? 

42 Entonces ellos le presentaron parte de un pez 
asado, y un panal de miel. 

43 Lo cual él tomó, y comió delante de ellos : 

44 Y les dijo : Estas son las palabras que os hablé 
estando aun con vosotros : Que era necesario que se 
cumpliesen todas las cosas que están escritas en la ley de 
Moisés, y en los profetas, y en los Salmos de mí. 

45 Entonces les abrió el entendimiento, para que 
entendiesen las Escrituras. 

46 Y les dijo : Así está escrito, y así fué menester que 
el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercero 
dia ; 

47 Y que se predicase en su nombre arrepentimiento, 
y remisión de pecados, en todas las naciones, comen- 
zando de Jerusalem. 

48 Y vosotros sois testigos de estas cosas. 

49 Y, he aquí, yo enviaré al prometido de mi Padre 
sobre vosotros ; mas vosotros quedáos en la ciudad de 
Jerusalem, hasta que seáis investidos de lo alto de poder. 



182 



SAN JUAN 



50 Y los sacó fuera, hasta Betania, y alzando sus manos 
los bendijo. 

51 Y aconteció, que bendiciéndoles, se fué de ellos, y 
era llevado arriba al cielo. 

r>2 Y ellos después de haberle adorado, se volvieron á 
Jerusalem con gran gozo. 

53 Y estaban siempre en el templo, alabando y ben- 
diciendo á Dios. Amen. 



EN el principio ya era el Verbo ; y el Verbo era con 
Dios, y Dios era el Verbo. 
2 Este era en el principio con Dios. 

3 Todas las cosas por este fueron hechas ; y sin él nada 
de lo que es hecho, fué hecho. 

4 En él estaba la vida, y la vida era la luz de los 
hombres. 

5 Y la luz en las tinieblas resplandece ; y las tinieblas 
no la comprendieron. 

6 Fué un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba 
Juan. 

7 Este vino por testimonio, para que diese testimonio 
de la Luz, para que por él todos creyesen. 

8 El no era la Luz ; mas fué enviado para que diese 
testimonio de la Luz. 

*.» Aquélla Palabra ora la Luz verdadera, que alumbra 
á todo hombre, que viene en este mundo. 

10 En el mundo estaba, y el mundo fué hecho por él, 
y el mundo no le conoció. 

11 A lo suyo vino ; y los suyos no le recibieron. 

12 Mas á todos los que le recibieron, dióles poder de 
ser hechos hijos de Dios, esto es, á los que creen en su 
nombre : 

13 Los cuales no son engendrados de sangres, ni de 




CAPITULO I. 



SAN JUAN 



183 



voluntad de la carne, ni de voluntad de hombre, sino de 
Dios. 

14 Y el Verba fué hecho carne, y habitó entre noso- 
tros ; y vimos su gloria, gloria como del unigénito del 
Padre, lleno de gracia y de verdad. 

15 Juan dió testimonio de él, y clamó, diciendo : Este 
es del que yo decia : El que viene en pos de mí, es mayor 
que yo ; porque es primero que yo. 

16 Y de su plentitud tomamos todos, y gracia por 
gracia. 

17 Porque la ley por Moisés fué dada ; mas la gracia y 
la verdad por Jesu Cristo vinieron. 

18 A Dios nadie le vió jamas : el unigénito hijo que 
está en el seno del Padre, él nos le declaró. 

19 Y este es el testimonio de Juan, cuando los Judíos 
enviaron de Jerusalem sacerdotes y Levitas, que le pre- 
guntasen : ¿ Tú, quién eres ? 

20 Y confesó, y no negó ; mas confesó : Yo no soy el 
Cristo. 

21 Y le preguntaron : ¿Qué pues? ¿Eres tú Elias? 
Dijo : No soy. ¿Eres tú el profeta? Y respondió : No. 

22 Dijéronle pues: ¿Quién eres? para que demos 
respuesta á los que nos enviaron. ¿Qué dices de tí 
mismo ? 

23 Dijo : Yo soy la voz del que clama en el desierto : 
Enderezad el camino del Señor, como dijo Isaías profeta. 

24 Y los que habían sido enviados eran de los Fariseos. 

25 Y preguntáronle, y le dijeron: ¿Por qué pues 
bautizas, si tú no eres el Cristo, ni Elias, ni el profeta? 

26 Y Juan les respondió, diciendo : Yo bautizo con 
agua ; mas en medio de vosotros está uno, á quien voso- 
tros no conocéis : 

27 Este es el que ha de venir en pos de mí, el cual es 
mayor que yo, del cual yo no soy digno de desatar la 
correa del zapato. 

28 Estas cosas fueron hechas en Betabara de la otra 
parte del Jordán, donde Juan bautizaba. 

29 El siguiente dia ve Juan á Jesús que venia á él, y 
dice : He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado 
del mundo. 

30 Este es del que dije: Tras mí viene un varón, el 
cual es mayor que yo ; porque era primero que yo. 



184 



SAN JUAN 



31 Y yo no le conocía ; mas para que fuese manifes- 
tado á Israel, por eso vine yo bautizando con agua. 

32 Y Juan dió testimonio, diciendo : Vi al Espirita 
que descendía del cielo como paloma, y reposó sobre él. 

33 Y yo no le conocia ; mas el que me envió á bautizar 
con agua, aquel me dijo : Sobre aquel que vieres descen- 
der el Espíritu, y que reposa sobre él, este es el que bautiza 
con el Espíritu Santo. 

34 Y yo vi, y he dado testimonio, que este es el Hijo 
•de Dios. 

35 El siguiente dia otra vez estaba Juan, y dos de sus 
discípulos. 

3(3 Y mirando á Jesús que andaba por allí, dijo : He 
aquí el Cordero de Dios. 

37 Y oyéronle los dos discípulos hablar, y siguieron á 
Jesús. 

38 Y volviéndose Jesús, y viéndoles seguirle, díceles : 
¿ Qué buscáis ? Y ellos le dijeron : Rabbi, (que interpre- 
tado, quiere decir, Maestro,) ¿dónde moras? 

39 Díceles : Venid, y ved. Vinieron, y vieron donde 
moraba ; y quedáronse con él aquel dia ; porque era 
como la hora décima. 

40 Era Andrés, el hermano de Simón Pedro, uno de 
los dos que habían oido hablar á Juan, y le habían 
seguido. 

41 Este halló primero á su hermano Simón, y le dijo : 
Hemos hallado al Mesías, que interpretado es, el Cristo. 

42 Y le trajo á Jesús. Y mirándole Jesús, dijo : Tú 
eres Simón, hijo de Joñas : tú serás llamado Céfas, que 
quiere decir, Piedra. 

43 El dia siguiente quiso Jesús ir á Galilea, y halla á 
Felipe ; ye le dice ; Sigúeme. 

44 Y era Felipe de Betsaida, la ciudad de Andrés y de 
Pedro. 

45 Felipe halló á Natanael, y le dice : Hemos hallado 
á aquel de quien escribió Moisés en la ley, y los profetas : 
Jesús de Nazaret, el hijo de José. 

46 Y le dijo Natanael : ¿De Nazaret puede haber algo 
de bueno? Dícele Felipe : Ven, y vé. 

47 Jesús vió venir á sí á Natanael, y dijo de él : He 
aquí un verdaderamente Israelita, en el cual no hay 
engaño. 



SAN JUAN 



185 



48 Dícele Natanael : ¿De dónde me conoces? Re- 
spondióle Jesús, y le dijo : Antes que Felipe te llamara, 
cuando estabas debajo de la higuera, te vi. 

4'.i Respondió Natanael, y le dijo : Rabbi, tú eres el 
Hijo de Dios : tú eres el Rey de Israel. 

50 Respondió Jesús, ye le dijo : ¿ Porque te dije : Vite 
debajo de la higuera, crees? cosas mayores que estas 
verás. 

51 Y le dice : De cierto, de cierto os digo : De aquí 
adelante veréis el cielo abierto, y los ángeles de Dios 
que suben y descienden sobre el Hijo del hombre. 

CAPITULO II. 

Y AL tercero dia luciéronse unas bodas en Cana de Ga- 
lilea ; y estaba allí la madre de Jesús. 
2 Y fué también llamado Jesús, y sus discípulos 
á las bodas. 

3 Y faltando el vino, la madre de Jesús le dijo : No 
tienen vino. 

4 Y le dice Jesús: ¿Qué tengo yo que ver contigo, 
mujer? aun no ha venido mi hora. 

5 Su madre dice á los que servían : Hacéd todo lo que 
él os dijere. 

6 Y estaban allí seis tinajuelas de piedra, conforme á la 
purificación de los Judíos, que cabia en cada una dos ó 
tres cántaros. 

7 Díceles Jesús : Llenád estas tinajuelas de agua. Y 
las llenaron hasta arriba. 

8 Y díceles : Sacád ahora, y presentád al maestresala. 
Y presentáronle. 

9 Y como el maestresala gustó el agua hecha vino, y 
no sabía de donde era ; (mas los que servían, lo sabian, 
que habían sacado el agua :) el maestresala llama al 
esposo, 

10 Y le dice : Todo hombre pone primero el buen 
vino ; y cuando ya están hartos, entonces lo que es peor ; 
mas tú has guardado el buen vino hasta ahora. 

11 Este principio de milagros hizo Jesús en Cana de 
Galilea, y manifestó su gloria ; y sus discípulos creyeron 
en él. 

12 Después de esto descendió á Capernaum, él, y su 



186 



SAN JUAN 



madre, y sus hermanos, y sus discípulos ; y estuvieron 
allí no muchos dias. 

13 Y estaba cerca la pascua de los Judíos, y subió 
Jesús á Jerusalem. 

1-4 Y halló en el templo los que vendían bueyes, y 
ovejas, y palomas, y los cambiadores sentados. 

15 Y hecho un azote de cuerdas, echólos á todos del 
templo, y las ovejas, y los bueyes, y derramó los dineros 
de los cambiadores, y trastornó las mesas. 

16 Y á los que vendian las palomas dijo : Quitád de 
aquí estas cosas, y no hagáis la casa de mi Padre casa 
de mercadería. 

17 Entonces se acordaron sus discípulos que estaba 
escrito : El zelo de tu casa me comió. 

18 Y los Judíos respondieron, y le dijeron : ¿ Qué 
señal nos muestras, siendo así que tú haces estas cosas? 

19 Respondió Jesús, y les dijo : Destruid este templo, 
y en tres dias yo lo levantaré. 

20 Dijeron luego los Judíos : ¿ En cuarenta y seis años 
fué este templo edificado, y tü en tres dias lo levantarás? 

21 Mas él hablaba del templo de su cuerpo. 

22 Por tanto cuando resucitó de los muertos, sus dis- 
cípulos se acordaron que les habia dicho esto, y creyeron 
á la Escritura, y á la palabra que Jesús habia dicho. 

23 Y estando él en Jerusalem en la páscua, en el día 
de la fiesta, muchos creyeron en su nombre, viendo los 
milagros que hacia. 

24 Mas el mismo Jesús no se confiaba á sí mismo de 
ellos, porque él conocía á todos, 

25 Y no tenia necesidad que alguien le diese testi- 
monio del hombre ; porque él sabia lo que habia en el 
hombre. 



CAPITULO III. 

Y HABIA un hombre de los Fariseos que se llamaba 
Nicodemo, príncipe de los Judíos. 
2 Este vino á Jesús de noche, y le dijo : Rabbi, 
sabemos que eres un maestro venido de Dios ; porque 
nadie puede hacer estos milagros que tú baces, si no 
fuere Dios con él. 

3 Respondió Jesús, y le dijo : De cierto, de cierto te 



SAN JUAN 



187 



digo, que el que no naciere otra vez, no puede ver el 
reino de Dios. 

4 Dícéle Nicodemo : Cómo puede el hombre nacer, 
siendo viejo ? ¿ puede entrar segunda vez en el vientre 
de su madre, y nacer ? 

5 Respondió Jesús : De cierto, de cierto te digo, que 
el que no renaciere de agua y del Espíritu, no puede 
entrar en el reino de Dios. 

6 Lo que es nacido de la carne, carne es ; y lo que es 
nacido del Espíritu, espíritu es. 

7 No te maravilles de que te dije : Necesario os es 
nacer otra vez. 

8 El viento de donde quiere sopla ; y oyes su sonido, 
mas ni sabes de donde viene, ni donde vaya : así es todo 
aquel que es nacido del Espíritu. 

9 Respondió Xicodemo, y le dijo : ¿ Cómo puede ser 
esto ? 

10 Respondió Jesús, y le dijo : ¿ Tú eres un maestro 
de Israel, y no sabes esto? 

11 De cierto, de cierto te digo, que lo que sabemos 
hablamos ; y lo que hemos visto, testificamos, y no 
recibís nuestro testimonio. 

12 Si os he dicho cosas terrenales, y no creéis : ¿ cómo 
creeréis, si os dijere cosas celestiales? 

13 Y nadie subió al cielo, sino el que descendió 
del cielo, es á saber, el Hijo del hombre, que está en 
el cielo. 

14 Y como Moisés levantó la serpiente en el de- 
sierto, así es necesario que el Hijo del hombre sea 
levantado ; 

15 Para que todo aquel que en él creyere, no se pierda, 
mas tenga vida eterna. 

16 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que 
haya dado á su Hijo unigénito ; para que todo aquel que 
en él creyere, no se pierda, mas tenga vida eterna. 

17 Porque no envió Dios á su Hijo al mundo, para 
que condene al mundo ; sino para que el mundo sea 
salvo por él. 

18 El que en él cree, no es condenado ; mas el que no 
cree, ya es condenado ; porque no creyó en el nombre 
del unigénito Hijo de Dios. 

19 Y esta es la condenación, que la luz vino al mundo, 



188 



SAN JUAN 



y los hombres amaron más las tinieblas que la luz ; 
porque sus obras eran malas. 

20 Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la 
luz, y no viene á la luz, porque sus obras no sean redar- 
güidas. 

21 Mas el que obra verdad, viene á la luz, para que 
sus obras sean hechas manifiestas, porque son hechas en 
Dios. 

22 Pasado esto, vino Jesús y sus discípulos á una 
tierra de Judea ; y estaba allí con ellos, y bautizaba. 

23 Y bautizaba también Juan en Enon junto á Salino, 
porque habia allí muchas aguas ; y venian, y eran bauti- 
zados. 

24 Porque aun Juan no habia sido puesto en la cárcel. 

25 Y hubo una cuestión entre algunos de los discípulos 
de Juan y los Judíos acerca de la purificación. 

26 Y vinieron á Juan, y le dijeron : Rabbi, el que 
estaba contigo de la otra parte del Jordán, del cual tú 
diste testimonio, he aquí, bautiza, y todos vienen á él. 

27 Respondió Juan, y dijo : No puede el hombre reci- 
bir algo si no le fuere dado del cielo. 

28 Vosotros mismos me sois testigos que dije : Yo no 
soy el Cristo ; mas soy enviado delante de él. 

29 El que tiene la esposa, es el esposo ; mas el amigo 
del esposo, que está en pié y le oye, se goza grandemente 
de la voz del esposo. Así, pues, este mi gozo es cum- 
plido. 

30 A él conviene crecer ; mas á mí descrecer. 

31 El que de arriba viene, sobre todos es : el que es 
de la tierra, terreno es, y cosas terrenas habla : el que 
viene del cielo, sobre todos es. 

32 Y lo que vió y oyó, esto testifica ; y nadie recibe su 
testimonio. 

33 El que recibe su testimonio, este selló que Dios es 
verdadero ; 

84 Porque el que Dios envió, las palabras de Dios 
habla ; porque no le da Dios el Espíritu por medida. 

35 El Padre ama al Hijo, y todas las cosas dió en su 
mano. 

36 El que cree en el Hijo, tiene vida eterna ; mas el 
que al Hijo es incrédulo, no verá la vida ; sino que la ira 
de Dios queda sobre él. 



SAN JUAN 



189 



CAPITULO IV. 



(OMO, pues, el Señor entendió que los Fariseos habían 



oido que Jesús hacia discípulos, y bautizaba más 



^ que Juan, 

2 (Aunque Jesús no bautizaba, sino sus discípulos,) 

3 Dejó á Judea, y se fué otra vez á Galilea. 

4 Y era menester que pasase por Samaría. 

5 Vino pues á una ciudad de Samaría (pie se llama 
Sicar, junto á la heredad (pie Jacob dió á José su hijo. 

G Y estaba allí el pozo de Jacob. Jesús, pues, cansado 
del camino, se sentó así sobre el pozo. Era como la 
hora de sexta. 

7 Viene una mujer de Samaría á sacar agua ; y Jesús 
le dice : Dame de beber. 

8 (Porque sus discípulos habían ido á la ciudad á 
comprar de comer.) 

9 Y la mujer Samaritana le dice : ¿ Cómo tú, siendo 
Judío, me demandas á mí de beber, que soy mujer 
Samaritana? Porque los Judíos no se tratan con los 
Samari taños. 

10 Respondió Jesús, y le dijo : Si conocieses el don de 
Dios, y quien es el que te dice : Dáme de beber : tú 
pedirías de él, y él te daría agua viva. 

11 La mujer le dice : Señor, no tienes con que sacarla, 
y el pozo es hondo : ¿ de dónde, pues, tienes el agua 
viva ? 

12 ¿Eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos 
dió este pozo, del cual él bebió, y sus hijos, y sus 
ganados ? 

13 Respondió Jesús, y le dijo : Cualquiera que bebiere 
de esta agua, volverá á tener sed ; 

14 Mas el que bebiere del agua que yo le daré, para 
siempre no tendrá sed ; mas el agua que yo le daré, será 
en él pozo de agua, que salte para vida eterna. 

15 La mujer le dice : Señor, dáme esta agua, para 
que yo no tenga sed, ni venga acá á sacaría. 

16 Jesús le dice : Vé, llama á tu marido, y ven acá. 

17 Respondió la mujer, y le dijo : No tengo marido. 
Dícele Jesús : Bien has dicho : No tengo marido ; 

18 Porque cinco maridos has tenido ; y el que ahora 
tienes, no es tu marido : esto has dicho con verdad. 




190 



SAN JUAN 



19 Dícele la mujer : Señor, paréceme que tú eres 
profeta. 

20 Nuestros padres adoraron en este monte, y voso- 
tros decís, que en Jerusalem es el lugar donde es menester 
adorar. 

21 Dícele Jesús : Mujur, créeme, que la hora viene, 
cuando ni en este monte, ni en Jerusalem adoraréis al 
Padre. 

22 Vosotros adoráis lo que no sabéis : nosotros ado- 
ramos lo que sabemos; porque la salvación de los 
Judíos es. 

23 Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verda- 
deros adoradores adorarán al Padre en espíritu y en 
verdad ; porque también el Padre tales busca que le 
adoren. 

•24 Dios es Espíritu, y los que le adoran, en espíritu y 
en verdad es menester que le adoren. 

25 Dícele la mujer : Yo sé que el Mesías ha de venir, 
el cual es llamado, el Cristo : cuando él viniere, nos 
declarará todas las cosas. 

26 Dícele Jesús : Yo soy, que hablo contigo. 

27 Y en esto vinieron sus discípulos, y se maravi- 
llaron de que hablaba con la mujer ; mas ninguno le dijo: 
¿ Qué preguntas, o, qué hablas con ella ? 

28 Entonces la mujer dejó su cántaro, y fué á la ciu- 
dad, y dijo á los hombres : 

29 Venid, ved un hombre que me ha dicho todo 
cuanto he hecho : ¿ si es quizá el Cristo ? 

30 Entonces salieron de la ciudad, y vinieron á él. 

31 Entre tanto los discípulos le rogaban, diciendo : 
Rabbi, come. 

32 Y él les dijo : Yo tengo una comida que comer, 
que vosotros no sabéis. 

33 Entonces los discípulos decían el uno al otro : ¿ Le 
ha traído alguien de comer? 

3-4 Díceles Jesús : Mi comida es, que yo haga la volun- 
tad del que me envió, y que acabe su obra. 

35 ¿ No decís vosotros, que aun hay cuatro meses 
hasta la siega? He aquí, yo os digo: Alzad vuestros 
ojos, y mírád las regiones ; porque ya están blancas para 
la siega. 

3G Y el que siega recibe salario, y allega fruto para 



SAN JUAN 



101 



vida eterna ; para que el que siembra también goce, y 
el que siega. 

37 Porque en esto es el dicho verdadero : Que uno es 
el que siembra, y otro es el que siega. 

38 Yo os he enviado á segar lo que vosotros no labras- 
teis : otros labraron, y vosotros habéis entrado en sus 
labores. 

39 Y muchos de los Samaritanos de aquella ciudad 
creyeron en él por la palabra déla mujer, que daba testi- 
monio, diciendo: Me dijo todo cuanto he hecho. 

40 Mas viniendo los Samaritanos á él, la rogaron que 
se quedase allí ; y se quedó allí dos dias. 

41 Y creyeron muchos más por la palabra de él. 

42 Y decían á la mujer : Ya no creemos por tu dicho ; 
porque nosotros mismos le hemos oido ; y sabemos, que 
verdaderamente este es el Cristo, el Salvador del mundo. 

43 Y dos dias después salió de allí, y se fué á Galilea. 

44 Porque el mismo Jesús dió testimonio : Que el 
profeta en su tierra no tiene honra. 

45 Y como vino á Galilea, los Galileos le recibieron, 
vistas todas las cosas que había hecho en Jerusalem en 
la fiesta ; ¡jorque también ellos habían ido á la fiesta. 

46 Vino pues Jesús otra vez á Cana de Galilea, donde 
habia hecho el vino del agua. Y habia un cierto corte- 
sano, cuyo hijo estaba enfermo en Capernaum. 

47 Este, como oyó que Jesús venia de Judea á Galilea, 
fué á él, y le rogaba que descendiese, y sanase su hijo ; 
porque se comenzaba á morir. 

48 Entonces Jesús le dijo : Si no viereis señales y 
maravillas, no creeréis. 

49 El cortesano le dijo : Señor, desciende ántes que 
mi hijo muera. 

50 Dícele Jesús : Vé, tu hijo vive. Creyó el hombre 
á la palabra que Jesús le dijo, y se fué. 

51 Y como él iba ya descendiendo, sus criados le salie- 
ron á recibir, y le dieron nuevas, diciendo : Tu hijo vive. 

52 Entonces él les preguntó á qué hora comenzó á 
estar mejor ; y le dijeron : Ayer á la sétima hora le 
dejó la fiebre. 

53 El padre entonces entendió, que aquella hora era 
cuando Jesús le dijo : Tu hijo vive ; y creyó él, y toda 
su casa. 



192 



SAN JUAN 



54 Este segundo milagro "olvió Jesús á hacer cuando 
vino de Judea á Galilea. 

CAPITULO V. 

DESPUES de estas cosas, había una fiesta de los Judíos, 
y subió Jesús á Jerusalem. 
2 Y hay en Jerusalem junto á la puerta del ganado 
un estanque, que en lengua Hebrea es llamado Bet-esda, 
el cual tiene cinco pórticos. 

3 En estos estaba echada una grande multitud de en- 
fermos, ciegos, cojos, secos, que estaban esperando el 
movimiento del agua ; 

4 Porque un ángel descendía á cierto tiempo al estan- 
que, y revolvía el agua ; y el que primero entraba en el 
estanque, después del movimiento del agua, quedaba 
sano de cualquier enfermedad que tuviese. 

5 Y estaba allí un hombre, que había treinta y ocho 
años que estaba enfermo. 

6 Como Jesús le vió echado, y entendió que ya había 
mucho tiempo que estaba enfermo, dícele : ¿ Quiéres ser 
sano ? 

7 Y el enfermo le respondió : Señor, no tengo hombre, 
que cuando el agua fuere revuelta, me meta en el estan- 
que ; porque entre tanto que yo voy, otro antes de mí ha 
descendido. 

8 Dícele Jesús : Levántate, toma tu lecho, y anda. 

9 Y luego aquel hombre fué sano, y tomó su lecho, é 1 
íbase ; y era sábado aquel día. 

10 Entonces los Judíos decian á aquel que habir 
sido sanada : Sábado es, no te es lícito llevar ti¡ 
lecho. 

11 Respondióles : El que me sanó, el mismo me dijo 
Toma tu lecho, y anda. 

12 Y le preguntaron entonces: ¿Quién es el que t< 
dijo : Toma tu lecho, y anda ? 

13 Y el que había sido sanada, no sabia quien fuese 
porque Jesús se había apartado de la multitud que estab 
en aquel lugar. 

14 Después le halló Jesús en el templo, y le dijo : H 
aquí, ya estás sano : no peques más, porque no te veng 
alguna, cosa peor. 



SAN JUAN 



193 



15 El hombre so fué entonces, y dió aviso á los Judíos, 
que Jesús era el que le había sanado. 

1(5 Y por esta causa los Judíos perseguían á Jesús, 
y procuraban matarle, porque hacia estas cosas en 
sábado. 

17 Y Jesús les respondió : Mi padre hasta ahora obra, 
y yo obro. 

18 Entonces por tanto más procuraban los Judíos 
matarle ; porque no solo quebrantaba el sábado, mas 
aun también decia que era Dios su Padre, haciéndose 
igual á Dios. 

19 Respondió pues Jesús, y les dijo : De cierto, de 
cierto os digo : Que no puede el Hijo hacer algo de sí 
mismo, sino lo que viere hacer al Padre ; porque todo 
lo que él hace, esto también hace el Hijo juntamente. 

20 Porque el Padre ama al Hijo, y le muestra tudas 
las cosas que él hace ; y mayores obras que estas le 
mostrará, de modo qué vosotros os maravilléis. 

21 Porque como el Padre levanta los muertos, y 
te» da vida, así también el Hijo á los que quiere 
da vida. 

22 Porque el Padre á nadie juzga, mas todo el juicio 
dió al Hijo ; 

23 Para que todos honren al Hijo, como honran al 
Padre : el que no honra al Hijo, no honra al Padre que 
le envió. 

24 De cierto, de cierto os digo : Que el que oye mi 
palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna ; y no 
vendrá en condenación, mas pasó de muerte á vida. 

25 De cierto, de cierto os digo : Que vendrá hora, y 
ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de 
Dios ; y los que oyeren, vivirán. 

26 Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así 
dió también al Hijo que tuviese vida en sí mismo. 

27 Y también le dió poder de hacer juicio, porque es 
el Hijo del hombre. 

28 No os maravilléis de esto ; porque vendrá hora, 
cuando todos los que están en los sepulcros oirán 
su voz ; 

29 Y los que hicieron bien, saldrán á resurrección de 
vida ; y los que hicieron mal, á resurrección de con- 
denación. 

N 



194 



SAN JUAN 



30 No puedo yo de mí mismo hacer algo : como oigo, 
juzgo ; y mi juicio es justo, porque no busco mi volun- 
tad, mas la voluntad del Padre que me envió. 

31 Si yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio 
no es verdadero. 

32 Otro es el que da testimonio de mí ; y yo sé que el 
testimonio que él da de mí, es verdadero. 

33 Vosotros enviasteis á Juan, y él dió testimonio á la 
verdad. 

34 Empero yo no tomo el testimonio de hombre : mas 
digo estas cosas, para que vosotros seáis salvos. 

35 El era antorcha que ardia, y alumbraba ; y voso- 
tros quisisteis regocijaros por un poco en su luz. 

36 Mas yo tengo mayor testimonio que el de Juan ; 
porque las obras que el Padre me dió que cumpliese, es á 
saber, las mismas obras que yo hago, dan testimonio de 
mí, que el Padre me haya enviado. 

37 Y el Padre mismo que me envió, él dió testimonio 
de mí. Vosotros nunca habéis oido su voz, ni habéis 
visto su parecer. 

38 Ni tenéis su palabra permanente en vosotros ; por- 
que al que él envió, á este vosotros no creéis. 

39 Escudriñad las Escrituras ; porque á vosotros os 
parece, que en ellas tenéis la vida eterna ; y ellas son las 
que dan testimonio de mí ; 

40 Y no queréis venir á mí, para que tengáis vida. 

41 Gloria de los hombres no recibo. 

42 Mas yo os conozco, que no tenéis el amor de Dios 
en vosotros. 

43 Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me 
recibís : si otro viniere en su proprio nombre, á aquel 
recibiréis. 

44 ¿ Cómo podéis vosotros creer, los que tomáis gloria 
los unos de los otros ? y no buscáis la gloria que de solo 
Dios viene. 

45 No pensáis que yo os tengo de acusar delante del 
Padre : hay quien os acusa, es á saber, Moisés, en quien 
vosotros esperáis. 

46 Porque si vosotros creyeseis á Moisés, creeríais á 
mí ; porque de mí escribió él. 

47 Y si á sus escritos no creéis, ¿ cómo creeréis á mis 
palabras ? 



SAN JUAN 



195 



CAPITULO VI. 



ASADAS estas cosas, se fué Jesús á la otra parte de 



| la mar de Galilea, que es la mar de Tibérias. 

2 Y seguíale grande multitud, porque veían sus 
milagros que hacia en los enfermos. 

3 Subió pues Jesús á un monte, y se sentó allí con sus 
discípulos. 

4 Y estaba cerca la pascua, la fiesta de los Judíos. 

5 Y como alzó Jesús los ojos, y vió que habia venido 
á él una grande multitud, dice á Felipe : ¿ De dónde 
compraremos pan para que coman estos ? 

tí Mas esto decía tentándole ; porque él sabia lo que 
habia de hacer. 

7 Respondióle Felipe : Doscientos denarios de pan 
no les bastarán, para que cada uno de ellos tome 
un poco. 

8 Dícele uno de sus discípulos, Andrés, hermano de 
Simón Pedro : 

9 Un muchacho está aquí que tiene cinco panes 
de cebada y dos pececillos ; ¿ mas qué es esto entre 
tantos ? 

10 Entonces Jesús dijo : Hacéd recostar los hombres. 
Y habia mucha yerba en aquel lugar; y recostáronse 
como en número de cinco mil varones. 

11 Y tomó Jesús aquellos panes, y habiendo hecho 
gracias, repartió á los discípulos, y los discípulos á los 
que estaban recostados ; y asimismo de los peces cuanto 
querían. 

12 Y como fueron hartos, dijo á sus discípulos : Cogéd 
los pedazos que han quedado, porque no se pierda nada. 

13 Recogiéronlos pues, y llenaron doce esportones de 
pedazos de los cinco panes de cebado, que sobraron á los 
que habían comido. 

14 Aquellos hombres entonces, como vieron el milagro 
que Jesús habia hecho, decían : Este verdaderamente es 
el profeta, que habia de venir al mundo. 

15 Entendiendo entonces Jesús, que habían de venir 
para tomarle por fuerza, y hacerle rey, volvió á huirse á 
un monte él solo. 

16 Y como se hizo tarde, descendieron sus discípulos 
á la mar. 




196 



SAN JUAN 



17 Y entrando en una nave, iban atravesando el mar 
hácia Capernaum. Y era ya Oscuro, y Jesús no habia 
venido á ellos. 

18 Y la mar se comenzó á levantar con un gran viento, 
que soplaba. 

19 Y cuando hubieron navegado como veinte y cinco, 
ó treinta estadios, ven á Jesús que andaba sobre la mar, 
y se acercaba á la nave ; y tuvieron miedo. 

20 Mas él les dijo : Yo soy : no tengáis miedo. 

21 Entonces ellos le recibieron de buena gana en la 
nave, y luego la nave llegó á la tierra donde iban. 

22 El dia siguiente la gente que estaba de la otra parte 
de la mar, como vió que no babia allí otra navecilla sino 
una, en la cual se habían entrado sus discípulos, y que 
Jesús no habia entrado con sus discípulos en la nave, 
sino que sus discípulos solos se habían icio ; 

23 Y que otras navecillas habían arribado deTibérias, 
junto al lugar donde habían comido el pan, después de 
haber el Señor hecho gracias ; 

24 Como vió pues la gente que Jesús no estaba allí, ni 
sus discípulos, entraron ellos también en las navecillas, 
y vinieron á Capernaum buscando á Jesús. 

25 Y hallándole de la otra parte de la mar, dijéronle : 
¿Rabbi, cuándo llegaste acá? 

26 Respondióles Jesús, y dijo : De cierto, de cierto os 
digo, que me buscáis, no porque habéis visto los mila- 
gros, mas porque comisteis del pan, y os hartasteis. 

27 Trabajad, no por la comida que perece, mas por la 
comida que á vida eterna permanece, la cual el Hijo del 
hombre os dará ; porque á este selló el Padre, es á saber, 
Dios. 

28 Entonces le dijeron : ¿ Qué haremos para que 
obremos las obras de Dios? 

29 Respondió Jesús, y les dijo : Esta es la obra de 
Dios, que creáis en el que él envió. 

30 Dijéronle entonces : ¿ Qué señal pues haces tú, para 
que veamos, y te creamos? ¿Qué obras tú? 

31 Nuestros padres comieron el maná en el desierto, 
como está escrito : Pan del cielo les dió á comer. 

32 Y Jesús les dijo : De cierto, de cierto os digo, que 
no os dió Moisés el pan del cielo, mas mi Padre os da el 
verdadero pan del cielo. 



SAN JUAN 



197 



33 Porque el pan de Dios es aquel que descendió del 
cielo, y da vida al mundo. 

34 Entonces le dijeron : Señor, danos siempre este 
pan. 

35 Y Jesús les dijo : Yo soy el pan de vida : el que á 
mí viene, nunca tendrá hambre ; y el que en mí cree, 
no tendrá sed jamas. 

36 Mas ya os he dicho, que también me habéis visto, 
y no me creéis. 

37 Todo lo que el Padre me da, vendrá á mí ; y al 
que á mí viene, no le echo fuera. 

38 Porque he descendido del cielo, no para hacer mi 
voluntad, sino la voluntad de aquel que me envió. 

39 Y esta es la voluntad del Padre que me envió : 
Que de todo lo que me dió, no pierda yo nada de ello, 
sino que lo resucite en el dia postrero. 

40 Y esta es la voluntad de aquel que me envió : Que 
todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida 
eterna ; y yo le resucitaré en el dia postrero. 

41 Murmuraban entóneos de él los Judíos, porque 
habia dicho : Yo soy el pan que descendí del cielo. 

42 Y decían : ¿Xo es este Jesús, el hijo de José, cuyo 
padre y madre nosotros conocemos? ¿Cómo pues dice 
este : Yo he descendido del cielo? 

43 Y Jesús respondió, y les dijo : Xo murmuréis entre 
vosotros. 

44 Ninguno puede venir á mí, si el Padre que 
me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el dia 
postrero. 

45 Escrito está en los profetas : Y serán todos enseña- 
dos de Dios : así que todo aquel que oyó del Padre, y 
aprendió, viene á mí. 

46 Xo que alguno haya visto al Padre, sino aquel que 
es de Dios, este ha visto al Padre. 

47 De cierto, de cierto os digo : El que cree en mí, 
tiene vida eterna. 

48 Yo soy el pan de vida. 

40 Vuestros padres comieron el maná en el desierto, 
y han muerto. 

50 Este es el pan que desciende del cielo, para que el 
que de él comiere, no muera. 

51 Yo soy el pan vivo que ha descendido del cielo : si 



198 



SAN JUAN 



alguno comiere de este pan, vivirá para siempre ; y el 
pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida 
del mu mi o. 

52 Entonces los Judíos altercaban entre sí, diciendo : 
¿Cómo puede este hombre darnos su carne á comer? 

53 Jesús les dijo entonces : De cierto, de cierto os 
digo : Si no coméis la carne del Hijo del hombre, y be- 
béis su sangre, no tenéis vida en vosotros. 

54 El que come mi carne, y bebe mi sangre, tiene vida 
eterna ; y yo le resucitaré en el dia postrero. 

55 Porque mi carne verdaderamente es comida, y mi 
sangre verdaderamente es bebida. 

56 El que come mi carne, y bebe mi sangre, en mí 
mora, y yo en él. 

57 Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el 
Padre, así también el que me come, él también vivirá 
por mí. 

58 Este es el pan que descendió del cielo : no como 
vuestros padres que comieron el maná, y son muertos : 
el que come de este pan, vivirá eternamente. 

59 Estas cosas dijo en la sinagoga, enseñando en 
Capernaum. 

60 Entonces muchos de sus discípulos oyendo esto, 
dijeron : Dura es esta palabra, ¿quién la puede oir? 

61 Y sabiendo Jesús en sí mismo que sus discípulos 
murmuraban de esto, les dijo : ¿Esto os escandaliza? 

62 ¿Pues qué si viereis al Hijo del hombre subir donde 
estaba primero? 

63 El espíritu es el que da vida : la carne de nada 
aprovecha : las palabras que yo os hablo, espíritu son, y 
vida son. 

61 Mas hay algunos de vosotros que no creen. Porque 
Jesús desde el principio sabia quiénes eran los que no 
habían de creer, y quien le habia de entregar. 

65 Y decia : Por eso os he dicho : Que ninguno puede 
venir á mí, si no le fuere dado de mi Padre. 

66 Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron 
atrás, y ya no andaban más con él. 

67 Dijo, pues, Jesús á los doce : ¿ Queréis vosotros 
iros también ? 

68 Respondióle entonces Simón Pedro: ¿Señor, á 
quién iremos? tú tienes las palabras de vida eterna. 



SAN JUAN 



199 



G9 Y nosotros oreemos y conocemos, que tú eres el 
Cristo, el Hijo de Dios viviente. 

70 Jesús les respondió : ¿ No os he yo escogido doce, 
y el uno de vosotros es diablo? 

71 Y hablaba de Judas Iscariote, hijo de Simón ; por- 
que este era el que le había de entregar, el cual era uno 
de los doce 

CAPITULO VIL 




PASADAS estas cosas, andaba Jesús en Galilea ; que 
no quería andar en Judea, porque los Judíos pro- 
curaban de matarle. 



2 Y estaba cerca la fiesta de los Judíos, llamada, de 
las cabanas. 

3 Dijéronle pues sus hermanos : Pásate de aquí, y 
vete á Judea, para que también tus discípulos vean las 
obras que haces ; 

4 Porque ninguno que procura ser insigne, hace 
algo en oculto. Si estas cosas haces, manifiéstate al 
mundo. 

5 Porque ni aun sus hermanos creian en él. 

6 Díceles entonces Jesús : Mi tiempo aun no es ve- 
nido ; mas vuestro tiempo siempre es presto. 

7 No puede el mundo aborreceros á vosotros ; mas á. 
mí me aborrece, porque yo doy testimonio de él, que 
sus obras son malas. 

8 Vosotros subid á esta fiesta : yo no subo aun á esta 
fiesta ; porque mi tiempo no es aun cumplido. 

9 Y habiéndoles dicho esto, se quedó en Galilea. 

10 Mas como sus hermanos hubieron subido, entonces 
él también subió á la fiesta, no manifiestamente, mas 
como en secreto. 

11 Entonces los Judíos le buscaban en la fiesta, y 
decian : ¿Dónde está aquel? 

12 Y había grande murmullo acerca de él entre el 
pueblo ; porque unos decian : Buen hombre es ; y otros 
decian : Ño, antes encaña al pueblo. 

18 Mas ninguno hablaba abiertamente de él, por miedo 
de los Judíos, 

14 Y al medio de la fiesta subió Jesús al templo, y 
enseñaba. 



200 



SAN JUAN 



15 Y maravillábanse los Judíos, diciendo: ¿Cómo 
sabe este hombre letras, no habiendo aprendido? 

16 Respondióles Jesús, y dijo : Mi doctrina no esmia, 
sino de el que me envió. 

17 El que quisiere hacer su voluntad, conocerá de la 
doctrina si es de Dios, ó si yo hablo de mí mismo. 

18 El que habla de sí mismo, gloria propia busca ; 
mas el que busca la gloria del que le envió, este es verda- 
dero, y no hay en él injustieio. 

19 ¿ No os dió Moisés la ley ; y sin embargo ninguno de 
vosotros guarda la ley? ¿Por qué me procuráis matar? 

20 Respondió el pueblo, y dijo : Demonio tienes : 
¿ quién te procura matar ? 

21 Jesús respondió, y les dijo : Una obra hice, y voso- 
tros todos os maravilláis. 

22 Cierto que Moisés os dió la circuncisión, (no porque 
sea de Moisés, sino de los padres,) y en sábado circunci- 
dáis al hombre. 

23 Si recibe el hombre la circuncisión en sábado, para 
que la ley de Moisés no sea quebrantada, ¿ os enojáis 
conmigo porque en sábado hice sano todo un hombre? 

24 Sojuzguéis según lo que parece, mas juzgád justo 
juicio. 

2o Decian entonces unos de los de Jerusalem : ¿ No es 
este al que buscan para matarle? 

26 Y, he aquí, habla públicamente, y no le dicen nada : 
¿Han entendido ciertamente los príncipes, que este es 
verdaderamente el Cristo ? 

27 Mas este, nosotros sabemos de donde es ; empero 
cuando viniere el Cristo, nadie sabrá de donde sea. 

28 Entonces clamaba Jesús en el templo enseñando, y 
diciendo : Y á mí me conocéis, y sabéis de donde soy ; 
y no he venido de mí mismo ; mas el que me envió es 
verdadero, al cual vosotros ignoráis. 

29 Empero yo le conozco ; porque de él soy, y él me 
envió. 

30 Entonces procuraban prenderle ; mas ninguno 
metió sobre él la mano, porque aun no habia venido 
su hora. 

31 Y del pueblo, muchos creyeron en él, y decian : 
¿ El Cristo cuándo viniere, hará más milagros que los 
que este ha hecho? 



SAN JUAN 



201 



32 Los Fariseos oyeron al pueblo que murmuraba de 
él estas cosas ; y los príncipes de los sacerdotes, y los 
Fariseos enviaron esbirros que le prendiesen. 

33 Y Jesús les dijo : Aun un poco de tiempo estoy 
con vosotros, y luego voy al que me envió. 

34 Me buscaréis, y no me bailaréis ; y donde yo estoy, 
vosotros no podéis venir. 

35 Entonces los Judíos dijeron entre sí : ¿ Dónde se ha 
de ir este que no le hallarémos? ¿Irá á los dispersos 
entre los Gentiles, y enseñará á los Gentiles? 

36 ¿ Quédicbo es este que dijo : Me buscaréis, y no me 
hallaréis ; y donde yo estoy, vosotros no podéis venir? 

37 En el postrer dia. dia grande de la fiesta, Jesús se 
ponia en pié, y clamaba, diciendo : Si alguno tiene sed, 
venga á mí, y beba. 

38 El que cree en mí, como dice la Escritura, de su 
vientre correrán rios de agua viva. 

39 Y esto dijo del Espíritu, que habían de recibir los 
que creyesen en él ; porque aun no había sido dado el 
Espíritu Santo, porque Jesús aun no había sido glorifi- 
cado. 

40 Entonces muchos del pueblo oyendo este dicho, 
decían : Verdaderamente este es el Profeta. 

41 Otros decían : Este es el Cristo. Algunos empero 
decían : ¿ De Galilea ha de venir el Cristo? 

42 ¿Xodice la Escritura : Que de la simiente de David, 
v de la aldea de Belén, de donde era David, vendrá el 
Cristo ? 

43 Así que había disensión entre el pueblo á causa 
de él. 

44 Y algunos de ellos le querían prender ; mas nin- 
guno metió sobre él las manos. 

45 Y los esbirros vinieron á los príncipes de los sacer- 
dotes, y á los Fariseos ; y ellos les dijeron ¡ ¿Porqué no le 
trajisteis ? 

46 Los esbirros respondieron : Nunca así ha hablado 
hombre, como este hombre habla. 

47 Entonces los Fariseos les respondieron : ¿Sois tam- 
bién vosotros engañados ? 

4S ¿Ha creído en él alguno de los príncipes, ó de los 
Fariseos? 

49 Mas esta gente que no sabe la ley, malditos son. 



202 



SAN JUAN 



50 Díceles Nicodemo, el que vino á Jesús de noche, el 
cual era uno de ellos : 

51 ¿Juzga nuestra ley á hombre alguno, si primero no 
oyere de él, y entendiere lo que ha hecho? 

52 Respondieron, y dijéronle : ¿ Eres tú también Gali- 
leo? Escudriña, y vé, que de Galilea nunca se levantó 
profeta. 

53 Y volviéronse cada uno á su casa. 

CAPITULO VIII. 

Y JESUS se fué al monte de las Olivas. 
2 Y por la mañana volvió al templo, y todo el 
pueblo vino á él ; y sentado él los enseñaba. 

3 Entonces los escribas y los Fariseos traen á él una 
mujer tomada en adulterio ; y poniéndola en medio, 

4 Dícenle : Maestro, esta mujer ha sido tomada en el 
mismo hecho adulterando. 

5 Y en la ley Moisés nos mandó apedrear á las tales : 
¿ Tú, pues, qué dices ? 

6 Mas esto decían tentándole, para poderle acusar ; 
empero Jesús bajado hácia abajo escribía en tierra con 
el dedo. 

7 Y como perseverasen preguntándole, enderezóse, y 
les dijo : El que de vosotros es sin pecado, arroje contra 
ella la piedra el primero. 

8 Y volviéndose á bajar hácia abajo, escribía en tierra. 

9 Oyendo pues ellos esto, redargüidos de la conciencia, 
salíanse uno á uno, comenzando desde los más viejos, 
hasta los postreros, y quedó solo Jesús, y la mujer que 
estaba en medio. 

10 Y enderezándose Jesús, y no viendo á nadie más 
que á la mujer, le dijo : ¿Mujer, dónde están los que te 
acusaban? ¿ninguno te ha condenado? 

11 Y ella dijo : Señor, ninguno. Entonces Jesús le 
dijo : Ni yo te condeno : véte, y no peques más. 

12 Y hablóles Jesús otra vez, diciendo ■ Yo soy la luz 
del mundo : el que me sigue, no andará en tinieblas ; 
mas tendrá la luz de vida. 

13 Entonces los Fariseos le dijeron : Tú de tí mismo 
das testimonio : tu testimonio no es verdadero. 

14 Respondió Jesús, y les dijo : Aunque yo doy testi- 



SAN JUAN 



203 



monio de mi mismo, mi testimonio es verdadero ; 
porque sé de donde lie venido, y á donde voy ; mas 
vosotros no sabéis de donde vengo, y á donde voy. 

15 Vosotros según la carne juzgáis ; mas yo no juzgo 
á nadie. 

16 Mas si yo juzgo, mi juicio es verdadero ; porque 
no soy solo, sino yo, y el Padre que me envió. 

17 Y en vuestra ley está escrito, que el testimonio de 
dos hombres es verdadero. 

18 Yo soy el que doy testimonio de mí mismo ; y da 
testimonio de mí el Padre que me envió. 

19 Entonces le decían: ¿ Dónde está tu Padre ? Res- 
pondió Jesús : Ni á mí me conocéis, ni á mi Padre. Si 
á mí me conocieseis, á mi Padre también conoceríais. 

20 Estas palabras habló Jesús en el tesoro, enseñando 
en el templo ; y nadie le prendió, porque aun no habia 
venido su hora. 

21 Y díjoles otra vez Jesús : Yo voy, y me buscaréis, 
y en vuestro pecado moriréis : á donde yo voy, vosotros 
no podéis venir. 

22 Decían entonces los Judíos : ¿Se ha de matar á sí 
mismo? porque dice: A donde yo voy, vosotros no 
podéis venir. 

23 Y les decia : Vosotros sois de abajo, yo soy de 
arriba : vosotros sois de este mundo, yo no soy de este 
mundo. 

24 Por eso os dije, que moriríais en vuestros pecados ; 
porque si no creyereis que yo soy, en vuestros pecados 
moriréis. 

25 Y" decíanle : ¿Tú, quién eres? Entonces Jesús les 
dijo : El que al principio también os he dicho. 

26 Muchas cosas tengo que decir, y que juzgar de 
vosotros ; mas el que me envió, es verdadero ; y yo lo 
que he oido de él, esto hablo en el mundo. 

27 Mas no entendieron que él les hablaba del Padre. 

28 Díjoles pues Jesús : Cuando levantareis al Hijo del 
hombre, entonces entenderéis que yo soy, y que nada 
hago de mí mismo ; mas como el Padre me enseñó, est,o 
hablo. 

29 Y el que me envió, conmigo está : no me ha dejado 
solo el Padre ; porque yo, lo que á él agrada, hago 
siempre. 



204 



SAN JUAN 



30 Hablando él estas cosas, muchos creyeron en él. 

31 Entonces decía Jesús á los Judíos que la habían 
creído : Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis 
verdaderamente mis discípulos ; 

32 Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. 

33 Y respondiéronle : Simiente de Abraham somos, y 
jamas servimos á nadie : ¿cómo dices tú : Seréis hechos 
libres ? 

34 Jesús les respondió : De cierto, de cierto os 
digo, que todo aquel que hace pecado, es siervo del 
pecado. 

35 Y el siervo no queda en casa para siempre ; mas el 
Hijo queda para siempre. 

36 Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdadera- 
mente libres. 

37 Yo sé que sois simiente de Abraham ; mas pro- 
curáis matarme, porque mi palabra no cabe en vosotros. 

38 Yo, lo que he visto con mi Padre, hablo ; y vosotros 
lo que habéis visto con vuestro padre, hacéis. 

39 Respondieron, y dijéronle : Nuestro padre es Abra- 
ham. Díceles Jesús : Si fuerais hijos de Abraham, las 
obras de Abraham, haríais. 

40 Empero ahora procuráis de matarme, hombre que 
os he hablado la verdad, la cual he oido de Dios : no 
hizo esto Abraham. 

41 Vosotros hacéis las obras de vuestro padre. Dijé- 
ronle pues : Nosotros no somos nacidos de fornicación : 
un solo Padre tenemos, que es Dios. 

42 Jesús entonces les dijo : Si vuestro Padre fuera 
Dios, ciertamente me amaríais á mí ; porque yo de Dios 
he salido, y he venido ; que no he venido de mí mismo, 
mas él me envió. 

43 ¿Por qué no entendéis mi lenguaje? es porque no 
podéis oir mi palabra. 

44 Vosotros de vuestro padre el diablo sois, y los deseos 
de vuestro padre queréis cumplir : él homicida ha sido 
desde el principio ; y no permaneció en la verdad ; por- 
que no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de 
suyo habla ; porque es mentiroso, y padre de mentira. 

45 Y porque yo os digo la verdad, no me creéis. 

46 ¿Quien de vosotros me redarguye de pecado ? Y 
si digo la verdad, ¿por qué vosotros no me creéis? 



SAN JUAN 



205 



47 El que es de Dios, las palabras de Dios oye : 
las cuales por tanto no oís vosotros, porque no sois 
de Dios. 

48 Respondieron entonces los Judíos, y dijéronle : 
¿No decimos bien nosotros, que tú eres Samaritano, y 
que tienes demonio? 

49 Respondió Jesús : Yo no tengo demonio ; ántes 
honro á mi Padre, y vosotros me habéis, deshonrado. 

5U Y yo no busco mi gloria : hay quien la busque, y 
juzgue. 

51 De cierto, de cierto os digo, que el que guardare 
mi palabra, no verá muerte para siempre. 

52 Entonces los Judíos le dijeron : Ahora conocemos 
que tienes demonio : Abraham murió, y los profetas ; y 
tú dices : El que guardare mi palabra, no gustará muerte 
para siempre. 

53 ¿Eres tú mayor que nuestro padre Abraham, el 
cual murió? y los profetas murieron : ¿quién te haces á 
tí mismo ? 

54 Respondió Jesús : Si yo me glorifico á mí mismo, 
mi gloria es nada : mi Padre es el que me glorifica : el 
que vosotros decís, que es vuestro Dios. 

55 Mas no le conocéis : yo empero le conozco ; y si 
dijere que no le conozco, seré como vosotros, mentiroso ; 
mas le conozco, y guardo su palabra. 

56 Abraham vuestro padre se regocijó por ver mi dia ; 
y lo vió, y se regocijó. 

57 Dijéronle entonces los Judíos : Aun no tienes cin- 
cuenta años ; ¿ y has visto á Abraham ? 

58 Díjoles Jesús : De cierto, de cierto os digó, ántes 
que Abraham fuese, yo soy. 

59 Tomaron entonces piedras para arrojarle : mas 
Jesús se encubrió, y se salió del templo, pasando por 
medio de ellos, y así pasó. 



PASANDO Jesús, vió á un hombre ciego desde su 
nacimiento. 



2 Y preguntáronle sus discípulos, diciendo : 
¿Rabbi, quién pecó, este ó sus padres, para que naciese 



CAPITULO IX. 




ciego ? 



206 



SAN JUAN 



3 Respondió Jesús : Ni este pecó, ni sus padres : sino 
para que las obras de Dios se manifiesten en él. 

4 A mí me conviene obrar las obras de aquel que me 
envió, entre tanto que el dia es : la noche viene, cuando 
nadie puede obrar. 

5 Entre tanto que estuviere en el mundo, la luz soy 
del mundo. 

6 Esto dicho, escupió en tierra ; é hizo lodo de la 
saliva, y untó con el lodo sobre los ojos del ciego, 

7 Y le dijo : Vé, lávate en el estanque de Siloé, que 
interpretado, significa Enviado. Se fué pues, y se lavó, 
y volvió viendo. 

8 Entonces los vecinos, y los que ántes le habían visto 
que era ciego, decian : ¿No es este el que se sentaba, y 
mendigaba? 

9 Otros decian : Este es ; y otros : Se le parece ; mas 
él decía : Yo soy. 

10 Por esto le decian : ¿ Cómo te fueron abiertos los 

ojos? 

11 Respondió él, y dijo : Aquel hombre que se llama 
Jesús, hizo lodo, y me untó los ojos, y me dijo : Vé al 
estanque de Siloé, y lávate ; y yo fui, y me lavé, y reoibí 
la vista. 

12 Entonces le dijeron : ¿Dónde está aquel? Dice él: 
No sé. 

13 Llévanle á los Fariseos, al que ántes habia sido 
ciego. 

Í4 Y era sábado cuando Jesús habia hecho el lodo, y 
le habia abierto los ojos. 

15 Y volviéronle á preguntar también los Fariseos, de 
qué manera habia recibido la vista. El les dijo : Púsome 
lodo sobre los ojos, y me lavé, y veo. 

16 Entonces unos de los Fariseos le decian : Este 
hombre no es de Dios, porque no guarda el sábado. Y 
otros decian : ¿ Cómo puede un hombre pecador hacer 
tales milagros? Y habia disensión entre ellos. 

17 Vuelven á decir al ciego : ¿Tú, qué dices de el que 
te abrió los ojos? Y él dijo : Qué es un profeta. 

18 Mas los Judíos no creían de él, que habia sido él 
ciego, y hubiese recibido la vista, hasta que llamaron á 
los padres de el que habia recibido la vista. 

19 Y preguntáronles, diciendo : ¿Es este vuestro hijo, 



SAN JUAN 



207 



el que vosotros decís, que nació ciego? ¿Cómo, pues, 
ve ahora ? 

20 Respondiéronles sus padres, y dijeron : Sabemos 
que este es nuestro hijo, y que nació ciego : 

21 Mas como vea ahora, no lo sahemos ; ó quien le 
haya abierto los ojós, nosotros no lo sabemos : él tiene 
edád, preguntadle á él, él hablará por sí mismo. 

22 Esto dijeron sus padres, porque tenían miedo de 
los Judíos ; porque ya los Judíos habían concluido que 
si alguno confesase ser él el Mesías, que fuese echado 
fuera de la sinagoga. 

23 Por eso dijeron sus padres : Edad tiene, presruntádfc 
áél. 

24 Así que volvieron á llamar al hombre que habia 
sido ciego, y le dijeron : Da gloria á Dios : nosotros 
sabemos que este hombre es pecador. 

25 Entonces él respondió, y dijo : Si es pecador ó no, 
yo no lo sé : una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, 
ahora veo. 

26 Y volviéronle á decir: ¿Qué te hizo? ¿Cómo te 
abrió los ojos? 

27 Respondióles : Ya os lo he dicho, y no lo habéis 
escuchado: ¿ por qué lo queréis otra vez oir? ¿Queréis 
también vosotros haceros sus discípulos? 

28 Entonces le vilipendiaron, y dijeron : Tú eres su 
discípulo.; mas nosotros discípulos de Moisés somos. 

29 Xosotros sabemos que á Moisés habló Dios ; mas 
este no sabemos de donde es. 

30 Respondióles el hombre, y les dijo : Cierto mara- 
villosa cosa es esta, que vosotros no sabéis de donde sea, 
y con todo á mí me abrió los ojos. 

31 Y sallemos que Dios no oye á los pecadores ; mas 
si alguno es adorador de Dios, y hace su voluntad, á 
este oye. 

32 Desde el principio del mundo no fué oido, que 
abriese alguno los ojos de uno que nació ciego. 

33 Si este hombre no fuera de Dios, no pudiera hacer 
nada. 

34 Respondieron, y le dijeron : En pecados eres 
nacido todo ; ¿y tú nos enseñas? Y echáronle fuera. 

35 Oyó Jesús que le habian echado fuera ; y hallán- 
dole, le dijo : ¿Tú crees en el Hijo de Dios? 



208 



SAN JUAN 



36 Respondió él, y dijo : ¿Quién es, Señor, para que 
crea en él ? 

37 Y díjole Jesús : Ya le has visto, y el que habla 
contigo, él es. 

38 Y él dijo : Creo, Señor. Y le adoró. 

39 Y dijo Jesús : Yo, para juicio he venido á este 
mundo, para que los que no ven, vean ; y para que los 
que ven, sean cegados. 

40 Y oyeron esto algunos de los Fariseos que esta- 
ban con él, y le dijeron : ¿Somos nosotros también 
ciegos ? 

41 Díjoles Jesús : Si fuerais ciegos, no tuvierais pecado ; 
mas ahora decís : Vemos ; por tanto vuestro pecado per- 
manece. 

CAPITULO X. 




E cierto, de cierto os digo, que el que no entra por 
' la puerta en el aprisco de las ovejas, mas sube por 
otra parte, el tal ladrón es y robador. 



2 Mas el que entra por la puerta, el pastor de las 
ovejas es. 

3 A este abre el portero, y las ovejas oyen su voz ; y 
á sus ovejas llama por nombre, y las saca. 

4 Y como ha sacado fuera sus ovejas, va delante de 
ellas ; y las ovejas le siguen ; porque conocen su voz. 

5 Mas al extraño no seguirán, ántes huirán de él ; 
porque no conocen la voz de los extraños. 

6 Esta parábola les dijo Jesús; mas ellos no enten- 
dieron qué era lo que les decía. 

7 Volvióles pues Jesús á decir : De cierto, de cierto 
os digo, que yo soy la puerta de las ovejas. 

8 Todos los que ántes de mí vinieron, ladrones son y 
robadores, mas no los oyeron las ovejas. 

9 Yo soy la puerta : el que por mí entrare, será salvo ; 
y entrará, y saldrá, y hallará pastos. 

10 El ladrón no viene sino para hurtar, y matar, y 
destruir : yo he venido para que tengan vida, y para que 
la tengan en grande abundancia. 

11 Yo soy el buen pastor : el buen pastor su alma da 
por las ovejas. 

12 Mas el asalariado, y que no es el pastor, cuyas 



no son proprías las ovejas, ve al lobo que viene, y deja 
las ovejas, y huye ; y el lobo arrebata, y dispersa las 
ovejas. 

13 Así que el asalariado huye, porque es asalariado, 
y no tiene cuidado de las ovejas. 

14 Yo soy el buen pastor ; y conozco mis ovejas, y las 
niias me conocen, 

15 Como el Padre me conoce á mí, y yo conozco al 
Padre ; y pongo mi vida por las ovejas. 

16 También tengo otras ovejas que no son de este 
redil: aquellas también be de traer, y oirán mi voz; y 
habrá un rebaño, y un pastor. 

17 Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi 
vida, para volverla á tomar. 

18 Nadie la quita de mí, mas yo la pongo de mí 
mismo; porque tengo poder para ponerla, y tengo poder 
para volverla á tomar. Este mandamiento recibí de mi 
Padre. 

19 Y volvió á haber disensión entre los Judíos por 
estas palabras. 

20 Y muchos de ellos decían : Demonio tiene, y está 
loco : ¿ para qué le ois? 

21 Decían otros : Estas palabras no son de endemo- 
niado : ¿ puede el demonio abrir los ojos de los ciegos? 

22 Y hacíase la fiesta de la dedicación en Jerusalem, 
y era invierno. 

23 Y Jesús andaba en el templo por el pórtico de 
Salomón. 

24 Y rodeáronle los Judíos, y le dijeron : ¿Hasta 
cuándo traes suspensa nuestra alma? Si tú eres el 
Cristo, dínoslo abiertamente. 

25 Respondióles Jesús : Os lo he dicho, y no lo creís- 
teis : las obras que yo hago en nombre de mi Padre, 
estas dan testimonio de mí. 

26 Mas vosotros no creéis, porque no sois de mis 
ovejas, como os he dicho. 

27 Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y ellas 
me siguen ; 

28 Y yo les doy vida eterna, y para siempre no 
perecerán, y nadie las arrebatará de mi mano. 

29 Mi Padre que me lás (lió, mayor que todos es ; y 
nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. 

O 



210 



SAN JUAN 



30 Yo y mi Padre somos uno. 

31 Entonces volvieron á tomar piedras los Judíos, 
para apedrearle. 

32 Respondióles Jesús : Muchas buenas obras os he 
mostrado de mi Padre, ¿por cuál obra de ellas me 
apedreáis? 

33 Respondiéronle los Judíos, diciendo : Por la buena 
obra no te apedreamos, sino por las blasfemia ; y porque 
tú, siendo hombre, te haces Dios. 

34 Respondióles Jesús: ¿No está escrito en vuestra 
ley : Yo dije : Dioses sois? 

35 Si llamó dioses á aquellos, á los cuales vino la 
palabra de Dios, y la Escritura no puede ser quebrantada, 

36 ¿A mí que el Padre santificó, y envió al mundo, 
vosotros decis : Tú blasfemas ; porque dije : Soy el Hijo 
de Dios ? 

37 Si no hago obras de mi Padre, no me creáis. 

38 Mas si las hago, aunque á mí no creáis, creéd á las 
obras, para que conozcáis y creáis, que el Padre es en 
mí, y yo en él. 

39 Y procuraban otra vez prenderle ; mas él se salió 
de sus manos, 

40 Y volvióse tras el Jordán, á aquel lugar donde 
primero habia estado bautizando Juan, y se estuvo allí. 

41 Y muchos venían á él, y decían : Juan á la verdad 
ningún milagro hizo ; mas todo lo que Juan dijo de este, 
era verdad. 

42 Y muchos creyeron allí en él. 

CAPITULO XI. 

ESTABA entonces enfermo un hombre llamado Lázaro, 
de Betania, la aldea de María y de Marta su 
hermana. 

2 (Era María la que ungió al Señor con ungüento, y 
limpió sus piés con sus cabellos, cuyo hermano Lázaro 
estaba enfermo.) 

3 Enviaron pues sus hermanas á él, diciendo : Señor, 
he aquí, el que amas está enfermo. 

4 Y oyéndo/o Jesús, dijo : Esta enfermedad no es para 
muerte, sino por gloria de Dios, para que el Hijo de 
Dios sea glorificado por ella. 



SAN JUAN 



211 



5 Y amaba Jesús á Marta, y á su hermana, y á Lázaro. 

6 Como oyó, pues, que estaba enfermo, entonces á la 
verdad se quedó dos dias en aquel lugar donde estaba. 

7 Luego después de esto dijo á sus discípulos : Vamos 
á Jadea otra vez. 

8 Dícenle sus discípulos : Rabbi, ahora poco procura- 
ban los Judíos apedrearte, ¿y vas otra vez allá? 

9 Respondió Jesús : ¿No tiene el dia doce horas? El 
que anduviere de dia, no tropieza, porque ve la luz de 
este mundo. 

10 Mas el que anduviere de noche, tropieza, porque 
no hay luz en él. 

11 Dicho esto, díceles después : Lázaro neustro amigo 
duerme ; mas voy á despertarle del sueño. 

12 Dijéronle entonces sus discípulos: Señor, si duerme, 
bueno estará. 

13 Mas esto decia Jesús de la muerte de él ; y ellos 
pensaron que hablaba de dormir de sueño. 

14 Entonces pues Jesús les dijo claramente : Lázaro 
es muerto ; 

15 Y huélgome por vosotros, que yo no haya estado 
allí, porque creáis ; mas vamos á él. 

16 Dijo entonces Tomas, el que se llama Dídimo, á 
sws condiscípulos : Vamos también nosotros, para que 
muramos con él. 

17 Vino pues Jesús, y hallólo, que había, cuatro dias 
que estaba en el sepulcro. 

18 Betania estaba cerca de Jerusalem como quince 
estadios. 

19 Y muchos de los Judíos habían venido á Marta y 
á María, para consolarlas de su hermano. 

20 Entonces Marta, como oyó que Jesús venia, le 
salió á recibir ; mas María estaba sentada en casa. 

21 Entonces Marta dijo á Jesús : Señor, si hubieras 
estado aquí, mi hermano no hubiera muerto. 

22 Mas sé que también ahora, todo lo que pidieres á 
Dios, te lo dará Dios. 

23 Dícele Jesús : Resucitará tu hermano. 

24 Marta le dice : Yo sé que resucitará en la resur- 
rección en el dia postrero. 

25 Dícele Jesús : Yo soy la resurrección, y la vida : el 
que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá ; 



212 



SAN JUAN 



26 Y todo aquel que vive, y cree en mi, no morirá 
eternamente. ¿Crees esto? 

27 Ella le dice : Sí, Señor, yo he creido que tú eres el 
Cristo, el Hijo de Dios, que habia de venir al mundo. 

28 Y esto dicho, se fué, y llamó en secreto á María su 
hermana, diciendo : El Maestro está aquí, y te llama. 

29 Ella, como lo oyó, se levanta prestamente, v viene 
á él. 

30 (Porque aun no habia llegado Jesús á la aldea, mas 
estaba en aquel lugar donde Marta le habia salido á 
recibir.) 

31 Entonces los Judíos que estaban en casa con ella, 
y la consolaban, como vieron que María se habia levan- 
tado prestamente, y habia salido, la siguieron, diciendo : 
Va al sepulcro á llorar allí. 

32 Mas María, como vino donde estaba Jesús, vién- 
dole, derribóse á sus piés, diciéndole : Señor, si hubieras 
estado aquí, no hubiera muerto mi hermano. 

33 Jesús entonces como la vió llorando, y á los Judíos 
que habían venido juntamente con ella llorando, gimió 
en espíritu, y se turbó, 

34 Y dijo: ¿Dónde le pusisteis? Dícenle : Señor, 
ven, y lo verás. 

35 Jesús lloraba. 

36 Dijeron entonces los Judíos : ¡ He aquí como le 
amaba ! 

37 Y algunos de ellos dijeron : ¿ No podia este, que 
abrió los ojos del ciego, hacer que este no muriera ? 

38 Y Jesús, gimiendo otra vez en sí mismo, vino al 
sepulcro, que era una cueva, la cual tenia una piedra 
puesta encima. 

39 Dice Jesús : Quitád la piedra. Marta, la hermana 
del que habia sido muerto, le dice : Señor, hiede ya ; 
que es muerto de cuatro dias. 

40 Jesús le dice : ¿ No te he dicho que si creyeres, 
verás la gloria de Dios? 

41 Entonces quitaron la piedra de donde el muerto 
habia sido puesto ; y Jesús, alzando los ojos arriba, dijo : 
Padre, gracias te doy porque me has oido. 

42 Y yo sabia que siempre me oyes ; mas por causa 
del pueblo que está al rededor lo dije, para que crean que 
tú me has enviado. 



SAN JUAN 



213 



43 Y habiendo dicho estas cosas, clamó á gran voz : 
Lázaro, ven fuera. 

44 Entonces el que había sido muerto, salió, atadas 
las manos y los piés con vendas ; y su rostro estaba 
envuelto en un sudario. Díceles Jesús : Desatadle, y 
dejadle ir. 

45 Entonces muchos de los Judíos que habian venido 
á María, y habian visto lo que habia hecho Jesús, creye- 
ron en él. 

46 Mas algunos de ellos fueron á los Fariseos, y les 
dijeron lo que Jesús habia hecho. 

47 Entonces los príncipes de los sacerdotes, y los Fari- 
seos juntaron concilio, y decían : ¿ Qué hacemos ? porque 
este hombre hace mucbos milagros. 

48 Si le dejamos así, todos creerán en él ; y vendrán 
los Romanos, y quitarán nuestro lugar y la nación. 

49 Entonces Caifas, uno de ellos, sumo sacerdote de 
aquel año, les dijo : Vosotros no sabéis nada, 

50 Ni consideráis que nos conviene que un hombre 
muera por el pueblo, y no que toda la nación se 
pierda. 

51 Mas esto no lo dijo de sí mismo ; sino que, como 
era el sumo sacerdote de aquel año, profetizó que Jesús 
habia de morir por la nación ; 

52 Y no solamente por aquella nación, mas también 
para que juntase en uno á los hijos de Dios que estaban 
dispersos. 

53 Así que desde aquel dia consultaban juntos pnra 
matarle. 

54 De manera que Jesús ya no andaba manifiesta- 
mente entre los Judíos ; mas se fué de allí á la tierra 
que está junto al desierto, á una ciudad que se llama 
Efraim ; y estábase allí con sus discípulos. 

55 Y la páscua de los Judíos estaba cerca ; y muchos 
de la tierra subieron á Jerusalem ántes de la páscua para 
purificarse. 

56 Y buscaban á Jesús, y hablaban los unos con los 
otros estando en el templo : ¿Qué os parece, que no 
vendrá á la fiesta ? 

57 Mas los príncipes de los sacerdotes y los Fariseos 
habian dado mandamiento, que si alguno supiese donde 
estuviera, que lo manifestase, para que le prendiesen. 



214 



SAN JUAN 



CAPITULO XII. 

JESUS pues seis dias untes de la pascua vino á Betania, 
donde estaba Lázaro el que habia muerto, al cual 
Jesús habia resucitado de entre los muertos. 

2 É hiriéronle allí una cena, y Marta servia ; mas 
Lázaro era uno de los que estaban sentados á la mesa 
juntamente con él. 

3 Entonces María tomó una libra de ungüento de 
nardo puro de mucho precio, y ungió los piés de Jesús, 
y limpió sus piés con sus cabellos ; y la casa se llenó del 
olor del ungüento. 

4 Entonces dijo uno desús discípulos, Júdas Iscariote, 
hijo de Simón, el que le habia de entregar ; 

5 ¿ Por qué no se ha vendido este ungüento por tres- 
cientos denarios, y se dió á los pobres ? 

6 Esto dijo, no por el cuidado que él tenia de los 
pobres ; mas porque era ladrón ; y tenia la bolsa, y traía 
lo que se echaba en ella. 

7 Entonces Jesús dijo : Déjala : para el dia de mi se- 
pultura ha guardado esto. 

8 Porque á los pobres siempre los tenéis con vosotros, 
mas á mí no siempre me tenéis. 

9 Entonces una gran multitud de los Judíos entendió 
que él estaba allí ; y vinieron no solamente por causa de 
Jesús, sino también por ver á Lázaro al cual habia resuci- 
tado de entre los muertos. 

10 Empero consultaron los príncipes de los sacerdotes, 
para matar también á Lázaro ; 

11 Porque muchos de los Judíos iban y creían en Jesús 
por causa de él. 

12 El siguiente dia una gran multitud de gente que 
habia venido á la fiesta, como oyeron que Jesús venia á 
Jerusalem, 

13 Tomaron ramos de palmas, y saliéronle á recibir, y 
clamaban : Hosanna : Bendito el que viene en el nombre 
del Señor, el Rey de Israel. 

14 Y halló Jesús un asnillo, y se sentó sobre él, como 
está escrito : 

15 No temas, oh hija de Sion, he aquí, tu Rey viene 
asentado sobre un pollino de una asna. 

16 Mas estas cosas no las entendieron sus discípulos 



SAN JUAN 



215 



al principio : empero cuando Jesús fué glorificado, en- 
tonces se acordaron que estas cosas estaban escritas de 
él, y que le hicieron estas cosas. 

17 La gente, pues, que estaba con él, cuando llamó á 
Lázaro del sepulcro, y le resucitó de entre los muertos, 
daba testimonio. 

18 Por lo cual también había venido la gente á reci- 
birle ; porque habían oido que él habia hecho este 
milagro. 

19 Mas los Fariseos dijeron entre sí : ¿Veis que nada 
aprovecháis ? he aquí, que el mundo se va en pos de él. 

20 Y habia ciertos Griegos de los que habían subido á 
adorar en la fiesta. 

21 Estos, pues, se llegaron á Felipe, que era de Bet- 
saida de Galilea, y le rogaron, diciendo : Señor, querrí- 
amos ver á Jesús. 

22 Vino Felipe, y lo dijo á Andrés : Y otra vez Andrés, 
y Felipe, lo dicen á Jesús. 

23 Y Jesús les respondió, diciendo : La hora viene en 
que el Hijo del hombre ha de ser glorificado. 

24 De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo 
que cae en la tierra, no muriere, él solo queda ; mas si 
muriere, mucho fruto lleva. 

25 El que ama su vida, la perderá ; y el que aborrece 
su vida en este mundo, para vida eterna la guardará. 

26 Si alguno me sirve, sígame ; y donde yo estuviere, 
allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, 
■mi Padre le honrará. 

27 Ahora es turbada mi alma ; ¿ y qué diré ? Padre, 
sálvame de esta hora ; mas por esto he venido á esta hora. 

28 Padre, glorifica tu nombre. Entónces vino una 
voz del cielo, diciendo : Ya lo he glorificado, y lo glorifi- 
caré otra vez. 

29 El pueblo, pues, que estaba presente, y la habia 
oido, decia que habia sido un trueno : otros decían : Un 
ángel le ha hablado. 

30 Respondió Jesús, y dijo : No ha venido esta voz por 
mi causa, sino por causa de vosotros. 

31 Ahora es el juicio de este mundo : ahora el prín- 
cipe de este mundo será echado fuera. 

32 Y yo. si fuere levantado de la tierra, á todos atraeré 
á mí mismo. 



216 



SAN JUAN 



33 Y esto decia dando á entender de qué muerte habia 
de morir. 

34 Respondióle la gente : Nosotros hemos oido de la 
ley, que el Cristo permanece para siempre : ¿ cómo pues 
dices tú: El Hijo del hombre ha de ser levantado? 
¿ Quién es este Hijo del hombre ? 

35 Entonces Jesús les dijo : Aun por un poco estará 
la luz entre vosotros : andád entre tanto que tenéis la luz, 
no sea que os alcancen las tinieblas ; porque el que anda 
en tinieblas, no sabe donde va. 

30 Entre tanto que tenéis luz, creéd en la luz, para 
que seáis hijos de luz. Estas cosas habló Jesús, y se fué, 
y se escondió de ellos. 

37 Empero aunque habia hecho delante de ellos tantos 
milagros, no creian en él ; 

38 Para que se cumpliese el dicho que dijo el profeta 
Isaías : ¿Señor, quién ha creído á nuestro dicho? ¿y el 
brazo del Señor, á quién ha sido revelado ? 

39 Por esto no podían creer, porque otra vez dijo 
Isaías : 

40 Cegó los ojos de ellos, y endureció su corazón ; 
porque no vean de los ojos, ni entiendan de corazón, y 
se conviertan, y yo los sane. 

41 Estas cosas dijo Isaías, cuando vió su gloria, y 
habló de él. 

42 Con todo eso aun de los príncipes muchos creyeron 
en él ; mas por causa de los Fariseos no le confesaban, 
por no ser echados de la sinagoga. 

43 Porque amaban más la gloria de los hombres que 
la gloria de Dios. 

44 Mas Jesús clamó, y dijo : El que cree en mí, no 
cree en mí, sino en aquel que me envió. 

45 Y el que me ve, ve al que me envió. 

46 Yo la luz he venido al mundo, para que todo aquel 
que cree en mí, no permanezca en tinieblas. 

47 Y el que oyere mis palabras, y no creyere, yo no 
le juzgo ; porque no he venido á juzgar al mundo, mas 
á salvar al mundo. 

48 El que me desecha, y no recibe mis palabras, tiene 
quien le juzgue : la palabra que he hablado, ella le juz- 
gará en el dia postrero. 

49 Porque yo no be hablado de mí mismo ; mas el 



SAN JUAN 



217 



Padre que me envió, él me dio mandamiento de lo que 
tengo de decir, y de lo que tengo de hablar. 

50 Y sé que su mandamiento es vida eterna : así que 
lo que yo hablo, como el Padre me lo ha dicho, así hablo. 

CAPITULO XIII. 

T7 ANTES de la fiesta de la pascua, sabiendo Jesús 
| que su hora era venida para que pasase de este 
mundo al Padre, como había amado á los suyos que 
estaban en el mundo, los amó hasta el fin. 

2 Y la cena acabada, como el diablo ya habia metido 
en el corazón de Júdas Iscariote, hijo de Simón, que le 
entregase : 

3 Sabiendo Jesús que el Padre le habia dado todas las 
cosas en sus manos, y que habia venido de Dios, y á Dios 
iba : 

4 Levántase de la cena, y se quita su ropa, y tomando 
una toalla, se ciñó. 

5 Luego puso agua en el lebrillo, y comenzó á lavar 
los piés de los discípulos, y á limpiados con la toalla con 
que estaba ceñido. 

6 Viene pues á Simón Pedro ; y este le dice : ¿ Señor, 
tú me lavas á mí los piés? 

7 Respondió Jesús, y le dijo : Lo que yo hago, tú no 
lo sabes ahora ; mas lo sabrás después. 

S Dícele Pedro: No me lavarás los piés jamas. Res- 
pondióle Jesús : Si no te lavare, no tendrás parte con- 
migo. 

9 Dícele Simón Pedro : Señor, no solo mis piés, mas 
aun mis manos, y mi cabeza. 

10 Dícele Jesús : El que está lavado, no ha menester 
sino que lave s¡/s piés, pues está todo limpio. Y vosotros 
limpios estáis, aunque no todos. 

11 Porque sabia quien era el que le entregaba ; por 
eso dijo : No estáis limpios todos. 

12 Así que, después que les hubo lavado los piés, y 
tomado su ropa, volviéndose á asentar otra vez, les dijo : 
¿Sabéis lo que os he hecho? 

13 Vosotros me llamáis Maestro y Señor ; y decís 
bien ; porque lo soy : 

14 Pues si yo, vuestro Señor y Maestro, he lavado 



218 



SAN JUAN 



vuestros piés, vosotros también debéis lavar los pies lo 
unos á los otros. 

15 Poique ejemplo os he dado, para que como yo o 
he hecho, vosotros también hagáis. 

16 De cierto, de cierto os digo : El siervo no es mayo 
que su Señor ? ni el enviado es mayor que el que le envió, 

17 Si sabéis estas cosas, bienaventurados sois, si la 
hiciereis. 

18 No hablo de todos vosotros : yo sé los que he ele 
gido ; mas para que se cumpla la Escritura : El que comí 
pan conmigo, levantó contra mí su calcañar. 

19 Desde ahora os lo digo, ántes que suceda, para qu< 
cuando sucediere, creáis que yo soy. 

20 De cierto, de cierto os digo, que el que recibe a 
que yo enviare, á mí recibe ; y el que á raí recibe, recib< 
al que me envió. 

21 Como hubo Jesús dicho esto, fué conmovido ei 
espíritu, y protestó, y dijo : De cierto, de cierto os digo 
que uno de vosotros me ha de entregar. 

22 Entonces los discípulos mirábanse los unos á lo: 
otros, dudando de quien hablaba. 

23 Y uno de sus discípulos, al cual Jesús amaba, es 
taba recostado en el seno de Jesús. 

24 A este pues hizo señas Simón Pedro, para qu< 
preguntase quien era aquel de quien hablaba. 

25 El entonces recostado sobre el pecho de Jesús, 1< 
dice : ¿ Señor, quién es ? 

26 Kespondió Jesús : Aquel es, á quien yo diere e 
pan mojado. Y mojando el pan, dió/o á Júdas Iscariote 
el hijo de Simón. 

27 Y tras el bocado Satanás entró en él. Entonce 
Jesús le dice : Lo que haces, házlo más presto. 

28 Empero esto ninguno de los que estaban á la mes¡ 
entendió á qué propósito se lo dijo. 

29 Porque algunos de ellos pensaban, porque Júda 
tenia la bolsa, que Jesús le decia : Compra las eosas qu 
nos son necesarias para la fiesta : ó que diese algo á lo 
pobres. 

30 Como él pues hubo tomado el bocado, luego salió 
y era ya noche. 

31 Entonces como él salió, dijo Jesús : Ahora es glori 
ficado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. 



SAN JUAN 



219 



32 Si Dios es glorificado en él, Dios también le glorifi- 
cará en sí mismo ; y luego le glorificará. 

3o Hijitos, aun un poco estoy con vosotros. Me bus- 
caréis ; y, así como dije á los Judíos: Donde yo voy, 
vosotros no podéis venir ; así ahora á vosotros lo digo. 

34 Un mandamiento nuevo os doy : Que os améis los 
unos á los ostros : como os amé yo, (pie también os 
améis los unos á los otros. 

35 En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si 
tuviereis amor los unos hácia los otros. 

36 Le dijo Simón Pedro : ¿ Señor, á dónde vas? Res- 
pondióle Jesús : Donde yo voy, no me puedes ahora 
seguir ; mas me seguirás después. 

37 Dícele Pedro : ¿ Señor, por qué no te puedo seguir 
ahora? mi vida pondré por tí. 

38 Respondióle Jesús : ¿Tu vida pondrás por mí ? De 
cierto, de cierto te digo : No cantará el gallo, sin que me 
hayas negado tres veces. 

CAPITULO XIV. 

NO se turbe vuestro corazón : creéis en Dios, creéd 
también en mí. 
2 En la casa de mi Padre muchas moradas hay : 
si asi no fuera, os lo hubiera yo dicho. Yo voy á apa- 
rejaros el lugar. 

3 Y si me fuere, y os aparejare el lugar, vendré otra 
vez, y os tomaré á mí mismo, para que donde yo estoy, 
vosotros también estéis. 

4 Y sabéis donde yo voy, y el camino sabéis. 

5 Dícele Tomas : Señor, no sabemos donde vas : 
¿ cómo pues podemos saber el camino? 

6 Jesús le dice : Yo soy el camino, y la verdad, y la 
vida ; nadie viene al Padre, sino por mí. 

7 Si me conocieseis, también á mi Padre conoceríais ; 
y desde ahora le conocéis, y le habéis visto. 

8 Dícele Felipe : Señor, muéstranos el Padre, y nos 
basta. 

9 Jesús le dice : ¿ Tanto tiempo ha que estoy con 
vosotros, y no me has conocido aun, Felipe? El que 
me ha visto, ha visto al Padre. ¿Cómo pues dices tú : 
Muéstranos el Padre ? 



220 



SAN JUAN 



10 ¿ No crees que yo soy en el Padre, y el Padre ei 
mí ? Las palabras que yo os hablo, no las hablo di 
mí mismo ; mas el Padre que está en mí, él haci 
las obras. 

11 Creédme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí 
ó si no, creédme por las mismas obras. 

12 De cierto, de cierto os digo : El que en mí cree 
las obras que yo hago también él las hará, y mayores qu< 
estas hará ; porque yo voy á mi Padre. 

13 Y todo lo que pidiereis en mi nombre, esto haré 
para que el Padre sea glorificado en el Hijo. 

14 Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré. 

15 Si me amáis, guardad mis mandamientos. 

16 Y yo rogaré al Padre, el cual os dará otro Con 
solador para que esté con vosotros para siempre ; 

17 Es á saber, al Espíritu de verdad, al cual el mundi 
no puede recibir ; porque no le ve, ni le conoce ; ma 
vosotros le conocéis, porque está con vosotros, y será ei 
vosotros. 

18 No os dejaré huérfanos : yo vendré á vosotros. 

19 Aun un poquito, y el mundo no me verá más 
empero vosotros me veréis : por cuanto yo vivo, vosotro 
también viviréis. 

20 Aquel dia vosotros conoceréis que yo soy en m 
Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros. 

21 El que tiene mis mandamientos, y los guarda 
aquel es el que me ama ; y el que me ama, será amad 
de mi Padre ; y yo le amaré á él, y me manifestaré á él 

22 Dícele Júdas, no el Iscariote : ¿ Señor, qué ha; 
porque te has de manifestar á nosotros, y no a 
mundo? 

23 Respondió Jesús, y le dijo : Si alguno me ama, m 
palabra guardará ; y mi Padre le amará, y vendremos ¡ 
él, y haremos con él morada. 

24 El que no me ama, no guarda mis palabras ; y 1¡ 
palabra que habéis oido, no es mia, sino del Padre qu 
me envió. 

25 Estas cosas os he hablado estando aun con vosotros 

26 Mas aquel Consolador, el Espíritu Santo, al cual e 
Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas la 
cosas, y os recordará todo lo que os he dicho. 

27 La paz os dejo : mi paz os doy : no como el mund< 



SAN JUAN 



221 



¡a da, yo os la doy : no se turbe vuestro corazón, ni 
tenga miedo. 

28 Habéis oido como yo os be dicho : Voy. y vengo 
olni vez á vosotros. Si me amaseis, ciertamente os regoci- 
jaríais, porque he dicbo que voy al Padre ; porque el 
Padre mayor es que yo. 

29 Y ahora os lo be dicho antes que se haga, para que 
cuando se biciere, creáis. 

30 Ya no hablaré mucho con vosotros ; porque viene 
el príncipe de este mundo, mas no tiene nada en mí, 

31 Empero para que conozca el mundo (pie amo al 
Padre, y como el Padre me dió mandamiento, así bago. 
Levantaos, vamos de aquí. 



CAPITULO XV. 

"170 soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. 
1 2 Todo pámpano en mí que no lleva fruto, le 
quita ; y todo aquel que lleva fruto, le limpia, para 
que lleve más fruto. 

3 Ya vosotros sois limpios por la palabra que os he 
hablado. 

4 Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el 
pámpano no puede llevar fruto de sí mismo, si no per- 
maneciere en la vid, así ni vosotros, si no permaneciereis 
en mí, 

5 Yo soy la vid, vosotros los pámpanos : el que per- 
manece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto (por- 
que sin mí nada podéis hacer.) 

6 Si alguno no permaneciere en mí, será ecbado fuera 
como mal pámpano, y se secará ; y los cogen, y éeban/os 
en el fuego, y arden. 

7 Si permaneciereis en mí. y mis palabras permane- 
cieren en vosotros, todo lo que quisiereis pediréis, y os 
será becbo. 

8 En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucbo 
fruto ; así seréis mis discípulos. 

9 Como el Padre me amó, también yo os be amado : 
sed constantes en mi amor. 

10 Si guardaréis mis mandamientos, permaneceréis en 
mi amor : como yo también be guardado los manda- 
mientos de mi Padre, y permanezco en su amor. 



222 



SAN JUAN 



11 Estas cosas os he hablado, para que mi gozo per- 
manezca en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido. 

12 Este es mi mandamiento : Que os améis los unos á 
los otros, como yo os amé. 

13 Nadie tiene mayor amor que este, que ponga alguno 
su vida por sus amigos. 

14 Vosotros sois mis amigos, si hiciereis las cosas que 
yo os mando. 

15 Ya no os illamaré siervos, porque el siervo no sabe 
lo que hace su Señor ; mas os he llamado amigos, por- 
que todas las cosas que oí de mi Padre, os he hecho 
conocer. 

16 No me elegisteis vosotros á mí ; mas yo os elegí á 
vosotros, y os he puesto para que vayáis, y llevéis fruto ; 
y vuestro fruto permanezca ; para que todo lo que 
pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé. 

17 Esto os mando : Que os améis los unos á los otros. 

18 Si el mundo os aborrece, sabéd que á mí me abor- 
recía, ántes que á vosotros. 

19 Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo que es 
suyo ; mas porque no sois del mundo, sino que yo os 
elegí del mundo, por eso os aborrece el mundo. 

20 Acordáos de la palabra que yo os he dicho : No es 
el siervo mayor que su señor : si á mí me han perseguido, 
también á vosotros perseguirán : si han guardado mi 
palabra, también guardarán la vuestra. 

21 Mas todo esto os harán por causa de mi nombre ; 
porque no conocen al que me ha enviado. 

22 Si yo no hubiera venido, ni les hubiera hablado, no 
tuvieran pecado ; mas ahora no tienen excusa de su 
pecado. 

23 El que me aborrece, también á mi Padre aborrece. 

24 Si yo no hubiese hecho entre ellos obras cuales 
ningún otro ha hecho, no tendrían pecado; mas ahora, 
ellos las han visto, y aborrecen á mí. y á mi Padre. 

25 Mas esto sucede, para que se cumpla la palabra que 
está escrita en su ley : Sin causa me aborrecieron. 

26 Empero cuando viniere el Consolador, el cual ye 
os enviaré del Padre, es á saber, el Espíritu de verdad, e' 
cual procede del Padre, él dará testimonio de mí. 

27 Y vosotros también daréis testimonio, porque 
estáis conmigo desde el principio. 



SAJN JUAxN 



T¿3 



CAPITULO XVI. 



STAS cosas os he hablado, para que no seáis ofendidos. 



2 Os echarán de las sinagogas : aun más, la hora 



'iT* viene, cuando cualquiera que os matare, pensará 
que hace servicio á Dios. 

3 Y estas cosas os harán, porque no conocen al Padre, 
ni á mí. 

4 Mas os he dicho esto, para que cuando aquella hora 
viniere, os acordéis de ello, que yo os lo había dicho : 
esto empero no os lo dije al principio, porque yo estaba 
con vosotros. 

5 Mas ahora voy al que me envió ; y ninguno de voso- 
tros me pregunta : ¿ Dónde vas? 

6 Mas, porque os he hablado estas cosas, tristeza ha 
henchido vuestro corazón. 

7 Empero yo os digo la verdad, que os es necesario 
que yo vaya ; porque si yo no fuese, el Consolador no 
vendría á vosotros ; mas si yo fuere, os le enviaré. 

8 Y cuando él viniere, redargüirá al mundo de pecado, 
y de justicia, y de juicio. 

9 De pecado, por cuanto no creen en mí : 

10 De justicia, por cuanto voy al Padre, y no me 
veréis más : 

11 De juicio, por cuanto el príncipe de este mundo 
ya es juzgado. 

12 Aun tengo muchas cosas que deciros, mas ahora 
no las podéis llevar. 

13 Empero cuando viniere aquel, el Espíritu de ver- 
dad, él os guiará á toda verdad ; porque no hablará de 
sí mismo, ínas todo lo que oyere hablará ; y las cosas 
que han de venir os hará saber. 

14 El me glorificará, porque tomará de lo mió, y os 
h hará saber. 

15 Todo lo que tiene el Padre, mió es : por eso dije 
que tomará de lo mió, y os lo hará saber. 

16 Un poco, y no me veréis ; y otra vez un poco, y 
me veréis ; porque yo voy al Padre. 

17 Entonces dijeron algunos de sus discípulos unos á 
Otros: ¿Qué es esto que nos dice : Un poco, y no me 
veréis ; y otra vez, un poco, y me veréis ; y, porque yo 
voy al Padre ? 




224 



SAN JUAN 



18 Así que decían : ¿ Qué es esto que dice : Un poco 
No sabemos lo que dice. 

19 Y conocia Jesús que le querían preguntar, y le 
dijo: ¿Preguntáis entre vosotros de esto que dije 
Un poco, y no me veréis ; y otra vez, un poco, y m 
veréis ? 

20 De cierto, de cierto os digo : Vosotros lloraréis 
lamentaréis, el mundo empero se alegrará : y vosotrc 
seréis tristes, mas vuestra tristeza será vuelta en gozo. 

21 La mujer cuando pare, tiene dolor, porque e 
venida su hora ; mas después que ha parido un niño, y 
no se acuerda de la apretura por el gozo de que hay 
nacido un hombre en el mundo. 

22 Vosotros pues también ahora á la verdad tenéi 
tristeza ; mas otra vez os veré, y se gozará vuestr 
corazón, y nadie quitará de vosotros vuestro gozo. 

23 Y en aquel dia no me preguntaréis nada. D 
cierto, de cierto os digo : Todo cuanto pidiereis al Padi 
en mi nombre, os lo dará. 

24 Hasta ahora nada habéis pedido en mi nomhre 
pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplidc 

25 Estas cosas os he hablado en proverbios ; mas 1 
hora viene cuando ya no os hablaré en proverbios, sin 
que claramente os anunciaré de mi Padre. 

26 Aquel dia pediréis en mi nombre, y no os digo qu 
yo rogaré al Padre por vosotros ; 

27 Porque el mismo Padre os ama, por cuanto vosc 
tros me amasteis, y habéis creido que yo salí de Dios. 

28 Salí del Padre, y he venido al mundo : otra ve 
dejo el mundo, y voy al Padre. 

29 Dícenle sus discípulos : He aquí, ahora hable 
claramente, y ningún proverbio dices. 

30 Ahora entendemos que sabes todas las cosas, y n 
has menester que nadie te pregunte : en esto créeme 
que has salido de Dios. 

31 Respondióles Jesús : ¿ Ahora creéis ? 

32 He aquí la hora viene, y ya es venida, en qv 
seréis esparcidos cada uno á los suyos, y me dejaré 
solo ; mas no estoy solo, porque el Padre está conmig' 

33 Estas cosas os he hablado para que en mí tengá 
paz : en el mundo tendréis apretura ; mas confiad, yo 1 
vencido al mundo. 



SAN JUAN 



225 



CAPITULO XVII. 

ESTAS cosas habló Jesús, y levantados los ojos al cielo, 
dijo : Padre, la hora ha venido, glorifica á tu Hijo, 
para que también tu Hijo te glorifique á tí : 

2 Como le has dado poder sobre toda carne, para que 
á todos los que le diste, les dé vida eterna. 

3 Y esta es la vida eterna, que te conozcan á tí, solo 
Dios verdadero, y á Jesu Cristo á quien tú enviaste. 

4 Yo te he glorificado en la tierra, he acabado la obra 
que me diste que hiciese. 

5 Ahora pues, Padre, glorifícame tú en tí mismo 
con aquella gloria que tuve contigo ántes que el mundo 
fuese. 

6 He manifestado tu nombre á los hombres que del 
mundo me diste : tuyos eran, y me los diste á mí, y 
guardaron tu palabra. 

7 Ahora han ya conocido que todas las cosas que me 
diste, son de tí. 

8 Porque las palabras que me diste, les he dado ; y 
ellos las recibieron, y han conocido verdaderamente que 
salí de tí, y han creído que tú me enviaste. 

9 Yo ruego por ellos : no ruego por el mundo, sino 
por los que me diste, porque tuyos son. 

10 Y todas mis cosas son tus cosas, y tus cosas son 
mis cosas ; y he sido glorificado en ellas. 

11 Y ya no estoy en el mundo ; mas estos están en 
el mundo, que yo á tí vengo. Padre santo, guárdalos 
por tu nombre ; á los cuales me has dado, para que sean 
uno, así como nosotros lo somos. 

12 Cuando yo estaba con ellos en el mundo, yo los 
guardaba por tu nombre, á los cuales me diste : yo los 
guardé, y ninguno de ellos se perdió sino el hijo de per- 

i dicion, para que la Escritura se cumpliese. 

13 Mas ahora vengo á tí, y hablo estas cosas en el 
mundo, para que ellos tengan mi gozo cumplido en sí 
mismos. 

14 Yo les di tu palabra, y el mundo los ha aborrecido ; 
porque ellos no son del mundo, como tampoco yo soy 
del mundo. 

15 Xo ruego que los quites del mundo, sino que los 
guardes del malo. 

p 



226 



SAN JUAN 



16 Ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del 
mundo. 

17 Santifícalos por tu verdad : tu palabra es la verdad. 

18 Como tú me enviaste al mundo, también yo los he 
enviado al mundo. 

19 Y por ellos yo me santifico á mí mismo ; para que 
también ellos sean santificados por la verdad. 

20 Mas no ruego solamente por ellos ; sino también 
por los que han de creer en mí por la palabra de ellos. 

21 Para que todos ellos sean uno : así como tú, oh 
Padre, eres en mí, y yo en tí ; que también ellos en 
nosotros sean uno ; para que el mundo crea que tú me 
enviaste. 

22 Y yo la gloria que me diste, les he dado á ellos ; 
para que sean uno, como también nosotros somos uno. 

23 Yo en ellos, y tú en mí, para que sean consumados 
en uno, y para que el mundo conozca que tú me enviaste, 
y que los has amado á ellos, como también á mí me has 
amado. 

24 Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde 
yo estoy, ellos estén también conmigo ; para que vean 
mi gloria que me has dado, porque me has amado desde 
ántes de la constitución del mundo. 

25 Padre justo, el mundo no te ha conocido; mas yo 
te he conocido ; y estos han conocido que tú me enviaste. 

26 Y yo les hice conocer tu nombre, yo lo haré cono- 
cer ; para que el amor, con que me has amado, esté en 
ellos, y yo en ellos. 

CAPITULO XVIII. 

COMO Jesús hubo dicho estas cosas, salióse con sus 
discípulos á la otra parte del arroyo de Cedrón, 
donde habia un huerto, en el cual entró él, y sus 
discípulos. 

2 Y también Júdas, el que le entregaba, conocía aquel 
lugar, porque muchas veces Jesús se juntaba allí con sus 
discípulos. 

3 Júdas pues tomando una compañía de soldados, y 
ministros de los sumos sacerdotes y de los Fariseos, vino 
allí con linternas y antorchas, y con armas. 

4 Empero Jesús, sabiendo todas las cosas que habian 



SAN JUAN 



227 



de venir sobre él, salió delante, y les dijo. ¿ A quién 
buscáis ? 

5 Respondiéronle : A Jesús Nazareno. Díceles Jesús : 
Yo soy. (Y estaba también con ellos Júdas el que le 
entregaba.) 

6 Y como les dijo : Yo soy : volvieron atrás, y caye- 
ron en tierra. 

7 Volvióles pues á preguntar : ¿A quién buscáis? Y 
ellos dijeron : A Jesús Nazareno. 

8 Respondió Jesús : Ya os he dicho que yo soy : pues 
si á mí buscáis, dejád ir á estos : 

9 Para que se cumpliese la palabra que había dicho : 
De los que me diste, ninguno de ellos perdí. 

10 Entonces Simón Pedro, que tenia una espada, la 
sacó, é hirió á un siervo del sumo sacerdote, y le cortó 
la oreja derecha ; y el siervo se llamaba Maleo. 

11 Jesús entonces dijo á Pedro : Mete tu espada en la 
vaina : ¿ la copa que mi Padre me ha dado, no la tengo 
de beber ? 

12 Entonces la compañía de los soldados, y el tribuno, 
y los ministros de los Judíos prendieron á Jesús, y le 
ataron. 

13 Y le trajeron primeramente á Anuas, porque era 
suegro de Caifas, el cual era sumo sacerdote de aquel 
año. 

14 Y era Caifas el que habia dado el consejo á los 
Judíos, que era necesario que un hombre muriese por 
el pueblo. 

15 Y seguia á Jesús Simón Pedro, y otro discípulo ; y 
aquel discípulo era conocido del sumo sacerdote, y entró 
con Jesús en el palacio del sumo sacerdote. 

16 Mas Pedro estaba fuera á la puerta. Entonces 
salió aquel discípulo que era conocido del sumo sacer- 
dote, y habló á la portera, y metió dentro á Pedro. 

17 Entonces la criada portera dijo á Pedro : ¿ No eres 
tú también uno de los discípulos de este hombre ? Dice 
él : No soy. 

18 Y estaban en pié los criados y los ministros que 
habían hecho fuego de carbón, porque hacia frió, y se 
calentaban ; y estaba con ellos Pedro en pié calentándose. 

19 Y el sumo sacerdote preguntó á Jesús de sus dis- 
cípulos, y de su doctrina. 



228 



SAN JUAN 



20 Jesús le respondió : Yo manifiestamente he ha- 
blado al mundo : yo siempre he enseñado en la sinagoga, 
y en el templo, donde siempre se juntan todos los Judíos ; 
y nada he hablado en oculto. 

21 ¿ Por qué me preguntas á mí ? Pregunta á los que 
han oido, qué les haya yo hablado : he aquí, estos saben 
lo que yo he dicho. 

22 Y como él hubo dicho esto, uno de los ministros 
que estaba allí, dió una bofetada á Jesús, diciendo : 
¿ Así respondes al sumo sacerdote ? 

23 Respondióle Jesús : Si he hablado mal, dá testi- 
monio del mal ; mas si bien, ¿ por qué me hieres ? 

24 Habíale enviado Aunas atado á Caifas sumo sacer- 
dote. 

25 Estaba pues Pedro en pié calentándose ; y le dijer- 
on : ¿ No eres tú también uno de sus discípulos ? El lo 
negó, y dijo : No soy. 

26 Uno de los criados del sumo sacerdote, pariente de 
aquel á quien Pedro habia cortado la oreja, le dice : ¿ No 
te vi yo en el huerto con él ? 

27 Y negó Pedro otra vez ; y luego el gallo cantó. 

28 Y llevan á Jesús de Caifas al pretorio ; y era de 
mañana ; y ellos no entraron en el pretorio por no ser 
contaminados, sino poder comer la pascua. 

29 Entonces salió Pilato á ellos fuera, y dijo: ¿Qué 
acusación traéis contra este hombre ? 

30 Respondieron, y le dijeron : Si este no fuera mal- 
hechor, no te le hubiéramos entregado. 

31 Díceles entonces Pilato : Tomádle vosotros, y juz- 
gádle según vuestra ley. Y los Judíos le dijeron : A 
nosotros no nos es lícito matar á nadie. 

32 Para que se cumpliese el dicho de Jesús que 
habia dicho, dando á entender de que muerte habia 
de morir. 

33 Entonces Pilato volvióse á entrar en el pretorio, y 
llamó á Jesús, y le dijo : ¿ Eres tú el Rey de los Judíos? 

34 Respondióle Jesús : ¿ Dices tú esto de tí mismo, ó 
te lo han dicho otros de mí ? 

35 Pilato respondió: ¿Soy yo Judío? Tu misma 
nación, y los sumos sacerdotes, te han entregado á mí : 
¿ qué has hecho ? 

36 Respondió Jesús : Mi reino no es de este mundo : 



SAN JUAN 



229 



si de este mundo fuera mi reino, mis servidores pelearían 
para que yo no fuera entregado á los Judíos, ahora pues 
mi reino no es de aquí. 

37 Díjole entonces Pilato : ¿Luego rey eres tú? Res- 
pondió Jesús : Tú dices que yo soy rey. Yo para esto 
lie nacido, y para esto be venido al mundo, es á saber, 
para dar testimonio á la verdad. Todo aquel que es de 
la verdad, oye mi voz. 

38 Dícele Pilato : ¿ Qué cosa es verdad ? Y como 
hubo dicho esto, volvió á los Judíos, y les dice : Yo no 
hallo en él crimen alguno. 

39 Empero vosotros tenéis costumbre, que yo os suelte 
uno en la pascua : ¿ queréis pues que os suelte al Rey de 
los Judíos ? 

40 Entonces todos dieron voces otra vez, diciendo : 
Xo á este, sino á Barabbas. Y Barrabas era un ladrón. 

CAPITULO XIX. 

ASÍ que entonces tomó Pilato á Jesús, y le azotó. 
2 Y los soldados entretejieron de espinas una 
corona, y la pusieron sobre su cabeza, y le vistieron 
de una ropa de grana, 

3 Y decian : Dios te guarde, Rey de los Judíos ; y le 
daban de bofetadas. 

4 Entonces Pilato salió otra vez fuera, y les dijo : He 
aquí, os le traigo fuera, para que entendáis que ningún 
crimen hallo en él. 

5 Entonces salió Jesús fuera llevando la corona de 
espinas, y la ropa de grana. Y díeeles Pilato: ¡He 
aquí el hombre ! 

6 Y como le vieron los príncipes de los sacerdotes, y 
los ministros, dieron voces, diciendo : Crucifícate, crucifí- 
cate. Díeeles Pilato : Tomádle vosotros, y crucificádte ; 
porque yo no hallo en él crimen. 

7 Respondiéronle los Judíos : Nosotros tenemos una 
ley, y según nuestra ley debe morir, porque se hizo el 
Hijo de Dios. 

8 Pilato pues como oyó esta palabra, tuvo más miedo. 

9 Y entró otra vez en el pretorio, y dijo á Jesús : ¿ De 
dónde eres tú? Mas Jesús no le dió respuesta. 

10 Entonces dícele Pilato : ¿ A mí no me hablas ? 



230 



SAN JUAN 



¿ no sabes que tengo potestad para crucificarte, y que 
tengo potestad para soltarte ? 

11 Respondió Jesús : Ninguna potestad tendrías con- 
tra mí, si no te fuese dada de arriba ; por tanto el que 
á tí me ba entregado, mayor pecado tiene. 

12 Desde entonces procuraba Pilato de soltarle ; mas 
los Judíos daban voces, diciendo : Si á este sueltas, no 
eres amigo de César : cualquiera que se hace rey, habla 
contra César. 

13 Entonces Pilato oyendo este dicho, llevó fuera á 
Jesús, y se sentó en el tribunal, en el lugar que se llama 
el Pavimento, y en el Hebreo Gabbatha. 

14 Y era la preparación de la páscua, y como la hora de 
sexta : entonces dijo á los Judíos : ¡ He aquí vuestro Rey ! 

15 Mas ellos dieron voces : Quítate, quítate, crucifí- 
cale. Díceles Pilato : ¿ A vuestro Rey tengo de crucifi- 
car? Respondiéronlos sumos sacerdotes : No tenemos 
rey, sino á César. 

16 Entonces pues se le entregó para que fuese cruci- 
ficado. Y tomaron á Jesús, y fe llevaron. 

17 Y él llevando su cruz, salió al lugar que se llama 
el lugar de la Calavera, y en Hebreo Gólgota : 

18 Donde le crucificaron, y con él otros dos, de una 
parte y de otra, y Jesús en medio. 

19 Y escribió Pilato un título, el cual puso encima de 
la cruz ; y el escrito era : JESUS NAZARENO, REY 
DE LOS JUDÍOS. 

20 Y muchos de los Judíos leyeron este título; porque 
el lugar donde fué crucificado Jesús, estaba cerca de la 
ciudad ; y era escrito en Hebreo, y en Griego, y en 
Latin. 

21 Y decian á Pilato los sumos sacerdotes de los 
Judíos : No escribas : Rey de los Judíos ; sino que él 
dijo : Rey soy de los Judíos. 

22 Respondió Pilato : Lo que he escrito, he escrito. 

23 Y como los soldados hubieron crucificado á Jesús, 
tomaron sus vestidos, é hicieron cuatro partes (á cada 
soldado una parte,) y también la túnica, mas la túnica 
era sin costura, toda tejida desde arriba. 

24 Dijeron pues entre sí : No la partamos, sino eche- 
mos suertes sobre ella cuya será ; para que se cumpliese 
la Escritura que dice : Partieron para sí mis vestidos, y 



SAN JUAN 



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sobre mi vestidura ocharon suertes. Estas cosas pues 
los soldados hicieron. 

25 Y estaban junto á la cruz de Jesús su madre, y la 
hermana de su madre, María mujer de Cléofas, y María 
Magdalena. 

26 Y como vió Jesús á su madre, y al discípulo que 
él amaba, que estaba presente, diceá su madre : Mujer, 
he ahí tu hijo. 

27 Y luego dice al discípulo : He ahí tu madre. Y 
desde aquella hora el discípulo la recibió en su propia 
casa. 

28 Después de esto, sabiendo Jesús que todas las cosas 
estaban ya cumplidas, para que la Escritura se cumpliese, 
dijo : Tengo sed. 

29 Y había allí puesta una vasija llena de vinagre. 
Entonces ellos hinchieron una esponja de vinagre, y 
puesta sobre un hisopo se la llegaron á la boca. 

30 Y como Jesús tomó el vinagre, dijo : Consumado 
está. Y abajando la cabeza, dió el espíritu. 

31 Entonces los Judíos, por cuanto era el dia de la 
preparación, para que los cuerpos no quedasen en la 
cruz en el sábado, porque era gran dia aquel sábado, 
rogaron á Pilato que se les quebrasen las piernas, y que 
fuesen quitados. 

32 Vinieron pues los soldados, y á la verdad quebra- 
ron las piernas al primero, y al otro que habia sido 
crucificado con él : 

33 Mas cuando vinieron á Jesús, como le vieron ya 
muerto, no le quebraron las piernas. 

34 Empero uno de los soldados le abrió el costado con 
una lanza, y luego salió sangre y agua. 

35 Y el que lo vió da testimonio, y su testimonio es 
verdadero ; y él sabe que dice verdad, para que vosotros 
también creáis. 

36 Porque estas cosas fueron hechas, para que se 
cumpliese la Escritura : Hueso no será quebrantado 
de él. 

37 Y también otra Escritura dice : Mirarán á aquel 
al cual traspasaron. 

38 Pasadas estas cosas, rogó á Pilato José de Arima- 
tea, el cual era discípulo de Jesús, mas secreto, por 
miedo de los Judíos, que él quítase el cuerpo de Jesús : 



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SAN JUAN 



lo cual permitió Pilato. Entonces él vino, y quitó el 
cuerpo de Jesús. 

39 Y vino también Nicodemo, el que ántes habia 
venido á Jesús de noche, trayendo una mistura de mirra 
y de aloes, como cien libras. 

40 Y tomaron el cuerpo de Jesús, y le envolvieron en 
lienzos con especias, como es costumbre de los Judíos 
sepultar. 

41 Y en aquel lugar, donde habia sido crucificado, 
habia un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo, en 
el cual aun no habia sido puesto alguno. 

42 Allí pues pusieron á Jesús, por causa del dia de la 
preparación de los Judíos, porque aquel sepulcro estaba 
cerca. 

CAPITULO XX. 




EL primer dia de la semana, María Magdalena vino 
de mañana, siendo aun oscuro, al sepulcro, y vió la 
piedra quitada del sepulcro. 



2 Entonces corrió, y vino á Simón Pedro, y al otro 
discípulo, al cual amaba Jesús, y les dice : Han llevado 
al Señor del sepulcro, y no sabemos donde le han puesto. 

3 Salió pues Pedro, y el otro discípulo, y vinieron al 
sepulcro. 

4 Y corrían los dos juntos ; mas el otro discípulo 
corrió más presto que Pedro, y vino primero al sepulcro. 

5 Y abajándose á mirar, vió los lienzos puestos ; mas 
no entró. 

6 Vino pues Simón Pedro siguiéndole, y entró en el 
sepulcro, y vió los lienzos puestos, 

7 Y el sudario que habia estado sobre su cabeza, no 
puesto con los lienzos, sino á parte en un lugar envuelto. 

8 Entonces entró también aquel otro discípulo, que 
habia venido primero al sepulcro ; y vió, y creyó. 

9 Porque aun no sabían la Escritura, que era menester 
que él resucitase de entre los muertos. 

10 Así que volvieron los dicípulos á los suyos. 

11 Empero María estaba fuera llorando junto al 
sepulcro ; y estando llorando abajóse á mirar en el 
sepulcro. 

12 Y vió dos ángeles en ropas blancas que estaban 



SAN JUAN 



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sentados, el uno á la cabecera, y el otro á los piés, donde 
el cuerpo de Jesús había sido puesto. 

13 Y le dijeron: ¿Mujer, por qué lloras? Ella les 
dice : Porque han llevado a mi Señor, y no sé donde le 
han puesto. 

14 Y como hubo dicho esto, volvió atrás, y vio á Jesús 
que estaba en pié ; mas no sabia que era Jesús. 

15 Dícele Jesús: ¿Mujer, por qué lloras? ¿á quién 
buscas? Ella, pensando que era el hortelano, le dice : 
Señor, si tú le has llevado, díme donde le has puesto, y 
yo le llevaré. 

16 Dícele Jesús : María. Volviéndose ella, dícele : 
Eabboni, que quiere decir, Maestro. 

17 Dícele Jesús : No me toques ; porque aun no he 
subido á mi Padre ; mas vé á mis hermanos, y díles : 
Subo á mi Padre, y á vuestro Padre, á mi Dios, y á 
vuestro Dios. 

18 Vino María Magdalena dando las nuevas á los 
discípulos : Que había visto al Señor, y que le dijo estas 
cosas. 

19 Y como fué tarde aquel mismo dia, el primero de 
la semana, y las puertas estaban cerradas, donde los 
discípulos estaban juntos por miedo de los Judíos, vino 
Jesús ; y púsose en medio, y les dijo : Paz á vosotros. 

20 Y como hubo dicho esto, mostróles las manos y el 
costado : entonces los discípulos se regocijaron, viendo 
al Señor. 

21 Entonces díceles otra vez : Paz á vosotros : como 
me envió mi Padre, así también yo os envió. 

22 Y como hubo dicho esto, sopló sobre ellos, y les 
dijo : Recibid el Espíritu Santo. 

23 A los que perdonareis los pecados, les son perdona- 
dos ; y á los que los retuviereis, les son retenidos. 

24 Empero Tomas uno de los doce, que se llamaba 
Didinio, no estaba con ellos cuando Jesús vino. 

25 Dijéronle pues los otros discípulos : Al Señor hemos 
visto. Y él les dijo : Si no viere en sus manos la señal 
de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, 
y metiere mi mano en su costado, no creeré. 

26 Y ocho dias después estaban otra vez sus discípulos 
dentro, y con ellos Tomas : entonces vino Jesús cerradas 
las puertas, y púsose en medio, y dijo : Paz á vosotros. 



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SAN JUAN 



27 Luego dice á Tomas : Mete tu dedo aquí, y vé mis 
manos ; y dá acá tu mano, y métela en mi costado, y no 
seas incrédulo, sino fiel. 

28 Entonces Tomas respondió, y le dijo : Señor mió, 
y Dios mió. 

29 Di cele Jesús : Porque me has visto, oh Tomas, 
creíste : bienaventurados los que no vieron, y sin embargo 
creyeron. 

30 Y también muchas otras señales por cierto hizo 
Jesús en presencia de sus discípulos, que no están escritas 
en este libro. 

31 Estas empero están escritas, para que creáis que 
Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios ; y para que creyendo, 
tengáis vida en su nombre. 



CAPITULO XXI. 




ESPUES se manifestó Jesús otra vez á sus discípulos 
I junto á la mar de Tibérias ; y se manifestó de esta 
manera : 



2 Estaban juntos Simón Pedro, y Tomas, que se 
llamaba Didimo, y Natanael, de Cana de Galilea, y los 
hijos de Zebedeo, y otros dos de sus discípulos. 

3 Díceles Simón : A pescar voy : Dícenle : Vamos 
nosotros también contigo. Fueron, y subieron luego en 
una nave ; y aquella noche no tomaron nada. 

4 Empero venida la mañana, Jesús se puso en la 
ribera ; mas los discípulos no sabían que era Jesús. 

5 Entonces les dice Jesús: ¿Hijos, tenéis algo de 
comer ? Kespondiéronle : No. 

6 Y él les dice : Echád la red á la derecha de la nave, 
y hallaréis. Echáron/a pues, y ya no la podían en 
ninguna manera sacar, por la multitud de los peces. 

7 Dijo entonces aquel discípulo, al cual amaba Jesús, 
á Pedro : El Señor es. Entonces Simón Pedro, como 
oyó que era el Señor, ciñóse de pescador, porque estaba 
desnudo, y echóse á la mar. 

8 Y los otros discípulos vinieron con la nave (porque 
no estaban lejos de tierra, sino como doscientos codos), 
trayendo la red con los peces. 

9 Y como llegaron á tierra, vieron ascuas puestas, y 
un pez encima de ellas, y pan. 



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10 Díccles Jesús : Traéd de los peces que tomasteis 
al) ora. 

11 Subió Simón Pedro, y trajo la red á tierra, llena de 
grandes peces, ciento y cincuenta y tres ; y aun siendo 
tantos, la red no se rompió. 

12 Díceles Jesús : Venid, y coméd. Y ninguno de 
los discípulos le osaba preguntar: ¿Tú, quién eres? 
sabiendo que era el Señor. 

13 Entonces viene Jesús, y toma el pan, y dales, y 
asimismo del pez. 

14 Esta era ya la tercera vez que Jesús se manifestó á 
sus discípulos, habiendo resuscitado de entre los muertos. 

15 Pues como hubieron comido, Jesús dijo á Simón 
Pedro : ¿Simón, hijo de Joñas, me amas más que estos? 
Dícele : Si, Señor : tú sabes que te amo. Dícele : 
Apacienta mis corderos. 

16 Vuélvele á decir la segunda vez : ¿ Simón, hijo de 
Joñas, me amas ? Respóndele : Si, Señor : tú sabes que 
te amo. Dícele : Apacienta mis ovejas. 

17 Dícele la tercera vez : ¿ Simón, hijo de Joñas, me 
amas ? Entristecióse Pedro de que le dijese la tercera 
vez. ¿Me amas? Y le dice : Señor, tú sabes todas las 
cosas : tú sabes que te amo. Dícele Jesús : Apacienta 
mis ovejas. 

18 De cierto, de cierto te digo, que cuando eras más 
mozo, te ceñias, é ibas donde querías ; mas cuando ya 
fueres viejo, extenderás tus manos, y ceñirte ha otro, y 
te llevará donde no querrías. 

19 Y esto dijo, dando á entender con que muerte 
habia de glorificar á Dios. Y dicho esto, dícele : Sigúeme. 

20 Entónces volviéndose Pedro, ve á aquel discípulo 
al cual amaba Jesús que seguía, el que también se habia 
recostado sobre su pecho en la cena, y le habia dicho : 
¿Señor, quién es el que te ha de entregar? 

21 Así que, como Pedro vió á este, dice á Jesús : 
¿ Señor, y qué será de este ? 

22 Dícele Jesús : Si quiero que él quede hasta que yo 
venga, ¿ qué se te da á tí ? Sigúeme tú. 

23 Salió pues este dicho entre los hermanos, que aquel 
discípulo no habia de morir ; mas Jesús no le dijo : No 
morirá ; sino : Si quiero que él quede hasta que yo 
venga, ¿ qué se te da á tí ? 



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2i Este es el discípulo que da testimonio de estas 
cosas, y escribió estas cosas ; y sabemos que su testi- 
monio es verdadero. 

25 Y hay también otras muchas cosas que hizo Jesús, 
que si se escribiesen cada una por sí, ni aun en el 
mundo pienso que cabrían los libros que se habrían de 
escribir. Amen. 



BS299.5.P5 

Las enseñanzas de Jesús. 

PnncetOM Theological Semiruiry-Speer Library 

1 1012 00063 2515